Capítulo 7 · 1 min de lectura · 1 min de escucha
Exhortación al arrepentimiento
Estas cosas, amados, os escribimos no solo para amonestaros acerca de vuestro deber, sino también para recordárnoslas a nosotros mismos. Porque luchamos en la misma arena, y el mismo combate nos está asignado a unos y a otros. Por tanto, dejemos los cuidados vanos e infructuosos, y acerquémonos a la gloriosa y venerable regla de nuestra santa vocación. Atendamos a lo que es bueno, agradable y aceptable delante de aquel que nos formó. Fijemos con firmeza la mirada en la sangre de Cristo, y veamos cuán preciosa es para Dios esa sangre que, derramada por nuestra salvación, ha puesto la gracia del arrepentimiento delante del mundo entero. Recorramos todas las edades pasadas, y aprendamos que, de generación en generación, el Señor ha concedido lugar de arrepentimiento a todos los que querían convertirse a él. Noé predicó el arrepentimiento, y cuantos le escucharon fueron salvos. Jonás anunció la destrucción a los ninivitas; pero ellos, arrepintiéndose de sus pecados, aplacaron a Dios con la oración y obtuvieron la salvación, aunque eran extraños [a la alianza] de Dios.
Capítulo 7 completado
Exhortación al arrepentimiento