Capítulo 22 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 21 — Abigail, la pacificadora
«Y dijo David a Abigail: Bendito sea el Señor Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases. Y bendito sea tu buen juicio, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano.»
Antes de ser rey, David y sus hombres vivían en el desierto, escondiéndose del rey Saúl. Mientras estaban allí, protegían a los pastores y los rebaños de un hombre muy rico llamado Nabal. Se aseguraban de que ningún ladrón ni animal salvaje los atacara.
Cuando llegó el momento de esquilar las ovejas de Nabal, que era un tiempo de fiesta, David envió a algunos de sus hombres a pedirle comida con educación.
Pero Nabal fue grosero y necio. Insultó a David y despidió a sus hombres con las manos vacías.
Cuando David se enteró, se puso furioso. ¡Agarró su espada y salió con cuatrocientos hombres para vengarse de Nabal y de toda su casa!
Mientras tanto, uno de los siervos corrió a avisar a la esposa de Nabal, Abigail. La Biblia dice que era una mujer «de buen entendimiento y de hermosa apariencia», pero su marido era «duro y de malos hechos».
Abigail no se asustó. Actuó rápido. Juntó montones de pan, vino, carne, pasas e higos, los cargó en burros y salió al encuentro de David, sin decírselo a su marido.
Cuando vio venir a David, se bajó de su burro, se inclinó hasta el suelo y le habló con humildad y sabiduría. Le pidió perdón por la grosería de su marido. Le recordó que Dios tenía grandes planes para él, y que algún día se alegraría de no haberse vengado.
¡Y David la escuchó! Le dijo: «Bendito sea tu buen juicio.» Buen juicio es sabiduría para ver lo que está bien. David le dio gracias a Dios por enviarle a Abigail, porque ella lo había librado de algo terrible.
Abigail fue valiente, pero no como quizá esperas. No luchó. Hizo la paz. Usó palabras suaves y sabias para calmar a un hombre enojado y evitar un desastre.
El mundo necesita esa clase de valentía. Cuando dos amigas se pelean, cuando alguien está enojado, cuando una situación está a punto de estallar, una chica con sabiduría y palabras suaves puede marcar toda la diferencia.
Piénsalo: ¿Qué hizo valiente a Abigail? ¿Por qué ser pacificadora es una forma de valentía?
Inténtalo: Si hoy ves empezar una discusión, intenta ser una «Abigail». Usa palabras tranquilas y sabias para ayudar a hacer la paz.
Querido Dios, gracias por la sabiduría y la valentía de Abigail. Dame buen juicio para saber lo que está bien, y palabras suaves para ayudar a hacer la paz. Úsame para calmar los enojos y ayudar a otros a tomar buenas decisiones. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 22 completado
Día 21 — Abigail, la pacificadora