Capítulo 12 · 35 min de lectura
El mes de noviembre
1 de noviembre
PERFECCIÓN Y PRESERVACIÓN
«Fiel es el que os llama, el cual también lo hará» 1 Tesalonicenses 5:24
¿Qué hará Él? Nos santificará por completo. Vea el versículo anterior. Llevará adelante la obra de purificación hasta que seamos perfectos en cada parte. Preservará nuestro «todo espíritu, alma y cuerpo, irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo». No permitirá que caigamos de la gracia, ni que quedemos bajo el dominio del pecado. ¡Qué grandes favores son estos! Bien podemos adorar al dador de dones tan inefables.
¿Quién hará esto? El Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable, de la muerte en el pecado a la vida eterna en Cristo Jesús. Solo Él puede hacerlo: tal perfección y preservación solo pueden venir del Dios de toda gracia.
¿Por qué lo hará? Porque es «fiel»: fiel a su propia promesa, que está empeñada en salvar al creyente; fiel a su Hijo, cuya recompensa es que su pueblo le sea presentado sin falta; fiel a la obra que ha comenzado en nosotros por nuestro llamamiento eficaz. No es la fidelidad de ellos, sino la fidelidad misma del Señor, en la que descansan los santos.
Ven, alma mía, aquí hay un magnífico festín para comenzar un mes gris. Puede haber nieblas afuera, pero dentro debería haber sol.
2 de noviembre
RIQUEZA CELESTIAL
«Ninguna cosa buena negará a los que andan en integridad» Salmos 84:11
Muchas cosas placenteras puede negar el Señor, pero «ninguna cosa buena». Él es el mejor juez de lo que nos conviene. Algunas cosas son ciertamente buenas, y estas podemos tenerlas con solo pedirlas por medio de Jesucristo nuestro Señor.
La santidad es cosa buena, y esta la obrará en nosotros gratuitamente. La victoria sobre las tendencias malignas, los temperamentos difíciles y los malos hábitos la concederá con gusto, y no deberíamos permanecer sin ella.
Plena certidumbre otorgará, y comunión íntima consigo mismo, y acceso a toda verdad, y denuedo prevaleciente ante el propiciatorio. Si no tenemos estas cosas, es por falta de fe para recibirlas, y no por ninguna renuencia de Dios a darlas. Una calma, un talante celestial, gran paciencia y amor ferviente: todo esto lo dará a la santa diligencia.
Pero note bien que debemos «andar en integridad». No ha de haber propósitos contrarios ni tratos torcidos; ni hipocresía ni engaño. Si andamos vilmente, Dios no puede darnos favores, porque eso sería una prima sobre el pecado. El camino de la integridad es el camino de la riqueza celestial: una riqueza tan grande que incluye toda cosa buena.
¡Qué promesa para alegar en oración! Pongámonos de rodillas.
3 de noviembre
EN EL TIEMPO DE DIOS
«Porque la visión es aún para el tiempo señalado, mas al fin hablará, y no mentirá; aunque tardare, espérala, porque sin duda vendrá, no tardará» Habacuc 2:3
La misericordia puede parecer lenta, pero es segura. El Señor, en su sabiduría infalible, ha señalado un tiempo para las salidas de su poder bondadoso, y el tiempo de Dios es el mejor tiempo. Nosotros tenemos prisa; la visión de la bendición excita nuestro deseo y apresura nuestros anhelos; pero el Señor cumplirá sus citas. Nunca se adelanta a su tiempo; nunca se atrasa.
Aquí se habla de la palabra de Dios como de algo vivo que hablará y vendrá. Nunca es letra muerta, como somos tentados a temer cuando largo tiempo hemos aguardado su cumplimiento. La palabra viva viene en camino de parte del Dios vivo, y aunque parezca demorarse, en realidad no lo hace. El tren de Dios no llega tarde. Es solo cuestión de paciencia, y pronto veremos por nosotros mismos la fidelidad del Señor. Ninguna promesa suya fallará; «no mentirá». Ninguna promesa suya se perderá en el silencio; «hablará». ¡Qué consuelo hablará al oído creyente! Ninguna promesa suya necesitará ser renovada como un pagaré que no pudo pagarse el día en que venció: «no tardará».
Ven, alma mía, ¿no puedes esperar a tu Dios? Reposa en Él y quédate quieta en una paz indecible.
4 de noviembre
USTED, MARQUE LAS ZANJAS
«Y él dijo: Así dice Jehová: Haced en este valle muchas zanjas. Porque así dice Jehová: No veréis viento, ni tampoco veréis lluvia; pero este valle se llenará de agua, y beberéis vosotros, vuestros ganados y vuestras bestias» 2 Reyes 3:16, 17
Tres ejércitos perecían de sed, y el Señor intervino. Aunque no envió ni nube ni lluvia, proveyó abundancia de agua. Él no depende de los métodos ordinarios, sino que puede sorprender a su pueblo con novedades de sabiduría y poder. Así se nos hace ver más de Dios de lo que los procesos ordinarios habrían podido revelar. Aunque el Señor no aparezca por nosotros del modo que esperamos, o deseamos, o suponemos, de una manera u otra proveerá para nosotros. Es una gran bendición para nosotros ser levantados por encima de mirar a las causas secundarias, para que podamos contemplar el rostro de la gran Causa Primera.
¿Tenemos hoy gracia suficiente para hacer zanjas por donde pueda correr la bendición divina? ¡Ay! Con demasiada frecuencia fallamos en la manifestación de una fe verdadera y práctica. Estemos hoy atentos a las respuestas a la oración. Como la niña que fue a una reunión para orar por lluvia y llevó consigo un paraguas, así esperemos verdadera y prácticamente que el Señor nos bendiga. Hagamos el valle lleno de zanjas y esperemos verlas todas llenas.
5 de noviembre
LO QUE ES DOLOROSO TERMINARÁ
«No contenderé para siempre, ni para siempre estaré airado; porque decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he hecho» Isaías 57:16
Nuestro Padre celestial busca nuestra instrucción, no nuestra destrucción. Su contienda con nosotros tiene una intención bondadosa hacia nosotros. No estará siempre en armas contra nosotros. Pensamos que el Señor es tardo en sus castigos, pero eso es porque nosotros somos cortos en nuestra paciencia. Su compasión permanece para siempre, pero no su contienda. La noche puede arrastrar su fatigosa duración, pero al fin ha de dar lugar al día alegre. Así como la contienda es solo por una temporada, así también la ira que la produce es solo por un breve momento. El Señor ama demasiado a sus escogidos como para estar siempre airado con ellos.
Si tratara con nosotros siempre como lo hace a veces, desfalleceríamos por completo y bajaríamos sin esperanza a las puertas de la muerte. ¡Ánimo, querido corazón! El Señor pronto pondrá fin a su reprensión. Manténgase firme, porque el Señor le sostendrá y le llevará hasta el fin. El que le hizo sabe cuán frágil es usted, y cuán poco puede soportar. Manejará con ternura lo que ha formado con tanta delicadeza. Por tanto, no tema a causa del doloroso presente, porque este se apresura hacia un futuro feliz. El que le hirió le sanará; a su pequeña ira seguirán grandes misericordias.
6 de noviembre
DELEITE Y DESEOS
«Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá los deseos de tu corazón» Salmos 37:4
El deleite en Dios tiene un poder transformador, y eleva al hombre por encima de los deseos groseros de nuestra naturaleza caída. El deleite en Jehová no solo es dulce en sí mismo, sino que endulza toda el alma, hasta que los anhelos del corazón llegan a ser tales que el Señor puede prometer con seguridad cumplirlos. ¿No es un deleite grandioso el que moldea nuestros deseos hasta que son como los deseos de Dios?
Nuestra manera necia es desear, y luego ponernos a trabajar para alcanzar lo que deseamos. No procedemos a la manera de Dios, que es buscarle a Él primero, y luego esperar que todas las cosas nos sean añadidas. Si dejamos que nuestro corazón se llene de Dios hasta rebosar de deleite, entonces el Señor mismo cuidará de que no nos falte ninguna cosa buena. En lugar de salir afuera en busca de gozos, quedémonos en casa con Dios, y bebamos aguas de nuestra propia fuente. Él puede hacer por nosotros mucho más que todos nuestros amigos. Es mejor estar contentos con Dios solo que andar afligiéndonos y languideciendo por las míseras bagatelas del tiempo y de los sentidos. Por un tiempo podemos tener desengaños; pero si estos nos acercan más al Señor, son cosas que hay que apreciar en gran manera, porque al fin nos asegurarán el cumplimiento de todos nuestros deseos rectos.
7 de noviembre
LA VERDADERA HUMILDAD RECOMPENSADA
«El que se humilla será enaltecido» Lucas 18:14
No debería resultarnos difícil humillarnos, pues ¿de qué tenemos que enorgullecernos? Deberíamos tomar el lugar más bajo sin que nos lo digan. Si somos sensatos y honestos, seremos pequeños ante nuestros propios ojos. Especialmente delante del Señor en oración, nos reduciremos a nada. Allí no podemos hablar de mérito, porque no tenemos ninguno: nuestra única apelación ha de ser a la misericordia: «Dios, sé propicio a mí, pecador».
He aquí una palabra alentadora desde el trono. Seremos exaltados por el Señor si nos humillamos. Para nosotros, el camino hacia arriba es cuesta abajo. Cuando somos despojados del yo, somos revestidos de humildad, y este es el mejor de los atavíos. El Señor nos exaltará en la paz y la dicha del alma; nos exaltará al conocimiento de su Palabra y a la comunión consigo mismo; nos exaltará en el gozo del perdón seguro y de la justificación. El Señor pone sus honores sobre aquellos que pueden llevarlos para honra del Dador. Da utilidad, aceptación e influencia a quienes no se envanecen por ellas, sino que se humillan por el sentido de una mayor responsabilidad. Ni Dios ni los hombres se interesan por levantar a quien se levanta a sí mismo; pero tanto Dios como los hombres buenos se unen para honrar el mérito modesto.
Oh Señor, húndeme en mí mismo para que me levante en ti.
8 de noviembre
LA MAGNITUD DE LA GRACIA
«Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona» 2 Corintios 12:9
Nuestra debilidad debería ser apreciada por dar lugar a la fortaleza divina. Nunca habríamos conocido el poder de la gracia si no hubiésemos sentido la debilidad de la naturaleza. Bendito sea el Señor por el aguijón en la carne y por el mensajero de Satanás, cuando nos impulsan hacia la fortaleza de Dios.
Esta es una palabra preciosa de los propios labios de nuestro Señor. Ha hecho reír de gozo al que escribe. ¡La gracia de Dios suficiente para mí! Ya lo creo que lo es. ¿No basta el cielo para el ave, y el océano para el pez? El Todosuficiente es suficiente para mi mayor necesidad. Aquel que basta para la tierra y el cielo ciertamente puede atender el caso de un pobre gusano como yo.
Recurramos, pues, a nuestro Dios y a su gracia. Si Él no quita nuestra pena, nos capacitará para soportarla. Su fortaleza será derramada en nosotros hasta que el gusano trille los montes; y una nada será vencedora sobre todos los altos y poderosos. Es mejor para nosotros tener la fortaleza de Dios que la nuestra propia; porque, aunque fuésemos mil veces más fuertes de lo que somos, todo ello quedaría en nada ante el enemigo; y si pudiéramos ser más débiles de lo que somos, lo cual es apenas posible, aun así todo lo podríamos en Cristo.
9 de noviembre
CONOCIMIENTO NECESARIO
«Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos, y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, dice Jehová el Señor» Ezequiel 34:30
Ser el pueblo propio del Señor es una bendición selecta, pero saber que lo somos es una bendición consoladora. Una cosa es esperar que Dios esté con nosotros, y otra saber que lo está. La fe nos salva, pero la certidumbre nos satisface. Tomamos a Dios por nuestro Dios cuando creemos en Él; pero obtenemos el gozo de Él cuando sabemos que es nuestro, y que nosotros somos suyos. Ningún creyente debería contentarse con esperar y confiar; debería pedir al Señor que le lleve a la plena certidumbre, para que las cuestiones de esperanza se vuelvan cuestiones de certeza.
Es cuando disfrutamos de las bendiciones del pacto, y vemos a nuestro Señor Jesús levantado por nosotros como una planta de renombre, que llegamos a un claro conocimiento del favor de Dios hacia nosotros. No por la ley, sino por la gracia, aprendemos que somos el pueblo del Señor. Volvamos siempre nuestros ojos en dirección de la gracia gratuita. La certidumbre de la fe nunca puede venir por las obras de la ley. Es una virtud evangélica, y solo puede alcanzarnos por la vía del evangelio. No miremos hacia dentro. Miremos solo al Señor. Al ver a Jesús, veremos nuestra salvación.
Señor, envíanos tal marea de tu amor que seamos arrastrados más allá del cieno de la duda y del temor.
10 de noviembre
CAMINAR SIN TROPEZAR
«No permitirá que tu pie resbale» Salmos 121:3
Si el Señor no lo permite, ni los hombres ni los demonios pueden hacerlo. ¡Cuánto se alegrarían si pudieran darnos una caída vergonzosa, expulsarnos de nuestra posición y sepultarnos en el olvido! Podrían hacerlo a su antojo si no fuera por un solo estorbo, y solo uno: el Señor no lo permite; y si Él no lo permite, no lo sufriremos.
El camino de la vida es como viajar entre los Alpes. Por los senderos de la montaña uno está constantemente expuesto al resbalón del pie. Donde el camino es alto, la cabeza tiende a marearse, y entonces los pies pronto resbalan: hay lugares lisos como el vidrio, y otros ásperos de piedras sueltas, y en cualquiera de ellos una caída es difícil de evitar. Aquel que a lo largo de la vida es capacitado para mantenerse erguido y andar sin tropezar tiene las mejores razones para la gratitud. Entre trampas y lazos, rodillas débiles, pies cansados y enemigos sutiles, ningún hijo de Dios permanecería firme una sola hora si no fuera por el amor fiel que no permite que su pie resbale. «En medio de mil lazos me sostengo, guardado y protegido por tu mano; esa mano invisible me mantendrá firme, y me llevará a tu monte santo».
11 de noviembre
LOS HOMBRES LIBRES DEL SEÑOR
«Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia» Romanos 6:14
El pecado reinará si puede: no se satisface con ningún lugar por debajo del trono del corazón. A veces tememos que nos venza, y entonces clamamos al Señor: «Que ninguna iniquidad se enseñoree de mí». Esta es su respuesta consoladora: «El pecado no se enseñoreará de vosotros. Puede asaltaros, y aun heriros; pero nunca establecerá soberanía sobre vosotros».
Si estuviéramos bajo la ley, nuestro pecado cobraría fuerza y nos tendría bajo su poder; porque es el castigo del pecado que el hombre caiga bajo el poder del pecado. Como estamos bajo el pacto de la gracia, estamos asegurados contra el apartarnos del Dios vivo por la declaración segura del pacto. La gracia nos es prometida, por la cual somos restaurados de nuestros extravíos, limpiados de nuestras impurezas y librados de las cadenas del hábito.
Podríamos echarnos en la desesperación y quedar «contentos de servir a los egipcios» si aún fuéramos como esclavos trabajando por la vida eterna; pero puesto que somos los hombres libres del Señor, cobramos ánimo para luchar con nuestras corrupciones y tentaciones, seguros de que el pecado nunca volverá a someternos bajo su dominio. Dios mismo nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
12 de noviembre
LAS ALMAS SANTIFICADAS ESTÁN SATISFECHAS
«Mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová» Jeremías 31:14
Note el «mi» que aparece dos veces: «Mi pueblo será saciado de mi bien».
La clase de gente que está satisfecha con Dios queda señalada como propia de Dios. Él se agrada de ellos, porque ellos se agradan de Él. Le llaman su Dios, y Él los llama su pueblo; Él se satisface de tomarlos por porción, y ellos se satisfacen de Él por su porción. Hay una comunión mutua de deleite entre el Israel de Dios y el Dios de Israel.
Esta gente está satisfecha. Esto es algo grandioso. Muy pocos de los hijos de los hombres están jamás satisfechos, sea cual sea su suerte; se han tragado la sanguijuela, y esta clama continuamente: «¡Dame! ¡Dame!». Solo las almas santificadas son almas satisfechas. Dios mismo debe a la vez convertirnos y contentarnos.
No es de extrañar que el pueblo del Señor esté satisfecho con la bondad de su Señor. Aquí hay bondad sin mezcla, largueza sin tacañería, misericordia sin reproche, amor sin cambio, favor sin reserva. Si la bondad de Dios no nos satisface, ¿qué lo hará? ¡Cómo! ¿Aún estamos gimiendo? Ciertamente hay un deseo equivocado dentro, si es uno que la bondad de Dios no satisface.
Señor, estoy satisfecho. Bendito sea tu nombre.
13 de noviembre
LA VIGILANCIA QUE NO FALLA
«He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel» Salmos 121:4
Jehová es «el que guarda a Israel». Ninguna forma de inconsciencia le sobreviene jamás, ni el sueño más profundo ni el más leve. Nunca deja de velar sobre la casa y el corazón de su pueblo. Esta es razón suficiente para que reposemos en perfecta paz. Alejandro decía que dormía porque su amigo Parmenio velaba; mucho más podemos dormir nosotros porque nuestro Dios es nuestra guarda.
El «He aquí» se pone aquí para llamar nuestra atención a esta verdad alentadora. Israel, cuando tenía una piedra por almohada, se durmió; pero su Dios estaba despierto, y vino en visión a su siervo. Cuando yacemos indefensos, Jehová mismo cubrirá nuestra cabeza.
El Señor guarda a su pueblo como un rico guarda su tesoro, como un capitán guarda una ciudad con su guarnición, como un centinela vela sobre su soberano. Nadie puede dañar a quienes están en tal custodia. Pondré mi alma en sus queridas manos. Nunca nos olvida, nunca cesa de cuidarnos activamente, nunca se halla incapaz de preservarnos.
Oh Señor mío, guárdame, no sea que me extravíe y caiga y perezca. Guárdame, para que yo guarde tus mandamientos. Por tu cuidado que no duerme, impide que yo duerma como el perezoso, y perezca como los que duermen el sueño de la muerte.
14 de noviembre
EL NOMBRE QUE DEBEMOS USAR
«Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré» Juan 14:14
¡Qué promesa tan amplia! ¡Cualquier cosa! Sea grande o pequeña, todas mis necesidades quedan cubiertas por esa palabra «cualquier cosa». Ven, alma mía, siéntete libre ante el propiciatorio, y oye a tu Señor decirte: «Abre bien tu boca, y yo la llenaré».
¡Qué promesa tan sabia! Siempre hemos de pedir en el nombre de Jesús. Aunque esto nos anima, también le honra a Él. Este es un alegato constante. De vez en cuando toda otra súplica se oscurece, especialmente las que podríamos sacar de nuestra propia relación con Dios, o de nuestra experiencia de su gracia; pero en tales momentos el nombre de Jesús es tan poderoso ante el trono como siempre, y podemos alegarlo con plena certidumbre.
¡Qué oración tan instructiva! No puedo pedir nada a lo cual no pueda poner la mano y el sello de Cristo. No me atrevo a usar el nombre de mi Señor para una petición egoísta o caprichosa. Solo puedo usar el nombre de mi Señor para oraciones que Él mismo oraría si estuviera en mi caso. Es un alto privilegio estar autorizado a pedir en el nombre de Jesús como si Jesús mismo pidiera; pero nuestro amor por Él nunca nos permitirá poner ese nombre donde Él no lo habría puesto.
¿Estoy pidiendo aquello que Jesús aprueba? ¿Me atrevo a poner su sello a mi oración? Entonces tengo aquello que busco del Padre.
15 de noviembre
RIQUEZAS SIN LÍMITE
«Mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» Filipenses 4:19
El Dios de Pablo es nuestro Dios, y suplirá toda nuestra necesidad. Pablo estaba seguro de esto respecto a los filipenses, y nosotros lo estamos respecto a nosotros mismos. Dios lo hará, porque es propio de Él: nos ama, se deleita en bendecirnos, y le glorificará hacerlo. Su compasión, su poder, su amor, su fidelidad, todo obra en conjunto para que no seamos hambreados.
¡Qué medida usa el Señor: «Conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús»! Las riquezas de su gracia son grandes, pero ¿qué diremos de las riquezas de su gloria? Sus «riquezas de gloria en Cristo Jesús», ¿quién podrá hacer una estimación de esto? Conforme a esta medida inconmensurable llenará Dios el inmenso abismo de nuestras necesidades. Él hace del Señor Jesús el receptáculo y el canal de su plenitud, y luego nos imparte su riqueza de amor en su forma más alta. ¡Aleluya!
El que escribe sabe lo que es ser probado en la obra del Señor. La fidelidad ha sido recompensada con enojo, y los que daban con liberalidad han cesado sus contribuciones; pero aquel a quien buscaron oprimir no ha sido ni un céntimo más pobre; antes bien, ha sido más rico; porque esta promesa ha sido verdadera: «Mi Dios suplirá toda nuestra necesidad». Las provisiones de Dios son más seguras que cualquier banco.
16 de noviembre
ARMAS CONDENADAS AL FRACASO
«Ninguna arma forjada contra ti prosperará; y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio» Isaías 54:17
Hay gran estrépito en las fraguas y herrerías del enemigo. Están fabricando armas con las cuales herir a los santos. Ni siquiera podrían hacer tanto como esto si el Señor de los santos no se lo permitiera; porque Él ha creado al herrero que sopla las brasas en el fuego. ¡Pero mire con qué afán trabajan! ¡Cuántas espadas y lanzas forjan! Nada importa, porque en la hoja de cada arma puede leerse esta inscripción: No prosperará.
Pero ahora escuche otro ruido: es la contienda de las lenguas. Las lenguas son instrumentos más terribles de lo que puede fabricarse con martillos y yunques, y el mal que infligen corta más hondo y se extiende más lejos. ¿Qué será de nosotros ahora? Calumnia, falsedad, insinuación, ridículo: estas son flechas envenenadas; ¿cómo podemos hacerles frente? El Señor Dios nos promete que, si no podemos silenciarlas, al menos escaparemos de ser arruinados por ellas. Nos condenan por el momento, pero nosotros las condenaremos al fin, y para siempre. La boca de los que hablan mentira será cerrada, y sus falsedades se tornarán en honra de aquellos hombres buenos que padecieron por ellas.
17 de noviembre
DIOS NUNCA DESAMPARA
«Porque no abandonará Jehová a su pueblo, ni desamparará su heredad» Salmos 94:14
No, ni desechará siquiera a uno solo de ellos. El hombre tiene sus desechos, pero Dios no tiene ninguno; porque su elección es inmutable, y su amor es eterno. Nadie puede hallar a una sola persona a quien Dios haya desamparado después de haberse revelado a ella para salvación.
Esta gran verdad se menciona en el salmo para alegrar el corazón del afligido. El Señor castiga a los suyos; pero nunca los desampara. El resultado de la doble obra de la ley y la vara es nuestra instrucción, y el fruto de esa instrucción es un aquietar del espíritu, una sobriedad de la mente, de la cual proviene el reposo. A los impíos se los deja tranquilos hasta que se cava el hoyo en el que caerán y serán atrapados; pero a los piadosos se los envía a la escuela para prepararlos para su destino glorioso venidero. El juicio volverá y acabará su obra sobre los rebeldes, pero volverá igualmente para vindicar a los sinceros y piadosos. Por eso podemos soportar la vara del castigo con calma sumisión; no significa ira, sino amor.
«Dios puede castigar y corregir,
mas nunca puede descuidar;
puede con fidelidad reprender,
mas nunca puede cesar de amar».
18 de noviembre
CLARAMENTE SOBRENATURAL
«En aquel día defenderá Jehová a los moradores de Jerusalén; y el que entre ellos fuere débil, en aquel día será como David; y la casa de David será como Dios, como el ángel de Jehová delante de ellos» Zacarías 12:8
Uno de los mejores métodos del Señor para defender a su pueblo es hacerlo fuerte en poder interior. Los hombres valen más que las murallas, y la fe es más fuerte que los castillos.
El Señor puede tomar al más débil de entre nosotros y hacerlo como David, el campeón de Israel. ¡Señor, haz esto conmigo! Infunde tu poder en mí, y lléname de sagrado valor para que pueda enfrentar al gigante con honda y piedra, confiado en Dios.
El Señor puede hacer a sus mayores campeones mucho más poderosos de lo que son: David puede ser como Dios, como el ángel de Jehová. Esto sería un desarrollo maravilloso, pero es posible, o no se hablaría de ello. ¡Oh Señor, obra así con los mejores de nuestros líderes! Muéstranos lo que eres capaz de hacer: a saber, elevar a tus siervos fieles a una altura de gracia y santidad que sea claramente sobrenatural.
Señor, mora en tus santos, y serán como Dios; pon tu poder en ellos, y serán como los seres vivientes que moran en la presencia de Jehová. Cumple esta promesa a toda tu iglesia en este nuestro día, por amor de Jesús. Amén.
19 de noviembre
DE LA OBEDIENCIA A LA BENDICIÓN
«Desde este día os bendeciré» Hageo 2:19
Las cosas futuras están escondidas para nosotros. Sin embargo, aquí hay un espejo en el cual podemos ver los años aún no nacidos. El Señor dice: «Desde este día os bendeciré».
Vale la pena notar el día al que se refiere esta promesa. Había habido pérdida de las cosechas, tizón y añublo, y todo por causa del pecado del pueblo. Ahora bien, el Señor vio a estos castigados comenzar a obedecer su palabra y a edificar su templo, y por eso dice: «Desde el día en que se echó el fundamento del templo del Señor, considerad. Desde este día os bendeciré». Si hemos vivido en algún pecado, y el Espíritu nos lleva a purificarnos de él, podemos contar con la bendición del Señor. Su sonrisa, su Espíritu, su gracia, su más plena revelación de su verdad, todo nos resultará una bendición aumentada. Podemos caer en mayor oposición de parte del hombre a causa de nuestra fidelidad, pero nos elevaremos a tratos más íntimos con el Señor nuestro Dios, y a una visión más clara de nuestra aceptación en Él.
Señor, estoy resuelto a serte más fiel, y más exacto en mi seguimiento de tu doctrina y tu precepto; y te ruego, por tanto, por Cristo Jesús, que aumentes la bienaventuranza de mi vida diaria de aquí en adelante y para siempre.
20 de noviembre
EL HAMBRE SACIADA
«Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta» Salmos 107:9
Es bueno tener anhelos, y cuanto más intensos, mejor. El Señor saciará los anhelos del alma, por grandes y absorbentes que sean. Anhelemos en gran manera, porque Dios dará en gran manera. Nunca estamos en un recto estado de ánimo cuando estamos contentos con nosotros mismos y libres de anhelos. Los deseos de más gracia, y los gemidos indecibles, son dolores de crecimiento, y deberíamos desear sentirlos más y más. ¡Bendito Espíritu, haznos suspirar y clamar por cosas mejores, y por más de las mejores cosas!
El hambre no es de ninguna manera una sensación placentera. Sin embargo, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. Tales personas no solo verán aliviada su hambre con un poco de alimento, sino que serán saciadas. No serán saciadas con cualquier clase de basto sustento, sino que su alimento será digno de su buen Señor, porque serán saciadas de bien por Jehová mismo.
Vamos, no nos inquietemos porque anhelamos y tenemos hambre, sino oigamos la voz del salmista mientras él también anhela y tiene hambre de ver a Dios engrandecido. «¡Alaben los hombres a Jehová por su misericordia, y por sus maravillas para con los hijos de los hombres!».
21 de noviembre
LA MIRADA HACIA AFUERA Y HACIA ARRIBA
«Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay más» Isaías 45:22
Esta es una promesa de promesas. Está en el fundamento de nuestra vida espiritual. La salvación viene por una mirada a Aquel que es «un Dios justo y Salvador». ¡Qué sencilla es la indicación! «Mirad a mí». ¡Qué razonable es el requisito! Ciertamente la criatura debería mirar al Creador. Hemos mirado a otra parte por bastante tiempo; ya es hora de que miremos solo a Aquel que invita nuestra expectación, y promete darnos su salvación.
¡Solo una mirada! ¿No miraremos de inmediato? No hemos de traer nada en nosotros mismos, sino mirar hacia afuera y hacia arriba, a nuestro Señor en su trono, adonde ha subido desde la cruz. Una mirada no requiere preparación, ni esfuerzo violento: no necesita ni ingenio ni sabiduría, ni riqueza ni fuerza. Todo lo que necesitamos está en el Señor nuestro Dios, y si le miramos a Él para todo, ese todo será nuestro, y seremos salvos.
¡Vengan, los que están lejos, miren hacia acá! ¡Términos de la tierra, vuelvan sus ojos hacia aquí! Así como desde las regiones más remotas los hombres pueden ver el sol y disfrutar de su luz, así ustedes, que yacen en los confines de la muerte, a las mismas puertas del infierno, pueden por una mirada recibir la luz de Dios, la vida del cielo, la salvación del Señor Jesucristo, quien es Dios, y por tanto poderoso para salvar.
22 de noviembre
NINGUNA CONDENACIÓN
«En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será buscada, y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán; porque perdonaré a los que yo hubiere dejado» Jeremías 50:20
¡Palabra gloriosa, en verdad! ¡Qué perdón tan perfecto se promete aquí a las pecadoras naciones de Israel y de Judá! El pecado ha de ser quitado de tal modo que no se hallará, borrado de tal modo que no lo habrá. ¡Gloria sea al Dios de los perdones!
Satanás busca pecados con los cuales acusarnos, nuestros enemigos los buscan para imputárnoslos, y nuestra propia conciencia los busca aun con un afán morboso. Pero cuando el Señor aplica la preciosa sangre de Jesús, no tememos ninguna forma de búsqueda, porque «no aparecerá», «no se hallarán». El Señor ha hecho que los pecados de su pueblo dejen de existir: ha terminado la transgresión, y ha puesto fin al pecado. El sacrificio de Jesús ha echado nuestros pecados en las profundidades del mar. Esto nos hace danzar de gozo.
La razón de la eliminación del pecado radica en el hecho de que Jehová mismo perdona a sus escogidos. Su palabra de gracia no solo es regia, sino divina. Él pronuncia la absolución, y quedamos absueltos. Él aplica la expiación, y desde esa hora su pueblo está más allá de todo temor de condenación. ¡Bendito sea el nombre del Dios que aniquila el pecado!
23 de noviembre
ADQUIRIR PERSEVERANCIA
«Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a poco» Deuteronomio 7:22
No hemos de esperar ganar victorias para el Señor Jesús de un solo golpe. Los principios y las prácticas malignas mueren con dificultad. En algunos lugares se necesitan años de trabajo para expulsar aunque sea uno solo de los muchos vicios que contaminan a los habitantes. Debemos proseguir la guerra con todas nuestras fuerzas, aun cuando se nos favorezca con poco éxito manifiesto.
Nuestro cometido en este mundo es conquistarlo para Jesús. No hemos de hacer transigencias, sino exterminar los males. No hemos de buscar la popularidad, sino librar guerra incesante contra la iniquidad. La incredulidad, el papado, la bebida, la impureza, la opresión, la mundanalidad, el error; todo esto ha de ser «echado fuera».
Solo el Señor nuestro Dios puede lograr esto. Él obra por medio de sus siervos fieles; y, bendito sea su nombre, promete que así obrará. «Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti». Esto lo hará gradualmente, para que aprendamos perseverancia, crezcamos en fe, velemos con diligencia, y evitemos la seguridad carnal. Demos gracias a Dios por un poco de éxito, y oremos por más. No envainemos jamás la espada hasta que toda la tierra sea ganada para Jesús.
¡Ánimo, corazón mío! Sigue adelante poco a poco, porque muchos pocos harán un gran todo.
24 de noviembre
PERDÓN Y REMISIÓN
«No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo» Salmos 103:9
Contenderá a veces, o no sería un Padre sabio para hijos tan pobres y errantes como nosotros. Su contienda es muy dolorosa para los que son sinceros, porque sienten cuán tristemente la merecen, y cuán mal está de su parte contristarle. Sabemos lo que significa esta contienda, y nos inclinamos ante el Señor, lamentando haberle hecho enojarse con nosotros.
¡Pero qué consuelo hallamos en estas líneas! «No para siempre» contenderá. Si nos arrepentimos y nos volvemos a Él con corazones quebrantados por el pecado y apartados del pecado, nos sonreirá de inmediato. No le da placer volver un rostro ceñudo hacia aquellos a quienes ama con todo su corazón: es su gozo que nuestro gozo sea cumplido.
Vamos, busquemos su rostro. No hay razón para la desesperación, ni siquiera para el desaliento. Amemos a un Dios que contiende, y dentro de poco cantaremos: «Tu ira se apartó, y tú me consuelas». ¡Fuera, oscuros presagios, cuervos del alma! ¡Entrad, humildes esperanzas y memorias agradecidas, palomas del corazón! El que nos perdonó hace tiempo como juez, nos perdonará de nuevo como padre, y nos regocijaremos en su dulce e inmutable amor.
25 de noviembre
MONTES CONVERTIDOS EN LLANURAS
«¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; y él sacará la primera piedra con aclamaciones de: ¡Gracia, gracia a ella!» Zacarías 4:7
En esta hora un monte de dificultad, angustia o necesidad puede estar en nuestro camino, y la razón natural no ve senda por encima de él, ni a través de él, ni alrededor de él. Que entre la fe, y al instante el monte desaparece y se vuelve llanura. Pero la fe primero debe oír la palabra del Señor: «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos». Esta gran verdad es una necesidad primordial para hacer frente a las pruebas insuperables de la vida.
Veo que nada puedo hacer, y que toda confianza en el hombre es vanidad. «No con ejército». Veo que no puede confiarse en ningún medio visible, sino que la fuerza está en el Espíritu invisible. Solo Dios ha de obrar, y los hombres y los medios han de tenerse por nada. Si es así, que el Dios Todopoderoso toma en sus manos los asuntos de su pueblo, entonces los grandes montes no son nada. Él puede quitar mundos como los niños arrojan pelotas de aquí para allá, o las impulsan con el pie. Este poder puede prestármelo a mí. Si el Señor me manda mover un Alpe, puedo hacerlo por su nombre. Puede ser un gran monte, pero aun ante mi debilidad se volverá llanura; porque el Señor lo ha dicho. ¿De qué puedo tener miedo con Dios de mi lado?
26 de noviembre
ALQUIMIA CELESTIAL
«Vuestra tristeza se convertirá en gozo» Juan 16:20
Su tristeza particular era la muerte y ausencia de su Señor, y se convirtió en gozo cuando Él resucitó de los muertos y se mostró en medio de ellos. Todas las tristezas de los santos serán así transmutadas; aun las peores de ellas, que parecen como si tuvieran que permanecer para siempre como fuentes de amargura.
Entonces, cuanta más tristeza, más gozo. Si tenemos cargas de tristeza, el poder del Señor las convertirá en toneladas de gozo. Entonces, cuanto más amargo el problema, más dulce el placer: el vaivén del péndulo muy hacia la izquierda hará que vaya tanto más lejos hacia la derecha. El recuerdo del dolor realzará el sabor del deleite: pondremos el uno en contraste con el otro, y el brillo del diamante se verá con mayor claridad a causa del fondo negro que hay detrás de él.
¡Vamos, corazón mío, anímate! Dentro de poco estaré tan alegre como ahora estoy sombrío. Jesús me dice que, por una alquimia celestial, mi tristeza se convertirá en gozo. No veo cómo ha de ser, pero lo creo, y comienzo a cantar por anticipación. Esta depresión del espíritu no es para mucho tiempo; pronto estaré arriba entre los felices que alaban al Señor día y noche, y allí cantaré de la misericordia que me libró de grandes aflicciones.
27 de noviembre
REPOSO EN TODOS TUS CAMINOS
«Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso» Éxodo 33:14
¡Preciosa promesa! Señor, capacítame para apropiármela como enteramente mía.
En ciertos tiempos debemos partir de nuestra morada, porque aquí no tenemos ciudad permanente. A menudo sucede que, cuando más en casa nos sentimos en un lugar, somos llamados de repente a dejarlo. He aquí el antídoto para este mal. El Señor mismo nos hará compañía. Su presencia, que incluye su favor, su comunión, su cuidado y su poder, estará siempre con nosotros en cada una de nuestras marchas. Esto significa mucho más de lo que dice; porque, de hecho, lo significa todo. Si tenemos a Dios presente con nosotros, poseemos el cielo y la tierra. ¡Ve conmigo, Señor, y luego mándame adonde quieras!
Pero esperamos hallar un lugar de reposo. El texto lo promete. Hemos de tener un reposo que Dios mismo da, hace y preserva. Su presencia nos hará reposar aun cuando estemos en marcha, sí, aun en medio de la batalla. ¡Reposo! Palabra tres veces bendita. ¿Pueden acaso disfrutarla los mortales? Sí, ahí está la promesa, y por fe la alegamos. El reposo viene del Consolador, del Príncipe de Paz, y del glorioso Padre que reposó en el séptimo día de todas sus obras. Estar con Dios es reposar en el sentido más enfático.
28 de noviembre
HACER LO QUE DIOS PUEDE BENDECIR
«Jehová enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano» Deuteronomio 28:8
Si obedecemos al Señor nuestro Dios, Él bendecirá aquello que nos da. Las riquezas no son maldición cuando el Señor las bendice. Cuando los hombres tienen más de lo que requieren para su necesidad inmediata, y comienzan a atesorar en graneros, la carcoma de la codicia o el tizón de la dureza de corazón suele seguir a la acumulación; pero con la bendición de Dios no es así. La prudencia dispone el ahorro, la liberalidad dirige el gasto, la gratitud mantiene la consagración, y la alabanza endulza el disfrute. Es una gran misericordia tener la bendición de Dios en la caja fuerte y en la cuenta bancaria.
¡Qué favor se hace nuestro por la última cláusula! «El Señor te bendecirá en todo aquello en que pusieres tu mano». No pondríamos nuestra mano a nada sobre lo cual no nos atreviéramos a pedir la bendición de Dios, ni lo emprenderíamos sin oración y fe. ¡Pero qué privilegio poder buscar la ayuda del Señor en toda empresa! Algunos hablan de un hombre afortunado: la bendición del Señor es mejor que la suerte. El patrocinio de los grandes no es nada comparado con el favor de Dios. La confianza en uno mismo está muy bien; pero la bendición del Señor es infinitamente más que todo el fruto del talento, del genio o del tacto.
29 de noviembre
SABER ESPERAR
«El que creyere, no se apresurará» Isaías 28:16
Se apresurará a guardar los mandamientos del Señor; pero no se apresurará en ningún sentido impaciente o impropio.
No se apresurará a huir, porque no será vencido por el miedo que produce el pánico. Cuando otros corren de un lado a otro como si hubieran perdido el juicio, el creyente estará tranquilo, sereno y ponderado, y así podrá actuar sabiamente en la hora de la prueba.
No se apresurará en sus expectativas, ansiando sus bienes al instante y en el acto; sino que esperará el tiempo de Dios. Algunos tienen una prisa desesperada por tener el pájaro en la mano; porque consideran la promesa del Señor como un pájaro en el arbusto, poco probable que llegue a ser suyo. Los creyentes saben esperar.
No se apresurará lanzándose a una acción errónea o cuestionable. La incredulidad tiene que estar haciendo algo, y así labra su propia ruina; pero la fe no se apresura más de lo debido, y así no se ve forzada a volver con tristeza por el camino que siguió sin cuidado.
¿Cómo va conmigo? ¿Estoy creyendo, y por tanto guardando el paso del creyente, que es andar con Dios? ¡Paz, espíritu inquieto! ¡Oh, reposa en el Señor, y espera en Él pacientemente! ¡Corazón, procura hacer esto de inmediato!
30 de noviembre
DIOS ESTÁ EN LA PRIMERA LÍNEA
«Jehová es quien va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides» Deuteronomio 31:8
Ante una gran obra o una gran guerra, he aquí un texto que debería ayudarnos a ceñir nuestra armadura. Si Jehová mismo va delante de nosotros, seguro ha de ser seguirle. ¿Quién puede obstruir nuestro avance si el Señor mismo va a la vanguardia? ¡Vengan, hermanos soldados, hagamos un pronto avance! ¿Por qué vacilamos en pasar a la victoria?
Y el Señor no solo va delante de nosotros; está con nosotros. Arriba, abajo, alrededor, dentro, está el Omnipotente, el Omnipresente. En todo tiempo, aun hasta la eternidad, estará con nosotros tal como lo ha estado. ¡Cómo debería esto fortalecer nuestro brazo! ¡Lanzaos a ello con denuedo, soldados de la cruz, porque el Señor de los ejércitos está con nosotros!
Estando delante de nosotros y con nosotros, nunca retirará su ayuda. No puede fallar en sí mismo, y no fallará para con nosotros. Continuará ayudándonos conforme a nuestra necesidad, aun hasta el fin. Así como no puede fallarnos, tampoco nos desamparará. Siempre será a la vez capaz y dispuesto a concedernos fuerza y socorro hasta que pasen los días de lucha.
No temamos ni nos intimidemos; porque el Señor de los ejércitos descenderá a la batalla con nosotros, llevará lo más recio del combate, y nos dará la victoria.
Capítulo 12 completado
El mes de noviembre