Capítulo 10 · 1 min de lectura · 2 min de escucha
Continuación de lo anterior
Abraham, llamado «el amigo», fue hallado fiel, por cuanto obedeció a las palabras de Dios. En el ejercicio de la obediencia salió de su tierra, y de su parentela, y de la casa de su padre, a fin de que, dejando un territorio pequeño, una familia débil y una casa insignificante, heredara las promesas de Dios. Porque Dios le dijo: «Vete de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendito. Y bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; y en ti serán benditas todas las familias de la tierra». Y de nuevo, cuando se separó de Lot, Dios le dijo: «Alza tus ojos, y mira desde el lugar donde ahora estás, hacia el norte, y hacia el sur, y hacia el oriente, y hacia el occidente; porque toda la tierra que ves, a ti te la daré, y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra, [de modo que] si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada». Y de nuevo [la Escritura] dice: «Dios sacó fuera a Abram, y le dijo: Mira ahora al cielo, y cuenta las estrellas, si las puedes contar; así será tu descendencia. Y creyó Abram a Dios, y le fue contado por justicia». Por su fe y su hospitalidad se le dio un hijo en su vejez; y en el ejercicio de la obediencia, lo ofreció en sacrificio a Dios sobre uno de los montes que él le mostró.
Capítulo 10 completado
Continuación de lo anterior