Todo por Gracia (Para Adolescentes)
La gracia es la fuente

Capítulo 5 · 4 min de lectura · 5 min de escucha

La gracia es la fuente

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». — Efesios 2:8

Antes de explicar la fe, Spurgeon quiere que te pares frente a la fuente. «Por gracia sois salvos». Las personas son perdonadas y transformadas no por algo que haya en ellas, sino porque Dios es lleno de gracia — lleno de un amor, una compasión y una misericordia que nunca se acaban. La fe importa, pero no es el manantial de donde brota el agua. La fe es el tubo. Spurgeon piensa en los grandes acueductos antiguos alrededor de Roma, arcos rotos que ya no llevan agua a la ciudad. La fe es el acueducto que baja el agua hasta la gente sedienta — pero no es el agua. Por eso advierte: «Nunca hagas un Cristo de tu fe». El poder no está en tu creer; está en el Dios en quien crees.

Eso es una buena noticia si sientes que tu fe es débil. «Una mano temblorosa puede recibir un don de oro». Un cable delgado puede llevar un mensaje importante. Por eso, dice, «Piensa más en Aquel a quien miras que en la mirada misma».

Después intenta decir qué es realmente la fe, aunque admite que la mayoría de las definiciones lo hacían entenderla menos. La fe, dice, tiene tres partes. Primero, el conocimiento: no puedes confiar en alguien de quien nunca has oído hablar, así que averigua quién es Jesús y qué hizo — sobre todo, que murió en lugar de los pecadores. Segundo, la creencia: estar convencido de que es verdad de verdad, como le crees a tu papá o a un amigo en quien confías. Tercero, y es lo esencial, la confianza. Los antiguos puritanos tenían una palabra para la fe: «recostamiento» — apoyarse sobre algo. «Apóyate con todo tu peso sobre Cristo». Mejor todavía, dice: «déjate caer cuan largo eres, y recuéstate sobre la Roca de los siglos».

Dicho de otra forma: la fe cree que Jesús es quien dice ser, cree que hará lo que prometió — dijo que no echaría fuera a nadie que viniera a él — y entonces lo espera de él. Y el miedo de Spurgeon es que entiendas todo esto y nunca lo hagas. Un hombre con hambre no necesita entender la digestión para comer; come y vive. Un científico de la nutrición que nunca come se morirá de hambre con todo su saber. «Mejor es la fe real más pobre puesta de veras en obra, que el mejor ideal de ella dejado en la región de la especulación». Spurgeon habla de esto con seriedad: muchísima gente ha entendido perfectamente la doctrina de la fe y nunca ha confiado. Pero ni una sola persona que haya confiado en Jesús ha sido rechazada jamás — aunque nunca haya podido explicar su fe con palabras.

Fíjate también en lo que la fe no es. No es ciega, porque empieza por conocer algo. No es una suposición, porque cree hechos de los que está segura. Y no es una fantasía, porque lo apuesta todo a lo que Dios ha dicho.

Ahora bien, ¿de qué se trata esto en realidad? La fe no es un sentimiento ni una actuación; es poner todo tu peso sobre Jesús. Mucha gente piensa que tener fe significa sentirse muy seguro, o muy espiritual, o no tener ninguna duda. Entonces gastan su energía mirando fijamente su propia fe, revisando si es lo bastante fuerte. Spurgeon dice que eso es como quedarse mirando el tubo y preguntarte por qué sigues con sed. Mira la fuente.

Piensa en sentarte en una silla. No necesitas sentirte seguro acerca de las sillas; simplemente te sientas, y la silla te sostiene. Sostenerte es trabajo de la silla. La fe es el acto de sentarte. Puede ser temblorosa y aun así ser real, porque lo que te salva no es cuánta fuerza pones al apoyarte, sino en quién te apoyas. Algunos días te sentirás seguro y otros no. La silla no cambia en ningún caso, y Jesús tampoco.

Una cosa para hacer esta semana: haz las tres partes a propósito. Conocer: lee Juan 3:14–18 y escribe lo que Jesús dice de sí mismo. Creer: pregúntate con honestidad: «¿Creo que esto es verdad?». Confiar: si la respuesta es sí, dile con tus propias palabras que te estás apoyando con todo tu peso en él — no en lo que sientes al respecto.

Preguntas para pensar

Piénsalo primero; luego toca una pregunta para ver una forma de responderla.

¿De qué tres partes dice Spurgeon que está hecha la fe?

Conocimiento (saber quién es Jesús y qué hizo), creencia (estar convencido de que es verdad) y confianza (apoyar todo tu peso sobre Cristo).

¿Por qué advierte Spurgeon: «Nunca hagas un Cristo de tu fe»?

Porque la fe es solo el canal — el acueducto — y la gracia es la fuente. El poder para salvar está en Dios, no en lo fuerte que sea nuestro creer; por eso debemos mirar a Jesús y no a nuestra propia fe.

¿Sueles revisar qué tan fuerte se siente tu fe? ¿Qué significaría mirar a Jesús en lugar de eso?

La idea del capítulo: una mano temblorosa puede recibir un don de oro. Lo que salva no es la fuerza de tu fe, sino Aquel en quien confías — así que apóyate en él y deja de medir cuánto te apoyas.

Capítulo 5 completado

La gracia es la fuente

Página 1 / 1 · 4 min restantes en el capítulo
Anterior Siguiente