Capítulo 7 · 6 min de lectura · 8 min de escucha
El contentamiento, un secreto que se aprende
Pablo escribió una de las cartas más alegres de la Biblia desde la cárcel. Estaba encadenado, esperando saber si lo ejecutarían. Sus amigos de Filipos le habían enviado una ofrenda de dinero, y él les escribió para darles las gracias. En medio de su nota de agradecimiento dijo algo extraordinario:
«No digo esto porque esté pasando necesidad. He aprendido a estar contento sea cual sea mi situación. Sé vivir con poco y sé vivir con mucho. En todas y cada una de las situaciones he sido iniciado en el secreto: a estar saciado y a pasar hambre, a tener de sobra y a pasar necesidad. Tengo fuerzas para cualquier situación en aquel que me fortalece.» (Filipenses 4:11-13)
Dos veces Pablo usa el lenguaje del aprendizaje. «He aprendido a estar contento». «He sido iniciado en el secreto». El contentamiento no era algo con lo que Pablo hubiera nacido. No era un tipo de personalidad. Era una habilidad que había aprendido, y la había aprendido en una escuela dura.
Lo que el contentamiento no es
Vale la pena dejar claro lo que el contentamiento no es.
No es pereza. Pablo trabajaba duro; muchas veces hacía tiendas durante la noche para no ser una carga para las iglesias. Una persona contenta puede tener metas y trabajar para alcanzarlas.
No es fingir. Pablo no fingía no tener hambre cuando la tenía. Nombra su hambre con sencillez. El contentamiento no es poner buena cara.
No es conformarse con la injusticia. La Biblia está llena de clamores por justicia para los pobres. Un cristiano contento puede trabajar para cambiar sistemas injustos, y debería hacerlo.
Y no es solo para los tiempos difíciles. Fíjate en que Pablo dice que aprendió a estar contento tanto en la abundancia como en la necesidad. La abundancia tiene sus propias tentaciones: el orgullo, la autosuficiencia, el olvido de Dios. Estar contento con mucho significa no dejar que lo que tienes te posea, y no necesitar más.
Lo que el contentamiento es
Entonces, ¿qué es? El contentamiento es una paz firme en Dios que no depende de las circunstancias. Es la capacidad de decir, diga lo que diga mi saldo bancario: «Tengo suficiente, porque tengo a Dios».
El autor de Hebreos lo relaciona directamente con la presencia de Dios: “Estén satisfechos con lo que tienen. Porque Dios mismo ha dicho: «Jamás te soltaré, y nunca, nunca te abandonaré»” (Hebreos 13:5). Podemos estar contentos porque nunca estamos solos. Nos falte lo que nos falte, lo tenemos a Él.
Hay una antigua oración en Proverbios que lo dice de forma hermosa:
“Mantén lejos de mí la falsedad y la mentira; no me des ni pobreza ni abundancia, sino aliméntame con el pan que necesito cada día, para que no tenga demasiado y Te rechace diciendo: «¿Quién es el SEÑOR?», ni tenga muy poco y robe, y así deshonre el nombre de mi Dios.” (Proverbios 30:8-9)
Mira esa petición: «No me des ni pobreza ni abundancia». ¿Cuántas personas han orado así alguna vez? La mayoría pedimos que se nos libre de la pobreza, pero no nos importaría probar la riqueza. El escritor es lo bastante sabio para ver que ambas son peligrosas. Demasiado, y podría olvidarse de Dios. Demasiado poco, y podría sentir la tentación de robar. Así que pide solo lo suficiente: «el pan que necesito cada día». Es la misma oración que Jesús nos enseñó: «Danos hoy el pan que necesitamos» (Mateo 6:11).
Cómo lo aprendió Pablo
¿Cómo aprende alguien el contentamiento? Pablo nos dice el secreto en la frase siguiente: «Tengo fuerzas para cualquier situación en aquel que me fortalece». La gente suele citar ese versículo como si hablara de ganar una carrera o aprobar un examen. Pero en su contexto habla de estar contento cuando tienes hambre. Cristo es quien da la fuerza para estar en paz con poco, y la fuerza para seguir siendo humilde con mucho.
Estas son algunas de las lecciones de esa escuela.
Recuerda que lo dejarás todo atrás. «Porque nada trajimos al mundo, y nada podemos llevarnos de él» (1 Timoteo 6:7). Un viejo dicho afirma que un coche fúnebre nunca lleva remolque. Si no lo puedes conservar, no dejes que te retenga.
Compárate hacia abajo, no hacia arriba. Casi todo nuestro descontento viene de compararnos con personas que tienen más. La mayor parte del mundo vive con mucho menos que la mayoría de los lectores de este libro. Compararnos con quienes tienen menos convierte el descontento en gratitud.
Cuenta tus bendiciones, literalmente. Escríbelas. El simple hecho de nombrar los regalos de Dios pone en orden el corazón.
Convierte tus preocupaciones en oración. «No se angustien por nada. Al contrario, en todo, con oración y súplica y con acción de gracias, presenten sus peticiones a Dios. Y la paz de Dios, que está por encima de todo entendimiento, montará guardia sobre sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7). Fíjate en que el contentamiento y la paz llegan por medio de la oración con acción de gracias.
Simplifica. A veces el camino al contentamiento es necesitar menos. Cada posesión hay que guardarla, limpiarla, asegurarla, repararla y, al final, tirarla. Menos cosas pueden significar más libertad.
La piedad con contentamiento
Pablo le escribió a Timoteo: «La piedad es, en efecto, una gran ganancia, cuando va acompañada de contentamiento» (1 Timoteo 6:6). Hay una clase de religión que se usa para enriquecerse. Pablo acababa de advertir contra cierta gente de la que dijo: «Piensan que la piedad es una manera de ganar dinero» (1 Timoteo 6:5). Él le da la vuelta. La piedad sí es una gran ganancia, pero no una ganancia económica. La verdadera ganancia es una vida piadosa con un corazón contento. Esa es una riqueza que ninguna caída de la bolsa puede tocar.
Un salmo muy conocido lo dice de otra manera: «Lo poco que tiene el justo vale más que la riqueza de muchos malvados» (Salmo 37:16). Y Proverbios: «Más vale tener poco y temer al SEÑOR que grandes riquezas con problemas» (Proverbios 15:16).
Una voz del pasado
En El progreso del peregrino, John Bunyan hace que sus peregrinos pasen por el Valle de la Humillación, un lugar humilde que la mayoría de los viajeros teme. Allí encuentran a un pastorcito con ropa pobre y una cara fresca y feliz, que canta para sí mismo. El guía de Bunyan dice que ese muchacho «lleva en su pecho más de esa hierba llamada paz del corazón» que la gente vestida de seda y terciopelo. Esta es la canción del muchacho:
«Contento estoy con lo que tengo, sea poco o sea mucho; y, Señor, aún anhelo el contentamiento, porque Tú salvas a los tales».
John Bunyan, El progreso del peregrino
Para practicar esta semana
Toma Proverbios 30:8-9 y ora con esas palabras cada día de esta semana, despacio y de corazón. Luego, al final de cada día, escribe tres cosas que Dios te dio ese día y que no querrías perder. Al terminar la semana tendrás veintiuna.
Para grupos
- Pablo dice que «aprendió» el contentamiento. ¿Qué experiencias de tu vida te han enseñado el contentamiento, o no lo han logrado?
- ¿Te resulta más difícil estar contento con poco o con mucho? ¿Por qué?
- Lee Proverbios 30:8-9. ¿Podrías orar con sinceridad «No me des ni pobreza ni abundancia»? ¿Qué lo hace difícil?
- ¿Qué cosa podrías simplificar en tu vida para necesitar menos?
Capítulo 7 completado
El contentamiento, un secreto que se aprende