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El elogio de Pablo al amor cristiano

Retrato de Martin Luther Martin Luther

Texto

1 Corintios 13

Traducción por IA — pendiente de revisión

En breve

Lutero lee el gran capítulo de Pablo como una reprensión a los maestros y predicadores soberbios: lenguas de hombres y de ángeles, todo conocimiento, fe para mover montañas, hasta la muerte de un mártir; sin amor, nada son. Pone el amor por encima de todo don, como el fruto mismo del Espíritu y la señal más segura de un verdadero cristiano.

1. El propósito de Pablo en este capítulo es acallar y humillar a los cristianos altivos, en particular a los maestros y predicadores. El Evangelio da mucho conocimiento de Dios y de Cristo, y confiere muchos dones maravillosos, como Pablo lo relata en Romanos 12 y en Primera de Corintios 12. Nos dice que algunos tienen el don de hablar, otros el de enseñar, otros el de exponer la Escritura; otros el de gobernar; y así sucesivamente. Los cristianos poseen grandes riquezas de conocimiento espiritual, grandes tesoros en forma de dones espirituales. Manifiesto a todos está el sentido de Dios, de Cristo, de la conciencia, de la vida presente y de la venidera, y de cosas semejantes. Pero son en verdad muy pocos los que hacen el debido uso de tales dones y conocimiento; los que se humillan para servir a otros, conforme a lo que el amor dicta. Cada uno busca su propia honra y ventaja, deseando alcanzar preferencia y precedencia sobre los demás.

2. Vemos hoy cómo el Evangelio ha dado a los hombres un conocimiento superior a cuanto se había conocido antes en el mundo, y les ha conferido nuevas capacidades. Diversos dones se han derramado y distribuido entre ellos, lo cual ha redundado en su honra. Pero siguen sin prestar atención. Nadie se para a pensar cómo podría, en amor cristiano, servir a sus semejantes para provecho de ellos. Cada uno busca para sí gloria y honra, ventaja y riqueza. Si alguno pudiera procurarse la distinción de ser el único individuo docto y poderoso en el Evangelio, siendo todos los demás insignificantes e inútiles, de buena gana lo haría; se alegraría de poder ser considerado, él solo, don Sabelotodo. Al mismo tiempo, finge profunda humildad, gran abatimiento de sí mismo, y predica del amor y de la fe. Pero le costaría mucho si, en la práctica, hubiera de tocar con el dedo meñique lo que predica. Esto explica por qué el mundo está tan lleno de fanáticos y cismáticos, y por qué cada hombre querría dominar y aventajar a todos los demás. Tales como estos son más altivos que quienes los enseñaron. Aquí ataca Pablo a estos espíritus vanagloriosos, y los juzga por completo insignificantes, aunque su conocimiento sea grande y sus dones aún mayores, a menos que se humillen y usen sus dones en el servicio de otros. A esta gente burda y ruin se dirige con multitud de palabras y un largo discurso, un tema que en otros lugares despacha en pocas palabras; por ejemplo, donde dice (Filipenses 2, 3-4): "En humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a sí mismo; no mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros." A modo de ilustración, dictaría sentencia sobre sí mismo si fuera él así de culpable; esto para advertir con más fuerza a otros que quedan muy por debajo de su estatura. Dice: "Si yo hablase lenguas de hombres y de ángeles."

4. Es decir, aunque yo tuviera la capacidad de enseñar y de predicar con poder superior al de cualquier hombre o ángel, con palabras de perfecto encanto, informando mi mensaje con verdad y excelencia —aunque pudiera hacer esto—, "pero no tengo amor [caridad]", y solo busco mi propia honra y provecho y no el de mi prójimo, "vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe". En otras palabras: "Quizá con ello enseñe algo a otros, quizá llene sus oídos de sonido, pero delante de Dios no sería nada." Así como un reloj o una campana no tienen el poder de oír su propio sonido, ni sacan provecho de su tañido, así el predicador que carece de amor no puede entender él mismo nada de lo que dice, ni por ello mejora su posición delante de Dios. Tiene, en verdad, mucho conocimiento, pero por cuanto no lo pone al servicio del amor, es la calidad de su conocimiento la que está en falta. 1 Corintios 8, 1-12. Mucho mejor le sería ser mudo o carecer de elocuencia, con tal que enseñe en amor y mansedumbre, que hablar como un ángel mientras busca solo sus propios intereses. "Y si tuviese el don de profecía."

5. Según el capítulo 14, profetizar es poder, por inspiración del Espíritu Santo, entender y explicar rectamente a los profetas y las Escrituras. Este es un don excelentísimo. "Conocer los misterios" es poder aprehender el sentido espiritual de las Escrituras, o sus referencias alegóricas, como hace Pablo cuando (Gálatas 4, 24-31) presenta a Sara y a Agar como representantes de los dos pactos, y a Isaac e Ismael de los dos pueblos: los judíos y los cristianos. Cristo hace lo mismo (Juan 3, 14) cuando hace de la serpiente de bronce de Moisés una figura de sí mismo en la cruz; y de nuevo, cuando Isaac, David, Salomón y otros personajes de la historia sagrada aparecen como figuras de Cristo. Pablo lo llama "misterio": este sentido oculto y secreto que yace bajo el sentido primario del relato. Pero el "conocimiento" es la comprensión de asuntos prácticos, como la libertad cristiana, o el darse cuenta de que la conciencia no está atada. Diría, pues, Pablo: "Aunque uno entienda las Escrituras, tanto en su sentido evidente como en el oculto; aunque lo sepa todo acerca de la libertad cristiana y de una conducta apropiada; si no tiene amor, si con ese conocimiento no sirve a su prójimo, todo ello de nada aprovecha; a los ojos de Dios no es nada."

6. Nótese con cuánta fuerza y a la vez bondad refrena Pablo el vergonzoso vicio de la vanagloria. Hace caso omiso incluso de aquellos dones exaltados, aquellos dones de sobresaliente refinamiento, encanto y excelencia, que naturalmente producen orgullo y altivez aunque susciten la admiración y la estima de los hombres. ¿Quién no supondría que el Espíritu Santo habita visiblemente allí donde se hallan tal sabiduría, tal discernimiento de las Escrituras? Las dos epístolas de Pablo a los corintios están dirigidas casi por entero contra este vicio en particular, porque causa mucho daño donde tiene dominio. En Tito 1, 7, nombra en primer lugar entre las virtudes de un obispo que sea "non superbus", no altivo. Es decir, que no se exalte a sí mismo por causa de su oficio, su honra y su entendimiento, y desprecie a los demás en comparación. Pero, extrañamente, Pablo dice: "Si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo amor, nada soy."

EL AMOR: FRUTO DEL ESPÍRITU RECIBIDO POR LA FE.

7. Sostenemos, y es incuestionablemente cierto, que es la fe la que justifica y limpia. Romanos 1, 17; 10, 10; Hechos 15, 9. Pero si justifica y purifica, el amor ha de estar presente. El Espíritu no puede sino impartir el amor junto con la fe. En efecto, donde hay verdadera fe, allí habita el Espíritu Santo; y donde está el Espíritu Santo, allí ha de haber amor y toda excelencia. ¿Cómo es, entonces, que Pablo habla como si fuera posible una fe sin amor? Respondemos que este único texto no puede entenderse como subvirtiendo y militando contra todos aquellos textos que atribuyen la justificación a la fe sola. Ni siquiera los sofistas han atribuido la justificación al amor, ni es esto posible, porque el amor es un efecto, o fruto, del Espíritu, que se recibe por la fe.

8. Tres respuestas pueden darse a la cuestión. Primera: Pablo no se refiere aquí a la fe cristiana, que va inevitablemente acompañada de amor, sino a una fe general en Dios y en su poder. Tal fe es un don; como, por ejemplo, el don de lenguas, el don de conocimiento, de profecía y semejantes. Hay razón para creer que Judas hizo milagros a pesar de la ausencia de fe cristiana, según Juan 6, 70: "Uno de vosotros es diablo." Esta fe general, impotente para justificar o para limpiar, permite que el viejo hombre con sus vicios permanezca, tal como lo hacen los dones del intelecto, la salud, la elocuencia, las riquezas.

9. Una segunda respuesta es: aunque Pablo alude a la verdadera fe cristiana, tiene en mente a quienes sí han alcanzado la fe y han hecho milagros con ella, pero caen de la gracia por el orgullo, perdiendo así su fe. Muchos comienzan, pero no perseveran. Son como la semilla en terreno pedregoso. Pronto caen de la fe. Las tentaciones de la vanagloria son más poderosas que las de la adversidad. Quien tiene la verdadera fe y a la vez es capaz de hacer milagros es propenso a buscar y aceptar la honra con tal avidez que cae del amor y de la fe a la vez.

10. Una tercera respuesta es: Pablo, en su empeño por presentar la necesidad del amor, supone una condición imposible. Por ejemplo, yo podría expresarme de este modo: "Aunque fueras un dios, si te faltara la paciencia no serías nada." Es decir, la paciencia es tan esencial a la divinidad que la divinidad misma no podría existir sin ella, proposición necesariamente verdadera. Así que lo que Pablo quiere decir no es que la fe pudiera existir sin amor, sino, al contrario, que tan esencial es el amor a la fe que aun la fe que traslada montañas no sería nada sin amor, si pudiéramos separar ambos siquiera en teoría. La tercera respuesta es, con mucho, la que más me agrada, aunque no rechazo las otras, en particular la primera. Pues la primerísima premisa de Pablo es imposible: "si yo hablase lenguas de ángeles." Hablar con lengua angélica es imposible para un ser humano, y él subraya claramente esta imposibilidad al distinguir entre las lenguas de los hombres y las de los ángeles. No existe lengua angélica; y si bien los ángeles pueden hablarnos en lengua humana, los hombres nunca pueden hablar en las de los ángeles.

11. Así como hemos de entender la primera cláusula —"si yo hablase lenguas de ángeles"— en el sentido de: si me fuera tan posible como me es imposible hablar las lenguas de los ángeles; así también hemos de entender la segunda cláusula —"si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes"— en el sentido de: si fuera tan posible como es imposible tener semejante fe. Igualmente imposible es la proposición de entender todos los misterios, y debemos tomarla en el sentido de: si le fuera posible a uno entender todos los misterios, lo cual, sin embargo, no lo es. Juan, en el último capítulo de su Evangelio, afirma que el mundo no podría contener todos los libros que podrían escribirse acerca de las cosas del reino. Pues ningún hombre puede jamás sondear las profundidades de estos misterios. La manera de expresarse de Pablo no es sino muy común, como esta: "Aun si yo fuera cristiano, si no creyese en Cristo no sería nada"; o: "Aunque fueras un príncipe, si ni gobernaras a los hombres ni poseyeras bienes no serías nada." — "Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres."

12. En otras palabras: "Aunque yo hiciese todas las buenas obras de la tierra y sin embargo no tuviese amor —habiendo buscado en ello solo mi propia honra y provecho y no el de mi prójimo—, no obstante me perdería." En la ejecución de obras externas tan grandes como la entrega de los bienes y de la vida, Pablo incluye todas las obras que es posible realizar, pues quien hiciera del todo estas, haría cualquier obra. Del mismo modo, cuando se refiere a las lenguas incluye todas las buenas palabras y doctrinas; y en la profecía, el entendimiento y la fe abarca toda sabiduría y conocimiento. Algunos pueden arriesgar el cuerpo y los bienes por causa de la gloria temporal. Así lo han hecho romanos y paganos; pero como faltaba el amor y buscaban solo sus propios intereses, en la práctica no dieron nada. Siendo por lo general imposible que los hombres den todos sus bienes, y que sus cuerpos sean quemados, el sentido ha de ser: "Si me fuera posible dar todos mis bienes a los pobres, y mi cuerpo para ser quemado."

13. El falso razonamiento de los sofistas no se sostendrá cuando deducen maliciosamente de este texto la teoría de que la fe cristiana no es eficaz para borrar el pecado y para justificar. Dicen que, antes de que la fe pueda justificar, ha de estar aderezada con amor; pero la justificación y sus cualidades distintivas están fuera de su alcance. La justificación precede necesariamente al amor. Uno no ama hasta que se ha vuelto piadoso y justo. El amor no nos hace piadosos, sino que, cuando uno se ha vuelto piadoso, el amor es el resultado. La fe, el Espíritu y la justificación tienen el amor como efecto y fruto, y no como mero ornamento y complemento. Sostenemos que la fe sola justifica y salva. Pero, para que no nos engañemos a nosotros mismos y pongamos nuestra confianza en una fe falsa, Dios nos exige el amor como evidencia de nuestra fe, a fin de que estemos seguros de que nuestra fe es fe verdadera.

LA NATURALEZA DEL AMOR CRISTIANO.

"El amor es sufrido, es benigno."

14. Ahora comienza Pablo a mencionar la naturaleza del amor, capacitándonos para percibir dónde se han de hallar el verdadero amor y la verdadera fe. Un maestro altivo no posee las virtudes que enumera el apóstol. Careciendo de ellas, por muchos dones que los altivos hayan recibido por medio del Evangelio, están desprovistos de amor. Primero, el amor "es sufrido." Es decir, es paciente; no repentino ni pronto para la ira, ni presuroso en ejercer la venganza, la impaciencia o la furia ciega. Antes bien, soporta con paciencia a los malvados y a los débiles hasta que ceden. Los maestros altivos solo saben juzgar, condenar y despreciar a los demás, mientras se justifican y se exaltan a sí mismos.

15. Segundo, el amor es "benigno." En otras palabras, es agradable en el trato; no es de aspecto adusto; a nadie ignora; es bondadoso con todos los hombres, en palabras, actos y actitud.

16. Tercero, el amor "no tiene envidia": no es envidioso ni se disgusta por la mayor prosperidad de otros; a nadie escatima bienes ni honra. Los maestros altivos, sin embargo, son envidiosos

y poco bondadosos. A todos los demás les regatean tanto la honra como las posesiones. Aunque con sus labios pretendan lo contrario, estas características se ven claramente en sus obras.

17. Cuarto, el amor "no se jacta." Es contrario a la bellaquería, al ardid astuto y al doble trato. Los espíritus altivos y engañosos no pueden abstenerse de semejante conducta, pero el amor obra con honradez y rectitud, y cara a cara.

18. Quinto, el amor no "se envanece," como sí lo hacen los falsos maestros, que se hinchan como víboras.

19. Sexto, el amor "no se porta indecorosamente," a la manera de los apasionados, impacientes y obstinados, los que presumen de tener siempre la razón, los que se oponen a todos los hombres y ante nadie ceden, y que exigen sumisión de cada individuo, pues de lo contrario prenden fuego al mundo, bravean y echan humo, chillan y se quejan, y tienen sed de venganza. A eso conducen el orgullo y la altivez henchidos de que acabamos de hablar.

20. Séptimo, el amor "no busca lo suyo." No busca el ascenso económico; ni la honra, el provecho, la comodidad; ni la preservación del cuerpo y de la vida. Antes bien, arriesga todo esto en su no existe tal cosa como la Iglesia de Cristo ni como los verdaderos cristianos. Muchos espíritus errados, especialmente los fuertes pretendientes a [ed. el texto se interrumpe abruptamente aquí]

21. Octavo, el amor "no se irrita [fácilmente]" por el agravio y la ingratitud; es manso. Los falsos maestros no pueden tolerar nada; buscan solo su propia ventaja y honra, en perjuicio de los demás.

22. Noveno, el amor "no toma en cuenta el [no piensa el] mal." No es suspicaz; da a todo la mejor interpretación y lo toma todo de buena fe. Los altivos, en cambio, son inconmensurablemente suspicaces; siempre solícitos por no ser menospreciados, dan a todo la peor interpretación, como Joab interpretó los hechos de Abner. 2 Samuel 3, 25. Este es un vicio vergonzoso, y quienes son culpables de él son difíciles de tratar.

23. Décimo, el amor "no se goza en la injusticia [iniquidad]." Las palabras admiten dos interpretaciones: Primera, como referida al deleite de un individuo en sus propias malas obras. Salomón (Proverbios 2, 14) habla de aquellos que "se alegran haciendo mal." Tales han de ser, o extremadamente disolutos y desvergonzados, personajes como rameras y bellacos; o bien hipócritas, que no aprecian la maldad de su conducta; personajes como los herejes y los cismáticos, que se gozan cuando su bellaquería triunfa bajo el nombre de Dios y de la verdad. No acepto esta interpretación, sino la otra. Lo que Pablo quiere decir es que los falsos maestros son lo bastante maliciosos como para preferir oír, por encima de todo, que algún otro obra mal, comete error y es llevado a la vergüenza; y su motivo es simplemente que ellos mismos parezcan rectos y piadosos. Tal era la actitud del fariseo hacia el publicano, en el Evangelio. Pero la compasión del amor llega mucho más allá de sus propios pecados, y ora por los demás.

24. Undécimo, el amor "se goza con [en] la verdad." Aquí hay evidencia de que la frase anterior ha de tomarse como referida al gozo malicioso ante el pecado y la caída de otro. Gozarse en la verdad es simplemente exultar en el buen obrar y la integridad de otro. De igual modo, el amor se entristece ante el mal obrar de otro. Pero para los altivos es una aflicción enterarse de la rectitud en algún otro; porque se imaginan que tal integridad menoscaba su propio provecho y honra.

25. Duodécimo, el amor "todo lo sufre." Excusa toda falta en todos los hombres, por débil, injusto o necio que uno parezca, y nadie puede ser culpable de un agravio demasiado grande para que él lo pase por alto. Pero nadie puede obrar bien a los ojos de los altivos, que siempre encuentran algo que menospreciar y censurar como intolerable, aunque hayan de rebuscar una vieja ofensa para hallar el agravio.

26. Decimotercero, el amor "todo lo cree." No alude aquí Pablo a la fe en Dios, sino a la fe en los hombres. Lo que quiere decir es: el amor es de disposición decididamente confiada. Quien lo posee cree y confía en todos los hombres, considerándolos justos y rectos como él mismo. No prevé trato astuto ni torcido, sino que se deja engañar, embaucar, burlar y abusar, al antojo de cada cual, y pregunta: "¿De veras crees a los hombres tan malvados?" Mide todos los demás corazones por el suyo propio, y se equivoca con suma alegría. Pero tal error no le causa daño. Sabe que Dios no puede desampararlo, y que quien engaña al amor no hace sino engañarse a sí mismo. Los altivos, por el contrario, de nadie se fían, a nadie creerán, ni toleran el engaño.

27. Decimocuarto, el amor "todo lo espera." El amor no desespera de ningún hombre, por malvado que sea. Espera lo mejor. Como aquí se da a entender, el amor dice: "Ciertamente hemos de esperar cosas mejores." De esto se ve claramente que Pablo no alude a la esperanza en Dios. El amor es una virtud que representa en particular la entrega hacia el prójimo; su bienestar es la meta de su pensamiento y de su obra. Como su fe, la esperanza que abriga el amor con frecuencia está mal puesta, pero jamás se da por vencido. El amor a nadie rechaza; de ninguna causa desespera. Pero los soberbios pronto desesperan de los hombres en general, rechazándolos como si nada valieran.

28. Decimoquinto, el amor "todo lo soporta." Soporta cualquier daño que le sobrevenga, cualquier agravio que sufra; soporta cuando su fe y su esperanza en los hombres han estado mal puestas; soporta cuando padece menoscabo en el cuerpo, los bienes o la honra. Sabe que ningún daño se le ha hecho, puesto que tiene un Dios rico. Los falsos maestros, en cambio, nada toleran, y menos que nada la perfidia y la violación de la fe empeñada.

29. Decimosexto, el amor nunca deja de ser; esto significa que permanece para siempre, también en la vida venidera. Nunca se da por vencido, nunca permite que la maldad o la ingratitud de los hombres lo estorben o lo venzan, como sí les ocurre a los individuos mundanos y a los falsos santos, quienes, no bien perciben el desprecio o la ingratitud, se retraen, no dispuestos a hacer más bien a nadie, y, volviéndose del todo inhumanos, se hacen perfectos misántropos, como Timón en su fama entre los griegos. El amor no obra así. No permite que la maldad de los hombres lo haga malvado, ni que se le estorbe en el bien obrar. Continúa haciendo el bien por todas partes, enseñando y amonestando, socorriendo y sirviendo, no obstante que sus servicios y beneficios hayan de ser recompensados, no con bien, sino con mal. El amor permanece constante e inconmovible; continúa, perdura, en esta vida terrena y también en la vida venidera. Añade el apóstol: "Si hay profecías, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará." Encomia el amor por encima de todas las demás dotes, como un don que jamás puede pasar, aun en la vida venidera. Aquellos otros dones, el alarde de los falsos apóstoles, se confieren solo para esta vida presente, para servir en la administración del oficio ministerial. La profecía, las lenguas, el conocimiento, todo ha de cesar; porque en aquella vida cada individuo percibirá por sí mismo perfectamente y no habrá necesidad de que uno enseñe a otro. Asimismo, todas las diferencias, todas las desigualdades, ya no serán más. No es necesario conocimiento alguno ni diversidad alguna de dones; Dios mismo será todo en cada alma. 1 Corintios 15, 28.

30. Aquí da Pablo expresión a la distinción entre la vida de fe aquí abajo y aquella vida celestial de la visión divina. Quiere enseñar que en esta vida y en la otra tenemos la misma posesión, pues es el mismo Dios y los mismos tesoros los que aquí tenemos por fe y allá por vista. En los objetos mismos no hay diferencia; la diferencia consiste en nuestro conocimiento. Tenemos el mismo Dios en ambas vidas, pero en distinta manera de posesión. El modo de poseer a Dios en esta vida es la fe. La fe es una visión imperfecta y oscura, que hace necesaria la Palabra, la cual, a su vez, cobra vigencia por medio del ministerio, las lenguas y la profecía. Sin la Palabra, la fe no puede vivir. Pero el modo de poseer a Dios en la vida futura no es la fe, sino la vista. Este es el conocimiento perfecto, que vuelve innecesaria la Palabra, y asimismo la predicación, las lenguas y la profecía. Estas, pues, han de pasar. Pablo continúa:

"En parte conocemos, y en parte profetizamos."

31. "En parte conocemos"; es decir, en esta vida conocemos imperfectamente, porque es de fe y no de vista. Y "en parte profetizamos"; es decir, imperfectamente, porque la sustancia de nuestra profecía es la Palabra y la predicación. Con todo, tanto el conocimiento como la profecía no revelan nada menos que lo que los ángeles ven: el único Dios. "Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte se acabará." Lo prueba a modo de ilustración y contrasta al niño con el hombre. Para los niños, que aún son débiles, el juego es una necesidad; es un sustituto del oficio y del trabajo. De igual modo, nosotros, en la vida presente, somos demasiado frágiles para contemplar a Dios. Hasta que seamos capaces, es necesario que usemos el medio de la Palabra y de la fe, que están adaptados a nuestras limitaciones. "Ahora vemos por espejo [a través de un cristal], oscuramente; mas entonces veremos cara a cara."

32. La fe, nos dice Pablo, es como un espejo, como un enigma. El rostro real no está en el cristal; no hay allí sino la imagen de él. Del mismo modo, la fe nos da, no el rostro radiante de la Deidad eterna, sino una mera imagen de él, una imagen derivada por medio de la Palabra. Como un oscuro enigma apunta a algo más de lo que expresa, así la fe sugiere algo más claro que aquello que percibe. Pero en la vida venidera, el espejo y el enigma, la fe y su demostración, todo habrá dejado de ser. El rostro de Dios y el nuestro se revelarán mutua y claramente. Dice Pablo: "Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré plenamente, así como también fui plenamente conocido [conoceré también así como soy conocido]." Es decir, Dios me conoce ahora perfecta, clara y llanamente; ningún oscuro velo pesa sobre mí. Pero, en cuanto a él, un oscuro velo lo oculta de mí. Con la misma perfecta claridad con que él ahora me conoce, lo conoceré yo entonces a él, sin velo. El velo será quitado, no de él, sino de mí; porque sobre él no hay velo.

LA MAYOR VIRTUD CRISTIANA ES EL AMOR.

"Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor."

33. Los sofistas han transgredido de manera magistral en lo tocante a este versículo. Han hecho a la fe grandemente inferior al amor a causa de la afirmación de Pablo de que el amor es mayor que la fe y mayor que la esperanza. Como de costumbre, su desatinada razón se aferra ciegamente a la expresión literal. Arrancan de ella un pedazo y el resto lo ignoran. Así no logran entender lo que Pablo quiere decir; no perciben que el sentido de Pablo acerca de la grandeza del amor se expresa tanto en el texto como en el contexto. Pues sin duda no puede disputarse que el apóstol se refiere aquí al carácter permanente o temporal, respectivamente, del amor y de los demás dones, y no a su rango o poder. En cuanto al rango, no la fe sola, sino la Palabra, supera al amor; porque la Palabra es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Romanos 1, 16. Sin embargo, la Palabra ha de pasar. Pero aunque el amor es el fruto de la Palabra y su efecto, jamás será abolido. La fe posee a Dios mismo. Posee y puede realizar cosas; sin embargo, ha de cesar. El amor da y bendice al prójimo, como resultado de la fe, y jamás será abolido.

34. Ahora bien, la afirmación de Pablo de que el amor es mayor que la fe y la esperanza está destinada a expresar la permanencia, o duración eterna, del amor. La fe, por ser limitada en cuanto al tiempo en comparación con el amor, queda por debajo de él por razón de esta duración temporal. Con el mismo derecho podría yo decir que el reino de Cristo es mayor sobre la tierra que Cristo. Con ello no quiero decir que la Iglesia sea en sí misma mejor y de más alto rango que Cristo, sino meramente que cubre una parte mayor de la tierra que la que él abarcó; él estuvo aquí solo tres años, y esos los pasó en una esfera limitada, mientras que su reino ha existido desde el principio y se extiende a la par que la tierra. En este sentido, el amor es más largo y más ancho que la fe o la esperanza. La fe trata con Dios meramente en el corazón y en esta vida, mientras que las relaciones del amor, tanto hacia Dios como hacia el mundo entero, son eternas. No obstante, así como Cristo es inconmensurablemente mejor, más alto y más precioso que la Iglesia cristiana, aunque lo contemplemos moviéndose dentro de límites más pequeños y como un simple individuo, así también la fe es mejor, más alta y más preciosa que el amor, aunque su duración sea limitada y tenga a Dios solo por objeto.

35. El propósito de Pablo al ensalzar así el amor es asestar un golpe a los falsos maestros y reducir a nada sus alardes acerca de la fe y de otros dones cuando falta el amor. Su pensamiento es: "Si no poseéis el amor, que permanece para siempre, todo lo demás de que os jactáis, siendo perecedero, perecerá con vosotros. Aunque la Palabra de Dios y los dones espirituales son eternos, con todo, el oficio externo y la proclamación de la Palabra, y asimismo el empleo de los dones en su variedad, tendrán fin, y así vuestra gloria y vuestro orgullo se volverán como cenizas." Así, pues, la fe justifica por medio de la Palabra y produce el amor. Pero, mientras que tanto la Palabra como la fe han de pasar, la justicia y el amor, que ellas producen, permanecen para siempre; tal como un edificio levantado con ayuda de un andamio permanece después de que el andamio ha sido retirado.

36. ¡Observad cuán pequeña es la palabra "amor" y con cuánta facilidad se pronuncia! ¿Quién habría pensado hallar tanta virtud y poder preciosos atribuidos por Pablo a esta única excelencia, como contrapartida de tanto que es malo? Esto es, me imagino, magnificar el amor, pintar el amor. Es un mejor discurso sobre la virtud y el vicio que los escritos de los paganos. El modelo que presenta el apóstol debería con justicia avergonzar a los falsos maestros, que hablan mucho del amor pero en quienes no se halla ni una sola de las virtudes que él menciona. Cada cualidad del amor nombrada por él significa falsos maestros abofeteados y asaltados. Siempre que magnifica el amor y caracteriza sus poderes, invariablemente hace al mismo tiempo una estocada contra quienes son deficientes en cualquiera de ellas. Bien podemos, pues, mientras él describe los diversos rasgos, añadir el comentario: "Pero tú obras muy de otro modo."

37. Es sumamente extraño que maestros desprovistos de amor posean tales dones como los que Pablo ha mencionado aquí, a saber, hablar en lenguas, profetizar, entender misterios; que tengan fe, que repartan sus bienes y se dejen quemar. Pues hemos visto qué abominaciones sobrevienen donde falta el amor; tales individuos son orgullosos, envidiosos, envanecidos, impacientes, inestables, falsos, venenosos, suspicaces, maliciosos, desdeñosos, amargos, reacios al servicio, desconfiados, egoístas, ambiciosos y altivos. ¿Cómo puede afirmarse con coherencia que gente de esta estofa pueda, por la fe, trasladar montañas, entregar sus cuerpos para ser quemados, profetizar, y así sucesivamente? Es precisamente como lo he expuesto. Pablo presenta una proposición imposible, dando a entender que, puesto que están desprovistos de amor, no poseen realmente aquellos dones, sino que meramente asumen el nombre y la apariencia. Y a fin de despojarlos de aquellos, admite, por causa del argumento, que son lo que en realidad no son.

Escritura en este sermón 1 Corintios 13

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