Respuestas a la oración
Apéndice C

Capítulo 5 · 7 min de lectura · 9 min de escucha

Apéndice C

COMPROBANDO LA VOLUNTAD AGRADABLE DE DIOS

Es muy instructivo y provechoso ver la manera en que el señor Müller comprobó la voluntad agradable del Señor cuando su corazón estaba ejercitado acerca de la ampliación de la obra de los Huérfanos, para que no solo 300, sino 1000 Huérfanos pudieran ser atendidos.

«11 de diciembre de 1850. —La carga especial de mi oración es, por lo tanto, que Dios tenga a bien enseñarme su voluntad. Mi mente también ha estado meditando especialmente en cómo podría conocer su voluntad de manera satisfactoria en este particular. De una cosa estoy seguro: seré enseñado. Por lo tanto, deseo esperar con paciencia el tiempo del Señor, cuando a él le plazca alumbrar mi senda en cuanto a este punto.

«26 de diciembre. —Han pasado quince días desde que escribí el párrafo anterior. Cada día desde entonces he seguido orando acerca de este asunto, y con buena medida de fervor, con la ayuda de Dios. Apenas ha pasado una hora en estos días, estando despierto, en que este asunto no haya estado más o menos delante de mí. Pero todo sin la menor sombra de agitación. No hablo de ello con nadie. Hasta ahora ni siquiera lo he hecho con mi querida esposa. Todavía me abstengo de hacerlo, y trato el asunto solo con Dios, para que ninguna influencia exterior y ninguna agitación exterior me impidan llegar a descubrir con claridad su voluntad. Tengo la más plena y apacible seguridad de que él me mostrará claramente su voluntad. Esta noche he tenido de nuevo un tiempo especial y solemne de oración para procurar conocer la voluntad de Dios. Pero, aunque sigo rogando y suplicando al Señor que no permita que yo sea engañado en este asunto, puedo decir que apenas me queda duda alguna en la mente acerca de cuál será el desenlace, a saber, que debo seguir adelante en este asunto.

«Sin embargo, como este es uno de los pasos más trascendentales que he dado jamás, juzgo que no puedo proceder en este asunto con demasiada cautela, oración y deliberación. No tengo prisa alguna. Podría esperar años, por la gracia de Dios, si esa fuera su voluntad, antes de dar siquiera un solo paso hacia esto, o aun de hablar de ello con alguien; y, por otra parte, me pondría a trabajar mañana mismo si el Señor me lo mandara. Esta calma de espíritu, este no tener voluntad propia en el asunto, este desear solamente agradar a mi Padre celestial en ello, este buscar solamente su honra y no la mía; este estado del corazón, digo, es para mí la más plena seguridad de que mi corazón no está bajo una agitación carnal, y de que, si se me ayuda a seguir así, conoceré plenamente la voluntad de Dios. Pero, mientras escribo esto, no puedo menos que añadir al mismo tiempo que de veras anhelo la honra y el glorioso privilegio de ser usado cada vez más por el Señor. Serví mucho a Satanás en mis años de juventud, y ahora deseo con todas mis fuerzas servir a Dios durante los días que me quedan de mi peregrinación terrenal. Tengo cuarenta y cinco años y tres meses. Cada día disminuye el número de días que me quedan en la tierra. Por lo tanto, deseo trabajar con todas mis fuerzas. Hay grandísimas multitudes de Huérfanos que necesitan ser atendidos. * * *

«Deseo que así se haga más abundantemente manifiesto que Dios sigue siendo el que oye y responde la oración, y que él es el Dios vivo ahora, como lo fue siempre y lo será siempre, cuando, simplemente en respuesta a la oración, se haya dignado proveerme de una casa para 700 Huérfanos y de los medios para sostenerlos. Esta última consideración es el punto más importante en mi mente. La honra del Señor es para mí el punto principal en todo este asunto; y precisamente porque es así, si él fuera más glorificado con que yo no siguiera adelante en este asunto, estaría, por su gracia, perfectamente contento de abandonar todo pensamiento acerca de otra Casa de Huérfanos. ¡Sin duda, en tal estado de ánimo, obtenido por el Espíritu Santo, tú, oh mi Padre celestial, no permitirás que tu hijo se equivoque, y mucho menos que sea engañado! Con la ayuda de Dios seguiré, día tras día, esperando en él en oración acerca de esto, hasta que me mande actuar.

«2 de enero de 1851. —Hace una semana escribí el párrafo anterior. Durante esta semana todavía he sido ayudado, día tras día, y más de una vez cada día, a buscar la dirección del Señor acerca de otra Casa de Huérfanos. La carga de mi oración ha seguido siendo que él, en su gran misericordia, me guarde de cometer un error. Durante la última semana me ha tocado el libro de Proverbios en el curso de mi lectura de las Escrituras, y mi corazón ha sido refrescado, en cuanto a este tema, por los pasajes siguientes: “Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. Proverbios 3:5, 6. Por la gracia de Dios, yo reconozco al Señor en mis caminos, y en esto en particular; por lo tanto, tengo la consoladora seguridad de que él enderezará mis veredas en cuanto a esta parte de mi servicio, sea que haya de ocuparme en ella o no. Además: “La integridad de los rectos los encaminará; mas destruirá a los pecadores la perversidad de ellos”. Proverbios 11:3. Por la gracia de Dios, soy recto en este asunto. Mi propósito sincero es dar gloria a Dios. Por lo tanto, espero ser guiado debidamente. Además: “Encomienda al Señor tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. Proverbios 16:3. Yo encomiendo mis obras al Señor, y por lo tanto espero que mis pensamientos sean afirmados. —Mi corazón va llegando cada vez más a una seguridad tranquila, apacible y firme de que el Señor se dignará usarme todavía más en la obra de los Huérfanos. ¡Aquí está, Señor, tu siervo!».

El señor Müller anotó ocho razones en contra y ocho razones a favor de establecer otra Casa de Huérfanos para setecientos Huérfanos.

La siguiente es su última razón para hacerlo:

«Estoy en paz y feliz, espiritualmente, ante la perspectiva de ampliar la obra, como en ocasiones anteriores en que tuve que hacerlo. Esto pesa particularmente en mí como razón para seguir adelante. Después de toda la consideración tranquila, serena y acompañada de oración del asunto durante unas ocho semanas, estoy en paz y feliz, espiritualmente, en el propósito de ampliar el campo. Esto, después de todo el examen de corazón que he tenido, y de la oración diaria para ser guardado del engaño y del error en este asunto, y de haber acudido a la Palabra de Dios, no sería así, a mi juicio, si el Señor no se hubiera propuesto dignarse usarme más que nunca en este servicio.

«Por lo tanto, sobre la base de las objeciones respondidas y de estas ocho razones A FAVOR de ampliar la obra, llego a la conclusión de que es la voluntad del bendito Dios que su pobre e indignísimo siervo le sirva todavía más ampliamente en esta obra, cosa que él está muy dispuesto a hacer».

«24 de mayo. —Desde que comencé a poner por escrito los ejercicios de mi mente, el 5 de diciembre de 1850, hasta el día de hoy, se ha solicitado la admisión de noventa y dos Huérfanos más, y setenta y ocho ya estaban esperando ser admitidos antes. Pero este número aumenta rápidamente a medida que la obra se da a conocer cada vez más.

«Sobre la base de lo que se ha registrado arriba, me propongo seguir adelante en este servicio y procurar edificar, para alabanza y honra del Dios vivo, otra Casa de Huérfanos lo bastante grande para alojar a setecientos Huérfanos».


Capítulo 5 completado

Apéndice C

Página 1 / 1 · 7 min restantes en el capítulo
Anterior