Capítulo 19 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 18 — Pronto para oír
«Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardío para hablar, tardío para airarse.»
— Santiago 1:19
Alguien dijo una vez que Dios nos dio dos orejas y una sola boca. ¡Quizá sea una pista de que deberíamos escuchar el doble de lo que hablamos!
Santiago nos da tres instrucciones sencillas que podrían cambiar casi todas tus conversaciones:
Sé pronto para oír. Escuchar de verdad es más que esperar tu turno para hablar. Es prestar atención, mirar a la persona y tratar de entender lo que dice y cómo se siente. ¿Alguna vez has hablado con alguien que no dejaba de mirar su teléfono? No se siente bien. Escuchar bien le dice a la gente: Tú me importas.
Sé tardío para hablar. Eso no quiere decir que nunca hables. Quiere decir que pienses antes de hablar. No interrumpas. No sueltes lo primero que se te pase por la cabeza. A veces lo más sabio que puedes decir es nada.
Sé tardío para airarte. Cuando primero escuchas y piensas antes de hablar, es mucho menos probable que te enojes. Muchas peleas empiezan porque alguien no escuchó, sacó conclusiones demasiado rápido y explotó. Si vas más despacio y escuchas, ¡a lo mejor descubres que habías entendido mal!
Piensa en lo que pasa en una discusión. Normalmente las dos personas hablan y nadie escucha. Cada uno solo levanta más la voz. Pero si uno se detiene y dice: «Espera, explícame qué quieres decir», todo puede cambiar.
Escuchar también es una forma de amar a la gente. Cuando escuchas a un amigo que está triste, no siempre tienes que arreglar su problema. A veces lo que más necesita es simplemente que alguien lo escuche.
Y escuchar también importa con Dios. Orar no es solo hablarle a Dios. También es estar en silencio y escuchar, sobre todo cuando lees su Palabra. Samuel, cuando era niño, oró: «Habla, que tu siervo oye» (1 Samuel 3:10). Es una oración estupenda para cualquiera.
Piénsalo: ¿Sueles ser mejor hablando o escuchando? ¿Quién en tu vida sabe escuchar muy bien?
Inténtalo: Hoy, en cada conversación, intenta escuchar más de lo que hablas. Haz por lo menos una pregunta más, como «¿Y qué pasó después?» o «¿Cómo te sentiste?».
Querido Dios, ayúdame a ser pronto para oír, tardío para hablar y tardío para airarme. Ayúdame a escuchar de verdad a las personas que me rodean, para que sepan que me importan. Y ayúdame a escucharte también a ti. Habla, Señor, que yo te escucho. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 19 completado
Día 18 — Pronto para oír