Capítulo 104 · 4 min de lectura · 5 min de escucha
Jesús sube de la tierra al cielo
POCO DESPUÉS de la aparición de Jesús a los siete discípulos junto al mar de Galilea, se celebró una gran reunión de muchos de los que creían en Jesús, en el monte de Galilea adonde Jesús les había dicho que se reunieran. Se dice que en esta reunión se juntaron en un mismo lugar más de quinientas personas que seguían a Jesús. Allí Jesús se mostró a todos ellos. Cuando lo vieron, se postraron en tierra delante de él; pero aun entonces algunos de ellos dudaban si de verdad habían visto al Señor.
Entonces Jesús se acercó a todos ellos y les dijo:
«Mi Padre me ha dado toda potestad, como Hijo de Dios y como Rey del reino de Dios, en el cielo y en la tierra. Por tanto, os mando que vayáis a predicar el evangelio a todo el mundo y que hagáis discípulos de todas las naciones y en todas las tierras. A los que crean en mí, bautizadlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñadles a obedecer todos los mandamientos que yo os he dado. El que crea en mí como su Salvador será salvo de sus pecados; pero el que no quiera creer sufrirá la culpa de sus pecados. Y a los que crean se les darán estos poderes: en mi nombre echarán fuera espíritus malos; hablarán nuevas lenguas; tomarán en sus manos serpientes venenosas y no sufrirán ningún daño; si beben algún veneno, no les hará mal; pondrán las manos sobre los enfermos, y estos sanarán. Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».
Después de esto hubo una novena aparición de Jesús, a Jacobo; no a Jacobo el hermano de Juan, sino a otro Jacobo, que era hijo de José y de María y hermano menor de Jesús. No se nos ha contado lo que se dijo en aquella aparición, pero desde entonces Jacobo fue uno de los principales seguidores de Jesús y, durante muchos años, uno de los dirigentes de la iglesia de Jerusalén. Mucho tiempo después, Jacobo escribió uno de los libros del Nuevo Testamento, la Epístola de Santiago.
Durante cuarenta días, sus discípulos y seguidores vieron a Jesús de vez en cuando. Sabemos de diez veces en total en que Jesús se apareció; pero puede haber habido otras de las que no se hace mención en los evangelios ni en los demás escritos del Nuevo Testamento. Su décima aparición, hasta donde sabemos, y la última, quizá fue en el aposento alto de Jerusalén, cuarenta días después de haber resucitado de su sepulcro. En aquella ocasión les dijo:
«Cuando estaba con vosotros, os dije esto: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en los libros de Moisés, en los salmos y en los profetas».
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran lo que estaba escrito en el Antiguo Testamento.
«Así —les dijo— está escrito que el Cristo, el Rey de Israel, tenía que padecer, morir y resucitar al tercer día, tal como ha sucedido. Y ahora vosotros habéis de salir a predicar que en todas partes los hombres deben volverse de sus pecados a Dios, y recibir el perdón de sus pecados por el poder que me ha sido dado. Y habéis de comenzar vuestra predicación aquí, en Jerusalén, en el mismo lugar donde he sido crucificado. Pronto enviaré sobre vosotros el Espíritu Santo que mi Padre ha prometido. Pero quedaos en esta ciudad hasta que el poder venga sobre vosotros desde lo alto».
Luego el Cristo resucitado los sacó de la ciudad hasta el monte de los Olivos. Nadie, excepto los que creían en él, podía verlo, porque era invisible para todos los demás. Al acercarse a Betania, alzó las manos y bendijo a sus seguidores. Mientras ellos lo miraban, y él tenía las manos extendidas, se elevó por el aire, más y más alto, hasta que al cabo de un rato una nube lo ocultó de su vista, y ya no vieron más a Jesús, el Señor de la gloria.
Mientras miraban hacia arriba, vieron de pie junto a ellos a dos hombres vestidos de blanco resplandeciente, ángeles de Dios. Estos ángeles dijeron a los seguidores de Jesús:
«Varones galileos, ¿por qué estáis aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de entre vosotros, volverá a la tierra de la misma manera en que lo habéis visto subir al cielo».
Así fue llevado Jesucristo arriba al cielo, y allí se sentó en su trono, a la diestra de Dios. Allí sigue sentado todavía, cuidando de su pueblo hasta que llegue el día en que vuelva a la tierra.
Capítulo 104 completado
Jesús sube de la tierra al cielo