Capítulo 1 · 1 min de lectura

A ti

A TI

QUIEN HABLÓ y escribió este mensaje quedará grandemente decepcionado si no conduce a muchos al Señor Jesús. Se envía con una dependencia infantil del poder de Dios el Espíritu Santo, para que lo use en la conversión de millones, si así le place. Sin duda muchos hombres y mujeres pobres tomarán en sus manos este pequeño volumen, y el Señor los visitará con gracia. Para alcanzar este fin se ha escogido el lenguaje más sencillo, y se han empleado muchas expresiones llanas. Pero si los de riqueza y alto rango llegaran a hojear este libro, el Espíritu Santo también puede impresionarlos; pues aquello que el iletrado puede comprender no es por ello menos atractivo para el instruido. ¡Oh, que algunos lo lean y lleguen a ser grandes ganadores de almas!

¿Quién sabe cuántos hallarán el camino de la paz por lo que aquí leen? Una pregunta aún más importante para ti, querido lector, es esta: ¿serás tú uno de ellos?

Cierto hombre colocó una fuente junto al camino, y colgó una taza cerca de ella con una pequeña cadena. Tiempo después le contaron que un gran crítico de arte había hallado muchos defectos en su diseño. «Pero —dijo él—, ¿beben en ella muchas personas sedientas?». Entonces le dijeron que miles de personas pobres —hombres, mujeres y niños— saciaban su sed en esta fuente; y él sonrió y dijo que poco le inquietaba la observación del crítico, y que solo esperaba que en algún sofocante día de verano el crítico mismo llenara la taza, y fuera refrescado, y alabara el nombre del Señor.

Aquí está mi fuente, y aquí está mi taza: halla defectos si te place; pero bebe del agua de la vida. Solamente esto me importa. Preferiría bendecir el alma del más pobre barrendero de las calles, o del recogedor de harapos, antes que agradar a un príncipe de sangre real y no lograr convertirlo a Dios.

Lector, ¿hablas en serio al leer estas páginas? Si es así, estamos de acuerdo desde el principio; pero nada menos que tu hallar a Cristo y al Cielo es el asunto que aquí se busca. ¡Oh, que podamos buscar esto juntos! Así lo hago yo al dedicar este pequeño libro con oración. ¿No te unirás a mí, mirando hacia Dios y pidiéndole que te bendiga mientras lees? La Providencia ha puesto estas páginas en tu camino, tienes un poco de tiempo libre para leerlas, y te sientes dispuesto a prestarles atención. Estas son buenas señales. ¿Quién sabe si el tiempo señalado de bendición ha llegado para ti? En todo caso, «el Espíritu Santo dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones».

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