Fiel en lo poco
Gana todo lo que puedas, con honradez

Capítulo 10 · 7 min de lectura · 9 min de escucha

Gana todo lo que puedas, con honradez

En el siglo XVIII, John Wesley predicó un sermón titulado «El uso del dinero». Llegó a ser uno de los sermones más famosos jamás predicados sobre el tema, porque resumía la enseñanza de la Biblia en tres reglas que cualquiera podía recordar:

Ganad todo lo que podáis. Ahorrad todo lo que podáis. Dad todo lo que podáis.

Lo sorprendente es la primera regla. Wesley era un hombre de profunda santidad que vivía con mucha sencillez. Uno esperaría que advirtiera a la gente que no ganara dinero en absoluto. En cambio, empezó con «Ganad todo lo que podáis», y lo decía en serio. Dijo que los cristianos deben trabajar duro y ganar bien, usando «todo el entendimiento que Dios os ha dado». La culpa, dijo, «no está en el dinero, sino en quienes lo usan».

Pero puso condiciones, y son importantes. Debemos ganar todo lo que podamos sin dañar nuestro cuerpo ni nuestra salud, sin dañar nuestra mente ni nuestra alma, y sin dañar a nuestro prójimo. En otras palabras: gana todo lo que puedas, con honradez.

Balanzas justas

La Biblia tiene mucho que decir sobre cómo se gana el dinero, no solo sobre cómo se gasta. Uno de sus mandatos más repetidos tiene que ver con las pesas y las medidas. En el mundo antiguo, comprar y vender implicaba pesar mercancías o plata en una balanza. Un comerciante deshonesto podía tener dos juegos de pesas, uno pesado para comprar y otro liviano para vender, y engañar un poco a cada cliente.

Dios lo aborrece:

«El SEÑOR detesta las balanzas tramposas, pero la pesa justa Le agrada.» (Proverbios 11:1)

El profeta Amós denunció a los comerciantes de su época, que no veían la hora de que terminaran los días santos para volver a sus negocios, «achicando el efa y agrandando el siclo, y engañando con balanzas tramposas, para comprar a los pobres por plata» (Amós 8:5-6). Iban a adorar, pero tenían el corazón en sus tiendas, y sus tiendas estaban construidas sobre el engaño.

Hoy no usamos balanzas, pero el principio es el mismo. Las balanzas tramposas hoy son una factura inflada, un cargo oculto, un anuncio engañoso, un reporte de gastos alterado, un impuesto sin pagar, un trabajo «en negro» para no declarar ingresos, o vender algo con una falla que conoces pero no mencionas. También son el empleado que cobra el sueldo completo por la mitad del trabajo. Dios lo ve todo, y a Él le importa.

Más vale poco ganado con honradez

Proverbios le da al trabajador honrado una promesa y una advertencia:

«El dinero fácil pronto se esfuma, pero quien lo junta poco a poco lo hace crecer.» (Proverbios 13:11)

Hay un tipo de riqueza que llega rápido: el premio de la lotería, el plan para hacerse rico de la noche a la mañana, el negocio turbio. Y hay otro tipo que llega despacio, poco a poco, por medio del trabajo honrado y el ahorro paciente. La Biblia desconfía del primero y elogia el segundo. «La persona fiel será bendecida en abundancia, pero la que se apresura a hacerse rica no escapará del castigo» (Proverbios 28:20).

Mejor aún: «Más vale poco ganado con honradez que una fortuna hecha con injusticia» (Proverbios 16:8). La integridad vale más que los ingresos. Si tienes que elegir entre perder dinero y perder tu honradez, pierde el dinero.

Cómo es el trabajo honrado

Estas son algunas señales del trabajo honrado para un cristiano.

Trabaja la jornada completa. Ya sea que trabajes para un empleador o por tu cuenta, da aquello por lo que te pagan. Pablo les dice a los trabajadores: «No trabajen solo cuando los están mirando, para ganarse su favor, sino con un corazón íntegro» (Colosenses 3:22).

Cobra un precio justo. No te aproveches de la ignorancia ni de la desesperación de la gente. Zaqueo, el cobrador de impuestos, cuando Jesús llegó a su casa, prometió devolver cuatro veces más de todo lo que hubiera tomado con engaño (Lucas 19:8).

Paga con justicia. Si tienes empleados, págales a tiempo y con justicia. Santiago advierte a los ricos terratenientes: «El jornal que retuvieron a los trabajadores que segaron sus campos está clamando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos» (Santiago 5:4). Dios oye el clamor de los trabajadores mal pagados.

Paga tus impuestos. Jesús dijo: «Pues entonces, lo que le deben al César, páguenselo al César, y lo que le deben a Dios, páguenselo a Dios» (Mateo 22:21). Pablo dice lo mismo: «Paguen a cada uno lo que le deben: impuestos a quien cobra impuestos» (Romanos 13:7).

Elige tu trabajo con sabiduría. Wesley advertía contra cualquier oficio que dañe el cuerpo o el alma del trabajador o del cliente. Algunas formas de ganar dinero simplemente no están abiertas para un cristiano, por muy rentables que sean.

Conténtate con tu sueldo, y aun así pide lo que es justo. Cuando unos soldados le preguntaron a Juan el Bautista cómo era el arrepentimiento para ellos, les dijo: «No le saquen dinero a nadie con amenazas ni hagan denuncias falsas, y confórmense con su sueldo» (Lucas 3:14). Hay un contentamiento piadoso que no se queja todo el tiempo. Eso no significa que nunca puedas pedir un aumento o buscar un mejor trabajo. Significa que no usas tu posición para quedarte con lo que no es tuyo.

Por qué la honradez es un testimonio

Tratar con honradez es una de las formas más poderosas en que un cristiano puede mostrarle al mundo cómo es Dios. Quizá la gente nunca lea tu Biblia, pero sí leerá tus facturas. Cuando un plomero cristiano se niega a cobrar de más, cuando un empleado cristiano reconoce un error que le costó dinero a la empresa, cuando un empresario cristiano les paga a tiempo a sus proveedores, la gente lo nota.

Lo contrario también es cierto. Pocas cosas dañan tanto la reputación de Jesús como los cristianos que hacen trampa en los negocios. «Una buena reputación vale más que una gran fortuna» (Proverbios 22:1).

Gana todo lo que puedas

No pierdas de vista el lado positivo. Wesley realmente dijo: «Ganad todo lo que podáis». No hay nada más santo en ser pobre por pereza o descuido. Si Dios te ha dado capacidad, úsala. Trabaja duro. Aprende nuevas habilidades. Emprende un negocio si tienes el don para ello. Pide un salario justo. Un cristiano que gana bien y da con generosidad puede hacer muchísimo bien.

Solo recuerda que la primera regla es solo la primera. Ganar nunca es la meta. Es el punto de partida para ahorrar y dar, como veremos. Wesley advirtió que quienes obedecen la primera regla y se quedan ahí corren un gran peligro.

Una voz del pasado

Charles Spurgeon, al leer el proverbio sobre el que se apresura a enriquecerse, escribió esto:

«El que se apresura a enriquecerse no quedará sin culpa ni estará seguro; mas la perseverancia constante en la integridad, aunque no traiga riquezas, ciertamente traerá paz.»

Charles H. Spurgeon, El Talonario del Banco de la Fe

Y Wesley, en «El uso del dinero»:

«Ganad todo lo que podáis por medio de un trabajo honrado.»

John Wesley, El uso del dinero

Para practicar esta semana

Haz un examen de honradez de tu trabajo y tus finanzas. ¿Hay algo que estés haciendo en el trabajo que te avergonzaría que Jesús viera? ¿Algún impuesto que hayas evitado pagar, algún reporte de gastos que hayas inflado, algún cliente al que le hayas cobrado de más? Si es así, arréglalo esta semana, aunque te cueste. Si puedes, devuelve lo que tomaste, como hizo Zaqueo.

Para grupos

  • ¿Por qué crees que Wesley comenzó sus tres reglas con «Ganad todo lo que podáis» en lugar de «Dad todo lo que podáis»?
  • ¿Cuáles son algunas formas modernas de «balanzas tramposas»?
  • Lean Proverbios 13:11 y 28:20. ¿Por qué la Biblia desconfía tanto de hacerse rico rápidamente?
  • ¿Cómo ha influido la honradez de alguien en los negocios, o su falta de ella, en tu opinión sobre su fe?

Capítulo 10 completado

Gana todo lo que puedas, con honradez

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