Elisabeth Elliot (Para niños)
Preguntas sinceras, despedidas difíciles

Capítulo 11 · 2 min de lectura · 2 min de escucha

Preguntas sinceras, despedidas difíciles

“Confíen en Dios en todo tiempo. Desahoguen ante él su corazón, porque Dios es nuestro lugar seguro.” — del Salmo 62

A fines de 1961, Betty dejó a los huaorani. A ella y a Rachel Saint se les hacía muy difícil trabajar juntas, y Valerie ya casi tenía edad para ir a la escuela. Rachel se quedó entre los huaorani casi toda su vida. Betty trabajó entre los quichuas unos dos años más. Luego, en 1963, cuando Valerie tenía ocho años, las dos volvieron a Estados Unidos. Se instalaron en Franconia, New Hampshire, entre las montañas que Betty había amado de niña.

Para entonces Betty era famosa. Todos querían oír la historia de Jim y los huaorani. La gente quería una historia feliz en la que todo saliera perfecto. Pero Betty había aprendido en Ecuador que la vida con Dios no siempre es ordenada y sencilla. Ella no quería fingir. En sus libros escribió con sinceridad sobre sus preguntas, y sobre las cosas que no entendía. Algunos lectores se molestaron. Pero a muchas personas con sus propias historias tristes les ayudó su sinceridad.

En 1969, Betty se volvió a casar. Su nuevo esposo, Addison Leitch, era profesor de teología, un hombre alegre y divertido al que le encantaban los libros. Betty y Valerie se mudaron con él a Hamilton, Massachusetts. Fueron años felices.

Pero Addison se enfermó gravemente de cáncer. Betty lo cuidó en casa durante los meses largos y difíciles. Él murió el 17 de septiembre de 1973. Por segunda vez, Betty era viuda. Esta vez no hubo periódicos ni fotografías. Estaba triste, y se sentía sola. Pero llevó su tristeza a Dios, y Dios la sostuvo otra vez.

Dios no quiere que escondamos nuestras preguntas ni que finjamos estar felices cuando no lo estamos. Podemos contarle todo lo que hay en nuestro corazón. Él es nuestro lugar seguro.

Querido Dios, gracias porque puedo contarte todo, aun mis preguntas y mis sentimientos tristes. Gracias porque tú eres mi lugar seguro. Amén.

Conversen juntos

Hagan primero las preguntas; luego toquen una para ver una nota para los adultos.

¿Dónde vivieron Betty y Valerie cuando volvieron a Estados Unidos?

En Franconia, New Hampshire, entre las montañas donde Betty había pasado los veranos de niña.

¿Por qué algunos lectores se molestaron con los libros que Betty escribió después?

Porque escribió con sinceridad sobre sus preguntas y las cosas que no entendía, en lugar de contar una historia en la que todo salía perfecto.

¿Qué te gustaría decirle a Dios con sinceridad hoy?

Cualquier respuesta sincera está bien. Dios quiere que le abramos el corazón, con todas nuestras preguntas, porque él es nuestro lugar seguro.

Capítulo 11 completado

Preguntas sinceras, despedidas difíciles

Página 1 / 1 · 2 min restantes en el capítulo
Anterior Siguiente