Primera epístola de Clemente a los corintios
Cristo, ejemplo de humildad

Capítulo 16 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Cristo, ejemplo de humildad

Porque Cristo es de los humildes de espíritu, y no de los que se ensalzan sobre su rebaño. Nuestro Señor Jesucristo, el Cetro de la majestad de Dios, no vino con pompa de soberbia ni de arrogancia, aunque pudo haberlo hecho, sino en condición humilde, como el Espíritu Santo había declarado acerca de él. Porque dice: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Hemos anunciado [nuestro mensaje] en su presencia: él es como un niño, y como raíz en tierra sedienta; no hay en él parecer ni gloria; sí, lo vimos, y no tenía parecer ni hermosura; antes su aspecto era sin distinción, más aún, inferior al aspecto [común] de los hombres. Es un hombre expuesto a azotes y sufrimientos, y experimentado en soportar quebranto; porque su rostro fue apartado; fue menospreciado, y no lo estimamos. Él lleva nuestras iniquidades, y sufre dolor por causa de nosotros; y nosotros pensamos que [por causa suya] estaba expuesto al trabajo, a los azotes y a la aflicción. Mas él fue herido por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades. El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; [cada] hombre se apartó por su camino; y el Señor lo entregó por nuestros pecados, mientras él, en medio de sus padecimientos, no abre su boca. Como oveja fue llevado al matadero, y como cordero mudo delante de su trasquilador, así no abre su boca. En su humillación le fue quitado su juicio; ¿y su generación, quién la contará? porque su vida es quitada de la tierra. Por las transgresiones de mi pueblo fue llevado a la muerte. Y daré a los impíos por su sepultura, y a los ricos por su muerte, porque no hizo maldad, ni se halló engaño en su boca. Y el Señor quiere purificarlo con azotes. Si hacéis ofrenda por el pecado, vuestra alma verá una descendencia de larga vida. Y el Señor quiere librarlo de la aflicción de su alma, mostrarle luz y formarlo con entendimiento, justificar al Justo que sirve bien a muchos; y él mismo llevará los pecados de ellos. Por tanto, heredará a muchos, y repartirá los despojos de los fuertes; porque su alma fue entregada a la muerte, y fue contado entre los transgresores, y llevó los pecados de muchos, y por los pecados de ellos fue entregado». Y de nuevo dice: «Yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y desecho del pueblo. Todos los que me ven se burlan de mí; hablan con sus labios; menean la cabeza, [diciendo]: Esperó en Dios; que él lo libre, que lo salve, puesto que en él se complacía». Veis, amados, cuál es el ejemplo que se nos ha dado; porque si el Señor se humilló así, ¿qué haremos nosotros, que por medio de él hemos venido bajo el yugo de su gracia?

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