Enraizados – 30 días con Dios para jóvenes – Libro 1
Día 14 — Hijo de Dios

Capítulo 15 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 14 — Hijo de Dios

«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y lo somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él»

— 1 Juan 3:1

Algunas familias crecen por adopción. Una mamá y un papá eligen a un niño que necesita una familia, y pasan por un proceso largo para que ese niño sea suyo para siempre. El día de la adopción, un juez lo hace oficial. Desde entonces, el niño lleva el apellido de la familia. Tiene un cuarto en la casa, un sitio en la mesa a la hora de cenar y un lugar en cada foto familiar. No es un invitado ni alguien que está de visita. Es parte de la familia.

La Biblia dice que, cuando confías en Jesús, te pasa algo parecido. Dios te adopta en su familia. Te conviertes en un hijo de Dios.

Juan estaba tan asombrado por esto que empezó diciendo: «¡Mirad!». Es una forma antigua de decir: ¡Mira esto! ¡No te lo pierdas! «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios».

Luego añade tres palabritas que es fácil pasar por alto: «y lo somos». No es solo un nombre bonito que nos ponen. Es verdad. Si perteneces a Jesús, Dios de verdad es tu Padre, y tú de verdad eres su hijo.

¿Qué significa eso para ti?

  • Perteneces. Aunque te sientas excluido en la escuela, tienes un lugar en la familia de Dios que nadie te puede quitar.
  • Eres amado. Dios no solo aguanta a sus hijos. Se deleita en ellos.
  • Puedes acudir a él en cualquier momento. Los hijos no necesitan pedir cita para hablar con su papá. Tú tampoco.
  • Tienes una familia enorme. Cada cristiano, en todo el mundo, es tu hermano o tu hermana.

Juan también dice que el mundo «no nos conoce». Algunas personas no van a entender por qué sigues a Jesús. No pasa nada. Tampoco entendieron a Jesús. Lo que más importa es que tu Padre te conoce.

Piénsalo: ¿Qué cambiaría en tu día si de verdad creyeras que eres hijo de Dios?

Inténtalo: Escribe «Soy hijo de Dios» con letras grandes en tu cuaderno. Debajo, escribe tres cosas que son verdad sobre ti gracias a eso.

Querido Padre: gracias por amarme tanto que me hiciste tu hijo. Gracias porque pertenezco a tu familia. Cuando me sienta excluido o solo, ayúdame a recordar de quién soy. Gracias porque puedo acudir a ti en cualquier momento. En el nombre de Jesús, amén.

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