Capítulo 14 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 13 — Hecho a propósito
«Porque tú formaste mis entrañas; tú me tejiste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque de un modo formidable y maravilloso he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien»
— Salmo 139:13–14
Jada miraba en el móvil fotos de chicos de su clase. Una tenía el pelo perfecto. Otra tenía cien «me gusta» en un video de baile. Al otro lado de la ciudad, Marcos estaba sentado en el banquillo viendo jugar a su equipo. Los otros chicos parecían más rápidos, más altos y mejores en todo. Los dos pensaban lo mismo: ¿Por qué no puedo ser más como ellos?
¿Alguna vez te has sentido así? Es fácil compararte con otros chicos: tu aspecto, tu ropa, tus notas, tus talentos, cuántos amigos tienes. Pero compararse es un juego que nadie gana nunca. Siempre habrá alguien que parezca mejor en algo.
El rey David, que escribió el Salmo 139, tenía otra manera de verse a sí mismo. Dijo que Dios lo había «tejido». Piensa en alguien que teje un suéter. ¡No lo hace por casualidad! Elige cada color y hace cada puntada a propósito. Así te hizo Dios a ti. Tu cara, tu risa, tu forma de ser, cómo funciona tu cerebro, incluso las cosas que te gustaría que fueran distintas: Dios lo sabía todo antes de que nacieras.
Mira la palabra formidable. Viene de una palabra antigua que quería decir «que da miedo». ¡Pero no significa que Dios tuviera miedo cuando te hizo! Significa con asombro y con muchísimo cuidado. Cuando Dios te hizo, hizo algo increíble.
Fíjate en algo más: David no dijo: «He sido hecho de un modo maravilloso… cuando sea tan bueno como ese otro chico». Dijo: «Mi alma lo sabe muy bien». Lo creía de verdad, en lo más hondo.
Esto no quiere decir que seas perfecto ni que nunca te vayas a equivocar. Quiere decir que tu valor no viene de un espejo, de un marcador ni de una pantalla. Viene de Aquel que te hizo y te ama. Nadie más en todo el mundo fue hecho para ser tú.
Y recuerda: los chicos con los que te comparas también fueron tejidos por Dios. Así que, en vez de competir con ellos, puedes alegrarte por ellos.
Piénsalo: ¿Cuándo sientes más ganas de compararte con los demás? ¿Qué cambiaría si de verdad creyeras el Salmo 139:14?
Inténtalo: Escribe «Dios me hizo de un modo formidable y maravilloso» en una nota adhesiva y pégala en tu espejo. Léela en voz alta cada mañana de esta semana.
Querido Dios: gracias por hacerme a propósito. Cuando empiece a compararme con los demás, recuérdame que tú me tejiste y que tus obras son maravillosas. Ayúdame a verme como tú me ves. Y ayúdame a ver así también a los demás. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 14 completado
Día 13 — Hecho a propósito