Hijas del Rey – 30 días con Dios para chicas – Libro 1
Día 8 — La hermana en la que nadie se fijaba

Capítulo 9 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 8 — La hermana en la que nadie se fijaba

«Y vio el Señor que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril.»

— Génesis 29:31

«Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: “Esta vez alabaré al Señor”; por esto llamó su nombre Judá.»

— Génesis 29:35

Lea y Raquel eran hermanas. La Biblia nos cuenta que Raquel era «de lindo semblante y de hermoso parecer». Pero de Lea solo dice que sus ojos «eran delicados». Raquel era la que todos miraban. Lea era aquella en la que nadie se fijaba.

Cuando un hombre llamado Jacob vino a vivir con su familia, se enamoró de Raquel enseguida. Por un engaño del padre de las chicas, Jacob terminó casado con las dos hermanas. Pero todos sabían que Jacob amaba más a Raquel.

¿Te imaginas cómo se sentía Lea? Siempre la segunda. Siempre comparada con su hermana tan guapa. Siempre deseando que alguien la quisiera como querían a Raquel.

Pero la Biblia dice algo precioso: «Vio el Señor que Lea era menospreciada…». Nadie más parecía darse cuenta del dolor de Lea. Pero Dios sí. Él la vio.

Lea tuvo hijos, y cada vez que nacía uno, le ponía un nombre que mostraba lo que había en su corazón. Con su primer hijo dijo: «Ha mirado el Señor mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido». Con el segundo y el tercero, seguía esperando que por fin su marido la amara.

Pero cuando nació su cuarto hijo, algo había cambiado. Entonces dijo: «Esta vez alabaré al Señor». Y lo llamó Judá, que suena como la palabra hebrea que significa «alabanza».

Lea dejó de esforzarse tanto por ganar el amor que no tenía, y empezó a alabar a Dios por el amor que sí tenía.

Y aquí viene lo más asombroso: Dios hizo algo maravilloso por medio de Judá, el hijo de Lea. Muchos años después, el rey David nació de la familia de Judá. ¡Y muchos años más tarde, Jesús también nació de esa familia! La hermana en la que nadie se fijaba llegó a formar parte de la historia más grande de Dios.

Quizá te has sentido como Lea. Quizá tienes una hermana, una prima o una amiga que siempre recibe más atención. Quizá te sientes olvidada. Dios te ve. Para él no eres el segundo lugar.

Piénsalo: ¿Alguna vez te has sentido como Lea, olvidada o comparada con otra persona? ¿Cómo te ayuda saber que Dios la vio a ella, y que te ve a ti?

Inténtalo: Lea dijo: «Esta vez alabaré al Señor». Escribe tres cosas por las que puedes alabar a Dios hoy, aunque algo en tu vida te parezca injusto.

Querido Dios, gracias porque viste a Lea cuando nadie más la veía, y porque también me ves a mí. Cuando me sienta olvidada o comparada con los demás, ayúdame a volver mi corazón hacia ti para alabarte. Gracias porque para ti nunca soy el segundo lugar. En el nombre de Jesús, amén.

Página 1 / 1 · 2 min restantes en el capítulo
Anterior Siguiente