Hijas del Rey – 30 días con Dios para chicas – Libro 1
Día 22 — El cordón de grana de Rahab

Capítulo 23 · 3 min de lectura · 3 min de escucha

Día 22 — El cordón de grana de Rahab

«Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque el Señor vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.»

— Josué 2:11

Rahab vivía en Jericó, una ciudad con murallas enormes. No era israelita. Había crecido lejos de Dios, y su vida no había sido buena. Seguramente mucha gente de su ciudad la miraba por encima del hombro.

Pero Rahab había oído historias. Historias sobre el Dios de Israel, que había abierto el mar Rojo y había ayudado a su pueblo a ganar una batalla tras otra. Todos en Jericó habían oído esas historias, y estaban aterrados.

Un día, dos espías de Israel se metieron a escondidas en Jericó para echar un vistazo antes de que atacara el ejército de Josué. Acabaron en la casa de Rahab, que estaba construida en la misma muralla de la ciudad. Cuando el rey de Jericó se enteró, mandó soldados a la casa de Rahab para atraparlos.

Rahab tenía que decidir. Podía entregar a los espías y ser una heroína en su ciudad. O podía protegerlos y arriesgar su vida.

Escondió a los espías en su azotea, debajo de unos tallos de lino, y mandó a los soldados en la dirección equivocada. Luego subió adonde estaban los espías y les dijo lo que creía: «El Señor vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.»

Rahab había decidido confiar en el Dios de Israel, aunque todavía no era parte de su pueblo, y aunque era peligroso.

Les pidió a los espías que la salvaran a ella y a su familia cuando Israel atacara. Ellos aceptaron, y le dijeron que atara un cordón de grana (una cuerda de color rojo vivo) en su ventana. Cualquier casa con ese cordón rojo estaría a salvo.

Cuando llegó Israel y cayeron las murallas de Jericó, la casa de Rahab con el cordón rojo se salvó. Ella y toda su familia fueron rescatadas. Se fue a vivir entre el pueblo de Dios. ¡Y Rahab llegó a formar parte de la familia del rey David, y de Jesús!

La Biblia incluso nombra a Rahab en Hebreos 11 como una de las grandes heroínas de la fe.

La historia de Rahab muestra que no importa de dónde vengas ni lo que hayas hecho: Dios recibe a todo el que confía en él. Tu pasado no tiene por qué decidir tu futuro.

Piénsalo: ¿Por qué crees que Dios incluyó a Rahab, que había crecido lejos de él, en la familia de Jesús?

Inténtalo: Si hay algo de tu pasado que te avergüenza, llévaselo hoy a Dios. Recuerda: él recibió a Rahab, y te recibe a ti.

Querido Dios, gracias porque recibiste a Rahab cuando puso su confianza en ti. Gracias porque mi pasado no tiene por qué decidir mi futuro. Dame una fe valiente como la suya, para confiar en ti aun cuando sea arriesgado. En el nombre de Jesús, amén.

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