El Talonario del Banco de la Fe
El mes de octubre

Capítulo 11 · 37 min de lectura

El mes de octubre

1 de octubre

UN PACTO QUE ÉL RECUERDA

«Ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto» Salmos 111:5

Los que temen a Dios no tienen por qué temer la escasez. A lo largo de todos estos años, el Señor siempre ha hallado alimento para sus propios hijos, ya estuvieran en el desierto, o junto al arroyo de Querit, o en cautiverio, o en medio del hambre. Hasta ahora el Señor nos ha dado, día tras día, nuestro pan cotidiano, y no dudamos de que seguirá alimentándonos hasta que ya no necesitemos más.

En cuanto a las bendiciones más altas y grandes del pacto de gracia, jamás cesará de proveerlas conforme lo exija nuestro caso. Se acuerda de que hizo el pacto, y nunca actúa como si lo lamentara. Se acuerda de él aun cuando lo provocamos a destruirnos. Se acuerda de amarnos, guardarnos y consolarnos, tal como se comprometió a hacer. Se acuerda de cada jota y tilde de sus compromisos, y jamás deja caer en tierra ni una sola de sus palabras.

Nosotros nos olvidamos tristemente de nuestro Dios, pero él se acuerda de nosotros con gracia. No puede olvidar a su Hijo, que es el Fiador del Pacto, ni a su Espíritu Santo, que lleva a cabo activamente el pacto, ni su propio honor, que está ligado al pacto. Por eso el fundamento de Dios permanece firme, y ningún creyente perderá su herencia divina, que es suya por un pacto de sal.

2 de octubre

CONSUELO DE CAMINO A CASA

«Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir, mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob» Génesis 50:24

José había sido una providencia encarnada para sus hermanos. Todos nuestros Josés mueren, y con ellos mueren mil consuelos. Egipto nunca volvió a ser el mismo para Israel después de la muerte de José, ni el mundo puede volver a ser, para algunos de nosotros, lo que era cuando nuestros seres queridos vivían.

¡Pero vea cómo se alivió el dolor de aquella triste muerte! Tenían la promesa de que el Dios viviente los visitaría. ¡Una visita del Señor! ¡Qué favor! ¡Qué consuelo! ¡Qué cielo aquí abajo! Oh Señor, visítanos hoy; aunque en verdad no somos dignos de que entres bajo nuestro techo.

Pero se prometió aún más: el Señor los sacaría. Hallarían en Egipto una fría acogida una vez muerto José; más aún, llegaría a ser para ellos casa de servidumbre. Pero no habría de ser así para siempre; saldrían de ella por una liberación divina, y marcharían a la tierra de la promesa. No lloraremos aquí para siempre. Seremos llamados a casa, a la tierra de gloria, para reunirnos con nuestros seres amados. Por tanto, «consolaos unos a otros con estas palabras».

3 de octubre

REFLECTORES DE LA HERMOSURA DEL SEÑOR

«En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza» Salmos 17:15

La porción de otros hombres llena sus cuerpos y enriquece a sus hijos, pero la porción del creyente es de otra clase. Los hombres de este mundo tienen su tesoro en este mundo, pero los hombres del mundo venidero miran más alto y más lejos.

Nuestra posesión es doble. Tenemos la presencia de Dios aquí y su semejanza en el más allá. Aquí contemplamos el rostro del Señor en justicia, pues somos justificados en Cristo Jesús. ¡Oh, el gozo de contemplar el rostro de un Dios reconciliado! La gloria de Dios en el rostro de Jesucristo nos da el cielo aquí abajo, y será para nosotros el cielo de los cielos allá arriba.

Pero la visión no termina ahí: hemos de ser transformados en aquello que contemplamos. Dormiremos por un tiempo y luego despertaremos para hallarnos como espejos que reflejan las hermosuras de nuestro Señor. La fe ve a Dios con una mirada transformadora. El corazón recibe la imagen de Jesús en sus propias profundidades, hasta que el carácter de Jesús queda impreso en el alma. Esto es satisfacción. Ver a Dios y ser como él: ¿qué más puedo desear? La confianza segura de David es aquí convertida, por el Espíritu Santo, en la promesa del Señor. Yo la creo. La espero. Señor, concédela. Amén.

4 de octubre

EL PODEROSO IMÁN

«Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo» Juan 12:32

Vengan, obreros, anímense. Ustedes temen que no podrán reunir una congregación. Prueben la predicación de un Salvador crucificado, resucitado y ascendido; porque este es el mayor «atractivo» que jamás se haya manifestado entre los hombres. ¿Qué los atrajo a Cristo sino Cristo? ¿Qué los atrae a él ahora sino su propio y bendito ser? Si algo distinto los ha atraído a la religión, pronto serán apartados de ella; pero Jesús los ha retenido, y los retendrá hasta el fin. ¿Por qué, entonces, dudar de su poder para atraer a otros? Vayan con el nombre de Jesús a quienes hasta ahora han sido tercos, y vean si no los atrae.

Ninguna clase de hombre está fuera del alcance de este poder de atracción. Viejos y jóvenes, ricos y pobres, ignorantes y doctos, depravados o amables: todos los hombres sentirán la fuerza atractiva. Jesús es el único imán. No pensemos en ningún otro. La música no atraerá a Jesús, ni tampoco la elocuencia, la lógica, el ceremonial o el ruido. Jesús mismo ha de atraer a los hombres hacia sí; y Jesús está plenamente capacitado para la obra en todos los casos. No se dejen tentar por las charlatanerías del momento; sino que, como obreros del Señor, trabajen a su manera, y atraigan con las cuerdas propias del Señor. Atraigan hacia Cristo, y atraigan por medio de Cristo, porque entonces Cristo atraerá por medio de ustedes.

5 de octubre

A LAS ÓRDENES DE DIOS

«Y el remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío del Señor, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres» Miqueas 5:7

Si esto es verdad del Israel literal, mucho más lo es del Israel espiritual, el pueblo creyente de Dios. Cuando los santos son lo que deberían ser, son una bendición incalculable para aquellos entre quienes están esparcidos.

Son como el rocío; pues de manera callada y discreta refrescan a quienes los rodean. Silenciosa pero eficazmente, sirven a la vida, al crecimiento y al gozo de quienes moran con ellos. Recién venidos del cielo, brillando como diamantes al sol, hombres y mujeres llenos de gracia atienden a los débiles e insignificantes, hasta que cada brizna de hierba tiene su propia gota de rocío. Pequeños como individuos, son, unidos, del todo suficientes para los propósitos de amor que el Señor cumple por medio de ellos. Las gotas de rocío logran refrescar anchos campos. ¡Señor, haznos como el rocío!

Los hombres piadosos son como lluvias que vienen a las órdenes de Dios, sin permiso ni licencia del hombre. Trabajan para Dios, lo quieran los hombres o no; no piden permiso humano más de lo que lo pide la lluvia. Señor, haznos así de audazmente prontos y libres en tu servicio, dondequiera que nos toque estar.

6 de octubre

LA CONDUCCIÓN DE NUESTRO GUÍA

«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad» Juan 16:13

La verdad es como una vasta caverna en la que deseamos entrar, pero no somos capaces de recorrerla solos. A la entrada es clara y luminosa; pero si quisiéramos ir más adentro y explorar sus rincones más recónditos, necesitamos un guía, o nos perderemos. El Espíritu Santo, que conoce toda la verdad perfectamente, es el guía designado de todos los verdaderos creyentes, y los conduce, según son capaces de soportarlo, de una cámara interior a otra, de modo que contemplan las cosas profundas de Dios, y su secreto les es revelado.

¡Qué promesa es esta para la mente que humildemente inquiere! Deseamos conocer la verdad, y entrar en ella. Somos conscientes de nuestra propia propensión a errar, y sentimos la apremiante necesidad de un guía. Nos alegramos de que el Espíritu Santo haya venido y more entre nosotros. Se digna actuar como guía nuestro, y gustosamente aceptamos su dirección. «Toda la verdad» deseamos aprender, para no ser unilaterales ni estar desequilibrados. No querríamos ignorar de buen grado ninguna parte de la revelación, no sea que por ello perdamos una bendición o incurramos en pecado. El Espíritu de Dios ha venido para guiarnos a toda la verdad: escuchemos con corazón obediente sus palabras y sigamos su dirección.

7 de octubre

SIEMPRE EL PRIMERO EN LA COMUNIÓN

«Él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo» Marcos 16:7

Donde había señalado encontrarse con sus discípulos, allí estaría a su debido tiempo. Jesús acude a su cita. Si promete encontrarse con nosotros ante el propiciatorio, o en el culto público, o en las ordenanzas, podemos contar con que allí estará. Nosotros podemos, perversamente, faltar al lugar de encuentro señalado, pero él nunca lo hace. Dice: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo»; no dice «Allí estaré», sino «Allí estoy ya».

Jesús es siempre el primero en la comunión: «Él va delante de vosotros». Su corazón está con su pueblo, su deleite está en ellos, nunca es tardo en salir a su encuentro. En toda comunión, él va delante de nosotros.

Pero se revela a quienes vienen tras él: «allí le veréis». ¡Visión gozosa! No nos importa ver al más grande de los meros hombres, pero ver a ÉL es quedar llenos de gozo y de paz. Y le veremos, porque promete venir a los que creen en él, y manifestarse a ellos. Tenga la seguridad de que así será, porque él lo hace todo conforme a su palabra de promesa: «como os dijo». Aférrese a esas últimas palabras, y tenga la certeza de que hasta el fin hará por usted «como os dijo».

8 de octubre

NUNCA SOLO

«Nunca más te llamarán Desamparada» Isaías 62:4

«Desamparada» es una palabra desoladora. Suena como un tañido fúnebre. Es el registro de los más agudos pesares, y la profecía de los más terribles males. Un abismo de miseria se abre en esa palabra: «Desamparada». ¡Desamparado por quien empeñó su honor! ¡Desamparado por un amigo tanto tiempo probado y confiado! ¡Desamparado por un pariente querido! ¡Desamparado por padre y madre! ¡Desamparado por todos! Esto es aflicción en verdad, y sin embargo puede soportarse con paciencia si el Señor nos recoge.

Pero, ¿qué será sentirse desamparado de Dios? Piense en aquel más amargo de los clamores: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?». ¿Hemos probado alguna vez, en algún grado, el ajenjo y la hiel de la «Desamparada», en ese sentido? Si así fue, supliquemos a nuestro Señor que nos libre de toda repetición de tan indecible pesar. ¡Oh, que nunca vuelva semejante tiniebla! Hombres, movidos por la malicia, dijeron de un santo: «Dios le ha desamparado; perseguidle y tomadle». Pero siempre fue falso. El amoroso favor del Señor obligará a nuestros crueles enemigos a tragarse sus propias palabras, o, al menos, a callar.

Lo contrario de todo esto es aquella superlativa palabra, Hefzibá: «el Señor se deleita en ti». Esto convierte el llanto en danza. Que quienes soñaban estar desamparados oigan al Señor decir: «Nunca te dejaré, ni te desampararé».

9 de octubre

¿QUÉ SANTIFICA NUESTRAS OFRENDAS?

«Y el sacerdote pondrá de esa sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático delante del Señor» Levítico 4:7

El altar del incienso es el lugar donde los santos presentan sus oraciones y alabanzas; y es delicioso pensarlo rociado con la sangre del gran sacrificio. Esto es lo que hace que toda nuestra adoración sea aceptable ante el Señor: él ve la sangre de su propio Hijo, y por eso acepta nuestro homenaje.

Bien nos conviene fijar los ojos en la sangre de la única ofrenda por el pecado. El pecado se mezcla incluso con nuestras cosas santas, y nuestro mejor arrepentimiento, fe, oración y acción de gracias no podrían ser recibidos por Dios si no fuera por el mérito del sacrificio expiatorio. Muchos se burlan de «la sangre»; pero para nosotros es el fundamento del consuelo y de la esperanza. Aquello que está sobre los cuernos del altar ha de estar prominentemente ante nuestros ojos cuando nos acercamos a Dios. La sangre da fuerza a la oración, y por eso está sobre los cuernos del altar. Está «delante del Señor», y por tanto debe estar delante de nosotros. Está sobre el altar antes de que traigamos el incienso; está allí para santificar nuestras ofrendas y dádivas.

Vengamos, oremos con confianza, ya que la Víctima ha sido ofrecida, el mérito ha sido presentado, la sangre está dentro del velo, y las oraciones de los creyentes han de ser dulces al Señor.

10 de octubre

PUERTA ABIERTA DE COMUNIÓN

«He puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar» Apocalipsis 3:8

Los santos que permanecen fieles a la verdad de Dios tienen ante sí una puerta abierta. Alma mía, has resuelto vivir y morir por aquello que el Señor ha revelado en su Palabra, y por eso ante ti se halla esta puerta abierta.

Entraré por la puerta abierta de la comunión con Dios. ¿Quién me lo impedirá? Jesús ha quitado mi pecado, y me ha dado su justicia, por tanto puedo entrar libremente. Señor, así lo hago por tu gracia.

Tengo también ante mí una puerta abierta a los misterios de la Palabra. Puedo entrar en las cosas profundas de Dios. La Elección, la Unión con Cristo, la Segunda Venida: todas están ante mí, y puedo disfrutarlas. Ninguna promesa ni doctrina está ya cerrada para mí.

Ante mí hay una puerta abierta de acceso en lo privado, y una puerta abierta de utilidad en lo público. Dios me oirá; Dios me usará. Se ha abierto una puerta para mi marcha hacia la iglesia de arriba, y para mi comunión diaria con los santos de aquí abajo. Algunos intentarán encerrarme o dejarme fuera, pero todo en vano.

Pronto veré una puerta abierta al cielo: la puerta de perla será mi vía de entrada, y entonces entraré a mi Señor y Rey, y estaré con Dios eternamente encerrado dentro.

11 de octubre

LIBRES PARA VIAJAR

«Y yo los fortaleceré en el Señor, y andarán en su nombre, dice el Señor» Zacarías 10:12

Un consuelo para los santos enfermos. Han desfallecido, y temen que jamás se levantarán del lecho de la duda y el temor; pero el gran Médico puede a la vez quitar la enfermedad y remover la debilidad que ha resultado de ella. Fortalecerá a los débiles. Y esto lo hará del mejor modo posible, porque será «en el Señor». Nuestra fuerza está mucho mejor en Dios que en nosotros mismos. En el Señor produce comunión; en nosotros mismos crearía orgullo. En nosotros mismos estaría tristemente limitada, pero en Dios no conoce límite.

Cuando se da fuerza, el creyente la usa. Anda de un lado a otro en el nombre del Señor. ¡Qué gozo es salir a caminar tras la enfermedad, y qué delicia ser fuerte en el Señor después de una temporada de postración! El Señor da a su pueblo libertad para andar de aquí para allá, y un reposo interior para ejercer esa libertad. Hace de nosotros hombres libres: no somos esclavos que no conocen descanso ni ven paisaje alguno, sino que somos libres para viajar a nuestro gusto por toda la tierra de Emanuel.

Vamos, corazón mío, no estés ya enfermo ni afligido; Jesús te manda ser fuerte, y andar con Dios en santa contemplación. Obedece su palabra de amor.

12 de octubre

MARCA DE LA GRACIA DEL PACTO

«Y el Señor tu Dios circuncidará tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas» Deuteronomio 30:6

Aquí leemos de la verdadera circuncisión.

Note su autor: «el Señor tu Dios». Solo él puede tratar eficazmente con nuestro corazón, y quitar su carnalidad y contaminación. Hacernos amar a Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma es un milagro de gracia que solo el Espíritu Santo puede obrar. Debemos mirar únicamente al Señor para esto, y nunca contentarnos con nada menos.

Note dónde se obra esta circuncisión. No es de la carne, sino del espíritu. Es la marca esencial del pacto de gracia. El amor a Dios es la señal indeleble de la simiente escogida; por este sello secreto se le certifica al creyente la elección de gracia. Hemos de cuidar de no confiar en ningún rito externo, sino de estar sellados en el corazón por la obra del Espíritu Santo.

Note cuál es el resultado: «a fin de que vivas». Ocuparse de la carne es muerte. En el vencimiento de la carne hallamos vida y paz. Si nos ocupamos de las cosas del Espíritu, viviremos. ¡Oh, que el Señor, nuestro Dios, complete su graciosa obra en nuestras naturalezas internas, para que en el más pleno y alto sentido vivamos para el Señor!

13 de octubre

SI, Y UNA TRIPLE PROMESA

«Si mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, se humillare, y orare, y buscare mi rostro, y se convirtiere de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» 2 Crónicas 7:14

Llamados por el nombre del Señor, somos, no obstante, hombres y mujeres que yerran. ¡Qué misericordia que nuestro Dios esté presto a perdonar! Siempre que pequemos, apresurémonos al propiciatorio de nuestro Dios, buscando el perdón.

Hemos de humillarnos. ¿No deberíamos ser humillados por el hecho de que, tras recibir tanto amor, todavía transgredimos? Oh Señor, nos postramos ante ti en el polvo, y reconocemos nuestra grave ingratitud. ¡Oh, la infamia del pecado! ¡Oh, la infamia siete veces mayor en personas tan favorecidas como lo hemos sido nosotros!

Luego, hemos de orar por misericordia, por limpieza, por liberación del poder del pecado. Oh Señor, óyenos aun ahora, y no cierres la puerta a nuestro clamor.

En esta oración hemos de buscar el rostro del Señor. Se ha apartado de nosotros a causa de nuestras faltas, y debemos rogarle que vuelva. Oh Señor, míranos en tu Hijo Jesús, y sonríe sobre tus siervos.

Con esto ha de ir nuestro propio apartamiento del mal; Dios no puede volverse a nosotros a menos que nos apartemos del pecado.

Entonces viene la triple promesa de oír, perdonar y sanar. Padre nuestro, concédenos estas cosas de inmediato, por amor de nuestro Señor Jesucristo.

14 de octubre

NUNCA AVERGONZADO

«A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos» Mateo 10:32

¡Promesa llena de gracia! Es un gran gozo para mí confesar a mi Señor. Cualesquiera que sean mis faltas, no me avergüenzo de Jesús, ni temo declarar las doctrinas de su cruz. Oh Señor, no he encubierto tu justicia dentro de mi corazón.

¡Dulce es la perspectiva que el texto pone ante mí! Los amigos abandonan y los enemigos se regocijan, pero el Señor no reniega de su siervo. Sin duda mi Señor me reconocerá aun aquí, y me dará nuevas muestras de su favorable estima. Pero llega un día en que debo comparecer ante el gran Padre. ¡Qué dicha pensar que Jesús me confesará entonces! Dirá: «Este hombre verdaderamente confió en mí, y estuvo dispuesto a ser vituperado por causa de mi nombre; y por eso lo reconozco como mío». El otro día un gran hombre fue armado caballero, y la Reina le entregó una jarretera enjoyada; pero, ¿qué de eso? Será un honor por encima de todos los honores que el Señor Jesús nos confiese en presencia de la divina Majestad en los cielos. Que nunca me avergüence de reconocer a mi Señor. Que nunca me permita un cobarde silencio, ni consienta un pusilánime compromiso. ¿Habré de ruborizarme por reconocer a aquel que promete reconocerme a mí?

15 de octubre

SOSTENIDOS POR EL ALIMENTO

«Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí» Juan 6:57

Vivimos en virtud de nuestra unión con el Hijo de Dios. Como Mediador Dios-hombre, el Señor Jesús vive por el Padre existente por sí mismo que le ha enviado, y del mismo modo nosotros vivimos por el Salvador que nos ha vivificado. Aquel que es la fuente de nuestra vida es también su sustento. La vida se sostiene por el alimento. Debemos sostener la vida espiritual con alimento espiritual, y ese alimento espiritual es el Señor Jesús. No su vida, ni su muerte, ni sus oficios, ni su obra, ni su palabra por sí solos, sino él mismo, que incluye todas estas cosas. De Jesús mismo nos alimentamos.

Esto se nos presenta en la Cena del Señor, pero de hecho lo disfrutamos cuando meditamos en nuestro Señor, creemos en él con fe que se lo apropia, lo recibimos en nosotros por el amor, y lo asimilamos por el poder de la vida interior. Sabemos lo que es alimentarnos de Jesús, pero no podemos decirlo ni escribirlo. Nuestro camino más sabio es practicarlo, y hacerlo cada vez más. Se nos ruega comer abundantemente, y será para nuestro infinito provecho hacerlo cuando Jesús es nuestra comida y nuestra bebida.

Señor, te doy gracias porque esto, que es una necesidad de mi nueva vida, es también su mayor delicia. Así, en esta hora me alimento de ti.

16 de octubre

UNO CON CRISTO JESÚS

«Porque yo vivo, y vosotros también viviréis» Juan 14:19

Jesús ha hecho la vida de los creyentes en él tan cierta como la suya propia. Tan seguro como que la Cabeza vive, viven también los miembros. Si Jesús no ha resucitado de entre los muertos, entonces estamos muertos en nuestros pecados; pero puesto que ha resucitado, todos los creyentes han resucitado en él. Su muerte ha quitado nuestras transgresiones, y ha soltado las ligaduras que nos retenían bajo la sentencia de muerte. Su resurrección prueba nuestra justificación: estamos absueltos, y la misericordia dice: «El Señor ha quitado tu pecado; no morirás».

Jesús ha hecho la vida de su pueblo tan eterna como la suya propia. ¿Cómo pueden morir mientras él viva, siendo que son uno con él? Porque él no muere ya más, y la muerte no tiene ya dominio sobre él, así ellos no volverán más a las tumbas de sus viejos pecados, sino que vivirán para el Señor en novedad de vida. Oh creyente, cuando, bajo gran tentación, tema usted que un día caerá por mano del enemigo, deje que esto lo tranquilice. Nunca perderá su vida espiritual, porque está escondida con Cristo en Dios. Usted no duda de la inmortalidad de su Señor; por tanto, no piense que él lo dejará morir, pues es uno con él. El argumento a favor de su vida es la vida de él, y de esa no puede tener temor alguno; por lo cual descanse en su Señor viviente.

17 de octubre

TEMOR SANTO

«El que teme el mandamiento será recompensado» Proverbios 13:13

El santo temor reverente de la Palabra de Dios está muy en desuso. Los hombres se creen más sabios que la Palabra del Señor, y se sientan a juzgarla. «Mas yo no hice así, por temor de Dios». Aceptamos el Libro inspirado como infalible, y probamos nuestra estima con nuestra obediencia. No tenemos terror de la Palabra, pero sí un temor filial hacia ella. No tememos sus penas, porque tememos sus mandamientos.

Este santo temor del mandamiento produce el reposo de la humildad, que es mucho más dulce que la temeridad del orgullo. Se vuelve una guía para nosotros en nuestros movimientos; un freno cuando vamos cuesta abajo, y un estímulo cuando la subimos. Preservados del mal y conducidos a la justicia por nuestra reverencia al mandamiento, ganamos una conciencia tranquila, que es un pozo de vino; un sentido de libertad de responsabilidad, que es como vida de entre los muertos; y una confianza de agradar a Dios, que es el cielo aquí abajo. Los impíos pueden ridiculizar nuestra profunda reverencia por la Palabra del Señor; pero, ¿qué de eso? El premio de nuestro supremo llamamiento es consuelo suficiente para nosotros. Las recompensas de la obediencia nos hacen despreciar el desprecio del que se burla.

18 de octubre

LÁGRIMAS, LUEGO GOZOSA COSECHA

«Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán» Salmos 126:5

Los tiempos de llanto son propicios para la siembra: no queremos que la tierra esté demasiado seca. La semilla empapada en las lágrimas de una honda ansiedad brotará tanto más pronto. La sal de las lágrimas de oración dará a la buena semilla un sabor que la preservará del gusano: la verdad hablada con solemne fervor tiene una doble vida. En lugar de detener nuestra siembra a causa de nuestro llanto, redoblemos nuestros esfuerzos, pues la estación es tan propicia.

Nuestra semilla celestial no podría sembrarse apropiadamente entre risas. La honda tristeza y la preocupación por las almas de otros son un acompañamiento mucho más adecuado de la enseñanza piadosa que cualquier cosa parecida a la ligereza. Hemos oído de hombres que fueron a la guerra con el corazón alegre, pero fueron vencidos; y así ocurre casi siempre con quienes siembran del mismo modo.

Ven, pues, corazón mío, sigue sembrando en tu llanto, porque tienes la promesa de una gozosa cosecha. Segarás. Tú mismo verás algún resultado de tu labor. Este vendrá a ti en tan gran medida que te dará gozo, cosa que una pobre, marchita y escasa cosecha no haría. Cuando tus ojos estén empañados de lágrimas de plata, piensa en el trigo dorado. Lleva con ánimo la fatiga y el desengaño presentes; porque el día de la cosecha te recompensará plenamente.

19 de octubre

CASTIGO CON MEDIDA

«Te corregiré con medida» Jeremías 30:11

Quedar sin corrección sería una señal fatal: probaría que el Señor ha dicho: «Dado es a los ídolos; déjalo». ¡Dios quiera que tal cosa nunca sea nuestra porción! La prosperidad ininterrumpida es cosa que debe causar temor y temblor. A cuantos Dios ama tiernamente, los reprende y castiga: a aquellos por quienes no tiene estima, los deja engordar sin temor, como bueyes para el matadero. Es por amor que nuestro Padre celestial usa la vara sobre sus hijos.

Mas vea, la corrección es «con medida»: él nos da amor sin medida, pero el castigo «con medida». Como bajo la antigua ley ningún israelita podía recibir más de los «cuarenta azotes menos uno», lo cual aseguraba un cuidadoso conteo y un sufrimiento limitado, así ocurre con cada miembro afligido de la casa de la fe: cada golpe es contado. Es la medida de la sabiduría, la medida de la simpatía, la medida del amor, la que regula nuestro castigo. Lejos esté de nosotros rebelarnos contra disposiciones tan divinas. Señor, si tú estás junto a mí para medir las amargas gotas en mi copa, a mí me toca tomar con ánimo esa copa de tu mano, y beber conforme a tus indicaciones, diciendo: «Hágase tu voluntad».

20 de octubre

DE TODO PECADO

«Él salvará a su pueblo de sus pecados» Mateo 1:21

Señor, sálvame de mis pecados. Por tu nombre de Jesús me siento animado a orar así. Sálvame de mis pecados pasados, para que el hábito de ellos no me tenga cautivo. Sálvame de mis pecados constitucionales, para que no sea esclavo de mis propias debilidades. Sálvame de los pecados que están continuamente ante mis ojos, para que no pierda el horror que les tengo. Sálvame de los pecados secretos; pecados que no percibo por mi falta de luz. Sálvame de los pecados súbitos y sorprendentes: que no me arrastre de los pies una ráfaga de tentación. Sálvame, Señor, de todo pecado. Que ninguna iniquidad tenga dominio sobre mí.

Solo tú puedes hacer esto. Yo no puedo romper mis propias cadenas ni matar a mis propios enemigos. Tú conoces la tentación, porque fuiste tentado. Tú conoces el pecado, porque llevaste su peso. Tú sabes cómo socorrerme en mi hora de conflicto; puedes salvarme de pecar, y salvarme cuando he pecado. En tu mismo nombre está prometido que harás esto, y te ruego que hoy me dejes verificar la profecía. No me dejes ceder al mal genio, ni al orgullo, ni al abatimiento, ni a forma alguna de mal; sino sálvame para la santidad de vida, para que tu nombre de Jesús sea glorificado en mí abundantemente.

21 de octubre

LA TABLA DE MULTIPLICAR DE DIOS

«El pequeño vendrá a ser mil, y el menor, una nación fuerte; yo, el Señor, a su tiempo apresuraré esto» Isaías 60:22

Las obras para el Señor a menudo comienzan en pequeña escala, y no por ello son peores. La pequeñez educa la fe, acerca a Dios y gana gloria para su nombre. ¡Estime las promesas de aumento! La semilla de mostaza es la más pequeña entre las semillas, y sin embargo llega a ser una planta como un árbol, con ramas donde anidan las aves del cielo. Podemos comenzar con uno, y ese «un pequeño», y con todo llegará a «ser mil». El Señor es grande en la tabla de multiplicar. ¡Cuántas veces dijo a su solitario siervo: «Yo te multiplicaré»! Confíen en el Señor, ustedes los de uno en uno y de dos en dos; porque él estará en medio de ustedes si están reunidos en su nombre.

«El menor». ¡Qué puede haber más despreciable a los ojos de quienes cuentan cabezas y sopesan fuerzas! Sin embargo, este es el núcleo de una gran nación. Solo una estrella brilla al principio en el atardecer, pero pronto el cielo se llena de incontables luces.

Ni necesitamos pensar que la perspectiva de aumento sea remota, porque la promesa es: «yo, el Señor, a su tiempo apresuraré esto». No habrá prisa prematura, como la que vemos en reuniones exaltadas; todo será a su debido tiempo; y sin embargo no habrá demora. Cuando el Señor se apresura, su rapidez es gloriosa.

22 de octubre

ALEGUE SU PROPIA PROMESA

«Tú, oh Señor Dios, lo has dicho; y con tu bendición sea bendita la casa de tu siervo para siempre» 2 Samuel 7:29

Esta es una promesa alegada, y por eso nos brinda doble instrucción. Cualquier cosa que el Señor Dios haya dicho debemos recibirla como ciertamente verdadera, y luego alegarla ante el trono.

¡Oh, qué dulce es citar lo que nuestro propio Dios ha dicho! ¡Qué precioso usar un «por tanto» que la promesa sugiere, como hace David en este versículo!

No oramos porque dudemos, sino porque creemos. Orar con incredulidad es impropio de los hijos del Señor. No, Señor, no podemos dudar de ti: estamos persuadidos de que cada palabra tuya es un firme fundamento para la más audaz expectación. Venimos a ti y decimos: «Haz como has dicho». Bendice la casa de tu siervo. Sana a nuestros enfermos; salva a nuestros vacilantes; restaura a los que se extravían; confirma a los que viven en tu temor. Señor, danos alimento y vestido conforme a tu palabra. Prospera nuestras empresas; especialmente da éxito a nuestros esfuerzos por dar a conocer tu evangelio en nuestro vecindario. Haz de nuestros siervos tus siervos, de nuestros hijos tus hijos. Que la bendición fluya a las generaciones futuras, y mientras quede alguno de nuestra descendencia sobre la tierra, permanezcan fieles a ti. Oh Señor Dios, «sea bendita la casa de tu siervo».

23 de octubre

COSECHA DE LUZ Y DE ALEGRÍA

«Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón» Salmos 97:11

La justicia a menudo le resulta costosa al hombre que se aferra a ella a toda costa, pero al final cubrirá sus propios gastos, y devolverá una ganancia infinita. Una vida santa es como sembrar semilla: mucho sale, y en apariencia queda enterrado en el suelo, para nunca más ser recogido. Nos equivocamos cuando esperamos una cosecha inmediata; pero el error es muy natural, porque parece imposible enterrar la luz. Sin embargo, la luz es «sembrada», dice el texto. Yace latente: nadie puede verla, está sembrada. Estamos bien seguros de que un día ha de manifestarse.

Plenamente seguros estamos de que el Señor ha dispuesto una cosecha para los sembradores de luz, y ellos la segarán, cada uno para sí mismo. Entonces vendrá su alegría. Gavillas de gozo por semillas de luz. Su corazón era recto delante del Señor, aunque los hombres no se lo reconocían, sino que hasta los censuraban: eran justos, aunque quienes los rodeaban los denunciaban como criticones. Tuvieron que esperar, como esperan los labradores el precioso fruto de la tierra: pero la luz estaba sembrada para ellos, y la alegría estaba siendo preparada a su favor por el Señor de la cosecha.

¡Ánimo, hermanos! No tenemos por qué apresurarnos. Poseamos nuestras almas con paciencia, porque pronto nuestras almas poseerán luz y alegría.

24 de octubre

FIRMEZA PIADOSA

«Y te pondré para este pueblo como muro fortificado de bronce; y pelearán contra ti, pero no prevalecerán contra ti; porque yo estoy contigo para salvarte y librarte, dice el Señor» Jeremías 15:20

La firmeza en el temor y la fe de Dios hará de un hombre algo semejante a un muro de bronce, que nadie puede derribar ni quebrar. Solo el Señor puede hacer tales hombres; pero los necesitamos en la iglesia, y en el mundo, pero especialmente en el púlpito.

Contra los hombres de verdad que no transigen, esta época de farsas peleará con uñas y dientes. Nada parece ofender a Satanás y a su simiente como la firmeza. Atacan la santa firmeza así como los asirios sitiaban las ciudades amuralladas. El gozo está en que no pueden prevalecer contra aquellos a quienes Dios ha hecho fuertes en su fuerza. Llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, a otros solo hace falta soplarles, y allá se van; pero quienes aman las doctrinas de la gracia, porque poseen la gracia de las doctrinas, se yerguen como rocas en medio de mares embravecidos.

¿De dónde esta firmeza? «Yo estoy contigo, dice el Señor»: esa es la verdadera respuesta. El Señor salvará y librará a las almas fieles de todos los asaltos del adversario. Las huestes están contra nosotros, pero el Señor de los ejércitos está con nosotros. No nos atrevemos a movernos ni un palmo; porque el Señor mismo nos sostiene en nuestro lugar, y allí permaneceremos para siempre.

25 de octubre

DIOS PRIMERO, LUEGO LO DEMÁS

«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» Mateo 6:33

Vea cómo abre la Biblia: «En el principio, Dios». Que su vida se abra del mismo modo. Busque con toda su alma, primera y ante todo, el reino de Dios, como el lugar de su ciudadanía, y su justicia como el carácter de su vida. En cuanto a lo demás, vendrá del Señor mismo sin que usted se afane por ello. Todo lo que es necesario para esta vida y la piedad «os será añadido».

¡Qué promesa es esta! Alimento, vestido, hogar y demás, Dios se compromete a añadírselos mientras usted lo busca a él. Usted atiende sus asuntos, y él atenderá los suyos. Si desea papel y cordel, se los dan de añadidura cuando compra mercancías más importantes; y del mismo modo, todo lo que necesitemos de las cosas terrenales lo tendremos incluido junto con el reino. Quien es heredero de la salvación no morirá de inanición; y quien viste su alma con la justicia de Dios no puede ser dejado por el Señor con el cuerpo desnudo. ¡Fuera la angustiosa preocupación! Ponga toda su mente en buscar al Señor. La codicia es pobreza, y la ansiedad es miseria: la confianza en Dios es una hacienda, y la semejanza con Dios es una herencia celestial. Señor, yo te busco, déjate hallar de mí.

26 de octubre

POR CAUSA DE NOSOTROS

«Por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados» Mateo 24:22

Por causa de sus escogidos el Señor retiene muchos juicios, y acorta otros. En grandes tribulaciones el fuego lo devoraría todo si no fuera porque, en atención a sus escogidos, el Señor amortigua la llama. Así, mientras salva a sus escogidos por amor de Jesús, también preserva a la raza por amor de sus elegidos.

¡Qué honor se pone así sobre los santos! ¡Con cuánta diligencia deberían usar su influencia ante su Señor! Él oirá sus oraciones por los pecadores, y bendecirá sus esfuerzos por la salvación de ellos. Bendice a los creyentes para que sean bendición a quienes están en la incredulidad. Muchos pecadores viven a causa de las oraciones de una madre, o una esposa, o una hija, a quienes el Señor tiene respeto.

¿Hemos usado rectamente el singular poder que el Señor nos confía? ¿Oramos por nuestro país, por otras tierras, y por la época? ¿Nos presentamos, en tiempos de guerra, hambre y pestilencia, como intercesores, suplicando que los días sean acortados? ¿Lamentamos delante de Dios los estallidos de infidelidad, error y libertinaje? ¿Rogamos a nuestro Señor Jesús que acorte el reinado del pecado apresurando su propia gloriosa aparición? Pongámonos de rodillas, y no descansemos hasta que Cristo aparezca.

27 de octubre

SU SERVICIO, SU ROSTRO, SU NOMBRE

«Sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes» Apocalipsis 22:3-4

Tres bendiciones escogidas serán nuestras en la tierra de gloria.

«Sus siervos le servirán». Ningún otro señor nos oprimirá, ningún otro servicio nos afligirá. Serviremos a Jesús siempre, perfectamente, sin cansancio y sin error. Esto es el cielo para un santo: servir en todo al Señor Cristo, y ser reconocido por él como su siervo es la alta ambición de nuestra alma para la eternidad.

«Y verán su rostro». Esto hace que el servicio sea delicioso: en verdad, es la recompensa presente del servicio. Conoceremos a nuestro Señor, porque le veremos tal como es. Ver el rostro de Jesús es el sumo favor que el más fiel siervo del Señor puede pedir. ¿Qué más pudo pedir Moisés que: «Muéstrame tu rostro»?

«Y su nombre estará en sus frentes». Contemplan a su Señor hasta que su nombre queda fotografiado en sus frentes. Son reconocidos por él, y ellos lo reconocen a él. La marca secreta de la gracia interior se desarrolla en el signo público y manifiesto de una relación confesada.

¡Oh Señor, danos estas tres cosas en sus comienzos aquí, para que las poseamos en su plenitud en tu propia morada de bienaventuranza!

28 de octubre

PECADOS DE IGNORANCIA

«Y les será perdonado, porque fue por ignorancia» Números 15:25

A causa de nuestra ignorancia no somos plenamente conscientes de nuestros pecados de ignorancia. Sin embargo, podemos estar seguros de que son muchos, tanto de comisión como de omisión. Podemos estar haciendo con toda sinceridad, como un servicio a Dios, aquello que él nunca ha mandado, y que nunca puede aceptar.

El Señor conoce cada uno de estos pecados de ignorancia. Esto bien puede alarmarnos, ya que en justicia nos demandará estas transgresiones; pero, por otro lado, la fe divisa consuelo en este hecho, porque el Señor cuidará de que las manchas que no vemos sean, con todo, lavadas. Ve el pecado para dejar de verlo, echándolo tras sus espaldas.

Nuestro gran consuelo es que Jesús, el verdadero sacerdote, ha hecho expiación por toda la congregación de los hijos de Israel. Esa expiación asegura el perdón de los pecados desconocidos. Su preciosa sangre nos limpia de todo pecado. Ya sea que nuestros ojos lo hayan visto y llorado por él, o no, Dios lo ha visto, Cristo ha expiado por él, el Espíritu da testimonio del perdón de él, y así tenemos una triple paz.

Oh Padre mío, alabo tu divino conocimiento, que no solo percibe mis iniquidades, sino que provee una expiación que me libra de la culpa de ellas, aun antes de que yo sepa que soy culpable.

29 de octubre

MANTENGA LA DIFERENCIA

«Y yo pondré diferencia entre mi pueblo y tu pueblo. Mañana será esta señal» Éxodo 8:23

Faraón tiene un pueblo, y el Señor tiene un pueblo. Estos pueden habitar juntos, y parecer que corren la misma suerte, pero hay una división entre ellos, y el Señor la hará manifiesta. No para siempre acontecerá lo mismo a todos, sino que habrá gran diferencia entre los hombres del mundo y el pueblo de la elección del Señor.

Esto puede suceder en tiempo de juicios, cuando el Señor viene a ser el santuario de sus santos. Es muy conspicuo en la conversión de los creyentes, cuando su pecado es quitado, mientras los incrédulos quedan bajo condenación. Desde ese momento vienen a ser una raza distinta, entran bajo una nueva disciplina, y disfrutan de nuevas bendiciones. Sus hogares, de allí en adelante, quedan libres de los penosos enjambres de males que contaminan y atormentan a los egipcios. Son guardados de la contaminación de la concupiscencia, del mordisco de la inquietud, de la corrupción de la falsedad, y del cruel tormento del odio, que devoran a muchas familias.

Tenga la seguridad, creyente probado, de que aunque tiene sus tribulaciones, está a salvo de enjambres de otras peores, que infestan los hogares y los corazones de los siervos del Príncipe de este mundo. El Señor ha puesto una división; procure mantener la división en espíritu, propósito, carácter y compañía.

30 de octubre

LIMPIEZA COMPLETA

«Entonces esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré» Ezequiel 36:25

¡Qué gozo tan grande es este! Aquel que nos ha purificado con la sangre de Jesús también nos limpiará con el agua del Espíritu Santo. Dios lo ha dicho, y así ha de ser: «Seréis limpios». Señor, sentimos y lloramos nuestra impureza, y es alentador que tu propia boca nos asegure que seremos limpios. ¡Oh, que hicieras pronto esta obra!

Él nos librará de nuestros peores pecados. Los levantamientos de la incredulidad, y las concupiscencias engañosas que combaten contra el alma, los viles pensamientos de orgullo, y las sugestiones de Satanás para blasfemar el sagrado nombre: todos estos serán de tal modo purgados que nunca volverán.

También nos limpiará de todos nuestros ídolos, ya sean de oro o de barro: nuestros amores impuros, y nuestro amor excesivo por aquello que en sí mismo es puro. Aquello que hemos idolatrado, o será quebrado y apartado de nosotros, o nosotros seremos apartados de ello.

Es Dios quien habla de lo que él mismo hará. Por tanto, esta palabra es firme y segura, y podemos con audacia esperar aquello que nos garantiza. La limpieza es una bendición del pacto, y el pacto está bien ordenado en todas las cosas, y será cumplido.

31 de octubre

INMORTAL HASTA QUE LA OBRA ESTÉ HECHA

«No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor» Salmos 118:17

¡Qué hermosa seguridad! Sin duda se fundaba en una promesa, susurrada interiormente en el corazón del salmista, que él asió y disfrutó. ¿Es mi caso como el de David? ¿Estoy abatido porque el enemigo me afrenta? ¿Hay multitudes contra mí, y pocos de mi lado? ¿Me manda la incredulidad tenderme y morir en desesperación, hombre derrotado y deshonrado? ¿Comienzan mis enemigos a cavar mi tumba?

¿Y qué, entonces? ¿Cederé al susurro del temor, y abandonaré la batalla, y con ella toda esperanza? Lejos de eso. Todavía hay vida en mí: «No moriré». El vigor volverá y quitará mi debilidad: «Viviré». El Señor vive, y yo también viviré. Mi boca se abrirá otra vez: «Contaré las obras del Señor». Sí, y hablaré de la presente tribulación como de otro ejemplo de la asombrosa fidelidad y amor del Señor mi Dios. Quienes de buena gana me medirían para el ataúd harían mejor en esperar un poco; porque «el Señor me castigó gravemente, mas no me entregó a la muerte». ¡Gloria sea a su nombre para siempre! Soy inmortal hasta que mi obra esté hecha. Hasta que el Señor lo quiera, ninguna bóveda podrá cerrarse sobre mí.

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