Todo por Gracia (Para Adolescentes)
Dar la vuelta

Capítulo 10 · 4 min de lectura · 5 min de escucha

Dar la vuelta

«A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados». — Hechos 5:31

Spurgeon hace notar que en este versículo el arrepentimiento y el perdón vienen de la misma mano: la mano que un día fue clavada en la cruz y que ahora está levantada en gloria. Y siempre van juntos. Perdonar a alguien que ama su pecado y no tiene ninguna intención de dejarlo sería darle permiso para seguir haciendo el mal. Además, sería una misericordia coja, a medias. ¿De qué sirve, pregunta él, que te laven y luego te dejen tirado en el lodo? ¿Sacar a un hombre de la tumba y dejarlo muerto? Quien tiene el corazón realmente despierto no solo quiere escapar del castigo. Quiere ser libre del pecado mismo.

Así que los dos llegan juntos y se quedan juntos. El perdón lleva al arrepentimiento: saber que eres amado y perdonado es lo que te hace odiar aquello que lastimó a Jesús. Y el arrepentimiento es una señal del perdón. «La fe y el arrepentimiento no son sino dos rayos de la misma rueda, dos mangos del mismo arado». El arrepentimiento no son unos cuantos días miserables de penitencia que hay que pasar rápido; es «la gracia de toda una vida». Él lo describe como «un corazón quebrantado por el pecado, y apartado del pecado»: con dolor por el pasado y decidido a un futuro distinto. Pero pon cada cosa en su lugar: «No consideres tu arrepentimiento como la causa de tu remisión, sino como su compañero». No eres perdonado porque ya te sientes lo bastante arrepentido.

Entonces, ¿cómo consigues el arrepentimiento? Del mismo lugar que el perdón. «Nuestro Señor Jesucristo ha subido para que la gracia pueda descender». Él envía su Espíritu para ablandar los corazones duros. Sin Jesús, dice Spurgeon, sentirlo no valdría nada delante de Dios; la ley solo dice que el alma que pecare, esa morirá. «Podríamos sentir el remordimiento con sus horrores, mas nunca el arrepentimiento con sus esperanzas». La muerte y la resurrección de Jesús son lo que hace posible volver a Dios. Ahora él usa todo lo que te pasa: un gallo que canta, como le pasó a Pedro, o un terremoto que sacude una cárcel, como le pasó al carcelero de Filipos. «La misericordia del Señor a menudo cabalga hasta la puerta de nuestros corazones sobre el caballo negro de la aflicción». Y fíjate a quiénes dice Pedro que Jesús da arrepentimiento: a las mismas personas que habían gritado pidiendo su muerte. Nadie es demasiado duro para él. Spurgeon cita un himno escrito por William Hone, un escéptico famoso que fue ganado para Cristo: «El corazón más soberbio que jamás latió / ha sido subyugado en mí».

Así que, dice él, deja de estar sentado en tu cuarto tratando de exprimir lágrimas. «No te sientes a intentar sacar arrepentimiento del pozo seco de la naturaleza corrompida». Ve y mira a Jesús en la cruz, y deja que él te mire a ti, como miró a Pedro. «No busques fuego debajo del hielo».

Ahora bien, ¿de qué se trata esto en realidad? Arrepentirte no es ganarte el perdón; es dar la vuelta porque has sido amado. Algunos piensan que arrepentirse es sentirse fatal el tiempo suficiente hasta que Dios quede satisfecho. Otros piensan que el perdón significa que nunca tendrán que cambiar. Spurgeon rechaza las dos ideas. Apartarte del pecado no es el precio de la gracia, pero no existe una gracia que te deje mirando hacia el mismo lado.

El arrepentimiento real suele verse menos dramático de lo que la gente espera. Se ve como admitir que te equivocaste, sin excusas. Se ve como borrar algo, terminar algo, pedirle perdón a alguien, y volver a hacerlo mañana cuando tropieces. Y cuanto más seguro estés de que has sido perdonado, más vas a querer dar la vuelta. Si has estado esperando sentirte lo bastante destrozado antes de venir a Dios, deja de esperar: ven y recibe el perdón, y el cambio de rumbo crecerá a partir de ahí.

Una cosa para hacer esta semana: dedica quince minutos a Lucas 22:54–62, la noche en que Pedro negó a Jesús y «vuelto el Señor, miró a Pedro». Luego pídele a Dios que te muestre una cosa de la que necesitas apartarte, y da un paso concreto para alejarte de ella antes de que termine la semana. No esperes a sentirte lo bastante arrepentido primero.

Preguntas para pensar

Piénsalo primero; luego toca una pregunta para ver una forma de responderla.

¿Por qué dice Spurgeon que el perdón sin arrepentimiento sería una misericordia «coja»?

Porque dejaría a la persona enamorada del pecado, como lavar a alguien y dejarlo tirado en el lodo. La verdadera misericordia nos libra del poder del pecado, no solo de su castigo.

¿Qué quiere decir Spurgeon con «no busques fuego debajo del hielo»?

Quiere decir que no vas a encontrar arrepentimiento escarbando en tu propio corazón frío. Viene como un regalo de Jesús, sobre todo cuando miras su muerte por ti.

¿Hay algo por lo que has estado esperando sentirte lo bastante arrepentido antes de apartarte de ello? ¿Cómo se vería un paso concreto?

La idea del capítulo: el arrepentimiento es el compañero del perdón, no su causa, y Jesús da los dos. Míralo a él y da la vuelta; no tienes que fabricar las lágrimas primero.

Capítulo 10 completado

Dar la vuelta

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