Primera epístola de Clemente a los corintios
Continuación del mismo tema

Capítulo 41 · 1 min de lectura · 1 min de escucha

Continuación del mismo tema

Que cada uno de vosotros, hermanos, dé gracias a Dios en su propio orden, viviendo con toda buena conciencia, con la debida gravedad, y sin traspasar la regla del ministerio que le ha sido prescrita. No en cualquier lugar, hermanos, se ofrecen los sacrificios diarios, ni las ofrendas de paz, ni las ofrendas por el pecado y por la culpa, sino solo en Jerusalén. Y aun allí no se ofrecen en cualquier lugar, sino solo ante el altar, delante del templo, después de que lo que se ofrece ha sido examinado con cuidado por el sumo sacerdote y por los ministros ya mencionados. Así pues, los que hacen algo fuera de lo que es conforme a su voluntad son castigados con la muerte. Ya veis, hermanos, que cuanto mayor es el conocimiento que se nos ha concedido, tanto mayor es también el peligro al que estamos expuestos.

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