Primera epístola de Clemente a los corintios
Muchos males han brotado ya de esta fuente en tiempos antiguos

Capítulo 4 · 1 min de lectura · 2 min de escucha

Muchos males han brotado ya de esta fuente en tiempos antiguos

Porque así está escrito: «Y aconteció después de algunos días que Caín trajo del fruto de la tierra un sacrificio a Dios; y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Dios con agrado a Abel y a sus ofrendas, mas a Caín y a sus sacrificios no los miró. Y Caín se entristeció en gran manera, y decayó su semblante. Y dijo Dios a Caín: ¿Por qué te has entristecido, y por qué ha decaído tu semblante? Si ofreces rectamente, pero no divides rectamente, ¿no has pecado? Quédate en paz: tu ofrenda vuelve a ti, y de nuevo la poseerás. Y dijo Caín a Abel su hermano: Vamos al campo. Y aconteció que, estando ellos en el campo, Caín se levantó contra Abel su hermano, y lo mató». Veis, hermanos, cómo la envidia y los celos llevaron al asesinato de un hermano. Por envidia también nuestro padre Jacob huyó de la presencia de Esaú su hermano. La envidia hizo que José fuera perseguido hasta la muerte y llegara a la servidumbre. La envidia obligó a Moisés a huir de la presencia de Faraón, rey de Egipto, cuando oyó estas palabras de su compatriota: «¿Quién te ha puesto por juez o príncipe sobre nosotros? ¿Quieres matarme, como mataste ayer al egipcio?». Por causa de la envidia, Aarón y María tuvieron que habitar fuera del campamento. La envidia hizo descender vivos al Hades a Datán y Abiram, por la sedición que suscitaron contra Moisés, siervo de Dios. Por envidia, David sufrió el odio no solo de los extranjeros, sino que fue también perseguido por Saúl, rey de Israel.

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