Capítulo 12 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 11 — Humildad
«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad de ánimo, estime cada uno a los demás como superiores a sí mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.»
— Filipenses 2:3–5
La humildad no está en la lista del fruto del Espíritu de Gálatas 5. Pero es como la tierra donde crecen todos los demás frutos. ¡Es difícil ser paciente, amable o manso si crees que eres la persona más importante del lugar!
¿Qué es la humildad? Algunos creen que significa pensar que eres malísimo, o no admitir nunca que eres bueno en algo. No es eso. La humildad es verte a ti mismo de la manera correcta: como alguien a quien Dios hizo y ama, pero no más importante que nadie. Significa pensar menos en ti y más en los demás.
Pablo dice: «estime cada uno a los demás como superiores a sí mismo». Eso es lo contrario de lo que nos sale de forma natural. Lo natural es querer ser el primero de la fila, quedarnos con el trozo más grande y que todos se fijen en lo geniales que somos.
La humildad se ve así:
- Dejar que otro vaya primero.
- Alegrarte cuando otro se lleva el mérito.
- Reconocer cuando te equivocas y pedir perdón.
- Pedir ayuda cuando la necesitas.
- Fijarte en lo que necesitan los demás, no solo en lo que quieres tú.
Pablo dice: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús». Luego, en los versículos siguientes, describe lo más humilde que alguien ha hecho jamás. Jesús era Dios, pero no se aferró a sus derechos. Bajó a la tierra, se hizo siervo y murió en una cruz por nosotros. ¿Te acuerdas de cuando Jesús lavó los pies de sus discípulos? El Rey del universo se arrodilló para servir.
Si Jesús, que tenía todo el derecho a que le sirvieran, eligió servir, entonces nosotros podemos seguir su ejemplo.
Lo curioso de la humildad es esto: ¡cuanto más intentas presumir de ella, más la pierdes! Las personas humildes no están pensando en lo humildes que son. Simplemente están ocupadas amando a los demás.
Piénsalo: ¿Dónde te cuesta más poner a los demás primero? ¿En casa, en la escuela, en un equipo, con tus amigos?
Inténtalo: Busca hoy una oportunidad de poner lo que otro necesita antes que lo tuyo. Deja que elija el juego, el asiento o la última galleta.
Querido Jesús, tú eres Dios, pero te humillaste y te hiciste siervo. Ayúdame a tener el mismo sentir que tú tienes. Ayúdame a pensar más en los demás y menos en mí. Quita mi orgullo y hazme humilde como tú. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 12 completado
Día 11 — Humildad