Capítulo 6 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 5 — David y Goliat
«Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.»
El ejército de Israel estaba formado en una colina. El ejército de los filisteos estaba formado en la otra. Y cada mañana y cada tarde, durante cuarenta días, un gigante salía del lado de los filisteos y gritaba un desafío.
Se llamaba Goliat. Medía casi tres metros. Su armadura pesaba tanto como un hombre adulto. ¡Solo la punta de su lanza pesaba unos siete kilos! Gritaba: «¡Mándenme a alguien para pelear conmigo!». Y todos los soldados del ejército de Israel, incluido el rey Saúl, estaban aterrados.
Entonces apareció un joven pastor llamado David, que venía a traerles comida a sus hermanos mayores. Oyó a Goliat burlarse del pueblo de Dios. Y David preguntó: «¿Quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?».
Sus hermanos se enfadaron. El rey Saúl le dijo: «¡No eres más que un muchacho!». Pero David dijo que Dios lo había librado de un león y de un oso mientras cuidaba sus ovejas, y que Dios también lo libraría de este gigante.
David no se puso la armadura de Saúl. Tomó su cayado de pastor, su honda y cinco piedras lisas del arroyo. Cuando Goliat lo vio venir, se rió y se burló de él. Pero David le gritó el versículo de hoy: «Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor».
Entonces David corrió hacia el gigante, puso una piedra en su honda y la lanzó. Le dio a Goliat justo en la frente, y el gigante cayó de cara al suelo.
Esta es la clave de la historia: todos los demás se comparaban con Goliat. Él es tan grande, y nosotros tan pequeños. David comparaba a Goliat con Dios. Es grande, pero mi Dios es más grande.
¿Cuáles son los «gigantes» de tu vida? ¿Alguien que te molesta y te acosa? ¿Un miedo? ¿Un problema que parece demasiado grande para ti? Acuérdate de David. Puede que tus gigantes sean más grandes que tú. Pero no son más grandes que tu Dios.
David también dijo: «del Señor es la guerra». No tienes que pelear contra tus gigantes con tus propias fuerzas.
Piénsalo: ¿Cuál es un «gigante» en tu vida ahora mismo? ¿Cómo cambia cuando lo comparas con Dios en vez de contigo mismo?
Inténtalo: Escribe tu «gigante» en un papel. Debajo, escribe en letras grandes: «Mi Dios es más grande». Ponlo en algún lugar donde lo veas.
Querido Dios, algunos problemas de mi vida parecen gigantes. Pero tú eres más grande que cualquier gigante. Ayúdame a enfrentarlos como lo hizo David, confiando en ti y no en mis propias fuerzas. La batalla es tuya. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 6 completado
Día 5 — David y Goliat