Capítulo 8 · 32 min de lectura · 41 min de escucha
Agosto
1 de agosto
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo hecho por medio del cuerpo, según lo que haya hecho” (2 Corintios 5:10).
No siempre será el día del trabajo y de la prueba. Algún día oiremos nuestros nombres proclamados ante el universo, y se leerá el registro de cosas que hacía mucho habíamos olvidado. ¡Cómo se estremecerán nuestros corazones y se inclinarán nuestras cabezas cuando oigamos que nos llaman por nuestro propio nombre, y luego el Maestro relate los triunfos y los servicios que nosotros mismos habíamos olvidado! Y quizá, de entre las filas de los salvados, Él hará pasar al frente a las almas que hayamos ganado para Cristo y a las almas que ellas a su vez ganaron; y al ver el resultado de cosas que en su momento quizá nos parecieron insignificantes, caeremos ante el trono y diremos: “¡No a nosotros, oh Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria!”
Amado, cada día se van componiendo las páginas para el registro de nuestra vida. Nosotros mismos estamos colocando los tipos con cada acción de cada momento. Manos invisibles están fundiendo las planchas, y pronto el registro quedará asentado y será leído ante el auditorio del universo. y en medio de las realidades de la eternidad.
2 de agosto
“Tu benignidad me ha engrandecido” (Salmo 18:35).
El bendito Consolador es manso, tierno y lleno de paciencia y de amor. ¡Qué apacibles son los tratos de Dios aun con los pecadores! ¡Qué paciente su longanimidad! ¡Qué tierna su disciplina con sus propios hijos extraviados! ¡Cómo guió a Jacob, a José, a Israel, a David, a Elías y a todos sus siervos de la antigüedad, hasta que pudieron decir con verdad: “Tu benignidad me ha engrandecido”!
El corazón en el que mora el Espíritu Santo se distinguirá siempre por la benignidad, la humildad, la quietud, la mansedumbre y la paciencia. El espíritu grosero y sarcástico, los modales bruscos, la réplica cortante, el comentario hiriente: todo eso pertenece a la carne, pero nada tiene en común con la apacible enseñanza del Consolador.
La santa Paloma se aparta del espíritu ruidoso, tumultuoso, agitado y vengativo, y halla su morada en el pecho humilde del alma pacífica. “El fruto del Espíritu es benignidad, mansedumbre.”
Señor, hazme manso. Acalla mi espíritu. Refina mis modales. Que tenga a Cristo en mi porte y aun en el tono de mi voz, así como en mi corazón.
3 de agosto
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios” (1 Pedro 5:6).
La presión de los lugares difíciles nos hace valorar la vida. Cada vez que la vida nos es devuelta después de una prueba así, es como un nuevo comienzo: aprendemos mejor cuánto vale y sacamos más provecho de ella para Dios y para los hombres.
La presión nos ayuda a comprender las pruebas de los demás, y nos capacita para ayudarles y compadecernos de ellos.
Hay una naturaleza superficial y ligera que se apropia a la ligera de una teoría o de una promesa, y habla con mucha soltura de la desconfianza de quienes retroceden ante cada prueba; pero el hombre o la mujer que ha sufrido mucho nunca hace eso, sino que es muy tierno y apacible, y sabe lo que de verdad significa sufrir.
Esto es lo que Pablo quiso decir cuando dijo: “La muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.” Las pruebas y los lugares difíciles son necesarios para empujarnos hacia adelante; así como los fuegos del horno en la bodega de aquel poderoso barco dan la fuerza que mueve el pistón, impulsa la máquina y lleva aquella gran nave a través del mar, contra los vientos y las olas.
4 de agosto
“Vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él” (Romanos 8:9).
Un hombre espiritual no es tanto un hombre que posee un fuerte carácter espiritual como un hombre lleno del Espíritu Santo. Por eso dijo el apóstol: “Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros.”
La gloria de la nueva creación, entonces, no consiste solo en que recrea el espíritu humano, sino en que lo hace apto para ser morada de Dios mismo, y lo hace depender del sol, como el niño depende de su madre. Por tanto, la espiritualidad más alta es la impotencia más absoluta, la dependencia más completa y la posesión más plena del Espíritu Santo. Por eso, el hermoso acto de Cristo al soplar sobre sus discípulos, impartiéndoles de sus propios labios el mismo Espíritu que ya estaba en Él, expresó de la manera más vívida la gloria suprema de la nueva creación. Y cuando el Espíritu Santo nos posee así, llena cada parte de nuestro ser.
5 de agosto
“Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Algunos de nosotros nos estamos muriendo de hambre y nos preguntamos por qué el Espíritu Santo no nos llena. Recibimos en abundancia, pero no damos. Reparte la bendición que tienes, emprende planes más amplios de servicio y de bendición, y pronto descubrirás que el Espíritu Santo va delante de ti, y que Él te “saldrá al encuentro con bendiciones de bien”, y te dará todo lo que pueda confiarte para que lo repartas a otros.
Hay en la naturaleza un hecho hermoso que tiene su paralelo espiritual. No hay música tan celestial como la de un arpa eólica, y el arpa eólica no es más que un juego de cuerdas musicales dispuestas en armonía y luego abandonadas al toque de los dedos invisibles de los vientos errantes. Y cuando el aliento del cielo pasa flotando sobre las cuerdas, se dice que brotan en el aire notas casi divinas, como si un coro de ángeles anduviera alrededor tañendo las cuerdas.
Y así es posible mantener nuestro corazón tan abierto al toque del Espíritu Santo que Él pueda tañerlo a su voluntad, mientras esperamos en quietud en el camino de su servicio.
6 de agosto
“Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).
El bendito Espíritu Santo es nuestro Guía, nuestro Conductor y nuestro Lugar de reposo. Hay momentos en que nos impulsa hacia adelante: a la oración, al servicio, al sufrimiento, a nuevas experiencias, nuevos deberes, nuevos desafíos de fe, de esperanza y de amor; pero hay momentos en que nos detiene en medio de nuestra actividad, nos hace reposar bajo la sombra de sus alas y nos aquieta en el lugar secreto del Altísimo, enseñándonos alguna lección nueva, infundiéndonos una fuerza o una plenitud más profunda, y luego guiándonos de nuevo hacia adelante, solo cuando Él lo ordena. Él es el verdadero Guía del santo y el verdadero Conductor de la Iglesia, nuestro Consejero admirable, nuestro Amigo que nunca yerra; y quien niegue la guía personal del Espíritu Santo con el fin de honrar la Palabra de Dios como nuestra única guía, tendrá que deshonrar aquella otra palabra de promesa: que sus ovejas conocerán su voz, y que sus hijos atentos y obedientes oirán a sus espaldas una voz que dice: “Este es el camino, andad por él.”
7 de agosto
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado” (Romanos 6:6).
Es puramente una cuestión de fe, y la fe y la vista siempre difieren, de modo que a tus sentidos no les parece que sea así, pero tu fe debe seguir considerándolo así. Es una actitud muy difícil de mantener, y solo en la medida en que creemos de lleno a Dios podemos contar así con su Palabra y con su obra; pero al hacerlo, la fe lo convertirá en un hecho, y así será.
Estas dos palabras, “presentaos” y “consideraos”, son las contraseñas para entrar en la vida de resurrección. Son como los dos filos de la “espada del Espíritu”, por medio de la cual entramos en la crucifixión con Cristo.
Este acto de entrega y este considerar de la fe aparecen en el Nuevo Testamento como el momento de una crisis muy definida en la vida espiritual. No significa que se espere de nosotros un morir continuo, sino que debe haber un acto muy definido de muerte, y luego un hábito constante de considerarnos muertos y de afrontarlo todo desde esa posición.
“Consideraos verdaderamente muertos al pecado, pero vivos para Dios, por medio de Jesucristo.”
8 de agosto
“Sed como la paloma” (Jeremías 48:28).
Sencillos como palomas: esa es la interpretación que Cristo da de este hermoso emblema. Y así el Espíritu de Dios es la pureza misma. No puede morar en un corazón inmundo. No puede permanecer en la mente natural. De la unción antigua se dijo: “Sobre carne de hombre no será derramado.”
La pureza que trae el Espíritu Santo es como esa plantita blanca e inmaculada que brota del montón de estiércol o de la tierra negra sin que un solo grano de impureza se adhiera a su superficie cristalina, inmaculada como el ala de un ángel.
Así el Espíritu Santo da una pureza de corazón que lleva en sí su propia protección, porque es esencialmente distinta de las cosas malas que crecen a su alrededor. Puede estar rodeada de mal por todos lados, pero permanece incontaminada y pura, porque su misma naturaleza es esencialmente santa y divina. Como el plumaje de la paloma, no puede ensuciarse, sino que sale del charco cenagoso sin mancha ni mácula de las aguas oscuras, porque está protegida por la capa oleosa que despide toda impureza y la hace inmune al contacto de cualquier mancha.
9 de agosto
“Pondrá ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel; sus rebeliones y sus pecados” (Levítico 16:21).
Cuando surge algún mal y la conciencia de algo impío toca nuestros sentidos interiores, tenemos el privilegio de entregarlo al instante al Espíritu Santo y ponerlo sobre Jesús, como algo ya crucificado con Él; y, como antiguamente en el caso de la ofrenda por el pecado, será llevado fuera del campamento y quemado hasta quedar en cenizas.
Puede haber un sufrimiento profundo, puede haber un dolor prolongado, puede ser intensamente real; pero a lo largo de todo ello habrá un sentido muy dulce y sagrado de la presencia de Dios, una pureza intensa en todo nuestro espíritu y nuestra separación del mal que está siendo consumido. En verdad, será llevado fuera del campamento, sin que quede siquiera el olor de las llamas en nuestras vestiduras.
¡Qué bendición es que el Espíritu Santo dé muerte a las cosas! Ninguna espada sino la suya puede pasar tan perfectamente entre nosotros y el mal, de modo que consuma el pecado sin tocar el espíritu.
Señor Jesús, mi Ofrenda por el pecado, pongo mi pecado, mi yo, toda mi naturaleza, sobre tu Cruz. ¡Consúmeme con tu fuego santo, y hazme morir a todo menos a Ti!
10 de agosto
“No hay mancha en ti” (Cantares 4:7).
El bendito Espíritu Santo que posee el corazón consagrado se interesa intensamente por nuestra vida más alta, y nos vigila con un amor sensible, y aun celoso. Muy hermosa es la verdadera traducción de aquel pasaje común de la Epístola de Santiago: “El Espíritu que mora en nosotros nos ama hasta los celos.”
El corazón del Espíritu Santo se interesa intensamente en preservarnos de toda mancha y defecto, y en llevarnos a las posibilidades más altas de la voluntad de Dios.
El Esposo celestial quiere que su Iglesia esté libre no solo de toda mancha, sino también de “toda arruga, ni cosa semejante.” La mancha es la marca del pecado, pero la arruga es la señal de la debilidad, de la vejez y de la decadencia, y Él no quiere ningún toque así que desfigure las santas facciones de su Amada; y por eso el Espíritu Santo, que es el Ejecutor de su voluntad y el Mensajero divino a quien Él envía para llamar, apartar y traer a casa a su Esposa, se interesa celosamente en cumplir en nosotros toda la voluntad del Maestro.
Señor, quita de mí toda mancha y toda marca de debilidad y decadencia, y hazme tu Esposa sin mancha.
11 de agosto
“Toda la tierra que ves” (Génesis 13:15).
Las provisiones reales de su gracia nacen de la visión interior.
Aquel que pone en el pecho de aquella ave el instinto de cruzar el continente en busca del sol del verano en aquellas tierras del Sur es demasiado bueno para engañarla; y tan cierto como que ha puesto el instinto en su pecho, así también ha puesto allá las brisas suaves y el sol primaveral para recibirla cuando llegue.
Aquel que dio a Abraham la visión de la Tierra Prometida, también dijo con infinita verdad y amor: “Toda la tierra que ves te la daré.” Aquel que infunde en nuestro corazón la esperanza celestial no nos engañará ni nos fallará cuando avancemos hacia su cumplimiento. No hay nada infiel en Aquel que ha dicho: “Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho”, y podemos saber que Él nunca nos engañará ni nos fallará, sino que todo lo que revela por su Espíritu Santo lo hará nuestro, a medida que avancemos y entremos en su cumplimiento.
Señor, dame primero la visión y luego la victoria. Muéstrame toda mi herencia, y luego dámela toda en Cristo Jesús.
12 de agosto
“No a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús” (2 Corintios 4:5).
Tu influencia cristiana, tu reputación como obrero de Dios y tu posición entre tus hermanos pueden ser un ídolo al que tengas que morir antes de quedar libre para vivir solo para Él.
Si alguna vez te has fijado en los tipos de una página impresa, habrás visto que la pequeña “i” siempre lleva un punto encima, y es ese punto el que la eleva por encima de las demás letras de la línea.
Ahora bien, cada uno de nosotros es una pequeña i, y sobre cada uno de nosotros hay un puntito de engreimiento, de obstinación, de interés propio, de confianza en sí mismo, de complacencia en sí mismo, o de algo a lo que nos aferramos y por lo que contendemos, que revela la vida del yo con tanta seguridad como si fuera una montaña de verdadera importancia.
Esta i es rival de Jesucristo y enemiga del Espíritu Santo, de nuestra paz y de nuestra vida, y por eso Dios ha decretado su muerte; y el Espíritu Santo, con su espada encendida, espera para destruirla, a fin de que podamos entrar por las puertas y llegar al Árbol de la Vida. Señor, desplázame con tu plenitud, así como la gloria del Señor no dejó lugar para Moisés en el Tabernáculo.
13 de agosto
“Nubes y oscuridad alrededor de Él” (Salmo 97:2).
La presencia de nubes en tu cielo y de pruebas en tu camino es la mejor prueba de que estás siguiendo la columna de nube y andando en la presencia de Dios. Tuvieron que entrar en la nube antes de poder contemplar la gloria de la transfiguración; y poco después esa misma nube se convirtió en el carro que recibió al Señor en su ascensión, y todavía aguarda como el carro que traerá su gloriosa manifestación.
Aun así es verdad que, mientras “nubes y oscuridad rodean su trono, misericordia y verdad” están siempre en medio de ellas, e “irán delante de su rostro.”
Quizá el uso más hermoso y bondadoso de la nube fue protegerlos del sol abrasador. Como un gran paraguas, aquella majestuosa columna extendía su dosel sobre el campamento y se convertía en sombra protectora contra el calor ardiente en el desierto sin árboles. Nadie que no haya sentido nunca un sol oriental puede apreciar del todo cuánto significa esto: una sombra contra el calor.
Así el Espíritu Santo se interpone entre nosotros y los rayos ardientes y abrasadores del dolor y de la tentación.
14 de agosto
“No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas” (Salmo 105:15).
Preferiría jugar con el rayo zigzagueante, o tomar en mis manos cables vivos con su corriente de fuego, antes que decir una palabra temeraria contra cualquier siervo de Cristo, o repetir a la ligera los dardos calumniosos que miles de cristianos lanzan contra otros, para daño de sus propias almas y cuerpos.
Quizá te preguntes a menudo por qué tu enfermedad no es sanada, por qué tu espíritu no se llena del gozo del Espíritu Santo, o por qué tu vida no es bendecida y próspera. Puede ser que algún dardo que lanzaste con voz airada, o en una hora ociosa de chisme irreflexivo, te esté persiguiendo en su recorrido, al trazar el círculo que siempre devuelve a la fuente de donde salió toda flecha de amargura y toda palabra ociosa y mala.
Recordemos que cuando perseguimos o herimos a los hijos de Dios, no hacemos sino perseguirle a Él, y nos herimos a nosotros mismos mucho más.
Señor, hazme tan sensible a los sentimientos y derechos de los demás como a menudo lo he sido a los míos, y déjame vivir y amar como Tú.
15 de agosto
“Él os guiará a toda verdad” (Juan 16:13).
El Espíritu Santo no viene a darnos manifestaciones extraordinarias, sino a darnos su vida y su luz, y cuanto más nos acercamos a Él, más sencillas serán su iluminación y su guía. Viene a “guiarnos a toda verdad.” Viene a derramar luz sobre nuestro propio corazón y a mostrarnos a nosotros mismos. Viene a revelar a Cristo, a dar, y luego a iluminar, las Santas Escrituras, y a hacer que las realidades divinas sean vívidas y claras para nuestra comprensión espiritual. Viene como Espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo, para “alumbrar los ojos de nuestro entendimiento, para que sepamos cuál es la esperanza de su llamamiento, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza.”
¡Espíritu de Poder! Con fuego celestial dota nuestras almas, inspira nuestras lenguas; extiende tu poderosa Mano, restaura tus dones de Pentecostés, y muestra una vez más las maravillas de tu poder en toda tierra.
16 de agosto
“Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20).
¡Oh, cuánto nos ayuda y consuela en la fatigosa marcha de la vida saber que tenemos con nosotros al Cristo que pasó los primeros treinta años de su vida en el taller de carpintero de Nazaret, blandiendo el martillo, cubierto de sudor y de polvo sucio, físicamente cansado como a menudo lo estamos nosotros, y capaz de comprender todas nuestras experiencias de faena y trabajo! ¡Y Uno que todavía se complace en compartir nuestras tareas comunes y en equiparnos para nuestras difíciles empresas de mano y de mente!
Sí, humilde hermana, Él te ayudará en la tabla de lavar y en el fregadero de la cocina con la misma alegría que en la hora de oración. Sí, atareado obrero, Él irá contigo y te ayudará a blandir el martillo, o a manejar el serrucho, o a sostener el arado en el trabajo de la vida, y serás mejor mecánico, obrero más hábil y hombre de más éxito, porque tomas su sabiduría para los asuntos comunes de la vida. No hay lugar ni momento en que Él no pueda y no quiera andar a nuestro lado, obrar por medio de nuestras manos y nuestra mente, y unirse en una sociedad amorosa y plenamente suficiente con todas nuestras necesidades, tareas y pruebas, y demostrar nuestra plena suficiencia para todas las cosas.
17 de agosto
“Hablad a la peña” (Números 20:8).
El Espíritu Santo es muy sensible, como siempre lo es el amor. Puedes dominar a una fiera con golpes y cadenas, pero de ese modo no puedes conquistar el corazón de una mujer ni ganar el amor de una naturaleza sensible; a ese hay que cortejarlo con los toques delicados de la confianza y del afecto. Así también al Espíritu Santo hay que recibirlo con una fe tan delicada y sensible como el corazón apacible con el que entra en contacto. Un solo pensamiento de incredulidad, una sola expresión de desconfianza impaciente o de temor, frenará al instante la perfecta libertad de sus operaciones, tanto como un soplo de escarcha marchitaría los pétalos de la rosa o del lirio más delicados.
Habla a la peña; no la golpees. Cree en el Espíritu Santo y trátalo con la confianza más tierna y la seguridad más inquebrantable, y Él te responderá al instante y con confianza.
Amado, ¿has llegado a la peña de Cades? ¿Has abierto todo tu ser a la plenitud del Espíritu, y luego, con la confianza del niño en su madre, de la esposa en su esposo, de la flor en el sol, has recibido por la fe, y estás bebiendo de su bendita vida?
18 de agosto
“Y los trescientos tocaban las trompetas” (Jueces 7:22).
Poco imaginamos a veces lo que una palabra precipitada, un discurso irreflexivo, un acto imprudente o una confesión de incredulidad y temor pueden hacer para estorbar nuestra mayor utilidad, o para desviarla de alguna gran oportunidad que Dios ha estado preparando para nosotros.
Aunque el Espíritu Santo usa a hombres débiles, no quiere que sigan siendo débiles después de haberlos escogido y llamado. Aunque usa lo necio para avergonzar a los sabios, no quiere que seamos necios después de que Él viene a darnos su sabiduría y su gracia. Usa la locura de la predicación, pero no necesariamente la locura de los predicadores. Como la corriente eléctrica, que puede suministrar la fuerza de mil hombres, es necesario que tenga un conductor adecuado, y un alambre muy delgado es mejor que una soga muy gruesa.
Dios quiere instrumentos aptos para su poder: voluntades rendidas, corazones confiados, vidas coherentes y labios obedientes a su voluntad; y entonces Él puede usar las armas más débiles y hacerlas poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.
19 de agosto
“Tened fe en Dios” (Marcos 11:22).
Él nos pide una fe perfecta, y nos dice que si creemos y no dudamos, tendremos todo lo que pidamos. El más leve toque de incredulidad neutralizará nuestra confianza.
Pero ¿cómo tendremos una fe tan perfecta? ¿Es posible para la naturaleza humana? No, pero es posible para la naturaleza divina, es posible para el Cristo que está en nosotros. Es posible que Dios la dé; y Dios la da. Pero Cristo es el Autor y Consumador de nuestra fe, y nos manda tener la fe de Dios, y al tenerla por la impartición del Espíritu de Cristo, creemos como Él.
Oramos en su nombre y en su misma naturaleza, y vivimos por la fe del Hijo de Dios, que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. El amor que Él nos pide no es un mero amor humano, ni siquiera la medida de amor exigida en el Antiguo Testamento, sino algo mucho más alto. El nuevo mandamiento es: Amaos unos a otros, no como a vosotros mismos, sino como yo os he amado.
¿Cómo será posible tal amor? En esto se perfecciona nuestro amor: en que como Él es, así somos nosotros en este mundo. Nuestro amor es sencillamente su amor obrado en nosotros e impartido a nosotros por medio del Espíritu.
20 de agosto
“En esto es glorificado mi Padre” (Juan 15:8).
La verdadera manera de glorificar a Dios es que Dios muestre su gloria por medio de nosotros, que brille a través de nosotros como vasos vacíos que reflejan su plenitud de gracia y de poder.
El sol es glorificado cuando tiene ocasión de mostrar su luz a través de la ventana de cristal, o de reflejarla en el espejo inmaculado o en el mar terso como el vidrio.
No hay nada que glorifique tanto a Dios como que un hombre o una mujer débil e impotente pueda triunfar, por la fuerza de Él, en lugares donde las más altas cualidades humanas nos fallarán, y llevar adelante en poder divino, a través de toda clase de trabajo y de sufrimiento, un espíritu naturalmente débil, irresoluto, egoísta y pecador, transformado en dulzura, pureza y poder, y que se mantiene victorioso en circunstancias para las que sus cualidades naturales lo incapacitarían por completo. Una mente que no es naturalmente sabia ni fuerte, dirigida por una sabiduría divina, llevada a lo largo de la línea de un plan grande y poderoso, y usada para lograr resultados asombrosos para Dios y para los hombres: esto es lo que glorifica a Dios.
Así que déjame glorificar hoy a mi Señor y adornar en todo la doctrina de Dios.
21 de agosto
“No es vuestra la guerra” (2 Crónicas 20:15).
Lo importante es considerar que la batalla es de Dios. “No es vuestra la guerra, sino de Dios.” No tendréis que pelear vosotros en esta batalla. Mientras consideremos nuestros los peligros y las responsabilidades, el temor nos tendrá angustiados; pero cuando comprendamos que Él se ha comprometido a cuidarnos, como propiedad suya y representantes suyos, sentiremos un alivio y una seguridad infinitos.
Si envío a mi siervo a un largo viaje, soy responsable de sus gastos y de su protección; y si Dios me envía a alguna parte, Él es el responsable. Si pertenecemos a Dios y ponemos en sus manos nuestra vida, nuestra familia y todo lo que tenemos, podemos saber que Él cuidará de nosotros.
Si nuestro cuerpo le pertenece, a Él le interesa mantenernos sanos, tanto como al pastor le interesa tener sus ovejas bien alimentadas y bien cuidadas, para honra suya.
“Gracias a Dios, que siempre nos hace triunfar.”
¡Firmes, firmes por Jesús! Firmes solo en su poder; el brazo de carne os fallará, no os atreváis a confiar en el vuestro.
22 de agosto
“Yo, el Señor, el primero, y con los postreros” (Isaías 41:4).
Miles de personas quedan varadas después de haberse embarcado en el gran viaje de la santidad, porque se han apoyado en la experiencia en lugar de en su Autor. Habían supuesto que estaban completa y permanentemente libres de todo pecado, y en el éxtasis de su primera experiencia se imaginan que nunca más serán probados ni tentados como antes; y cuando salen a los hechos reales de la vida cristiana y se encuentran fallando y cayendo, quedan asombrados y perplejos, y concluyen que deben de haberse equivocado en su experiencia; y así hacen un nuevo intento de lo mismo, y vuelven a caer, hasta que al fin, agotados por el experimento, concluyen que la experiencia es un engaño, o al menos que nunca fue destinada para ellos; y así vuelven al viejo camino, y su postrer estado viene a ser peor que el primero.
Lo que hombres y mujeres necesitan hoy es conocer, no la santificación como un estado, sino a Cristo como una Persona viva.
Señor Jesús, dame tu corazón, tu fe, tu vida, a Ti mismo.
23 de agosto
“Así como Él es puro” (1 Juan 3:3).
Dios procura ahora reproducir en nosotros el modelo que ya ha aparecido en Jesucristo, el Hijo de Dios. La vida cristiana no es una imitación de Cristo, sino una nueva creación directa en Cristo, y la unión con Cristo es tan completa que Él nos imparte su propia naturaleza y vive su propia vida en nosotros; y entonces no es una imitación, sino sencillamente el brote natural de la naturaleza implantada dentro de nosotros.
Vivimos como Cristo porque tenemos la vida de Cristo. Dios no se conforma con nada menos que la perfección. La exigió de su Hijo. La exige de nosotros, y en el proceso de la gracia no rebaja la medida, sino que nos eleva hasta ella. No rebaja la justicia de la ley, sino que nos exige una justicia que supera con mucho la justicia de los escribas y fariseos, y luego nos la imparte. Nos tiene por justos en la santificación, y dice de la nueva creación: “El que hace justicia es justo, como Él es justo.”
Señor, vive en mí tu misma vida.
24 de agosto
“Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres” (Filipenses 4:5).
La prueba misma de la consagración es nuestra disposición no solo a renunciar a las cosas que están mal, sino a renunciar a nuestros derechos, a estar dispuestos a sujetarnos. Cuando Dios comienza a someter un alma, a menudo nos pide ceder cosas que en sí mismas tienen poca importancia, y así quebrantar nuestra cerviz y someter nuestro espíritu.
Ningún obrero cristiano puede ser usado jamás por Dios hasta que la orgullosa voluntad propia es quebrantada y el corazón está dispuesto a ceder a cada toque de Dios, no importa por medio de quién venga.
Muchas personas quieren que Dios las guíe por su propio camino, y no toleran autoridad ni freno alguno. Dan su dinero, pero quieren dictar cómo se ha de gastar. Trabajan mientras se les deje complacerse a sí mismas, pero en cuanto llega alguna presión te topas al instante, no con la gracia de la resignación, sino con una carta de renuncia, retirándose de algún cargo importante y alborotando a toda una comunidad de amigos críticos, igualmente dispuestos a tener sus propias opiniones y su propia voluntad al respecto. Esto destruye todo poder verdadero.
25 de agosto
“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardaréis mis juicios y los pondréis por obra” (Ezequiel 36:27).
Esto es mucho más que un corazón nuevo. Esto es un corazón lleno del Espíritu Santo, el Espíritu divino, el poder que nos hace andar en los mandamientos de Dios.
Esta es la crisis más grande que llega a la vida de un cristiano: cuando en el espíritu que fue renovado en la conversión viene Dios mismo a morar, a hacer de él su morada permanente y a guardarlo por su gran poder en santidad y justicia.
Ahora bien, después de que esto ocurre, uno supondría que seríamos elevados a un espíritu mucho más esperanzado y exuberante; pero el profeta pinta un cuadro muy distinto. Dice que, cuando esto suceda, nos aborreceremos a nosotros mismos ante nuestros propios ojos.
La revelación de Dios produce un profundo sentido de nuestra propia nada y de nuestra falta de valor, y nos postra rostro en tierra, en el polvo, en la negación de nosotros mismos.
La llegada del Espíritu Santo desplaza al yo y lo deja en vergüenza para siempre, y la santidad más alta consiste en andar en la renuncia a uno mismo.
26 de agosto
“Tu sierva ninguna cosa tiene en casa sino una vasija de aceite” (2 Reyes 4:2).
Él le preguntó: “¿Qué tienes en casa?” Y ella dijo: “Nada sino una vasija de aceite.” Pero aquella vasija de aceite bastaba para todas sus necesidades, si tan solo hubiera sabido cómo usarla.
En verdad representaba al Espíritu Santo, y la gran lección de la parábola es que el Espíritu Santo basta para todas nuestras necesidades, si tan solo sabemos cómo usarle.
Todo lo que ella necesitaba era conseguir suficientes vasijas para recibir el rebose, y luego echar aceite hasta que todas estuvieran llenas.
Y así el Espíritu Santo solo está limitado por nuestra capacidad de recibirle; y cuando Dios quiere que tengamos una plenitud mayor, tiene que hacerle lugar creando necesidades mayores.
Dios nos envía nuevas vasijas para ser llenas de su Espíritu Santo en las necesidades que nos sobrevienen y en las pruebas que nos salen al paso. Estas son las oportunidades de Dios para darnos más de sí mismo, y a medida que las afrontamos, Él viene a nosotros con mayor plenitud para cada nueva necesidad.
Señor, ayúdame a verte a Ti en todas mis situaciones difíciles y a hacer de ellas vasijas que contengan más de tu gracia.
27 de agosto
“No os afanéis por vuestra vida” (Mateo 6:25).
El Señor sigue usando lo menospreciado. Los mismos nombres de nazareno y de cristiano fueron en otro tiempo epítetos de desprecio. Nadie puede tener el pensamiento más alto de Dios y ser popular entre su propia generación. Los hombres más maltratados son a menudo los más usados.
Hay calamidades mucho mayores que ser impopular e incomprendido. Hay cosas mucho peores que hallarse en la minoría. Muchas de las mayores bendiciones de Dios yacen detrás de los espantapájaros del diablo: el prejuicio y la tergiversación. El Espíritu Santo no se avergüenza de usar a personas impopulares. Y si Él las usa, ¿qué les ha de importar la opinión de los hombres?
¡Oh, tengamos tan solo su reconocimiento, y la atención de los hombres contará poco; y Él nos dará toda la ayuda y la alabanza humana que necesitemos! Busquemos solo su voluntad, su gloria, su aprobación. Vayamos por Él a los encargos más duros y hagamos las tareas más humildes. Honra suficiente es que Él nos use y nos envíe. No temamos en este día seguirle fuera del campamento, llevando su vituperio, y a su tiempo Él reconocerá nuestro nombre sin valor delante de las miríadas de la tierra y del cielo.
28 de agosto
“Según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).
Cuando llegamos al lugar de la unión con Dios, por la morada del Espíritu Santo en nosotros, entramos en la herencia de la bendición exterior y tomamos posesión de la tierra que nos pertenece. Entonces nuestra salud y nuestra fuerza física nos llegan por el poder de nuestra vida interior; entonces se cumple la oración de que tengamos salud y seamos prosperados, así como prospera nuestra alma. Entonces, con el reino de Dios y su justicia dentro de nosotros, todas las cosas nos son añadidas.
La obra exterior de Dios siempre va al paso del poder que actúa en nosotros. Cuando Dios es entronizado en un alma humana, el diablo y el mundo pronto lo descubren. No necesitamos anunciar nuestro poder. Jesús no pudo esconderse, y un alma llena de poder y pureza divinos debería llegar a ser centro de atracción para corazones hambrientos y vidas que sufren.
Recibámosle y reconozcámosle en la gloria de su morada en nosotros, y entonces nos apropiaremos de todo lo que eso significa para nuestra vida en toda su plenitud. Señor, dame “el escondimiento de tu poder”, y que Cristo sea glorificado en mí.
29 de agosto
“El obedecer es mejor que los sacrificios” (1 Samuel 15:22).
Así nuestra sanidad se presenta como una recompensa especial por la obediencia. Por tanto, si queremos agradar al Señor y recibir la recompensa de los que le agradan, no hay servicio tan acepto a Él como nuestra alabanza.
Salgamos siempre a su encuentro con un corazón alegre y agradecido, y Él lo reflejará en la salud de nuestro semblante y en la vida pujante y la salud rebosante, que no es sino el eco de un corazón gozoso.
Además, la gratitud es la mejor preparación para la fe. La confianza crece espontáneamente en el corazón que alaba. La gratitud toma la acera soleada de la calle y mira el lado luminoso de Dios, y solo así podemos llegar a confiar en Él. La incredulidad mira nuestros problemas y, por supuesto, parecen montañas, y la fe se desanima ante el panorama. Una disposición agradecida siempre hallará algún motivo de ánimo, y un espíritu sombrío hallará una nube en el cielo más claro y una mosca en el ungüento más dulce. Cultivemos un espíritu alegre, y hallaremos tanto en Dios y en nuestra vida que nos anime, que no habrá lugar para la duda ni el temor.
30 de agosto
“Bienaventurados sois si las hacéis” (Juan 13:17).
¡Poco sabes del descanso que viene de la voluntad rendida, de la elección entregada, del mundo abandonado, del corazón manso y humilde que deja pasar el mundo y sabe que heredará la tierra que ha rehusado! ¡Poco sabes del sabor que da a la bendición tener hambre y sed de justicia, y ser saciado con una satisfacción que el deleite mundano no puede ofrecer, y luego elevarse a la bienaventuranza más alta de los misericordiosos, de los que perdonan, de los corazones que han aprendido que “más bienaventurado es dar que recibir”, y de las vidas que descubren que “soltar es poseer dos veces”, y que bendecir a otros es ser doblemente bendecido!
Sí, hay todavía una joya más brillante que todas las demás en esta corona de bienaventuranzas. Es la lágrima cristalizada en diamante, la gota de sangre transfigurada en el rubí de la corona eterna del cielo. Es el gozo de sufrir con Jesús, y luego olvidar todo el dolor en el gozo desbordante, hasta que, con el celestial Pascal, no sabemos qué decir primero, y así decimos ambas cosas a la vez: “Lágrimas sobre lágrimas, gozo sobre gozo”.
31 de agosto
“Guíame en el camino eterno” (Salmo 139:24).
A menudo hay en apariencia muy poca diferencia, entre dos vidas distintas, entre la victoria constante y la victoria frecuente. Pero esa pequeña diferencia constituye todo un mundo de éxito o de fracaso. La una es lo divino, la otra lo humano; la una es el camino eterno, la otra lo pasajero e imperfecto. Dios quiere guiarnos al camino eterno, y afirmarnos y hacernos inconmovibles como Él. Poco sabemos de la gravedad de la más leve claudicación. No es sino el primer paso de una pendiente descendente, y solo Dios sabe dónde acabará.
Seamos “no de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la salvación del alma.”
Tu victoria de hoy no hace sino preparar el camino para una victoria mayor mañana, y tu claudicación de hoy está abriendo la puerta a una derrota más terrible en los días venideros. Por tanto, todo lo que hayamos reclamado de nuestro bendito Maestro, encomendémoslo a su custodia, y tomémosle a Él para que nos afirme y nos sostenga firmes en el gozo de la esperanza hasta el fin.
Capítulo 8 completado
Agosto