Corrie ten Boom (Para niños)
Una casa llena de relojes

Capítulo 1 · 2 min de lectura · 2 min de escucha

Una casa llena de relojes

“Pidan por la paz de Jerusalén. Los que la aman serán bendecidos.” — del Salmo 122

En la vieja ciudad holandesa de Haarlem, en una callecita llena de tiendas, hay una casa alta y estrecha. Por dentro, las escaleras son empinadas y llenas de vueltas, y los cuartos están en niveles distintos y curiosos. La familia que vivió allí durante más de cien años la llamaba el Beje. (Se pronuncia más o menos “béi-yei”).

Abajo había una relojería. El abuelo de Corrie, Willem ten Boom, la abrió en 1837. Durante cien años la familia ten Boom arregló relojes de pared y de pulsera en aquel cuartito de la entrada. La gente les confiaba sus relojes queridos, y los ten Boom siempre se los devolvían arreglados con honradez.

La familia recordaba algo más del abuelo Willem. Contaban que en 1844 oyó un sermón sobre orar por Jerusalén. Desde entonces reunía a unos cuantos amigos una vez por semana para orar por el pueblo judío. Sus hijos y sus nietos crecieron con esa oración.

Corrie nació el 15 de abril de 1892 en la ciudad de Ámsterdam, donde su padre tenía una tienda en aquel tiempo. Su familia recordaba que nació un mes antes de tiempo y que era tan chiquita que nadie pensaba que viviría mucho. ¡Pero vivió hasta los noventa y un años! Poco después la familia se mudó a Haarlem, al Beje, y esa fue la casa de Corrie durante más de cincuenta años.

Corrie era la menor. Tenía un hermano mayor, Willem, y dos hermanas mayores, Betsie y Nollie. (Otro hermanito había muerto cuando era muy pequeño). Tres hermanas de su mamá, las tías de Corrie, también vinieron a vivir al Beje. La casa estrecha siempre estaba llena, pero en la mesa siempre había lugar para uno más.

Los ten Boom todavía no lo sabían, pero todos esos años de orar y de hacer lugar a otros los estaban preparando para algo muy grande. Dios también usa las cosas pequeñas que hacemos cada día: nuestras oraciones, nuestra bondad y el lugar que les hacemos a los demás.

Querido Dios, gracias por mi casa y por mi familia. Ayúdame a orar por otras personas y a hacer siempre lugar para uno más. Amén.

Conversen juntos

Hagan primero las preguntas; luego toquen una para ver una nota para los adultos.

¿Qué era el Beje?

La casa alta y estrecha de Haarlem donde vivía la familia ten Boom, con su relojería en la planta de abajo.

¿Qué empezó a hacer cada semana el abuelo Willem?

La familia recordaba que reunía a unos amigos una vez por semana para orar por el pueblo judío y por la paz de Jerusalén.

¿A quién podrías hacerle lugar en tu mesa o en tus juegos?

Cualquier respuesta sincera está bien. La idea del capítulo: la bondad y la oración pequeñas de cada día le importan a Dios, y él puede usarlas de maneras grandes.

Capítulo 1 completado

Una casa llena de relojes

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