Primera epístola de Clemente a los corintios
David, ejemplo de humildad

Capítulo 18 · 2 min de lectura · 2 min de escucha

David, ejemplo de humildad

Pero ¿qué diremos de David, de quien se dio tal testimonio, y de quien Dios dijo: «He hallado un varón conforme a mi corazón, David hijo de Isaí; con misericordia eterna lo he ungido»? Y, sin embargo, este mismo hombre dice a Dios: «Ten piedad de mí, oh Señor, conforme a tu gran misericordia; y conforme a la multitud de tus piedades borra mi rebelión. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi maldad, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando seas juzgado. Porque he aquí, en rebeliones fui concebido, y en mis pecados me concibió mi madre. Porque he aquí, tú has amado la verdad; los secretos y lo oculto de la sabiduría me has mostrado. Me rociarás con hisopo, y seré limpio; me lavarás, y seré más blanco que la nieve. Me harás oír gozo y alegría; se regocijarán los huesos que han sido abatidos. Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y afiánzame con tu Espíritu soberano. Enseñaré a los transgresores tus caminos, y los impíos se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; mi lengua cantará con júbilo tu justicia. Señor, tú abrirás mi boca, y mis labios publicarán tu alabanza. Porque si hubieras querido sacrificio, yo te lo habría dado; no te agradarán los holocaustos. El sacrificio [acepto] a Dios es el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciará Dios».

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