Días del cielo en la tierra
Enero

Capítulo 1 · 31 min de lectura · 40 min de escucha

Enero

1 de enero

“Redimiendo el tiempo” (Efesios 5:16).

Aquí, en el griego, se encuentran dos pequeñas palabras. Son “ton kairon”, que la versión revisada traduce: “Comprando para vosotros la oportunidad.” Las dos palabras ton kairon significan, literalmente, la oportunidad.

No se refieren al tiempo en general, sino a un punto especial del tiempo, una coyuntura, una crisis, un momento lleno de posibilidades que pasa con rapidez, el cual debemos asir y aprovechar al máximo antes de que se haya ido.

Se da a entender que no hay muchos momentos así de oportunidad, porque los días son malos; como en un desierto estéril donde, aquí y allá, encuentras una flor: córtala mientras puedes; como una oportunidad de negocio que se presenta unas pocas veces en la vida: cómprala mientras tienes la ocasión. Mantente espiritualmente alerta; no seas insensato, sino entendido de cuál sea la voluntad de Dios. “Andad con diligencia, no como necios, sino como sabios, comprando para vosotros la oportunidad.”

A veces es un momento de tiempo que hay que salvar; a veces, un alma que hay que llevar a Cristo; a veces es una ocasión para el amor; a veces, para la paciencia: a veces, para la victoria sobre la tentación y el pecado. Redimámoslo.

2 de enero

“Haré que andéis en mis estatutos” (Ezequiel 36:27).

La condición espiritual más elevada es aquella en que la vida es espontánea y fluye sin esfuerzo, como las aguas profundas del río de Ezequiel, donde cesaban los esfuerzos del nadador y la fuerza irresistible de la corriente lo llevaba.

Así Dios nos conduce a condiciones y hábitos espirituales que llegan a ser los impulsos espontáneos de nuestro ser, y vivimos y nos movemos en la plenitud de la vida divina.

Pero estos hábitos espirituales no son fruto de algún impulso pasajero, sino que a menudo se adquieren y se afirman lentamente. Comienzan, como todo hábito verdadero, con un acto definido de la voluntad, y se confirman por la repetición de ese acto hasta que se convierte en hábito. Las primeras etapas siempre requieren esfuerzo y decisión. Tenemos que tomar una posición y mantenerla con firmeza, y después de haberlo hecho durante cierto tiempo, se vuelve una segunda naturaleza y nos lleva por su propia fuerza.

El Espíritu Santo está dispuesto a formar tales hábitos en todos los aspectos de nuestra vida cristiana, y si tan solo le obedecemos en los primeros pasos de la fe, pronto quedaremos afirmados en la actitud de obediencia, y el deber será un deleite.

3 de enero

“Velad y orad” (Mateo 26:41).

Necesitamos velar por nuestras oraciones tanto como por las respuestas a nuestras oraciones. Hace falta tanta sabiduría para orar bien como fe para recibir las respuestas a nuestras oraciones.

El otro día nos encontramos con un amigo que había pasado años en tinieblas porque Dios no había respondido a ciertas oraciones, y el resultado había sido un estado que rayaba en la incredulidad.

Bastaron unos pocos momentos para convencer a este amigo de que aquellas oraciones no tenían ninguna autorización, de que Dios nunca había prometido responder a tales oraciones, y de que se trataba de cosas que este amigo debía haber logrado por sí mismo, en el ejercicio de la sabiduría ordinaria.

El resultado fue la liberación de una nube de incredulidad que casi estaba haciendo naufragar una vida cristiana. Hay algunas cosas por las que no necesitamos tanto orar como aprovechar la luz que Dios ya nos ha dado.

Muchas personas le piden a Dios que les dé señales especiales, indicios e insinuaciones sobrenaturales de su voluntad. Nuestra tarea es usar la luz que Él nos ha dado, y entonces Él nos dará todo lo demás que necesitemos.

4 de enero

“Bienaventurado el varón que no anduvo” (Salmo 1:1).

Tres cosas son notables en este hombre:

1. Su compañía. “No anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.”

2. Su lectura y su pensamiento. “En la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.”

3. Su fecundidad. “Y será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

El río es el Espíritu Santo; el plantío, la vida profunda y permanente en la que, no de vez en cuando, sino habitualmente, absorbemos el Espíritu Santo; y el fruto no es ocasional, sino continuo, y adecuado a cada estación cambiante.

Su vida es también próspera, y su espíritu fresco, como la hoja que no se marchita. Una vida así tiene que ser feliz. En verdad, la felicidad es cuestión de condiciones espirituales. Pon un rayo de sol en un sótano, y tiene que haber luz. Pon un ruiseñor en la medianoche más oscura, y tiene que cantar.

5 de enero

“Yo lo conozco, que cumplirá la ley” (Génesis 18:19).

Dios quiere personas en quienes pueda confiar. Él pudo decir de Abraham: “Yo lo conozco, para que haga venir el Señor sobre Abraham todo lo que Él ha hablado.” En Dios se puede confiar; Él quiere que nosotros seamos igualmente decididos, igualmente fiables, igualmente estables. Esto es precisamente lo que significa la fe. Dios busca hombres sobre los cuales pueda poner el peso de todo su amor, y poder, y fieles promesas. Cuando Dios encuentra un alma así, no hay nada que no esté dispuesto a hacer por ella. Las locomotoras de Dios son bastante fuertes para arrastrar cualquier peso que les enganchemos. Por desgracia, el cable que atamos a la locomotora suele ser demasiado débil para sostener el peso de nuestra oración; por eso Dios nos está ejercitando, disciplinando y entrenando para la estabilidad y la certeza en la vida de fe. Aprendamos nuestras lecciones, y mantengámonos firmes.

Dios guarda lo mejor para los pocos que se atreven a soportar la prueba; Dios tiene su segunda elección para quienes no quieren lo mejor de Él. Dame, oh Señor, tu más alta elección; que otros tomen lo demás. Sus cosas buenas no me atraen, porque tengo lo mejor de Ti.

6 de enero

“El cuerpo no es un solo miembro, sino muchos” (1 Corintios 12:14).

Tenemos un amigo que usa un fonógrafo para su correspondencia. Consta de dos partes. Una es un aparato sencillo y maravilloso, cuyos sensibles cilindros reciben los sonidos y luego los devuelven, palabra por palabra, por el tubo auditivo. La otra parte es una cajita común que está debajo de la mesa y no hace otra cosa que suministrar la energía mediante unos cables de conexión.

Ahora bien, la cajita podría empeñarse en ser el fonógrafo y en hacer ella la conversación; pero si lo hiciera, no solo desperdiciaría su propia vida, sino que destruiría la vida de su compañero.

Su única tarea es suministrar energía al fonógrafo, mientras que a este le toca hablar. Así, algunos de nosotros somos llamados a ser voces que hablen de parte de Dios a nuestros semejantes; otros, a ser fuerzas que los sostengan, por medio de nuestra santa compasión y nuestra oración silenciosa. (Algunos de nosotros somos pequeñas dinamos debajo de la mesa, mientras que otros son fonógrafos que pronuncian en voz alta los mensajes del cielo.)

Sea cada uno de nosotros fiel al ministerio que Dios le ha dado, y cuando llegue el día, nuestra obra será pesada y se repartirán las recompensas.

7 de enero

“Y a Aquel que es poderoso para guardaros de tropezar” (Judas 24).

Esta es una promesa preciosísima. La traducción revisada es a la vez exacta y sugerente. No es meramente de caer de lo que Él quiere guardarnos, sino aun del más leve tropiezo.

Se nos dice de Abraham que no titubeó ante la promesa. Dios quiere que caminemos con tal firmeza que no haya ni siquiera un temblor en la línea de sus regimientos cuando hacen frente al enemigo. Son los pequeños tropiezos de la vida los que más nos desalientan y estorban, y la mayoría de esos tropiezos son por pequeñeces. Satanás preferiría mucho más derribarnos con una pluma que con un cañón Armstrong. Es para él mucho mayor honra y deleite derrotar a un hijo de Dios con alguna nimiedad sin consistencia que con alguna gran tentación.

Amados, velemos en estos días contra las cáscaras de naranja que nos hacen tropezar en el camino, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, y las moscas muertas que a veces estropean todo un vaso de precioso ungüento. “Las pequeñeces hacen la perfección”, y a medida que avanzamos en nuestra vida cristiana, Dios nos exigirá con mucho más rigor la obediencia en cosas que parecen insignificantes.

8 de enero

“Yo soy, no temáis” (Marcos 6:50).

Alguien cuenta de un niño pequeño que, con una gran historia de pena en su corazoncito, corre a los brazos de su madre en busca de consuelo, con la intención de contarle la historia de su aflicción; pero cuando la madre lo estrecha contra su pecho y derrama sobre él su amor, pronto queda tan ocupado con ella y con la dulzura de su cariño que se olvida de contar su historia, y al poco rato hasta el recuerdo de la aflicción ha quedado olvidado. Sencillamente, el amor se la ha quitado, y ella ha ocupado su lugar en el corazón del pequeño.

Así es como Dios mismo nos consuela. “Yo soy, no temáis”, es su palabra que nos tranquiliza. Las circunstancias no cambian, pero Él mismo viene a ocupar su lugar y satisface toda necesidad de nuestro ser, y lo olvidamos todo en su dulce presencia, mientras Él se convierte en nuestro todo en todos.

Exhalo mi tristeza sobre tu pecho bondadoso y amante; aspiro tu gozo y tu consuelo, aspiro tu paz y tu descanso. Exhalo mis anhelos en tu oído atento y amoroso; aspiro tu respuesta, que acalla toda duda y temor.

9 de enero

“No sea como yo quiero, sino como Tú” (Mateo 26:39).

“Así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

Hay dos actitudes en las que nuestra voluntad debe entregarse a Dios.

Primero. Debemos tener la voluntad rendida. Aquí es donde todos debemos comenzar: entregando a Dios nuestra voluntad natural y dejando que Él la posea.

Pero luego, Él quiere que tengamos la voluntad victoriosa. Tan pronto como recibe nuestra voluntad en una entrega sincera, quiere poner su voluntad en ella y hacerla más fuerte que nunca para Él. Desde entonces ya no es nuestra voluntad, sino la suya. Y una vez que se ha rendido a su elección y se ha puesto bajo su dirección, Él quiere poner en ella toda la fuerza e intensidad de su propia gran voluntad, y hacernos firmes, enérgicos, victoriosos e inconmovibles, como Él mismo. “No se haga mi voluntad, sino la tuya.” Ese es el primer paso. “Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo.” Esa es la segunda actitud. Ambas son divinas; ambas son correctas; ambas son necesarias para que vivamos rectamente y trabajemos con éxito para Dios.

10 de enero

“El amor no hace nada indebido” (1 Corintios 13:5).

En el vestido de una mujer hindú, su elegante túnica se sujeta al cuerpo enteramente por medio de un solo nudo. La larga tira de tela se enrolla alrededor del cuerpo de modo que cae en pliegues graciosos, como una prenda confeccionada, y el extremo se sujeta con un pequeño nudo, y todo el vestido pende de esa única atadura. Si esta se soltara, la túnica caería. Así también en la vida espiritual nuestros hábitos de gracia se comparan con vestiduras; y es igualmente cierto que la vestidura del amor, que es el hermoso adorno del hijo de Dios, está sujeta enteramente por pequeños nudos: los noes.

Si lees con atención el capítulo trece de 1 Corintios, verás que la mayoría de las cualidades del amor son puramente negativas. “El amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal.” Aquí hay “noes” suficientes para sostener todo nuestro guardarropa espiritual. Aquí hay razones suficientes para explicar el fracaso de tantos, y por qué andan desnudos, o con las vestiduras rasgadas, y otros ven su vergüenza. Cuidemos los noes.

11 de enero

“Retenedlo hasta que yo venga” (Apocalipsis 2:25).

El otro día le preguntamos a un amigo hebreo cómo era que sus compatriotas tenían tanto éxito en adquirir riquezas. “Ah”, dijo él, “no ganamos más dinero que los demás, pero guardamos más.” Amados, estemos atentos hoy a los carteristas espirituales y a las fugas espirituales. Procuremos “no perder nada de lo que hemos obrado, sino recibir galardón completo”; y, a medida que cada día viene y se va, depositemos en el banco de ahorros de la eternidad sus tesoros de gracia y de victoria, y seamos así conscientes, día tras día, de que algo real y perdurable se va añadiendo a nuestra fortuna eterna.

Puede que sea poco, pero si tan solo administramos con cuidado todo lo que Dios nos da y lo ponemos bajo su custodia, cuando llegue el fin quedaremos asombrados al ver cuánto han atesorado en lo alto los tesoros acumulados de una vida bien empleada, y cuánto más les ha añadido Él mediante su gloriosa inversión de la vida confiada a su custodia.

¡Oh, cómo cuentan los días! ¡Oh, cuán preciosas nos parecerán algún día estas horas de oro! Dios nos ayude a aprovecharlas al máximo ahora.

12 de enero

“Pedid, y se os dará” (Mateo 7:7).

Debemos recibir, además de pedir. Debemos tomar el lugar de la fe y reconocernos dentro de él. Un amigo decía: “Quiero entrar en la voluntad de Dios”, y esta fue la respuesta: “¿Quieres dar el paso y entrar en la voluntad de Dios? Y ahora, ¿estás en la voluntad de Dios?” La pregunta despertó un pensamiento que antes no se le había ocurrido.

El caballero vio que había estado esforzándose por alcanzar la bendición que buscaba, pero sin recibirla.

Jesús ha dicho: “Pedid, y recibiréis.” El mismo esfuerzo retiene la bendición. La intensa tensión de toda tu naturaleza espiritual te ata de tal manera que no estás abierto a la bendición que Dios está esperando darte. “El que quiere, tome del agua de la vida de balde.”

Él me dice que hay limpieza de todo pecado secreto, y una grande y plena salvación que guarda el corazón por dentro. Y lo recibo en su plenitud, con toda su gloriosa gracia, porque Él dice que es mío si lo tomo, y yo tomo justo lo que Él dice.

13 de enero

“Tú serás para él en lugar de Dios” (Éxodo 4:16).

Tal fue la promesa de Dios a Moisés, y tal el alto carácter que Moisés debía asumir ante Aarón, su hermano. ¿No podría sugerirnos esto un lugar alto y glorioso que cada uno de nosotros puede ocupar ante todos los que encontramos: en lugar de Dios?

¡Qué dignidad y qué gloria daría a nuestra vida si pudiéramos hacer realidad constantemente este alto llamamiento! ¡Cómo nos llevaría a actuar ante nuestros semejantes! En Dios siempre se puede confiar. En Dios no hay mudanza ni sombra de variación. La palabra de Dios es inmutable, y podemos confiar en Él sin reservas ni preguntas. ¡Oh, que viviéramos de tal manera que los hombres pudieran confiar en nosotros, como en Dios!

Además, Dios no tiene necesidades ni carencias que haya que suplir. Él siempre está dando. “Rico para con todos los que le invocan.” La gloria de su naturaleza es el amor, el amor desinteresado, y la beneficencia hacia todas sus criaturas. La vida divina es una vida que se olvida de sí misma, una vida que no tiene otra cosa que hacer sino amar y bendecir.

Vivamos así, representando aquí a nuestro Maestro, mientras Él nos representa ante el Trono en lo alto.

14 de enero

“A la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Dios nos ama tanto que no permitirá que nos conformemos con menos que su voluntad más alta. Algún día bendeciremos a nuestro fiel maestro, que mantuvo el estandarte con inflexible rigor, y luego nos dio la fuerza y la gracia para alcanzarlo, y no nos dispensó hasta que hubimos cumplido toda su gloriosa voluntad.

Seamos inexorables con nosotros mismos. Queramos decir exactamente lo que Dios quiere decir, y no hagamos descuentos a sus promesas ni a sus mandamientos. Mantengamos en alto el estandarte, y no descansemos nunca hasta alcanzarlo. “Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.” Si fallamos cien veces, no rebajemos el ideal de Dios a lo que hemos logrado, sino hagamos como el valiente abanderado que estaba al frente de su compañía ondeando la bandera, y cuando los soldados lo llamaban para que volviera, él solo la ondeaba más alto y gritaba: “No traigáis el estandarte de vuelta al regimiento, sino haced subir el regimiento hasta la bandera.”

Adelante, adelante, deja atrás el pasado, extendiéndote a lo que está delante; toda la Tierra Prometida se extiende ante ti, Dios aún guarda mayores bendiciones.

15 de enero

“Como habéis recibido a Cristo Jesús, así andad en Él” (Colosenses 2:6).

Es mucho más fácil mantener el fuego encendido que volver a encenderlo después de que se ha apagado. Permanezcamos en Él. No tengamos que quitar cada día las brasas y las cenizas de nuestro hogar y encender una llama nueva; mantengámosla ardiendo y nunca la dejemos extinguirse. Entre los antiguos griegos jamás se permitía que el fuego sagrado se apagara; así, en un sentido más alto, mantengamos viva la llama celestial sobre el altar del corazón.

Cuesta mucho menos esfuerzo mantener un buen hábito que formarlo. Un verdadero hábito espiritual, una vez formado, se convierte en una tendencia espontánea de nuestro ser, y crecemos hasta una deliciosa libertad al seguirlo. “No estemos siempre echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, sino vamos adelante a la perfección; y en aquello a que ya hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.”

Todo hábito espiritual comienza con dificultad, esfuerzo y vigilancia, pero si tan solo dejamos que se establezca del todo, llegará a ser un cauce por el que las corrientes de la vida fluirán con espontaneidad y libertad divinas.

16 de enero

“Comprobad cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Hay tres estados en que puede encontrarse el agua de esa locomotora. Primero, la caldera puede estar llena y el agua limpia y clara; o, segundo, la caldera puede no solo estar llena, sino que el agua puede estar caliente, muy caliente, tanto que te escaldaría, casi hirviendo; tercero, puede estar justo un grado más caliente y en el punto de ebullición, despidiendo su vapor en nubes, empujando a través de las válvulas e impulsando el poderoso pistón que hace girar las ruedas y lleva el tren de vagones a través del país.

Así hay tres clases de cristianos. A los primeros los llamaremos cristianos de agua fría o, quizá mejor, cristianos de agua limpia.

En segundo lugar, están los cristianos de agua caliente. Están casi en el punto de ebullición.

Un grado más, y llegamos a la tercera clase de cristianos, los cristianos de agua hirviendo. La diferencia es muy pequeña; simplemente quita una reserva, suprime un “si”, elimina un solo toque, y sin embargo es toda la diferencia del mundo. Ese único grado convierte esa locomotora en fuerza motriz: ya no es algo para mirar, sino algo que anda.

17 de enero

“Dios es el que en vosotros produce” (Filipenses 2:13).

Dios no tiene dos caminos para ninguno de nosotros, sino uno; no dos cosas entre las cuales podamos escoger, sino una sola elección, la mejor y más alta. Es algo bienaventurado hallar y cumplir la voluntad perfecta de Dios. Es algo bienaventurado tener nuestra vida trazada y nuestra obra cristiana ajustada al plan de Dios. Mucha fuerza se pierde trabajando a la ventura. Mucha fuerza espiritual se gasta en esfuerzos desperdiciados y en intentos dispersos, indefinidos e inconstantes de hacer el bien. Hay suficiente fuerza espiritual y recursos económicos en las manos y en los corazones de los cristianos consagrados de hoy para traer la venida de Cristo, para lograr la evangelización del mundo en una generación, si tan solo se dirigieran sabiamente y se emplearan conforme al plan de Dios.

Cristo ha trazado un plan de trabajo definido para su Iglesia, y espera que lo entendamos y trabajemos a la altura de él; y a medida que captemos su pensamiento y lo cumplamos con obediencia y lealtad, trabajaremos con provecho y le agradaremos mucho más que con nuestros intentos irreflexivos, temerarios e indiscriminados de llevar a cabo nuestras propias ideas y obligar a Dios a bendecir nuestra obra.

18 de enero

“Tómalo, y dáselo por Mí y por ti” (Mateo 17:27).

Hay un hermoso rasgo de amorosa consideración en el relato del milagro de Cristo en Capernaum al proveer el dinero del tributo. Después de mencionar la entrevista de Pedro con el cobrador de impuestos, se añade: “Y al entrar él en casa, Jesús le previno”, es decir, se le anticipó, como significa la antigua palabra sajona, disponiendo lo necesario antes de que Pedro tuviera siquiera que hablar de ello; y lo envió al mar a encontrar la moneda de oro en la boca del pez.

Así nuestro amado Señor siempre piensa de antemano en nuestras necesidades, y le encanta librarnos de apuros, y adelantarse a nuestras ansiedades y preocupaciones preparando sus actos de amor y su provisión antes de que llegue la emergencia. Luego, con exquisita ternura, el Maestro añade: “Tómalo, y dáselo por Mí y por ti.” Se pone a sí mismo primero en la necesidad embarazosa y lleva el extremo más pesado de la carga por su hijo afligido y sufriente. Hace de nuestras preocupaciones las suyas, de nuestras penas sus penas, de nuestra vergüenza su vergüenza, y “Él puede compadecerse de nuestras debilidades.”

19 de enero

“Probadme ahora en esto” (Malaquías 3:10).

Una vez oímos a un sencillo anciano de color decir algo que nunca hemos olvidado. “Cuando Dios te prueba a ti, es buen momento para que tú lo pruebes a Él, poniendo a prueba sus promesas y reclamándole tanto como tus pruebas hayan hecho necesario.”

Hay dos maneras de salir de una prueba. Una es simplemente tratar de librarse de la prueba y sentirse agradecido cuando ha pasado. La otra es reconocer la prueba como un desafío de Dios para reclamar una bendición mayor de la que jamás hemos tenido, y recibirla con gozo como una oportunidad de obtener una medida mayor de gracia divina.

Así, aun el adversario se convierte en auxiliar, y las cosas que parecen estar en contra nuestra resultan ser para el progreso de nuestro camino. Sin duda, esto es ser más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Bendita Rosa de Sarón, sopla sobre nuestro corazón, llénanos de tu fragancia, guárdanos como Tú eres. Entonces tu vida nos hará santos y completos; triunfantes en tu gracia, dulces en tu dulzura.

20 de enero

“Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (Lucas 9:55).

Alguien ha dicho que las personas más espirituales son aquellas con quienes es más fácil llevarse bien. Cuando uno tiene un poco del Espíritu Santo, es como “un poco de saber, cosa peligrosa”; pero un pleno bautismo del Espíritu Santo, y una vida espiritual verdaderamente disciplinada, afirmada y probada, lo hacen a uno sencillo, tierno, tolerante, considerado con los demás, y como un niño pequeño.

Jacobo y Juan, en su celo temprano, quisieron hacer descender fuego del cielo sobre los samaritanos. Pero Juan, ya anciano, permitió que Demetrio lo excluyera de la iglesia, y sufrió en Patmos por el reino y la paciencia de Jesús. Y el anciano Pablo estuvo dispuesto a recibir de nuevo aun a Marcos, a quien había rechazado como compañero al principio de su ministerio, y a reconocer que le era útil para el ministerio.

Quiero el amor que no puede dejar de amar; que ama, como Dios, por amor del amor mismo. Un manantial tan lleno que tiene que desbordarse, una fuente que mana del trono de lo alto.

“Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor; pero el mayor de ellos es el amor.”

21 de enero

“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).

Una ayuda importante en la vida de oración es el hábito de llevarlo todo a Dios, momento a momento, tal como nos llega en la vida. Esto puede establecerse como hábito según el principio por el cual se forman todos los hábitos, el de la atención repetida y constante, momento a momento, hasta que lo que al principio es un acto de la voluntad se vuelve espontáneo y una segunda naturaleza.

Si observamos nuestra vida, hallaremos que Dios acompaña con una bendición especial las cosas que le encomendamos en oración, y que a menudo permite que las mejores cosas que no le hemos encomendado resulten ineficaces, simplemente para recordarnos que dependemos de Él para todo. Es muy bondadoso y atento de su parte obligarnos así suavemente a acordarnos de Él, y mantenernos tan cerca de Él que no podamos alejarnos ni por un solo minuto de su brazo que todo lo sostiene. “En todo ... sean conocidas nuestras peticiones delante de Dios.”

Traigamos nuestras más pequeñas peticiones, como el incienso molido fino; todas nuestras cuitas, quejas y situaciones: Jesús se complace en llevarlas todas.

22 de enero

“Su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:7).

Existe el peligro de volverse morboso aun al prepararse para la venida del Señor. Recordamos una época de nuestra vida en que nos habíamos propuesto pasar un mes esperando en el Señor por un bautismo del Espíritu Santo, y antes de que terminara el mes, el Señor nos sacudió de nuestro retiro y nos obligó a salir y llevar su mensaje a otros; y mientras íbamos, Él nos salió al encuentro en el servicio.

Hay una manera rancia y monacal de buscar una bendición, y hay una santidad sana y práctica que nos halla en compañía del Señor mismo, no solo en el aposento y en la cumbre del monte de la oración, sino entre publicanos y pecadores, y en los deberes prácticos de la vida.

Nos parece que la preparación práctica para la venida del Señor consiste, primero, en entrar muy plenamente en comunión con Él en nuestra propia vida espiritual, y dejar que no solo nos limpie, sino que nos perfeccione en todos los toques más delicados de la obra más profunda del Espíritu; y luego, en segundo lugar, en salir de nosotros mismos y vivir para ayudar a otros y para preparar al mundo para su aparición.

23 de enero

“Conozco a un hombre en Cristo” (2 Corintios 12:2).

Es una gran liberación perderse a uno mismo. No hay piedra de molino más pesada que uno pueda verse obligado a cargar que la conciencia de sí mismo. Es tan fácil volverse introvertido y enroscarse en uno mismo en nuestra conciencia espiritual. No hay nada a lo que sea tan fácil aferrarse como a nuestra desdicha; no hay nada más propenso a producir conciencia de sí mismo que el sufrimiento, hasta que llega a ser casi un hábito arraigado aferrarnos a nuestra carga y presentarla en oración sin cesar ante el rostro mismo de Dios, hasta que nuestra misma oración nos satura de nuestra propia desdicha, en vez de pedir poder para soltarnos del todo de nosotros mismos, dejarnos en sus manos amorosas y saber que somos libres, y luego elevarnos a la bendita libertad de sus pensamientos y su voluntad más altos, y de su amor y cuidado por los demás.

El solo acto de soltarnos de nosotros mismos nos eleva realmente a un plano más alto y nos libera de aquello que nos está haciendo daño. Este hábito de orar por otros, y especialmente por el mundo, trae su propia recompensa y deja sobre nuestro corazón una bendición como la fertilidad que el Nilo deposita sobre el suelo de Egipto, mientras fluye hacia su lejana meta.

24 de enero

“De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).

Cuando Dios hace algo notable y especial por nuestra alma o nuestro cuerpo, lo hace como un depósito sagrado que debemos comunicar a otros. “De gracia recibisteis, dad de gracia.”

Al Maestro le ha placido, en estos días finales de la dispensación, revelarse con bendición especial a los corazones de sus discípulos escogidos en todas partes de la Iglesia cristiana; pero esto ha de comunicarse a un círculo todavía más amplio, y cada uno de nosotros que ha sido llevado a esta relación íntima con Dios se convierte en depositario, o testigo, de estas verdades más altas ante todos aquellos sobre quienes podamos influir.

Si Dios se nos ha revelado como nuestro Santificador, es para que ayudemos a otros a conocerle como Santificador.

Si Él ha llegado a ser nuestro Sanador, es porque hay vidas enfermas y sufrientes a las que podemos llevar alguna bendición.

Del mismo modo, si la esperanza de la venida del Señor se nos ha hecho preciosa, sería peor que ingratitud ocultar nuestro testimonio de esta verdad y guardarla solo para nuestro consuelo personal.

25 de enero

“Retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21).

Es una gran cosa poder recibir nueva verdad y bendición sin sacrificar las verdades ya probadas ni abandonar los fundamentos ya puestos.

Algunas personas siempre están poniendo los fundamentos, y al final presentan el aspecto de un montón de solares abandonados y edificios a medio construir, y nunca se lleva nada a término.

El hecho de que hoy abandones, por alguna verdad nueva, las cosas que hace un año considerabas lo más precioso y creías divinamente verdaderas, debería ser prueba suficiente de que probablemente, dentro de un año, abandonarás tus convicciones actuales por la próxima luz nueva que te llegue.

Dios siempre quiere añadirnos, desarrollarnos, ensancharnos, enseñarnos más y más, pero siempre en la línea de las cosas que ya nos ha enseñado y en las que hemos sido afirmados.

Si bien hemos de “examinarlo todo”, “retengamos lo bueno”, y “en aquello a que ya hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.”

26 de enero

“Lo llamé solo, y lo bendije” (Isaías 51:2).

Cuando estuvimos en Oriente, observamos el hermoso proceso del cultivo del arroz. El arroz se siembra en un pantano de barro y agua, arado por grandes búfalos, y al cabo de unas semanas brota y aparece sobre el agua con sus hermosos retoños de un verde pálido. La semilla se ha sembrado muy espesa y las plantas están agrupadas en gran número, de modo que puedes arrancar una veintena de un solo puñado. Pero entonces viene el proceso del trasplante. Él primero nos planta y nos deja crecer muy cerca de algunos de sus hijos, en grandes grupos, en el vivero o en el invernadero, pero cuando llegamos a cierta etapa, debemos ser trasplantados o no llegaremos a nada. Él nos llama, por su Espíritu y su Providencia, a situaciones en las que tenemos que apoyarnos directamente en Él, donde pone sobre nosotros un peso de responsabilidad y de servicio tan grande que tenemos oportunidad de desarrollarnos y somos arrojados sobre los grandes recursos de su gracia.

“Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya esperanza es el Señor; porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que extiende sus raíces junto a los ríos.”

27 de enero

“Una cosa hago” (Filipenses 3:13).

Uno de los empleados favoritos de Satanás es el guardagujas. Nada le gusta más que desviar a una vía muerta uno de los trenes expresos de Dios, enviado en alguna bendita misión y lleno del fuego de un santo propósito.

Algo surgirá en el camino del alma ferviente para atraer su atención y ocupar sus fuerzas y su pensamiento. A veces es una pequeña irritación o provocación. A veces es algún agravio insignificante que nos detenemos a perseguir o a arreglar. A veces son los asuntos de otro, en los que llegamos a interesarnos y que nos sentimos obligados a rectificar; y antes de darnos cuenta, estamos absortos en un montón de preocupaciones e intereses que nos distraen y nos apartan por completo del gran propósito de nuestra vida.

Quizá no hagamos mucho daño, pero hemos perdido nuestra conexión. Nos hemos salido de la línea principal.

Deja en paz todas esas cosas. Deja que los agravios vengan y se vayan, pero avanza con constancia e irresistiblemente, clamando mientras te apresuras hacia la meta: “Una cosa hago.”

28 de enero

“Para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11).

Hay un gozo que brota espontáneamente en el corazón sin causa externa, ni siquiera racional. Es una fuente artesiana. Se regocija porque no puede evitarlo. Es la gloria de Dios; es el corazón de Cristo; es el gozo divino del cual Él dice: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” Y nadie os quitará vuestro gozo. Quien posee esta fuente no se desanima por las circunstancias que lo rodean, sino que a menudo se sorprende de la alegría profunda y dulce que llega sin causa aparente, y que incluso llega con más fuerza cuando todo en nuestra condición y circunstancias es propio para llenarnos de tristeza y abatimiento.

Es el ruiseñor en el corazón, que canta de noche, y canta porque su naturaleza es cantar.

Es el gozo glorificado e incorruptible que pertenece al cielo, y que ya anticipa el cántico eterno. Señor, dame tu gozo en todas las circunstancias este día, y haz que mi corazón lleno rebose en bendición para otros.

29 de enero

“Enviad porciones a los que no tienen nada preparado” (Nehemías 8:10).

Era un hermoso cuadro aquel de los días de Nehemías, cuando celebraban su gloriosa fiesta de los Tabernáculos. “No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza. Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado.”

¡Cuántos hay por todas partes para quienes no hay nada preparado! Busquemos algún corazón triste y necesitado por quien nadie más piense ni se preocupe. Oremos por alguien que no tiene quien ore por él. Seamos como Aquel que, un día de Navidad, dio su vida y su todo, y vino a quienes no apreciarían su santo regalo, sino que rechazaron a su bendito Niño y asesinaron a su Hijo unigénito.

No temamos conocer algo siquiera del amor que no es correspondido y que se derrocha en los indignos. Ese es el amor de Cristo, y Dios tiene para tal amor una rica recompensa.

Cómo debe de llorar casi Cristo ante el egoísmo con que le responden aquellos por quienes murió.

30 de enero

“Derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:9).

¿Cómo realizó Dios el milagro del mar Rojo? Encerrando a su pueblo por todos lados, de modo que no hubiera otra salida que el camino divino. Los egipcios estaban detrás de ellos, el mar delante, las montañas a cada lado. No había escape sino por arriba.

Alguien ha dicho que el diablo puede amurallarnos, pero no puede ponernos techo. Siempre podemos salir por arriba. Nuestras dificultades no son sino desafíos de Dios, y Él a menudo las hace tan duras que tenemos que hundirnos o elevarnos por encima de ellas.

En una hora así, si hay un elemento divino, saca a relucir las más altas posibilidades de la fe, y la misma emergencia nos empuja a lo mejor de Dios.

Amados, esta es la hora de Dios. Si te levantas para hacerle frente, te asirás de Él de tal manera que nunca más estarás en apuros extremos; o, si lo estás, aprenderás a no llamarlos apuros, sino oportunidades, y como Jacob, saldrás de aquella noche en Peniel, ya no Jacob, sino Israel victorioso. Traigámosle nuestra necesidad y comprobemos que Él es fiel.

31 de enero

“Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Corintios 1:30).

Cada vez más estamos llegando a ver la importancia suprema de tener el concepto correcto de la santificación, no como una bendición, sino como una unión personal con el Salvador personal y con el Espíritu Santo que mora en nosotros. Miles de personas encallan después de haberse embarcado en el gran viaje de la santidad.

Se encuentran fallando y cayendo, y quedan asombrados y perplejos, y concluyen que deben de haberse equivocado en su experiencia; así que hacen un nuevo intento de lo mismo y vuelven a caer, hasta que al fin, agotados por el experimento, concluyen que la experiencia es una ilusión o, al menos, que nunca fue destinada para ellos; y así recaen en el viejo camino, y su postrer estado viene a ser peor que el primero.

Lo que la gente necesita hoy para saciar su hambre profunda y darle una experiencia permanente y divina es conocer, no la santificación como un estado, sino a Cristo como una Persona viva, que está esperando entrar en el corazón que esté dispuesto a recibirle.

Capítulo 1 completado

Enero

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