Capítulo 5 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 4 — Santo, santo, santo
«En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Y por encima de él estaban serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: “Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”».
— Isaías 6:1–3
Un día, el profeta Isaías tuvo una visión. Vio a Dios sentado en un trono alto, tan grande que solo el borde de su manto llenaba todo el templo. A su alrededor volaban unos seres asombrosos, parecidos a ángeles, llamados serafines. Y se gritaban unos a otros: «¡Santo, santo, santo!».
¿Por qué decirlo tres veces? En el idioma hebreo, repetir una palabra es una forma de hacerla lo más fuerte posible. Decir «santo» una vez significa muy santo. Decirlo tres veces significa lo más santo que pueda existir. La Biblia nunca dice que Dios es «amor, amor, amor» ni «fuerte, fuerte, fuerte». Pero sí dice que él es «santo, santo, santo».
Entonces, ¿qué significa santo? Significa apartado: completamente distinto de todo lo demás. Dios es perfectamente puro. No hay nada malo en él. Ni siquiera un poquito. Nunca ha dicho una mentira, nunca ha sido egoísta, nunca se ha equivocado. Hasta los serafines, que nunca habían pecado, se cubrían el rostro delante de él.
Cuando Isaías vio lo santo que era Dios, de repente también se vio a sí mismo con claridad. Gritó: «¡Ay de mí!». Sabía que él no era puro como Dios. Es como entrar en una habitación muy iluminada y darte cuenta de golpe de todo el barro que llevas en los zapatos.
Pero Dios no dejó a Isaías así. Uno de los serafines voló hacia él con un carbón encendido, le tocó los labios y le dijo que su culpa había sido quitada. Dios limpió a Isaías.
Eso es un adelanto de lo que aprenderemos la próxima semana. Dios es santo, y nosotros no. Ese es un problema muy grande. Pero Dios tiene una manera de limpiarnos, y es la mejor noticia de todas.
Por ahora, recuerda esto: Dios no es solo una versión más grande y más fuerte de nosotros. Él es santo. Merece nuestra adoración, nuestro respeto y todo nuestro corazón.
Piénsalo: Lo primero que le pasó a Isaías al ver a Dios fue que vio su propio pecado. ¿Por qué crees que sucedió eso?
Inténtalo: Escribe la palabra SANTO en tu cuaderno. Debajo, anota tres cosas que aprendiste hoy sobre lo que significa.
Santo, santo, santo Dios, tú eres perfectamente bueno y puro. No hay nadie como tú. Perdóname por las veces que te he tratado como si fueras pequeño. Gracias porque tú limpias a las personas, como lo hiciste con Isaías. Ayúdame a adorarte como tú mereces. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 5 completado
Día 4 — Santo, santo, santo