Capítulo 9 · 1 min de lectura · 2 min de escucha
Tres sacos de papas
“Antes de que me llamen, yo les responderé.” — de Isaías 65
Llegó otra mañana en que casi no había nada en la casa, y se necesitaba bastante dinero para dar de comer a todos los niños. Así que George hizo lo que siempre hacía. Se fue a orar.
Y mientras todavía estaba orando — eran como las diez de la mañana — un hombre llegó a la puerta con un mensaje. ¡Una señora había encargado que mandaran tres sacos enteros de papas a los hogares de huérfanos!
Tres sacos grandes de papas, que llegaron justo en el momento preciso. George dijo que no podían haber llegado en mejor momento.
Algo así pasó una y otra vez. Una vez, George se encontró en la calle con un hombre que le dio dinero para los huérfanos — ¡y George se dio cuenta de que, si hubiera pasado por allí aunque fuera medio minuto más tarde, no lo habría encontrado! Pero no llegó medio minuto tarde. Dios había arreglado el momento a la perfección.
¿No es asombroso? Dios no solo manda lo que necesitamos. Lo manda en el minuto exacto — a veces mientras todavía estamos orando, a veces justo antes de que pasemos por allí. Él nunca tiene prisa, y nunca llega demasiado tarde.
Nada es demasiado pequeño para que Dios lo arregle. A él le importan los detalles de tu día, hasta el último minuto.
Querido Dios, gracias porque tú sabes el momento perfecto para todo. Ayúdame a esperarte y a no preocuparme. Amén.
Conversen juntos
Hagan primero las preguntas; luego toquen una para ver una nota para los adultos.
¿Qué llegó a la puerta mientras George oraba, como a las diez de la mañana?
Un mensaje de que una señora había encargado que mandaran tres sacos enteros de papas a los hogares de huérfanos, justo en el momento preciso.
¿Qué pasó cuando George se encontró con un hombre en la calle?
El hombre le dio dinero para los huérfanos. Si George hubiera pasado aunque fuera medio minuto más tarde, no lo habría encontrado.
¿Hay algo demasiado pequeño para que Dios lo cuide? ¿Por qué cosas podríamos dejar de preocuparnos?
La enseñanza del capítulo: Dios manda lo que necesitamos en el minuto exacto. Nada es demasiado pequeño para él, así que podemos esperarlo y no preocuparnos.
Capítulo 9 completado
Tres sacos de papas