Primera epístola de Clemente a los corintios
El fénix, emblema de nuestra resurrección

Capítulo 25 · 1 min de lectura · 1 min de escucha

El fénix, emblema de nuestra resurrección

Consideremos aquella maravillosa señal [de la resurrección] que tiene lugar en las tierras de Oriente, es decir, en Arabia y en los países de alrededor. Hay un ave que se llama fénix. Es la única de su especie, y vive quinientos años. Y cuando se acerca el tiempo de su disolución, en que ha de morir, se construye un nido de incienso, mirra y otras especias, en el cual, cumplido el tiempo, entra y muere. Pero, al corromperse la carne, se produce cierta clase de gusano que, alimentado por los jugos del ave muerta, echa plumas. Después, cuando ha cobrado fuerzas, toma aquel nido en que están los huesos de su progenitor, y llevándolos pasa de la tierra de Arabia a Egipto, a la ciudad llamada Heliópolis. Y en pleno día, volando a la vista de todos, los deposita sobre el altar del sol, y hecho esto, se apresura a volver a su antigua morada. Los sacerdotes examinan entonces los registros de las fechas, y hallan que ha vuelto exactamente al cumplirse el año quinientos.

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