Enraizados – 30 días con Dios para jóvenes – Libro 3
Día 10 — Dominio propio

Capítulo 11 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 10 — Dominio propio

«Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.»

— Proverbios 25:28

En los tiempos de la Biblia, las ciudades estaban rodeadas de murallas gruesas y fuertes. Las murallas dejaban fuera a los enemigos, a los ladrones y a los animales salvajes. Dentro de las murallas, la gente podía dormir tranquila por la noche. Pero imagina una ciudad cuyas murallas se han derrumbado y son solo montones de escombros. Cualquiera podría entrar sin más. La ciudad quedaría indefensa.

Proverbios dice que una persona sin dominio propio es como esa ciudad. El dominio propio es la muralla que te protege. Sin él, quedas abierto a cualquier cosa: el enojo, las malas decisiones y todo tipo de problemas pueden entrar y tomar el control.

Tener dominio propio significa mandar sobre ti mismo, en vez de dejar que tus sentimientos o tus deseos manden sobre ti. Es decir que no a algo que quieres ahora mismo, porque sabes que no es bueno.

¿Dónde necesitas dominio propio? Quizá:

  • En tu genio. No explotar cuando estás enojado.
  • En tus palabras. No decir lo primero feo que se te pasa por la cabeza.
  • En las pantallas. Apagar el juego cuando toca, aunque tengas muchas ganas de jugar una partida más.
  • En la comida. No comerte la bolsa entera de galletas.
  • En tu cuerpo. No pegar ni empujar cuando estás frustrado.

Aquí tienes un pequeño truco para cuando sientas que estás a punto de perder el control: Para. Respira. Ora. Para antes de actuar. Respira hondo. Luego haz una oración rápida: «¡Dios, ayúdame!».

Y ahora viene lo sorprendente. El dominio propio es el último de la lista del fruto del Espíritu. ¡Eso quiere decir que ni siquiera el dominio propio es algo que haces tú solo! Es un fruto que Dios hace crecer en ti. El Espíritu Santo te da la fuerza para decir que no cuando tú solo no podrías.

Así que, cuando falles (y todos fallamos a veces), no te limites a esforzarte más la próxima vez. Ora más. Pídele al Espíritu que levante tus murallas.

Piénsalo: ¿En qué parte de tu vida te cuesta más tener dominio propio? ¿Qué pasa cuando tus «murallas» están caídas?

Inténtalo: Practica «Para. Respira. Ora.» por lo menos una vez hoy, cuando sientas una emoción fuerte o una tentación.

Querido Dios, quiero tener dominio propio, pero a veces mis sentimientos toman el control. Por favor, levanta murallas fuertes en mi vida. Cuando esté enojado o tentado, ayúdame a parar, respirar y orar. Espíritu Santo, haz crecer en mí el dominio propio. En el nombre de Jesús, amén.

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