El Talonario del Banco de la Fe
El mes de julio

Capítulo 8 · 36 min de lectura

El mes de julio

1 de julio

DIOS CON NOSOTROS

«Dios estará con vosotros» Génesis 48:21

El buen anciano Jacob ya no podía estar con José, porque le había llegado la hora de morir; pero dejó a su hijo sin ansiedad, pues dijo con confianza: «Dios estará con vosotros». Cuando nuestros parientes más queridos, o nuestros amigos más serviciales, son llamados al hogar por la muerte, hemos de consolarnos con la reflexión de que el Señor no se ha apartado de nosotros, sino que vive para nosotros y permanece con nosotros para siempre.

Si Dios está con nosotros, estamos en compañía ennoblecedora, aunque seamos pobres y despreciados. Si Dios está con nosotros, tenemos una fuerza suficiente para todo, porque nada hay demasiado difícil para el Señor. Si Dios está con nosotros, siempre estamos seguros, porque nadie puede dañar a quienes andan bajo su sombra. ¡Oh, qué gozo tenemos aquí! No solo está Dios con nosotros, sino que estará con nosotros. Con nosotros como individuos; con nosotros como familias; con nosotros como iglesias. ¿No es acaso el propio nombre de Jesús, Emanuel: Dios con nosotros? ¿No es esto lo mejor de todo, que Dios está con nosotros? Seamos valientemente diligentes y gozosamente esperanzados. Nuestra causa ha de prosperar, la verdad ha de vencer, porque el Señor está con quienes están con Él.

Que durante todo este día sea disfrutada esta dulce palabra por todo creyente que acuda al «Talonario de cheques de la fe». No es posible mayor felicidad.

2 de julio

SUEÑO REPARADOR

«Así da Dios a su amado el sueño» Salmos 127:2

La nuestra no es una vida de ansiosa preocupación, sino de feliz fe. Nuestro Padre celestial suplirá las necesidades de sus propios hijos, y Él sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos. Podemos, por tanto, ir a nuestras camas a la hora debida, y no agotarnos quedándonos despiertos hasta tarde para tramar, planear y maquinar. Si hemos aprendido a apoyarnos en nuestro Dios, no yaceremos despiertos con el temor royéndonos el corazón; sino que dejaremos nuestro cuidado con el Señor, será dulce nuestra meditación en Él, y Él nos dará un sueño reparador.

Ser el amado del Señor es el más alto honor posible, y quien lo posee puede sentir que la ambición misma no podría desear más, y por tanto todo deseo egoísta puede irse a dormir. ¿Qué más hay, incluso en el Cielo, que el amor de Dios? Descansa, pues, oh alma, porque todo lo tienes.

Sin embargo, nos revolvemos de un lado a otro a menos que el Señor mismo nos dé no solo las razones para el descanso, sino el descanso mismo. Sí, esto es lo que Él hace. Jesús mismo es nuestra paz, nuestro descanso, nuestro todo. Sobre su seno dormimos en perfecta seguridad, tanto en la vida como en la muerte.

«Rociado de nuevo con sangre perdonadora,

me acuesto a descansar,

como en los abrazos de mi Dios,

o sobre el pecho de mi Salvador.

3 de julio

UN GUÍA HASTA EL FINAL

«Él será nuestro guía aun hasta la muerte» Salmos 48:14

Necesitamos un guía. A veces daríamos todo lo que tenemos por que se nos dijera exactamente qué hacer y hacia dónde volvernos. Estamos dispuestos a obrar bien, pero no sabemos cuál de dos caminos hemos de seguir. ¡Oh, un guía!

El Señor nuestro Dios se digna servirnos de guía. Él conoce el camino, y nos pilotará por él hasta que lleguemos en paz al fin de nuestro viaje. Ciertamente no deseamos una dirección más infalible. Pongámonos absolutamente bajo su guía, y nunca erraremos el camino. Hagámoslo nuestro Dios y lo hallaremos nuestro guía. Si seguimos su ley no perderemos el recto camino de la vida, con tal que primero aprendamos a apoyarnos en Él en cada paso que demos.

Nuestro consuelo es que, como Él es nuestro Dios por los siglos de los siglos, nunca dejará de estar con nosotros como nuestro guía. «Aun hasta la muerte» nos conducirá, y entonces moraremos con Él eternamente, y no saldremos más para siempre. Esta promesa de guía divina implica una seguridad para toda la vida: salvación de inmediato, guía hasta nuestra última hora, y luego bienaventuranza sin fin. ¿No debería cada uno buscar esto en la juventud, gozarse en ello en la madurez, y reposar en ello en la vejez? Este día levantemos la mirada en busca de guía antes de aventurarnos fuera de casa.

4 de julio

LA PALABRA, ALIMENTO NECESARIO

«No con solo el pan vivirá el hombre, sino con toda palabra que sale de la boca de Dios.» Mateo 4:4

Si Dios así lo quisiera, podríamos vivir sin pan, tal como Jesús lo hizo durante cuarenta días; pero no podríamos vivir sin su Palabra. Por esa Palabra fuimos creados, y solo por ella podemos ser mantenidos en la existencia, porque Él sustenta todas las cosas con la Palabra de su poder. El pan es una causa segunda; el Señor mismo es la fuente primera de nuestro sustento. Él puede obrar sin la causa segunda tan bien como con ella; y no debemos atarlo a un solo modo de obrar. No estemos demasiado ansiosos tras lo visible, sino miremos al Dios invisible. Hemos oído a creyentes decir que en profunda pobreza, cuando escaseaba el pan, también su apetito se acortaba; y a otros, cuando faltaban las provisiones comunes, el Señor les ha enviado ayuda inesperada. Pero hemos de tener la Palabra del Señor. Solo con ella podemos resistir al diablo. Quítesenos esto, y nuestro enemigo nos tendrá en su poder, porque pronto desfalleceremos. Nuestras almas necesitan alimento, y no lo hay para ellas fuera de la Palabra del Señor. Todos los libros y todos los predicadores del mundo no pueden proporcionarnos una sola comida: solo la Palabra de la boca de Dios puede llenar la boca de un creyente. Señor, danos siempre este pan. Lo apreciamos por encima de los manjares reales.

5 de julio

LIBERACIÓN COMPLETA

«Pero yo te libraré en aquel día, dice el Señor; y no serás entregado en mano de los hombres a quienes temes.» Jeremías 39:17

Cuando los fieles del Señor están sufriendo por Él, recibirán dulces mensajes de amor de parte suya, y a veces tendrán buenas nuevas para quienes simpatizan con ellos y les ayudan. Ebed-melec no era más que un despreciado etíope, pero fue bondadoso con Jeremías, y por eso el Señor le envió esta promesa especial por boca de su profeta. Seamos siempre solícitos con los perseguidos siervos de Dios, y Él nos recompensará.

Ebed-melec había de ser librado de los hombres cuya venganza temía. Era un humilde hombre negro, pero Jehová cuidaría de él. Miles fueron muertos por los caldeos, pero este humilde negro no podía ser dañado. También nosotros podemos temer a algunos poderosos que están amargamente en contra nuestra; pero si hemos sido fieles a la causa del Señor en la hora de la persecución, Él nos será fiel. Después de todo, ¿qué puede hacer un hombre sin el permiso del Señor? Él pone un freno en la boca de la furia, y una brida sobre la cabeza del poder. Temamos al Señor, y no tendremos a nadie más a quien temer. Ningún vaso de agua fría dado a un despreciado profeta de Dios quedará sin su recompensa; y si nos ponemos de parte de Jesús, Jesús se pondrá de parte de nosotros.

6 de julio

SU AMOR; SU DÁDIVA; SU HIJO

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.» Juan 3:16

De todas las estrellas del cielo, la estrella polar es la más útil para el marinero. Este texto es una estrella polar, porque ha guiado más almas a la salvación que cualquier otra Escritura. Es entre las promesas lo que la Osa Mayor es entre las constelaciones.

Varias palabras en él brillan con particular resplandor. Aquí tenemos el amor de Dios, con un «de tal manera» que marca su grandeza inconmensurable. Luego tenemos la dádiva de Dios en toda su gratuidad y grandeza. Esta es también el Hijo de Dios, esa única e inestimable dádiva de un amor que nunca podría mostrarse plenamente hasta que el Unigénito del Cielo hubiera sido enviado a vivir y morir por los hombres. Estos tres puntos están llenos de luz.

Luego está el sencillo requisito de creer, que graciosamente señala un camino de salvación adecuado para hombres culpables. Esto se refuerza con una amplia descripción: «todo aquel que en Él cree». Muchos han hallado sitio en ese «todo aquel» que se habrían sentido excluidos por una palabra más estrecha. Luego viene la gran promesa: que los que creen en Jesús no se perderán, sino que tendrán vida eterna. Esto es alentador para todo hombre que siente que está a punto de perecer, y que no puede salvarse a sí mismo. Creemos en el Señor Jesús, y tenemos vida eterna.

7 de julio

UN CORO DE MONTAÑAS

«Cantad, oh cielos, y alégrate, oh tierra; prorrumpid en cánticos, oh montes; porque el Señor ha consolado a su pueblo, y de sus afligidos tendrá misericordia.» Isaías 49:13

Tan dulces son los consuelos del Señor, que no solo los santos mismos pueden cantar de ellos, sino que aun los cielos y la tierra pueden entonar el canto. Algo hace falta para hacer cantar a una montaña; y sin embargo el profeta convoca a todo un coro de ellas. El Líbano, y el Sirión, y los altos montes de Basán y Moab: a todos los pondría a cantar por la gracia de Jehová hacia su propia Sion. ¿No podemos también nosotros hacer que las montañas de dificultad, y prueba, y misterio, y trabajo se conviertan en ocasiones de alabanza a nuestro Dios? «¡Prorrumpid en cánticos, oh montes!»

Esta palabra de promesa, que nuestro Dios tendrá misericordia de sus afligidos, tiene todo un repique de campanas asociado a ella. Oíd su música: «¡Cantad!» «¡Alegraos!» «¡Prorrumpid en cánticos!» El Señor quiere que su pueblo sea feliz a causa de su amor inagotable. No nos quiere tristes y dudosos; reclama de nosotros la adoración de corazones creyentes. Él no puede fallarnos: ¿por qué habríamos de suspirar o enfurruñarnos como si fuera a hacerlo? ¡Oh, un arpa bien afinada! ¡Oh, voces como las de los querubines ante el trono!

8 de julio

UN CAMPAMENTO DE ÁNGELES

«El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los libra.» Salmos 34:7

No podemos ver a los ángeles, pero basta con que ellos puedan vernos. Hay un gran Ángel del Pacto, a quien, sin haberle visto, amamos, y su ojo está siempre sobre nosotros, de día y de noche. Tiene bajo sus órdenes una hueste de seres santos, y los hace guardianes de sus santos para protegerlos de todo mal. Si los demonios nos hacen daño, los seres resplandecientes nos prestan servicio. Nótese que el Señor de los ángeles no viene y va, ni nos hace visitas pasajeras, sino que Él y sus ejércitos acampan en torno nuestro. El cuartel general del ejército de la salvación está donde viven aquellos cuya confianza está en el Dios vivo. Este campamento rodea a los fieles, de modo que no pueden ser atacados por ningún flanco a menos que el adversario logre romper las trincheras del Señor de los ángeles. Tenemos una protección fija, una guardia permanente. Custodiados por los mensajeros de Dios, no seremos sorprendidos por asaltos repentinos, ni tragados por fuerzas abrumadoras. En este versículo se promete liberación: liberación por el gran Capitán de nuestra salvación, y esa liberación la obtendremos una y otra vez hasta que se cumpla nuestra milicia y cambiemos el campo de batalla por el hogar del descanso.

9 de julio

FIEL Y ÚTIL

«Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que moren conmigo; el que ande en camino perfecto, ése me servirá Salmos 101:6

Si David habló así, podemos estar seguros de que el Hijo de David será del mismo parecer. Jesús busca hombres fieles, y fija en ellos sus ojos, para observarlos, para promoverlos, para animarlos y para recompensarlos. Que ningún hombre de corazón sincero piense que es pasado por alto; el Rey mismo tiene su ojo puesto en él.

Hay dos resultados de esta atención regia. Primero leemos: «para que moren conmigo». Jesús trae a los fieles a su casa, los pone en su palacio, los hace sus compañeros, se deleita en su compañía. Debemos ser fieles a nuestro Señor, y entonces Él se manifestará a nosotros. Cuando nuestra fidelidad nos cueste más, será mejor recompensada; cuanto más furiosamente nos rechacen los hombres, con más gozo nos recibirá nuestro Señor.

Luego dice del hombre sincero: «ése me servirá». Jesús usará para su propia gloria a quienes desdeñan las tretas de la política, y son fieles a Él mismo, a su Palabra y a su Cruz. Estos estarán en su séquito real, los honrados siervos de su Majestad. Comunión y utilidad son el salario de la fidelidad. Señor, hazme fiel, para que more contigo y te sirva.

10 de julio

AME A LA IGLESIA

«Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo señalado ha llegado. Porque tus siervos se complacen en sus piedras, y del polvo de ella se compadecen.» Salmos 102:13, 14

Sí, nuestras oraciones por la iglesia serán oídas. El plazo señalado ha llegado. Amamos la reunión de oración, y la escuela dominical, y todos los cultos de la casa del Señor. Estamos unidos de corazón a todo el pueblo de Dios, y podemos decir con verdad: «No hay un cordero en todo tu rebaño que yo desdeñara apacentar; no hay enemigo ante cuyo rostro temiera defender tu causa».

Si este es el sentir general, pronto disfrutaremos de tiempos de refrigerio de la presencia del Señor. Nuestras asambleas se llenarán, los santos serán reavivados, y los pecadores serán convertidos. Esto solo puede venir de la misericordia del Señor; pero vendrá, y estamos llamados a esperarlo. El tiempo, el plazo señalado, ha llegado. Espabilémonos. Amemos cada piedra de nuestra Sion, aunque esté caída. Atesoremos la más pequeña verdad, la más pequeña ordenanza, el más pequeño creyente, aunque algunos los desprecien como si fueran solo polvo. Cuando favorecemos a Sion, Dios está a punto de favorecerla. Cuando nos complacemos en la obra del Señor, el Señor mismo se complacerá en ella.

11 de julio

NUNCA SEPARADOS DE DIOS

«Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» Juan 11:26

Sí, Señor, lo creemos; nunca moriremos. Nuestra alma puede ser separada de nuestro cuerpo, y esto es una clase de muerte; pero nuestra alma nunca será separada de Dios, lo cual es la verdadera muerte: la muerte que fue amenazada al pecado, la pena de muerte que es la peor que puede sobrevenir. Esto lo creemos con toda certeza, porque ¿quién nos separará del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro? Somos miembros del Cuerpo de Cristo; ¿perderá Cristo partes de su cuerpo? Estamos casados con Jesús; ¿quedará Él privado y viudo? No es posible. Hay dentro de nosotros una vida que no es capaz de ser dividida de Dios; sí, y el Espíritu Santo mora dentro de nosotros, ¿y cómo, entonces, podríamos morir? Jesús mismo es nuestra vida, y por tanto no hay muerte para nosotros, porque Él no puede volver a morir. En Él morimos al pecado una vez, y la sentencia capital no puede ejecutarse por segunda vez. Ahora vivimos, y vivimos para siempre. El galardón de la justicia es la vida eterna, y no tenemos nada menos que la justicia de Dios, y por tanto podemos reclamar el más alto galardón.

Viviendo y creyendo, creemos que viviremos y gozaremos. Por lo cual seguimos adelante con plena certeza de que nuestra vida está segura en nuestra Cabeza viviente.

12 de julio

A QUIÉN, CUÁNDO, CÓMO LIBRAR

«El Señor sabe librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio.» 2 Pedro 2:9

Los piadosos son tentados y probados. No es verdadera fe la que nunca es puesta a prueba. Pero los piadosos son librados de sus pruebas, y no por casualidad, ni por agentes secundarios, sino por el Señor mismo. Él personalmente asume el oficio de librar a quienes confían en Él. Dios ama a los piadosos o semejantes a Dios, y tiene por norma saber dónde están y cómo les va.

A veces su camino parece un laberinto, y no pueden imaginar cómo escaparán del peligro que los amenaza. Lo que ellos no saben, su Señor lo sabe. Él sabe a quién librar, y cuándo librar, y cómo librar. Él libra de la manera que es más beneficiosa para el piadoso, más aplastante para el tentador, y más glorificadora para Sí mismo. Podemos dejar el «cómo» al Señor, y contentarnos con regocijarnos en el hecho de que Él, de un modo u otro, llevará a su propio pueblo a través de todos los peligros, pruebas y tentaciones de esta vida mortal, hasta su propia diestra en gloria.

Este día no me toca a mí escudriñar los secretos de mi Señor, sino esperar pacientemente su tiempo, sabiendo esto: que, aunque yo nada sé, mi Padre celestial sabe.

13 de julio

CONFIANZA ABSOLUTA

«Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque pusiste tu confianza en mí, dice el Señor.» Jeremías 39:18

He aquí el poder protector de la confianza en Dios. Los grandes hombres de Jerusalén cayeron a espada, pero el pobre Ebed-melec estuvo seguro, porque su confianza estaba en Jehová. ¿Dónde más habría de confiar un hombre sino en su Hacedor? Somos necios cuando preferimos la criatura al Creador. ¡Oh, si en todas las cosas pudiéramos vivir por fe, entonces seríamos librados en todo tiempo de peligro! Nadie jamás confió en el Señor en vano, y nadie jamás lo hará.

Dice el Señor: «Ciertamente te libraré». Nótese el «ciertamente» divino. Sea lo que sea incierto, el cuidado de Dios por los creyentes es seguro. Dios mismo es el guardián de los que reciben gracia. Bajo su sagrada ala hay seguridad aun cuando todo peligro anda suelto. ¿Podemos aceptar esta promesa como segura? Entonces, en nuestra actual emergencia, hallaremos que permanece firme. Esperamos ser librados porque tenemos amigos, o porque somos prudentes, o porque podemos ver señales esperanzadoras; pero ninguna de estas cosas es ni la mitad de buena que el sencillo «porque pusiste tu confianza en mí» de Dios. Querido lector, pruebe este camino, y, al probarlo, se mantendrá en él toda su vida. Es tan dulce como seguro.

14 de julio

CARGAS ECHADAS SOBRE ÉL

«Echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.» Salmos 55:22

Es una carga pesada; hágala rodar sobre la Omnipotencia. Ahora es su carga, y le agobia; pero cuando el Señor la tome, no hará nada de ella. Si todavía es usted llamado a llevarla, «Él te sustentará». Estará sobre Él, y no sobre usted. Será usted sostenido de tal modo bajo ella que la carga será una bendición. Meta al Señor en el asunto y se mantendrá erguido bajo aquello que en sí mismo le doblegaría.

Nuestro peor temor es que nuestra prueba nos aparte de la senda del deber; pero esto el Señor nunca lo permitirá. Si somos justos ante Él, no soportará que nuestra aflicción nos mueva de nuestra posición. En Jesús nos acepta como justos, y en Jesús nos mantendrá así.

¿Qué del momento presente? ¿Sale usted a la prueba de este día a solas? ¿Van sus pobres hombros a ser de nuevo lastimados con la opresiva carga? No sea tan necio. Cuéntele al Señor todo acerca de su dolor, y déjelo con Él. No arroje su carga y luego vuelva a tomarla; antes bien, hágala rodar sobre el Señor, y déjela allí. Entonces andará usted a sus anchas, un creyente gozoso y descargado, cantando las alabanzas de su gran Portador de cargas.

15 de julio

EL QUE LLORA, CONSOLADO

«Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.» Mateo 5:4

Por el valle de lágrimas llegamos a Sion. Se habría pensado que el llanto y la bienaventuranza estaban en oposición, pero el Salvador infinitamente sabio los pone juntos en esta bienaventuranza. Lo que Él ha unido, no lo separe ningún hombre. El llanto por el pecado —nuestros propios pecados, y los pecados de otros— es el sello que el Señor pone sobre sus fieles. Cuando el Espíritu de gracia es derramado sobre la casa de David, o sobre cualquier otra casa, llorarán. Por el santo llanto recibimos las mejores de nuestras bendiciones, así como las mercancías más raras nos llegan por agua. No solo será bienaventurado el que llora en algún día futuro, sino que Cristo lo declara bienaventurado ahora mismo.

El Espíritu Santo ciertamente consolará a aquellos corazones que lloran por el pecado. Serán consolados por la aplicación de la sangre de Jesús, y por el poder limpiador del Espíritu Santo. Serán consolados respecto del pecado abundante de su ciudad y de su época por la seguridad de que Dios se glorificará a Sí mismo, por mucho que los hombres se rebelen contra Él. Serán consolados con la expectación de que en breve serán enteramente librados del pecado, y pronto serán llevados a morar para siempre en la gloriosa presencia de su Señor.

16 de julio

PALABRA PARA EL QUE COJEA

«Salvaré a la que cojea.» Sofonías 3:19

Hay muchos de estos cojos, tanto hombres como mujeres. Puede uno encontrar a «la que cojea» veinte veces en una hora. Están en el camino recto, y sumamente ansiosos por correr en él con diligencia, pero cojean, y hacen de ello un andar lastimoso. En el camino celestial hay muchos lisiados. Puede que digan en su corazón: ¿Qué será de nosotros? El pecado nos alcanzará, Satanás nos derribará. Listo-para-desfallecer es nuestro nombre y nuestra naturaleza; el Señor nunca podrá hacer de nosotros buenos soldados, ni siquiera ágiles mensajeros para ir en sus recados. ¡Pues bien, bien! Él nos salvará, y eso no es cosa pequeña. Dice: «Salvaré a la que cojea». Al salvarnos se glorificará grandemente a Sí mismo. Todos preguntarán: ¿Cómo llegó esta mujer coja a correr la carrera y ganar la corona? Y entonces toda la alabanza será dada a la gracia todopoderosa.

Señor, aunque cojeo en la fe, en la oración, en la alabanza, en el servicio y en la paciencia, ¡sálvame, te lo ruego! Solo tú puedes salvar a un lisiado como yo. Señor, no me dejes perecer por estar entre los últimos, sino recoge por tu gracia al más lento de tus peregrinos: a mí mismo. He aquí que Él ha dicho que así será, y por tanto, como Jacob, prevaleciendo en oración, sigo adelante aunque mi tendón esté encogido.

17 de julio

VALIENTES POR LA VERDAD

«El pueblo que conoce a su Dios será fuerte, y hará proezas.» Daniel 11:32

«Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre.» Quienes se alistan bajo su bandera tendrán un Comandante que los adiestrará para el combate, y les dará vigor y valor. Los tiempos de los que escribió Daniel eran de la peor clase, y entonces se prometió que el pueblo de Dios saldría con sus mejores colores: serían fuertes y valientes para enfrentar al poderoso adversario.

¡Oh, que podamos conocer a nuestro Dios: su poder, su fidelidad, su amor inmutable, y así estemos listos para arriesgarlo todo por su causa! Él es Uno cuyo carácter enciende nuestro entusiasmo, y nos hace dispuestos a vivir y a morir por Él. ¡Oh, que podamos conocer a nuestro Dios por medio de una comunión familiar con Él; porque entonces llegaremos a ser semejantes a Él, y estaremos preparados para defender la verdad y la justicia! Quien sale fresco de contemplar el rostro de Dios nunca temerá el rostro del hombre. Si moramos con Él, contagiaremos el espíritu heroico, y para nosotros un mundo de enemigos será como la gota de un cubo. Un ejército incontable de hombres, o aun de demonios, nos parecerá tan poca cosa como las naciones son para Dios, que las tiene solo por saltamontes. ¡Oh, ser valientes por la verdad en este día de falsedad!

18 de julio

COMUNIÓN EN EL DESIERTO

«Yo la atraeré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.» Oseas 2:14

La bondad de Dios nos ve seducidos por el pecado, y resuelve probar en nosotros los más poderosos atractivos del amor. ¿No recordamos cuándo el Amante de nuestras almas primero echó un hechizo sobre nosotros y nos apartó, encantados, de las fascinaciones del mundo? Él hará esto una y otra vez siempre que nos vea propensos a ser atrapados por el mal.

Él promete apartarnos, porque allí puede tratar mejor con nosotros, y este lugar separado no ha de ser un Paraíso, sino un desierto, ya que en tal lugar no habrá nada que distraiga nuestra atención de nuestro Dios. En los desiertos de la aflicción la presencia del Señor llega a serlo todo para nosotros, y apreciamos su compañía más allá del valor que le atribuíamos cuando nos sentábamos bajo nuestra propia vid y bajo nuestra higuera en la sociedad de nuestros semejantes. La soledad y la aflicción acercan más a los hombres a sí mismos y a su Padre celestial que cualquier otro medio.

Cuando así, seducidos y apartados, el Señor tiene cosas escogidas que decirnos para nuestro consuelo. Él «habla a nuestro corazón», como reza el original. ¡Oh, que en esto podamos tener explicada esta promesa en nuestra experiencia! Seducidos por el amor, apartados por la prueba, y consolados por el Espíritu de verdad, ¡ojalá conozcamos al Señor y cantemos de gozo!

19 de julio

CALZADO RESISTENTE

«Tu calzado será de hierro y de bronce; y como tus días, así será tu fortaleza.» Deuteronomio 33:25

Aquí se proveen dos cosas para el peregrino: calzado y fuerza.

En cuanto al calzado: es muy necesario para viajar por caminos ásperos, y para pisotear enemigos mortales. No iremos descalzos; esto no sería propio de príncipes de sangre real. Nuestro calzado no será en absoluto del tipo común, porque tendrá suelas de metal duradero, que no se gastarán aunque el viaje sea largo y difícil. Tendremos protección proporcionada a las necesidades del camino y de la batalla. Por tanto, marchemos audazmente adelante, sin temer ningún daño aunque pisemos serpientes, o pongamos el pie sobre el dragón mismo.

En cuanto a la fuerza: continuará tanto como continúen nuestros días, y será proporcionada al peso y la tensión de esos días. Las palabras son pocas —«como tus días, tu fuerza»—, pero el sentido es pleno. Este día podemos esperar prueba, y trabajo que requerirá energía, pero con igual confianza podemos esperar igual fuerza. Esta palabra dada a Aser nos es dada también a nosotros, que tenemos fe con la cual apropiárnosla. Elevémonos a la santa osadía que está destinada a crear dentro del corazón creyente.

20 de julio

ESPERÁNDOLE A ÉL

«A los que le esperan aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación.» Hebreos 9:28

Esta es nuestra esperanza. Aquel a quien ya hemos mirado como el que vino una vez a llevar los pecados de muchos tendrá otra manifestación a los hijos de los hombres; esto es de por sí una feliz perspectiva. Pero esa segunda aparición tiene ciertas marcas peculiares que la glorifican sobremanera.

Nuestro Señor habrá terminado el asunto del pecado. De tal modo lo ha quitado de su pueblo, y de tal modo ha llevado eficazmente su pena, que nada tendrá que ver con él en su segunda venida. No presentará ninguna ofrenda por el pecado, porque habrá quitado el pecado por completo.

Nuestro Señor completará entonces la salvación de su pueblo. Serán final y perfectamente salvos, y en todo respecto disfrutarán de la plenitud de esa salvación. No viene a llevar el resultado de nuestras transgresiones, sino a traer el resultado de su obediencia; no a quitar nuestra condenación, sino a perfeccionar nuestra salvación.

Así, nuestro Señor aparece solo a quienes le esperan. No será visto en este carácter por hombres cuyos ojos están cegados con el yo y el pecado. Para ellos será un Juez terrible, y nada más. Primero debemos mirarle a Él, y luego esperarle; y en ambos casos nuestra mirada será vida.

21 de julio

RESPLANDECER COMO MUCHAS ESTRELLAS

«Los que son sabios resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que a muchos enseñan la justicia, como las estrellas a perpetua eternidad.» Daniel 12:3

Aquí hay algo para despertarme. Esto vale la pena vivirlo. Ser sabio es cosa noble en sí misma: en este lugar se refiere a una sabiduría divina que solo el Señor mismo puede otorgar. ¡Oh, conocerme a mí mismo, a mi Dios, a mi Salvador! ¡Que sea yo tan divinamente enseñado que lleve a la práctica la verdad celestial, y viva a la luz de ella! ¿Es mi vida una vida sabia? ¿Busco lo que debería buscar? ¿Vivo como desearé haber vivido cuando llegue a morir? Solo tal sabiduría puede asegurarme el eterno resplandor de aquellos cielos bañados de sol.

Ser ganador de almas es un logro glorioso. Bien necesito ser sabio si he de convertir siquiera a uno a la justicia; mucho más si he de convertir a muchos. ¡Oh, el conocimiento de Dios, de los hombres, de la Palabra y de Cristo, que me capacitará para convertir a mis semejantes, y para convertir a grandes números de ellos! Me entregaría a esto, y nunca descansaría hasta lograrlo. Esto será mejor que ganar estrellas en la corte. Esto me hará una estrella, una estrella resplandeciente, una estrella que resplandece por los siglos de los siglos; sí, más aún, me hará resplandecer como muchas estrellas. ¡Alma mía, despiértate! ¡Señor, vivifícame!

22 de julio

UNA PROMESA ETERNA

«Y te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia, y en juicio, y en benignidad, y en misericordias. Te desposaré conmigo en fidelidad; y conocerás al Señor.» Oseas 2:19,20

¡Desposorio con el Señor! ¡Qué honor y qué gozo! Alma mía, ¿es Jesús de veras tuyo por su propio condescendiente desposorio? Entonces, nótalo, es para siempre. Él nunca romperá su compromiso, mucho menos entablará un divorcio contra un alma unida a Él con vínculos matrimoniales.

Tres veces dice el Señor: «Te desposaré conmigo». ¡Qué palabras amontona para exponer el desposorio! La justicia interviene para hacer legal el pacto; nadie puede prohibir estas lícitas amonestaciones. El juicio sanciona la alianza con su decreto: nadie puede ver locura ni error en el enlace. La benignidad garantiza que esta es una unión de amor, porque sin amor el desposorio es servidumbre, y no bienaventuranza. Entretanto, la misericordia sonríe, y hasta canta; sí, se multiplica en «misericordias», a causa de la gracia abundante de esta santa unión.

La fidelidad es el registrador, y anota el matrimonio, y el Espíritu Santo le dice «Amén», al prometer enseñar al corazón desposado todo el sagrado conocimiento necesario para su alto destino. ¡Qué promesa!

23 de julio

SIN MEMORIA ALGUNA

«Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades.» Hebreos 10:17

Conforme a este gracioso pacto, el Señor trata a su pueblo como si nunca hubiera pecado. Prácticamente, olvida todas sus transgresiones. Los pecados de toda clase los trata como si nunca hubieran existido; como si estuvieran del todo borrados de su memoria. ¡Oh milagro de gracia! Dios hace aquí lo que, bajo ciertos aspectos, le es imposible. Su misericordia obra milagros que trascienden con mucho todos los demás milagros.

Nuestro Dios pasa por alto nuestro pecado ahora que el sacrificio de Jesús ha ratificado el pacto. Podemos regocijarnos en Él sin temor de que sea provocado a ira contra nosotros a causa de nuestras iniquidades. ¡Mire usted! Nos pone entre los hijos; nos acepta como justos; se deleita en nosotros como si fuéramos perfectamente santos. Hasta nos coloca en puestos de confianza; nos hace guardianes de su honor, depositarios de las joyas de la corona, mayordomos del evangelio. Nos considera dignos, y nos da un ministerio; esta es la más alta y especial prueba de que no se acuerda de nuestros pecados. Aun cuando perdonamos a un enemigo, somos muy lentos para confiar en él; juzgamos imprudente hacerlo. Pero el Señor olvida nuestros pecados, y nos trata como si nunca hubiéramos errado. ¡Oh alma mía, qué promesa es esta! Créela y sé feliz.

24 de julio

PUREZA PERFECTA

«El que venciere será vestido de vestiduras blancas.» Apocalipsis 3:5

¡Guerrero de la cruz, siga luchando! Nunca descanse hasta que su victoria sea completa, porque su recompensa eterna resultará digna de una vida de guerra.

¡Mire, aquí hay pureza perfecta para usted! Unos pocos en Sardis guardaron sus vestiduras sin mancha, y su recompensa es ser inmaculados. La perfecta santidad es el premio de nuestro alto llamamiento; no lo perdamos.

¡Mire, aquí hay gozo! Vestirá usted ropas de fiesta, como las que los hombres se ponen en los banquetes de bodas; será vestido de alegría, y hecho resplandeciente de regocijo. Las dolorosas luchas terminarán en paz de conciencia, y gozo en el Señor.

¡Mire, aquí hay victoria! Tendrá usted su triunfo. Palma, y corona, y vestidura blanca serán su galardón; será tratado como un vencedor, y reconocido como tal por el Señor mismo.

¡Mire, aquí hay atavío sacerdotal! Se presentará usted ante el Señor con tales vestiduras como las que llevaban los hijos de Aarón; ofrecerá los sacrificios de acción de gracias, y se acercará al Señor con el incienso de la alabanza.

¿Quién no lucharía por un Señor que da tan grandes honores al más pequeño de sus fieles siervos? ¿Quién no se vestiría con un traje de bufón por amor a Cristo, viendo que Él nos vestirá de gloria?

25 de julio

NADA QUE NOS ALARME

«Mas tú, sigue tu camino hasta el fin; porque reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.» Daniel 12:13

No podemos entender todas las profecías, y sin embargo las miramos con placer, y no con consternación. No puede haber nada en el decreto del Padre que justamente alarme a su hijo. Aunque se erija la abominación desoladora, el verdadero creyente no será contaminado; antes bien será purificado, y emblanquecido, y probado. Aunque la tierra sea consumida, ningún olor a fuego alcanzará a los escogidos. En medio del estrépito de la materia, y la ruina de los mundos, el Señor Jehová preservará a los suyos.

Serenamente resueltos en el deber, valientes en el conflicto, pacientes en el sufrimiento, sigamos nuestro camino, atendiendo a nuestra ruta, sin desviarnos de ella ni entretenernos en ella. El fin vendrá; sigamos nuestro camino hasta que venga.

El descanso será nuestro. Todas las demás cosas oscilan de un lado a otro, pero nuestro fundamento permanece firme. Dios reposa en su amor, y, por tanto, nosotros reposamos en él. Nuestra paz es, y siempre será, como un río. Una heredad en la Canaán celestial es nuestra, y en ella estaremos, venga lo que viniere. El Dios de Daniel dará una porción digna a todos los que se atrevan a ser decididos por la verdad y la santidad como lo fue Daniel. Ningún foso de leones nos privará de nuestra segura herencia.

26 de julio

UN CAMBIO DE NOMBRE

«Y sucederá en aquel día, dice el Señor, que me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali; porque quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más serán recordados por su nombre.» Oseas 2:16, 17

Ese día ha llegado. Ya no vemos a nuestro Dios como Baal, nuestro tirano señor y poderoso amo, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Ahora pensamos en Jehová, nuestro Dios, como nuestro Ishi, nuestro amado esposo, nuestro señor en amor, nuestro pariente más cercano en vínculos de sagrada relación. No le reverenciamos menos, pero le amamos más. No le servimos con menos obediencia, sino que le servimos por una razón más alta y entrañable. Ya no temblamos bajo su látigo, sino que nos regocijamos en su amor. El esclavo es transformado en hijo, y la tarea en placer.

¿Es así con usted, querido lector? ¿Ha echado fuera la gracia el temor servil, y ha implantado el amor filial? ¡Cuán felices somos en tal experiencia! Ahora llamamos delicia al Día del Señor, y la adoración nunca es un fastidio. La oración es ahora un privilegio, y la alabanza es un día de fiesta. Obedecer es el Cielo; dar a la causa de Dios es un banquete. Así, todas las cosas se han hecho nuevas. Nuestra boca está llena de cánticos, y nuestro corazón de música. Bendito sea nuestro celestial Ishi por los siglos de los siglos.

27 de julio

MÁS QUE MERAS PALABRAS

«Os daré las misericordias fieles de David.» Hechos 13:34

Nada del hombre es seguro; pero todo lo de Dios lo es. Especialmente las misericordias del pacto son misericordias seguras, tal como dijo David: «un pacto eterno, ordenado en todas las cosas, y seguro».

Estamos seguros de que el Señor quiso decir su misericordia. No pronunció meras palabras: hay sustancia y verdad en cada una de sus promesas. Sus misericordias son misericordias de veras. Aunque una promesa parezca que ha de caerse por razón de la muerte, nunca lo hará, porque el buen Señor cumplirá su palabra.

Estamos seguros de que el Señor otorgará las misericordias prometidas a todos los de su pacto. Vendrán a su debido tiempo a todos los escogidos del Señor. Son seguras para toda la descendencia, desde el menor de ellos hasta el mayor.

Estamos seguros de que el Señor continuará sus misericordias para su propio pueblo. Él no da y quita. Lo que nos ha concedido es la prenda de mucho más. Aquello que aún no hemos recibido es tan seguro como lo que ya ha llegado; por tanto, esperemos ante el Señor y estemos quietos. No hay razón justificable para la menor duda. El amor, la palabra y la fidelidad de Dios son seguros. Muchas cosas son cuestionables, pero del Señor cantamos: «Porque sus misericordias durarán, siempre fieles, siempre seguras.

28 de julio

HUMÍLLESE; SEA LEVANTADO

«Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte a su debido tiempo.» 1 Pedro 5:6

Esto equivale a una promesa: si nos inclinamos, el Señor nos levantará. La humildad conduce a la honra: la sumisión es el camino a la exaltación. Esa misma mano de Dios que nos abate está esperando para alzarnos cuando estemos preparados para llevar la bendición. Nos agachamos para vencer. Muchos se arrastran ante los hombres, y con todo pierden el patrocinio que anhelan; pero quien se humilla bajo la mano de Dios no dejará de ser enriquecido, elevado, sostenido y consolado por el siempre bondadoso. Es costumbre de Jehová derribar a los soberbios, y levantar a los humildes.

Con todo, hay un tiempo para el obrar del Señor. Debemos humillarnos ahora, aun en este preciso momento; y estamos obligados a seguir haciéndolo, ponga o no el Señor su mano afligidora sobre nosotros. Cuando el Señor hiere, es nuestro especial deber aceptar el castigo con profunda sumisión. Pero en cuanto a la exaltación que el Señor hará de nosotros, esa solo puede venir «a su debido tiempo», y Dios es el mejor juez de ese día y esa hora. ¿Clamamos impacientes por la bendición? ¿Desearíamos una honra inoportuna? ¿Qué nos pasa? De seguro no estamos verdaderamente humillados, o esperaríamos con quieta sumisión. Hagámoslo así.

29 de julio

ÉL DERROTA A NUESTRO ENEMIGO

«Él ha echado fuera a tu enemigo.» Sofonías 3:15

¡Qué expulsión fue aquella! Satanás ha perdido su trono en nuestra naturaleza, así como perdió su asiento en el Cielo. Nuestro Señor Jesús ha destruido el poder reinante del enemigo sobre nosotros. Puede acosarnos, pero no puede reclamarnos como suyos. Sus cadenas ya no están sobre nuestros espíritus: el Hijo nos ha hecho libres, y somos verdaderamente libres.

Todavía es el archienemigo el acusador de los hermanos; pero aun de esta posición lo ha expulsado nuestro Señor. Nuestro abogado silencia a nuestro acusador. El Señor reprende a nuestros enemigos, y aboga por las causas de nuestra alma, de modo que ningún daño resulta de todos los vituperios del diablo.

Como tentador, el espíritu maligno todavía nos asalta, y se insinúa en nuestras mentes; pero también de ahí es expulsado en cuanto a su antigua preeminencia. Se retuerce como una serpiente, pero no puede gobernar como un soberano. Lanza pensamientos blasfemos cuando tiene oportunidad; ¡pero qué alivio es cuando se le manda callar, y se le hace escabullirse como un perro apaleado! Señor, haz esto por cualquiera que en este tiempo esté acosado y fatigado por sus ladridos. Echa fuera a su enemigo, y sé glorioso ante sus ojos. Tú lo has derribado; Señor, échalo fuera. ¡Oh, que lo desterraras del mundo!

30 de julio

PROMESA DE UN FUTURO ENCUENTRO

«Os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón.» Juan 16:22

De seguro Él vendrá por segunda vez, y entonces, cuando Él nos vea, y nosotros le veamos, habrá regocijos de veras. ¡Oh, ese gozoso retorno!

Pero esta promesa se cumple a diario en otro sentido. Nuestro bondadoso Señor tiene muchos «de nuevo» en su trato con nosotros. Nos dio perdón, y nos ve de nuevo, y repite la palabra absolvedora cuando nuevos pecados nos causan pesar. Nos ha revelado nuestra aceptación ante Dios, y cuando nuestra fe en esa bendición se oscurece un poco, viene a nosotros una y otra vez, y dice: «Paz a vosotros»; y nuestros corazones se alegran.

Amado, todas nuestras pasadas misericordias son prendas de futuras misericordias. Si Jesús ha estado con nosotros, nos verá de nuevo. No mire ningún favor anterior como cosa muerta y sepultada, para lamentarla; antes bien, considérelo como una semilla sembrada, que crecerá, y sacará su cabeza del polvo, y clamará: «Os volveré a ver». ¿Están los tiempos oscuros porque Jesús no está con nosotros como solía? Cobremos ánimo; porque no estará mucho tiempo ausente. Sus pies son como los de un corzo o un cervatillo, y pronto le traerán a nosotros. Por lo cual comencemos a estar gozosos, ya que nos dice aun ahora: «Os volveré a ver».

31 de julio

UN LLAMAMIENTO; LIBERACIÓN

«E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me glorificarás.» Salmos 50:15

¡Esto sí que es una promesa!

Aquí hay una ocasión urgente: «el día de la angustia». Es oscuro a mediodía en tal día, y cada hora parece más negra que la anterior. Entonces esta promesa está en sazón: está escrita para el día nublado.

Aquí hay un consejo condescendiente: «invócame». No deberíamos necesitar la exhortación: debería ser nuestro constante hábito todo el día y cada día. ¡Qué misericordia tener libertad para invocar a Dios! ¡Qué sabiduría hacer buen uso de ella! ¡Qué necio andar corriendo tras los hombres! El Señor nos invita a poner nuestro caso delante de Él, y de seguro no vacilaremos en hacerlo.

Aquí hay un aliento reconfortante: «te libraré». Cualquiera que sea la angustia, el Señor no hace excepciones, sino que promete plena, segura y feliz liberación. Él mismo obrará nuestra liberación con su propia mano. Lo creemos, y el Señor honra la fe.

Aquí hay un resultado final: «tú me glorificarás. ¡Ah! eso lo haremos muy abundantemente. Cuando nos haya librado, le alabaremos en alta voz; y como Él es seguro que lo hará, comencemos a glorificarle desde ahora.

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