Capítulo 22 · 28 min de lectura · 36 min de escucha
Misericordias continuas
1848-1850.
HUMILDES COMIENZOS—PENSANDO LIBERALIDADES—PROVISIÓN PARA LOS HUÉRFANOS—UN DÍA MEMORABLE—DINERO «A INTERÉS»—RECURSOS DE UNA FUENTE INESPERADA—EL AVANCE DE LA NUEVA CASA DE HUÉRFANOS—RECURSOS PARA TERMINARLA—DELEITE INEXPRESABLE EN DIOS—REPASO DE LOS DOS AÑOS PASADOS.
El 26 de mayo de 1848 tenía en caja, para los fondos de Biblias, tratados, misiones y escuelas del Instituto de Conocimiento Bíblico, cinco libras, diecinueve chelines, siete peniques y un cuarto de penique; una suma tan pequeña que, sin la ayuda de Dios, no habría podido seguir adelante ni siquiera unos pocos días; porque durante este período nuestro gasto medio de un solo día, solo para esta parte de la obra, equivalía a todo el saldo que quedaba en caja. Mira ahora cómo Dios me sostuvo para hacer frente al gasto de los miles de libras que se invirtieron en estos objetos, aparte de la obra de los huérfanos, desde el 26 de mayo de 1848 hasta el 26 de mayo de 1850.
Al día siguiente mismo de cerrarse las cuentas, el 27 de mayo de 1848, recibí de Westmoreland cinco libras, el primer donativo de este período para esta parte de la obra; el donante destinaba la mitad de esa suma a los gastos corrientes de los huérfanos y la otra mitad a estos objetos. Al día siguiente, 28 de mayo, se depositaron anónimamente en las cajas de la capilla, para las misiones, un chelín y seis peniques, y dos peniques. Ahora bien, sucedió que todos los gastos relacionados con estos objetos durante los dos primeros días ascendieron solo a unas tres libras, que pude cubrir con lo que había entrado y con el saldo que quedaba en caja; y el 29 de mayo recibí cien libras. Como la aplicación de esta suma quedó a mi criterio, tomé la mitad para los huérfanos y la otra mitad para estos objetos. Así se me proveyó de recursos para cubrir los gastos que se me presentaron al día siguiente, 30 de mayo, cuando tuve que pagar los sueldos semanales de los maestros de las escuelas diurnas.
9 de junio. Grande ha sido mi deseo, y muchas mis oraciones a Dios, de que tuviera a bien dignarse usarme todavía más, concediéndome el privilegio de ayudar a hermanos que trabajan en la palabra y en la doctrina, en el país y en el extranjero, sin sueldo alguno, pues durante los últimos cuatro meses he podido hacer comparativamente muy poco por ellos. Ahora, al fin, en respuesta a mis oraciones, he recibido esta mañana ciento sesenta libras para obreros del país y del extranjero. Puede que el Señor vea necesario, para la prueba de nuestra fe, parecer por un tiempo que no hace caso de nuestras súplicas; pero, si con paciencia y con fe seguimos esperando en él, se hará manifiesto, a su tiempo y a su manera, que no lo invocamos en vano.
12 de julio. Mi alma ha estado anhelando nuevos recursos para los obreros del país y del extranjero, a quienes últimamente he enviado todo lo que he podido. Casi todas las cartas que he recibido de los hermanos a quienes he enviado dinero me han mostrado su gran necesidad. Algunos estaban en la mayor estrechez cuando recibieron mis envíos. En estas circunstancias, entró esta mañana un donativo de ciento diecisiete libras, dos chelines y siete peniques, del cual tomé cincuenta libras para estos objetos, y sesenta y siete libras, dos chelines y siete peniques para los huérfanos.
9 de noviembre. El martes por la tarde, día 7 del corriente, solo me quedaban unos pocos chelines para los sueldos semanales de los maestros de la semana siguiente. Además, casi todos los tratados se han acabado otra vez, y hace casi cuatro semanas que pagué el último dinero que tenía en caja para objetos misioneros. En cuanto a esto último, mi corazón había anhelado especialmente poder enviar de nuevo ayuda a los obreros del país y del extranjero, sabiendo cuán grandísima es la necesidad de muchos. Así me encontraba en cuanto a recursos cuando hoy recibí mil libras.
Desde el 5 de marzo de 1834 he recibido en total más de cuarenta y cuatro mil libras [solo hasta el 26 de mayo de 1850]; y de tal manera ha ensanchado el Señor la obra y me ha ayudado, que durante los últimos tres años he tenido el privilegio de pagar en su servicio, en relación con esta obra, unas veinticinco mil libras; y en todo este período no he tenido que hacer frente a un solo pago sin que el Señor me hubiera provisto antes de los recursos para ello. Si al Señor le placiera dignarse usarme más de esta manera, podría disponer las cosas de modo que se me confiara un campo de trabajo todavía mayor, que requeriría sumas aún más grandes. En verdad, tiene que ser manifiesto a todos los hijos de Dios de corazón sencillo que lean con atención las cuentas de este Instituto, que él está muy dispuesto a atender las súplicas de sus hijos que en su necesidad claman a él; y hacer esto manifiesto es el gran objeto que persigo por medio de este Instituto.
2 de enero de 1850. El nuevo año comienza, también en cuanto a esta parte de la obra, con nuevas misericordias. Se me dieron ciento sesenta libras, para usarlas donde más se necesitaran.
30 de enero. Durante este mes me había sentido especialmente movido a enviar mucha ayuda a los obreros del país y del extranjero. También en otros aspectos los gastos para estos objetos habían sido considerables. Por esta razón, los fondos para ellos se habían reducido a unas ochenta libras cuando esta tarde recibí cuatrocientas cincuenta libras, de las cuales el donante deseaba bondadosamente que tomara cincuenta libras para mis gastos personales, que diera cincuenta libras al hermano Craik, y que usara el resto donde más se necesitara.
3 de mayo. La obra es ahora grande, y los gastos, grandes. Durante el mes se gastaron otra vez unas quinientas libras en los diversos objetos del Instituto, y no tengo ninguna perspectiva de que los gastos disminuyan; sí, no tengo ningún deseo de que disminuyan. Tengo tanta satisfacción, tanto gozo, al extender cheques por grandes cantidades contra mis banqueros, como el gozo que tengo al entregarles los cheques, órdenes bancarias o billetes de gran valor que recibo del Dios vivo, por medio de los donantes, para esta obra. Porque el dinero no tiene para mí más valor que el que tiene en cuanto puedo usarlo para Dios; y cuanto más puedo pagar para la obra de Dios, más perspectiva tengo de ser provisto de nuevo por él; y cuanto mayor es la suma que puedo obtener de él, únicamente en respuesta a la oración, mayor es la prueba de la bienaventuranza y de la realidad de esta manera de tratar directamente con el Dios vivo para lo que necesito; por eso digo que tengo tanto gozo en dar como en recibir. Por ejemplo, me he estado dedicando con todas mis fuerzas, y empleando mucho esfuerzo tanto del cuerpo como de la mente, pero sobre todo trabajando en espíritu, para que la Casa de Huérfanos se llene de niños, no solo para que así trescientos huérfanos desamparados, ninguno de los cuales tiene padre ni madre, pudieran ser alojados, alimentados, vestidos, instruidos y atendidos en todo sentido, en cuerpo, mente y espíritu; sino también para que así se necesitaran y se gastaran grandes sumas, y yo tuviera, más que nunca, motivo para sacar abundantemente de los tesoros inagotables de Dios. Que al hablar así no quiero decir que el dinero obtenido de este modo por la oración pueda malgastarse, apenas hará falta señalarlo; porque si alguien obtuviera recursos de Dios únicamente por la oración y luego los malgastara, pronto descubriría que no podía orar con fe pidiendo nuevos recursos.
Cuando se cerraron las cuentas, el 26 de mayo de 1848, tenía en caja para los huérfanos un saldo de una libra, diez chelines y tres peniques y tres cuartos. Con esta cantidad, pues, comenzamos, mientras que día tras día había que proveer para más de ciento treinta personas en las cuatro Casas de Huérfanos de Wilson Street.
Al día siguiente mismo de cerrarse las cuentas, el 27 de mayo de 1848, recibí de Westmoreland cinco libras, cuya mitad destinaba el donante a los huérfanos, y la otra mitad a los demás objetos. Tomé este donativo como unas arras de la mano del Dios vivo de que también durante todo este período proveería para estos muchos huérfanos, como lo había hecho en años anteriores.
9 de noviembre. Hasta la fecha las necesidades de los huérfanos han sido suplidas como hasta ahora. Ayer entraron solo cinco chelines y seis peniques. Mañana hará falta más dinero para los gastos de la casa. En esta nuestra pobreza recibí esta mañana mil libras. Como el dinero quedó a mi disposición para usarlo donde más se necesitara, tomé de él seiscientas libras para el fondo de construcción, trescientas libras para fines misioneros y la distribución de Biblias y tratados, y cien libras para el uso presente de los huérfanos. Tengo así los recursos que todavía hacen falta para los gastos de la casa de esta semana, además de poder hacer frente a otros gastos considerables que tengo por delante la semana próxima.
20 de febrero de 1849. Durante tres meses y diez días, desde el 9 de noviembre de 1848, los donativos habían entrado siempre de tal manera que tuvimos abundancia durante todo el período, pues siempre se habían recibido nuevos donativos antes de que se gastara todo el dinero en caja. La cantidad total que entró durante este período fue de cuatrocientas sesenta y nueve libras, catorce chelines y diez peniques. Pues bien, hoy no había dinero en caja para adelantar la cantidad necesaria para los gastos de la casa de la semana próxima. Todo el dinero en caja se debía por el alquiler, y por tanto no se podía disponer de él, pues nunca contraigo deudas por nada. En esta nuestra necesidad se me dio esta tarde la suma de doscientas libras, que quedó a mi disposición para acondicionar la nueva Casa de Huérfanos, o para cualquiera de los objetos relacionados con el Instituto de Conocimiento Bíblico que pudiera estar necesitado. Sin embargo, como tengo, hasta donde sé, todos los recursos para acondicionar y amueblar la nueva Casa de Huérfanos, y como no hay dinero en caja para el uso presente de los huérfanos, tomé cien libras para ese objeto.
9 de marzo. La nueva Casa de Huérfanos está ya casi lista. Por esta razón tenemos que adquirir grandes provisiones para la ropa de los niños. En los últimos días he encargado miles de yardas de tela con este fin, y habrá que encargar miles más, además de proveer una reserva de muchas otras cosas. Para esto se necesitan grandes sumas. En estas circunstancias recibí hoy un donativo de trescientas libras, para usarlo en el fondo de construcción o en los gastos corrientes de los diversos objetos, según donde más se necesitara. Como juzgo que tenemos todo lo necesario para acondicionar y amueblar la casa, y como hay en caja más de lo habitual para los objetos misioneros, la distribución de Biblias y tratados y las diversas escuelas, y como solo tenemos unas sesenta libras para el uso presente de los huérfanos con que hacer frente a todos los grandes gastos que tenemos por delante, tomé todo este donativo para los huérfanos, ya que el donante ha dejado bondadosamente la disposición del dinero enteramente a mi criterio. Este donativo, que llega justo ahora, ha sido un refrigerio sumamente grande para mi espíritu; porque llega al comienzo del gran aumento de nuestros gastos, en relación con los trescientos huérfanos en lugar de ciento veinte, como unas arras de Dios de que también nos proveerá de recursos cuando las necesidades de los trescientos sean más del doble de lo que son ahora. Gracias a este donativo tengo recursos para cubrir todo el gasto que supondrá abastecer el nuevo establecimiento de provisiones de víveres, jabón, tela para ropa, mercería y muchos otros artículos que convendría comprar al por mayor. ¡Alabado sea el Señor por su bondad!
18 de junio. Hoy, como fruto de las oraciones de tres años y siete meses, se comenzó a trasladar a los niños de las cuatro Casas de Huérfanos de Wilson Street, en Bristol, a la nueva Casa de Huérfanos.
23 de junio. Sábado por la tarde. Esta ha sido verdaderamente una semana de grandes, muchas y singulares misericordias. Todos los huérfanos, con sus maestros y encargados, han sido trasladados a la nueva Casa de Huérfanos durante el lunes, martes, miércoles y jueves; de modo que ahora hay unas ciento cuarenta personas bajo un mismo techo. El Señor ha ayudado de la manera más señalada. Como durante más de tres años había buscado la ayuda de Dios en todos los asuntos relacionados con la nueva Casa de Huérfanos, esperaba su ayuda también en este particular; pero él ha hecho más de lo que yo esperaba. Aunque solo anteayer se trasladaron los últimos niños, ya reina en la casa, con la ayuda de Dios, tal grado de orden que las cosas pueden hacerse siguiendo el minutero de los relojes. Su nombre ha de ser alabado por esto, ¡y mi alma lo engrandece por su bondad! También en cuanto a la provisión material para los queridos huérfanos, el Señor ha sido sumamente bondadoso. El segundo día de recibir a los niños se enviaron veinte libras. El tercer día, una persona que recorrió conmigo parte de la casa dijo: «Estos niños deben de consumir una gran cantidad de provisiones», y, mientras lo decía, sacó del bolsillo un rollo de billetes del Banco de Inglaterra por valor de cien libras y me los dio para los huérfanos. Esa misma tarde me enviaron también, para los huérfanos, un tonel muy grande de melaza, y para sus maestros y encargados, seis panes de azúcar. Además, un tonelero hizo gratuitamente dos toneles nuevos grandes para la melaza. Al día siguiente recibí aviso de que se habían comprado para los huérfanos unas mil libras de arroz, que serían enviadas. Además de esto, han entrado varios donativos pequeños. Tan generosamente ha tenido a bien el Señor ayudar últimamente, que no solo he podido hacer frente a todos los gastos extraordinariamente grandes relacionados con el traslado de los huérfanos de Wilson Street a la nueva Casa de Huérfanos, el llenado de los almacenes de la nueva Casa de Huérfanos, etc., sino que tengo más de quinientas libras en caja para comenzar los gastos de la casa en la nueva Casa de Huérfanos. ¡Cuán verdadera es la palabra de que los que confían en el Señor no serán confundidos! Después de todas las muchas y prolongadas temporadas de gran prueba de fe a lo largo de estos trece años y dos meses, durante los cuales los huérfanos estuvieron en Wilson Street, el Señor nos despide de allí en relativa abundancia. ¡Alabado sea por ello su santo nombre!
30 de agosto. Recibí un billete de cincuenta libras con estas palabras: «Le envío adjunto un billete de cincuenta libras, la mitad para las misiones y la mitad para los huérfanos, a menos que usted tenga alguna necesidad personal; si es así, tome cinco libras para usted. Esta será la última suma grande que podré enviarle. Casi todo el resto está ya colocado a interés». Tomé la mitad de estas cincuenta libras para los huérfanos y la mitad para los misioneros. El que escribe vendió hace algún tiempo su única posesión terrenal, y me envió en distintas ocasiones sumas de ciento veinte libras, de cien libras, de cincuenta y cinco libras, de cincuenta libras y de veinte libras para la obra del Señor que está en mis manos. Por eso, cuando dice: «el resto está ya colocado a interés», quiere decir que lo ha dado por el Señor, lo cual, en verdad, tanto para el tiempo como para la eternidad, es la mejor manera de usar los recursos que el Señor tenga a bien confiarnos, en la medida en que, considerando en el temor de Dios todas nuestras diversas obligaciones, deberes y relaciones, podamos hacerlo. Como esto se escribe para el provecho espiritual del lector, no puedo menos que añadir a este extracto de mi diario del 30 de agosto de 1849 que desde entonces he recibido del mismo donante otros donativos, y mucho mayores todavía. Él usó para Dios los recursos que Dios tuvo a bien confiarle, y, contra lo que este hermano esperaba, las cincuenta libras mencionadas no fueron el último donativo grande; porque poco después Dios tuvo a bien confiarle otra suma considerable, que de nuevo usó para el Señor. Esto no me sorprendió en absoluto; porque es el orden del Señor que, de cualquier manera que tenga a bien hacernos sus mayordomos, sea en cosas materiales o espirituales, si de veras actuamos como mayordomos, y no como dueños, él nos hará mayordomos sobre más.
9 de enero de 1850. Hoy me envió el Comité del Fondo del Cólera de Bristol veinte libras, que los señores que lo formaban habían votado en beneficio de los veinte niños que habían perdido a sus padres en el cólera y a quienes yo había recibido en la nueva Casa de Huérfanos.
No había solicitado este dinero ni directa ni indirectamente; de hecho, me resistía incluso a dar información sobre el número de huérfanos del cólera que había recibido, no fuera que hubiera siquiera la apariencia de que, después de todo, pedía dinero, en lugar de confiar únicamente en el Dios vivo. Pero algunos de los señores del comité, según tengo entendido, sabiendo que yo había recibido a muchos huérfanos que el cólera había dejado sin padres, propusieron que se pagara al Instituto un soberano por cada uno de esos niños que yo hubiera recibido. Esta suma me resultó especialmente notable como una nueva prueba de las innumerables maneras que Dios tiene a su disposición para proveerme de medios.
Tampoco puedo dejar de señalar la notable coincidencia de que, en el tiempo en que Dios visitó esta tierra con el cólera, en 1849, yo tuviera tanto espacio para recibir huérfanos. Al Señor le agradó concederme el gozo y el dulce privilegio de recibir en total a veintiséis niños, desde los diez meses de edad en adelante, que perdieron a sus padres en el cólera en aquel tiempo, y a muchos otros más, desde entonces, que quedaron privados de sus padres por esta terrible enfermedad.
Cuando me referí por última vez al progreso de la nueva Casa de Huérfanos, se estaba construyendo. Una parte ya estaba techada, y el resto había de techarse no muchas semanas después. ¡Pero cuánto quedaba aún por hacer en otros aspectos! Un edificio tan considerable que contenía unas trescientas ventanas grandes requeriría, aun después de terminado, una inmensa cantidad de trabajo para acondicionarlo y amueblarlo para trescientas treinta personas. Luego, hecho esto, la instalación de los huérfanos, de sus maestros y de los demás encargados necesitaba una ayuda todavía más abundante. Además, conseguir colaboradores adecuados para esta parte de la obra no era en verdad un asunto menor. Por último, aunque al Señor ya le había agradado darme más de once mil libras para la nueva Casa de Huérfanos, yo necesitaba todavía varios miles de libras más para poner el conjunto en un estado tal que el edificio quedara apto para recibir a los huérfanos. Y ahora, al mirar atrás y ver que no solo fui ayudado en todos estos asuntos, sino también en cada uno de ellos mucho más allá de mis mayores expectativas, ¿no me corresponde decir a quienes aman al Señor Jesús, y a cuyas manos llegue este relato: «Engrandeced al Señor conmigo, y ensalcemos su nombre a una»? Cada una de las dificultades mencionadas, que todavía existían el 26 de mayo de 1848, era tan grande que, si solo una de ellas hubiera quedado y yo no hubiera sido ayudado, ¿cuál habría sido el resultado? Pero aunque el panorama que tenía delante habría sido abrumador si lo hubiera mirado de un modo natural, nunca se me permitió, ni una sola vez, dudar de cuál sería el fin. Porque así como desde el principio estuve seguro de que era la voluntad de Dios que emprendiera la obra de edificar para él esta gran Casa de Huérfanos, así también desde el principio estuve tan cierto de que todo se terminaría como si el edificio ya hubiera estado delante de mis ojos naturales, y como si la casa ya hubiera estado llena de trescientos huérfanos desamparados. Por eso tenía buen ánimo en medio de una abrumadora carga de trabajo todavía por hacer, de muchísimas dificultades todavía por vencer y de miles de libras que todavía se necesitaban; y me entregué aún más a la oración, y procuré aún más ejercer la fe en las promesas de Dios. Y ahora la obra está hecha, las dificultades están vencidas, se ha obtenido todo el dinero que se necesitaba, y aun más de lo que necesitaba; y, en cuanto a colaboradores en la obra, he obtenido incluso más allá de mis expectativas y oraciones. Han pasado casi siete años (1856) desde que se abrió la nueva Casa de Huérfanos, y unas trescientas treinta personas se sientan en ella día tras día a sus comidas.
Hasta el 26 de mayo de 1848 había recibido en total, para cubrir los gastos relacionados con la construcción de la nueva Casa de Huérfanos, la suma de once mil sesenta y dos libras, cuatro chelines y once peniques y medio.
19 de agosto. Hoy hace un año que se colocó la piedra fundamental de la nueva Casa de Huérfanos, y ahora el edificio está levantado y casi enteramente techado. También está hecha ya parte del enlucido interior. ¡Cómo podrá mi alma engrandecer suficientemente al Señor por toda la ayuda que le ha agradado dar desde hace un año hasta hoy! Como estamos ya tan adelantados, he estado rogando cada vez más a Dios que le agrade darme los medios que aún se requieren para acondicionar y amueblar la casa; porque aun ahora dependo por completo de él para sumas considerables con las que llevarlo a cabo. Pero aunque todavía se necesita mucho, nunca he tenido, por la gracia de Dios, el menor recelo en cuanto a su disposición a darme todo lo que necesito; al contrario, he estado seguro de que, cuando realmente necesitara el dinero para las instalaciones y los muebles, vendría. Y hoy el Señor me ha demostrado una vez más cuán dispuesto está a obrar conforme a mi fe; porque esta mañana se me dieron ochocientas ochenta y siete libras, con la bondadosa condición de que tomara de ellas veinte libras para mis gastos personales, y el resto podía usarse para el fondo de construcción o para la necesidad presente de los diversos objetivos del Instituto, según me pareciera mejor.
9 de noviembre. Hoy el Señor ha ayudado aún más abundantemente. He recibido un donativo de mil libras, para usarse en el fondo de construcción y en las necesidades presentes de la obra en general, según lo requirieran los diversos objetivos del Instituto.
17 de enero de 1849. Se acerca ya el momento en que han de darse nuevos pasos para acondicionar y amueblar la casa, pues más de dos tercios de las habitaciones están casi listas. En estas circunstancias he orado con más fervor, día tras día, para que al Señor le agrade darme los medios que todavía se necesitan; y así como mi corazón ha estado seguro desde el principio, y durante todos estos tres años y dos meses desde que empecé a orar sobre este asunto, de que Dios me ayudaría de todas las maneras en esta obra, también he estado particularmente convencido de que le agradaría proveer los medios que se requieran para hacer frente a todos los fuertes gastos que aún quedan por cubrir. Pues bien, hoy he tenido otra vez una preciosa respuesta a mis súplicas diarias respecto a esta obra; porque esta tarde recibí seiscientas libras, de las cuales se deseaba que el hermano Craik y yo tomáramos cada uno cincuenta libras para nosotros; las quinientas libras restantes se dejaron enteramente a mi disposición; con todo, se hizo una referencia especial a los fuertes gastos relacionados con el acondicionamiento y amueblado de la nueva Casa de Huérfanos, para los cuales podía destinar esta suma, en parte o por entero.
12 de febrero. La nueva Casa de Huérfanos está ya casi enteramente acabada. Dentro de seis semanas, con la ayuda de Dios, todo estará terminado. Por eso he estado muy ocupado durante las últimas dos semanas en hacer los arreglos necesarios para acondicionarla y amueblarla; pero cuanto más me he ocupado en esto, más he visto qué gran suma requerirán el conjunto de las instalaciones y los muebles; y esta consideración me ha llevado últimamente a rogar al Señor con más fervor aún que le agrade darme los medios que todavía puedan necesitarse para completarlo todo. En estas circunstancias, un hermano en el Señor vino a verme esta mañana y, tras unos minutos de conversación, me dio dos mil libras, y me dio amablemente permiso para usar esa suma en el acondicionamiento y amueblado de la nueva Casa de Huérfanos, o en cualquier otra cosa que se necesitara en relación con los huérfanos. He destinado toda esta suma, al menos por ahora, al fondo de construcción. Ahora, querido lector, ponte en mi lugar. Hace mil ciento noventa y cinco días que empecé a pedir al Señor medios para la construcción y el acondicionamiento de una Casa de Huérfanos. Día tras día, por su gracia, he seguido desde entonces presentándole este asunto. Sin un momento de duda, recelo ni vacilación se me ha capacitado para confiar en Dios en cuanto a los medios. Desde el principio, una vez que me hube cerciorado de la voluntad de Dios respecto a esta obra, he estado seguro de que él la llevaría a cabo; sí, tan seguro he estado desde el principio de que lo haría como si ya hubiera tenido en la mano todos los medios para ello, o como si la casa hubiera estado realmente delante de mí, ocupada por los niños. Pero aunque para la fe toda la obra estaba cumplida ya hace tres años, para la vista quedaban muchas y grandes dificultades por vencer. Y aun al comenzar este día quedaban muchas dificultades en cuanto a los medios, así como en otros aspectos; por eso estaba a punto de entregarme otra vez especialmente a la oración en el mismo momento en que se me informó que el donante de las dos mil libras mencionadas había venido a verme. Ahora tengo los medios, hasta donde puedo ver, que me permitirán hacer frente a todos los gastos; y con toda probabilidad tendré incluso varios cientos de libras más de las necesarias. Así muestra el Señor que puede y quiere dar no solo tanto como es absolutamente necesario para su obra, sino que también puede y quiere dar abundantemente. Es imposible describir el gozo verdadero que tuve en Dios cuando recibí esta suma. Estaba tranquilo, sin la menor excitación, capaz de seguir inmediatamente con otro trabajo que se me presentó en cuanto hube recibido el donativo; pero inexpresable era el deleite que tenía en Dios, que así me había dado la respuesta completa a mis miles de oraciones durante estos mil ciento noventa y cinco días.
He dado así unos pocos de los cientos de donativos, que van desde un cuarto de penique hasta dos mil libras, como muestras, para mostrar cómo al Señor le agradó proveerme de los medios. La suma total que entró para el fondo de construcción fue de quince mil setecientas ochenta y cuatro libras, dieciocho chelines y diez peniques.
Después de cubiertos todos los gastos de la compra del terreno, su escrituración, la inscripción de las escrituras de fideicomiso en la cancillería, y la construcción, acondicionamiento y amueblado de la nueva Casa de Huérfanos, quedó un saldo de setecientas setenta y seis libras, catorce chelines, tres peniques y tres cuartos de penique, lo cual es una prueba manifiesta de que el Señor no solo puede suplirnos todo lo que necesitamos en su servicio, sencillamente en respuesta a la oración, sino que puede también darnos aun más de lo que necesitamos.
Durante los dos años completos que terminaron el 26 de mayo de 1850, cinco escuelas diurnas, con 329 niños, fueron sostenidas enteramente con los fondos de este Instituto; y se prestó cierta ayuda económica a otras cuatro escuelas diurnas. También se sostuvo enteramente una escuela dominical, con 168 niños, y se ayudó ocasionalmente a otra. Por último, durante este período se sostuvo una escuela de adultos, con 106 alumnos adultos. Se gastaron en estas diversas escuelas £851, 1s. 5½d. durante estos dos años. El número de todos los niños que fueron enseñados en las escuelas diurnas por medio de este Instituto, desde el 5 de marzo de 1834 hasta el 26 de mayo de 1850, ascendió a 5,114; el de los de las escuelas dominicales, a 2,200; y el de las personas de la escuela de adultos, a 1,737. En total, 9,051.
Desde el 26 de mayo de 1848 hasta el 26 de mayo de 1850 se distribuyeron 719 Biblias y 239 Nuevos Testamentos. Se gastaron en este objetivo, durante este período, £104, 15s. 11d. de los fondos del Instituto. En total, desde el 5 de marzo de 1834 hasta el 26 de mayo de 1850, se distribuyeron 6,465 Biblias y 3,999 Nuevos Testamentos.
Desde el 26 de mayo de 1848 hasta el 26 de mayo de 1850 se gastaron £2,574, 16s. 6d. de los fondos del Instituto en objetivos misioneros, con lo cual se ayudó a cuarenta predicadores del evangelio en la Guayana Británica, las Indias Orientales, Suiza, Francia, Alemania, Canadá, Escocia, Irlanda e Inglaterra.
El lector notará cuánto creció este objetivo del Instituto durante los últimos cuatro años anteriores al 26 de mayo de 1850. Esto se debió a que, a comienzos de 1846, se me presentó la necesidad de ciertos hermanos que trabajaban en predicar y enseñar, y Dios los puso en mi corazón para que trabajara por ellos en oración, a fin de obtener de él medios para tales hermanos en mayor medida que antes. Desde entonces al Señor le ha agradado usarme cada vez más de esta manera. Porque desde el 26 de mayo de 1846 hasta el 26 de mayo de 1848 se gastó en ese objetivo casi tres veces más que en cualquier período anterior de la misma duración; y durante el período del 26 de mayo de 1848 al 26 de mayo de 1850 no solo se me permitió hacer tanto como antes, sino gastar incluso £1,016, 5s. más que en el período anterior, a pesar de todos los muchos y fuertes gastos adicionales de los otros diversos objetivos del Instituto.
Es mi dulce privilegio declarar que las labores de muchos de estos cuarenta siervos del Señor a quienes ayudé fueron especialmente reconocidas por Dios durante estos dos años. Por medio de ellos hubo muchísimas conversiones.
Desde el 26 de mayo de 1848 hasta el 26 de mayo de 1850 se gastó la suma de £184, 9s. 4½d. en la distribución de tratados. Durante este período se distribuyeron 130,464 tratados. El número total distribuido desde el 19 de noviembre de 1840 hasta el 26 de mayo de 1850 ascendió a 294,128.
Desde el 24 de julio de 1849 hasta el 26 de mayo de 1850 se recibieron en total 170 huérfanos, desde los diez meses de edad en adelante. Por tanto, el 26 de mayo de 1850 había 275 huérfanos en la nueva Casa de Huérfanos; y con los maestros, encargados, niñeras y sirvientes de dentro y de fuera de la casa, etc., el número total de personas vinculadas al establecimiento era de 308. El número total de huérfanos que estuvieron a nuestro cuidado desde abril de 1836 hasta el 26 de mayo de 1850 fue de 443.
Sin que yo haya pedido personalmente nada a nadie, se me dio para los huérfanos la suma de £33,868, 11s. 1¼d., como resultado de la oración a Dios, desde el comienzo de la obra hasta el 26 de mayo de 1850. También puede interesar al lector saber que la suma total dada como contribuciones voluntarias para los otros objetivos, desde el comienzo de la obra hasta el 26 de mayo de 1850, ascendió a £10,531, 3s. 3¾d.; y que lo que entró por la venta de Biblias y tratados y por los pagos de los niños en las escuelas, hasta el 26 de mayo de 1850, ascendió a £2,707, 9s. 3½d.
El total de los gastos corrientes de los huérfanos del 26 de mayo de 1848 al 26 de mayo de 1849 fue de £1,559, 6s. 9d., y el total de sus gastos corrientes del 26 de mayo de 1849 al 26 de mayo de 1850 fue solo de £2,665, 13s. 2¾d., es decir, solo unas £1,100 más que el año anterior.
En cuanto a lo relacionado con mis asuntos personales, del 26 de mayo de 1848 al 26 de mayo de 1850:—
31 de diciembre de 1848. Durante este año al Señor le agradó darme £474, 17s. 7d. A esto hay que añadir de nuevo, también este año, como ya se dijo, la educación gratuita de mi hija en un internado, que vale por lo menos £50.
31 de diciembre de 1849. El Señor me envió, durante el año pasado, £413, 2s. 4d.
Capítulo 22 completado
Misericordias continuas