Hijas del Rey – 30 días con Dios para chicas – Libro 1
Día 25 — Ana abre su corazón

Capítulo 26 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 25 — Ana abre su corazón

«“No, señor mío”, respondió Ana. “Soy una mujer atribulada de espíritu. No he bebido vino ni bebida fuerte, sino que he derramado mi alma delante del Señor”».

— 1 Samuel 1:15

Ana quería tener un bebé más que nada en el mundo. Pero pasaba un año tras otro, y el bebé no llegaba. Y lo peor era que otra mujer de su casa tenía muchos hijos, y se burlaba de Ana por eso una y otra vez. Ana estaba tan triste que lloraba y no podía comer.

Un año, cuando su familia fue a la casa de Dios, Ana se apartó a solas para orar. Y oró con todo su corazón. Estaba tan angustiada que sus labios se movían, pero no salía ningún sonido. Lloraba y lloraba.

El sacerdote Elí la estaba mirando. Vio que sus labios se movían sin hacer ruido, ¡y pensó que estaba borracha! Y la regañó.

Pero Ana le respondió: «No, señor mío. Soy una mujer atribulada de espíritu… he derramado mi alma delante del Señor.»

Imagina que viertes el agua de una jarra. La inclinas, y todo lo que hay dentro sale, todo. Así oró Ana. No se guardó nada. Le dijo a Dios exactamente cómo se sentía: su tristeza, su dolor, lo mucho que deseaba un hijo.

Y después de orar, algo cambió. La Biblia dice que se fue por su camino, comió algo y «no estuvo más triste». Todavía no había recibido su respuesta. Pero le había entregado su carga a Dios, y él le dio paz.

Y Dios sí le respondió. Ana tuvo un niño, y le puso por nombre Samuel, que en hebreo suena parecido a «escuchado por Dios». Samuel creció y llegó a ser uno de los profetas más grandes de Israel.

Algunas chicas sienten que tienen que estar bien todo el tiempo. Poner una sonrisa. Hacer como que todo va bien. Tal vez sientes que tus sentimientos son «demasiado». Pero Ana nos enseña que podemos ser completamente sinceras con Dios. Puedes derramar tu alma delante de él: tus lágrimas, tus miedos, tu enojo y tus esperanzas. Él puede con todo eso, y le importas.

Ana nos muestra que orar no se trata de usar las palabras correctas. Se trata de llevarle tu corazón de verdad a un Dios que escucha.

Piénsalo: ¿Hay algo que te pesa en el corazón y que todavía no has «derramado» por completo delante de Dios?

Inténtalo: Busca hoy un lugar tranquilo y ábrele tu corazón a Dios, en voz alta o en tu diario. Cuéntaselo todo, y no te guardes nada.

Querido Dios, gracias porque puedo abrirte mi corazón, igual que lo hizo Ana. Contigo no tengo que fingir. Esto es lo que hay en mi corazón: [cuéntaselo]. Gracias por escucharme y por darme paz. En el nombre de Jesús, amén.

Página 1 / 1 · 2 min restantes en el capítulo
Anterior Siguiente