Capítulo 46 · 1 min de lectura · 2 min de escucha
Unámonos a los justos: vuestra contienda es perniciosa
Es justo, pues, hermanos, que sigamos tales ejemplos; puesto que está escrito: «Uníos a los santos, porque los que se unen a ellos serán [también] santificados». Y de nuevo, en otro lugar, [la Escritura] dice: «Con el hombre inocente serás inocente, con el escogido serás escogido, y con el perverso te mostrarás perverso». Unámonos, pues, a los inocentes y justos, ya que estos son los escogidos de Dios. ¿Por qué hay entre vosotros contiendas, tumultos, divisiones, cismas y guerras? ¿No tenemos [todos] un solo Dios y un solo Cristo? ¿No es uno solo el Espíritu de gracia derramado sobre nosotros? ¿Y no tenemos un solo llamamiento en Cristo? ¿Por qué dividimos y despedazamos los miembros de Cristo, y nos levantamos en contienda contra nuestro propio cuerpo, y hemos llegado a tal extremo de locura que olvidamos que «somos miembros los unos de los otros»? Acordaos de las palabras de nuestro Señor Jesucristo, cómo dijo: «¡Ay de aquel hombre [por quien vienen los tropiezos]! Mejor le fuera no haber nacido que hacer tropezar a uno de mis escogidos. Sí, mejor le fuera que se le colgase [al cuello] una piedra de molino, y que se le hundiese en lo profundo del mar, que hacer tropezar a uno de mis pequeños». Vuestro cisma ha pervertido [la fe de] muchos, ha desalentado a muchos, ha sembrado la duda en muchos, y nos ha causado tristeza a todos. Y todavía continúa vuestra sedición.
Capítulo 46 completado
Unámonos a los justos: vuestra contienda es perniciosa