Capítulo 10 · 37 min de lectura
El mes de septiembre
1 de septiembre
PERMANECER EN OBEDIENCIA, EN AMOR
«Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» Juan 15:10
Estas cosas no pueden separarse: permanecer en obediencia y permanecer en el amor de Jesús. Solamente una vida bajo el gobierno de Cristo puede probar que somos objeto del deleite de nuestro Señor. Debemos guardar el mandamiento de nuestro Señor si queremos gozar de su amor. Si vivimos en el pecado, no podemos vivir en el amor de Cristo. Sin la santidad que agrada a Dios, no podemos agradar a Jesús. El que nada se preocupa por la santidad, nada sabe del amor de Jesús.
El gozo consciente del amor de nuestro Señor es algo delicado. Es mucho más sensible al pecado y a la santidad que el mercurio al frío y al calor. Cuando somos tiernos de corazón, y cuidadosos en el pensamiento, en el labio y en la vida para honrar a nuestro Señor Jesús, entonces recibimos muestras sin número de su amor. Si deseamos perpetuar semejante dicha, debemos perpetuar la santidad. El Señor Jesús no nos esconderá su rostro a menos que nosotros le escondamos el nuestro. El pecado forma la nube que oscurece nuestro Sol: si somos vigilantemente obedientes y plenamente consagrados, podremos andar en la luz, como Dios está en la luz, y tener una permanencia en el amor de Jesús tan segura como la que Jesús tiene en el amor del Padre. He aquí una dulce promesa con un solemne “si”. Señor, permíteme tener este “si” en mi mano; porque, como una llave, abre este cofre.
2 de septiembre
PROSEGUIR PARA CONOCER
«Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al Señor» Oseas 6:3
No de una sola vez, sino por grados alcanzaremos el santo conocimiento, y nuestra tarea es perseverar y aprender poco a poco. No necesitamos desesperar, aunque nuestro progreso sea lento, porque llegaremos a conocer. El Señor, que se ha hecho nuestro Maestro, no nos abandonará, por muy torpes que seamos para entender; porque no es para su honra que grado alguno de la insensatez humana desbarate su habilidad. El Señor se deleita en hacer sabio al sencillo.
Nuestro deber es mantenernos en nuestro tema principal, y proseguir para conocer, no esta doctrina peculiar ni aquella, sino a Jehová mismo. Conocer al Padre, al Hijo y al Espíritu, el Dios Trino, esto es la vida eterna: mantengámonos en esto, porque de este modo obtendremos la instrucción completa. Al proseguir para conocer al Señor, aprendemos la sanidad después de haber sido despedazados, la venda después del golpe, y la vida después de la muerte. La experiencia tiene su obra perfecta cuando el corazón sigue la senda del Señor Todopoderoso.
Alma mía, mantente cerca de Jesús, prosigue para conocer a Dios en Jesús, y así llegarás al conocimiento de Cristo, que es la más excelente de todas las ciencias. El Espíritu Santo te guiará a toda verdad. ¿No es este su bondadoso oficio? Confía en él para que lo cumpla.
3 de septiembre
FUERA DE LA MUERTE ESPIRITUAL
«Y sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestros sepulcros, oh pueblo mío, y os saque de vuestras sepulturas» Ezequiel 37:13
En verdad así ha de ser: los que reciben vida de entre los muertos con seguridad reconocen la mano del Señor en semejante resurrección. Este es el mayor y más notable de todos los cambios que un hombre puede experimentar: ser sacado de la tumba de la muerte espiritual, y hecho para regocijarse en la luz y la libertad de la vida espiritual. Nadie podría obrar esto sino el Dios vivo, el Señor y dador de la vida.
¡Ay de mí! ¡Cuán bien recuerdo cuando yacía en el valle lleno de huesos secos, tan seco como cualquiera de ellos! ¡Bendito fue el día en que la gracia libre y soberana envió al varón de Dios a profetizar sobre mí! Gloria sea a Dios por la conmoción que aquella palabra de fe produjo entre los huesos secos. ¡Más bendito aún fue aquel aliento celestial de los cuatro vientos que me hizo vivir! Ahora conozco el Espíritu vivificador del siempre viviente Jehová. Verdaderamente Jehová es el Dios vivo, porque me hizo vivir. Mi nueva vida, aun en sus languideces y tristezas, es prueba clara para mí de que el Señor puede matar y dar vida. Él es el único Dios. Él es todo lo que es grande, bondadoso y glorioso, y mi alma vivificada le adora como al gran YO SOY. ¡Toda la gloria sea para su sagrado nombre! Mientras viva le alabaré.
4 de septiembre
VICTORIA SIN BATALLA
«Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por el Señor su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni con jinetes» Oseas 1:7
¡Preciosa palabra! Jehová mismo librará a su pueblo en la grandeza de su misericordia, pero no lo hará por los medios ordinarios. Los hombres son lentos para dar a Dios la gloria debida a su nombre. Si van a la batalla con espada y arco, y ganan la victoria, deberían alabar a su Dios; pero no lo hacen, sino que comienzan a engrandecer su propio brazo, y a gloriarse en sus caballos y jinetes. Por esta razón nuestro Jehová a menudo determina salvar a su pueblo sin medios secundarios, para que toda la honra sea solo para él.
Mira, pues, corazón mío, solo al Señor, y no al hombre. Espera ver a Dios tanto más claramente cuando no haya nadie más a quien mirar. Si no tengo amigo, ni consejero, ni nadie que me respalde, no por ello esté yo menos confiado si puedo sentir que el Señor mismo está de mi parte; más aún, alégreme si él da la victoria sin batalla, como el texto parece dar a entender. ¿Por qué he de pedir caballos y jinetes si Jehová mismo tiene misericordia de mí, y levanta su brazo en mi defensa? ¿Para qué necesito arco o espada si Dios ha de salvar? Confíe yo, y no tema, desde este día y para siempre. Amén.
5 de septiembre
CONMIGO DONDEQUIERA QUE ESTÉ
«El Señor estará con vosotros» 2 Crónicas 20:17
Esta fue una gran misericordia para Josafat, porque una gran multitud había salido contra él; y será una gran misericordia para mí, porque tengo gran necesidad, y no tengo fuerza ni sabiduría. Si el Señor está conmigo, poco importa quién me abandone. Si el Señor está conmigo, venceré en la batalla de la vida, y cuanto mayores sean mis pruebas, más gloriosa será mi victoria. ¿Cómo puedo estar seguro de que el Señor está conmigo?
Con certeza él está conmigo si yo estoy con él. Si confío en su fidelidad, creo sus palabras y obedezco sus mandamientos, él está ciertamente conmigo. Si estoy del lado de Satanás, Dios está contra mí, y no puede ser de otra manera; pero si vivo para honrar a Dios, puedo estar seguro de que él me honrará.
Estoy bien seguro de que Dios está conmigo si Jesús es mi único y solo Salvador. Si he puesto mi alma en las manos del Hijo unigénito de Dios, entonces puedo estar seguro de que el Padre desplegará todo su poder para preservarme, para que su Hijo no sea deshonrado.
¡Oh, por fe para asirme del breve pero dulce texto de hoy! ¡Oh Señor, cumple esta palabra a tu siervo! Está conmigo en la casa, en la calle, en el campo, en la tienda, en compañía y a solas. Está también con todo tu pueblo.
6 de septiembre
UN CORAZÓN FUERTE
«Espera en el Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera en el Señor» Salmos 27:14
¡Espere! ¡Espere! ¡Que su espera sea en el Señor! Él es digno de que se le espere. Nunca defrauda al alma que espera.
Mientras espera, mantenga en alto su ánimo. Espere una gran liberación, y esté dispuesto a alabar a Dios por ella.
La promesa que debe alentarlo está en medio del versículo: “Él fortalecerá tu corazón”. Esto va de inmediato al lugar donde usted necesita ayuda. Si el corazón está sano, todo el resto del organismo funcionará bien. El corazón necesita ser calmado y alentado; y ambas cosas vendrán si es fortalecido. Un corazón vigoroso descansa y se regocija, y transmite fuerza a todo el hombre.
Nadie más puede llegar a esa secreta urna de la vida, el corazón, para verter fuerza en él. Solo el que lo hizo puede hacerlo fuerte. Dios está lleno de fuerza, y, por tanto, puede impartirla a los que la necesitan. Oh, sea valiente; porque el Señor le impartirá su fuerza, y usted estará sereno en la tempestad, y gozoso en la tristeza.
Quien escribió estas líneas puede decir como David: “Espera, te digo, en el Señor”. Ciertamente lo digo. Sé por larga y profunda experiencia que me es bueno esperar en el Señor.
7 de septiembre
EL ALCANCE DE LA GRACIA TODOPODEROSA
«Y acontecerá que en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois mi pueblo, allí se les dirá: Sois hijos del Dios viviente» Oseas 1:10
La gracia soberana puede convertir a extraños en hijos, y el Señor declara aquí su propósito de tratar así a los rebeldes, y hacerles saber lo que ha hecho. Amado lector, el Señor lo ha hecho en mi caso; ¿lo ha hecho también por usted? Entonces unamos las manos y los corazones en alabanza a su adorable nombre.
Algunos de nosotros éramos tan decididamente impíos que la Palabra del Señor decía con toda verdad a nuestra conciencia y a nuestro corazón: “Vosotros no sois mi pueblo”. En la casa de Dios, y en nuestros propios hogares, cuando leíamos la Biblia, esta era la voz del Espíritu de Dios en nuestra alma: “Vosotros no sois mi pueblo”. En verdad era una voz triste y condenatoria. Pero ahora, en los mismos lugares, desde el mismo ministerio y la misma Escritura, oímos una voz que dice: “Sois hijos del Dios viviente”. ¿Podremos ser suficientemente agradecidos por esto? ¿No es maravilloso? ¿No nos da esperanza para otros? ¿Quién está fuera del alcance de la gracia todopoderosa? ¿Cómo podríamos desesperar de nadie, ya que el Señor ha obrado en nosotros un cambio tan asombroso?
El que ha guardado esta única gran promesa guardará toda otra; por lo cual, avancemos con cánticos de adoración y confianza.
8 de septiembre
QUEBRADO Y HUMEANTE
«No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humea» Isaías 42:3
Entonces puedo contar con un trato tierno de parte de mi Señor. En verdad, me siento, en el mejor de los casos, tan débil, tan flexible, tan inútil como una caña. Alguien dijo: “No me importas un bledo”, y el dicho, aunque descortés, no era falso. ¡Ay! Soy peor que una caña cuando crece junto al río, porque esta al menos puede mantener erguida la cabeza. Estoy quebrado, dolorosa, tristemente quebrado. Ya no hay música en mí; hay una hendidura que deja escapar toda la melodía. ¡Ay de mí! Y sin embargo Jesús no me quebrará; y si él no lo hace, poco me importa lo que otros intenten hacer. ¡Oh dulce y compasivo Señor, me acurruco bajo tu protección, y olvido mis heridas!
En verdad soy también digno de ser comparado con “el pábilo que humea”, cuya luz se ha ido, y de la cual solo queda el humo. Temo ser más bien un estorbo que un beneficio. Mis temores me dicen que el diablo ha apagado mi luz, y me ha dejado un humo molesto, y que mi Señor pronto pondrá sobre mí un apagador. Sin embargo, advierto que, aunque bajo la ley había despabiladeras, no había apagadores; y Jesús no me apagará; por tanto, tengo esperanza. Señor, enciéndeme de nuevo, y haz que resplandezca para tu gloria, y para exaltar tu ternura.
9 de septiembre
EL TEMOR TIENE SU LUGAR
«Bienaventurado el hombre que siempre teme» Proverbios 28:14
El temor del Señor es el principio y el fundamento de toda religión verdadera. Sin un solemne temor y reverencia de Dios no hay punto de apoyo para las virtudes más brillantes. Aquel cuya alma no adora, nunca vivirá en santidad.
Feliz es quien siente un celoso temor de obrar mal. El santo temor no solo mira antes de saltar, sino aun antes de moverse. Teme el error, teme descuidar el deber, teme cometer pecado. Teme las malas compañías, la conversación licenciosa y la conducta dudosa. Esto no hace desdichado al hombre, sino que le trae felicidad. El centinela vigilante es más feliz que el soldado que duerme en su puesto. El que prevé el mal y lo evita es más feliz que el que camina descuidadamente y es destruido.
El temor de Dios es una gracia serena que lleva al hombre por un camino escogido, del cual está escrito: “No habrá allí león, ni fiera subirá por él”. El temor de la sola apariencia del mal es un principio purificador, que capacita al hombre, por el poder del Espíritu Santo, para guardar sus vestiduras sin mancha del mundo. En ambos sentidos, el que “siempre teme” es hecho feliz. Salomón había probado tanto la mundanalidad como el santo temor: en la una halló vanidad, en el otro felicidad. No repitamos su prueba, sino atengámonos a su veredicto.
10 de septiembre
AL ENTRAR; AL SALIR
«Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir» Deuteronomio 28:6
Las bendiciones de la ley no están canceladas. Jesús confirmó la promesa cuando llevó la pena. Si guardo los mandamientos de mi Señor, puedo apropiarme de esta promesa sin duda alguna.
Hoy entraré en mi casa sin temor de malas noticias, y entraré en mi aposento esperando oír buenas nuevas de mi Señor. No tendré miedo de entrar en mí mismo por medio del examen propio, ni de entrar en mis asuntos por medio de una diligente inspección de mis negocios. Tengo mucho trabajo que hacer puertas adentro, dentro de mi propia alma; ¡oh, que haya una bendición sobre todo ello, la bendición del Señor Jesús, que ha prometido morar conmigo!
También debo salir. La timidez me hace desear poder quedarme dentro de casa, y no volver a salir jamás al mundo pecaminoso. Pero debo salir en mi vocación, y debo salir para ser útil a mis hermanos, y provechoso para los impíos. Debo ser defensor de la fe y combatiente del mal. ¡Oh, que haya una bendición sobre mi salida en este día! Señor, déjame ir a donde tú me guíes, en tus recados, bajo tu mandato, y en el poder de tu Espíritu.
Señor Jesús, entra conmigo y sé mi huésped; y luego sal conmigo, y haz que mi corazón arda mientras hablas conmigo por el camino.
11 de septiembre
LOS QUE SUFREN LLEGAN A SER CREYENTES FUERTES
«Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud» Lamentaciones 3:27
Esto es tan bueno como una promesa. Ha sido bueno, es bueno, y será bueno para mí llevar el yugo.
Temprano en la vida tuve que sentir el peso de la convicción, y desde entonces ha resultado ser una carga que enriquece el alma. ¿Habría amado tanto el evangelio de no haber aprendido por profunda experiencia la necesidad de la salvación por gracia? Jabes fue más ilustre que sus hermanos porque su madre lo dio a luz con dolor, y los que mucho sufren al nacer para Dios llegan a ser creyentes fuertes en la gracia soberana.
El yugo de la censura es fastidioso, pero prepara al hombre para la honra futura. No es apto para ser líder quien no ha corrido la baqueta del desprecio. La alabanza embriaga si no va precedida del vituperio. Los hombres que se elevan a la eminencia sin lucha suelen caer en la deshonra.
El yugo de la aflicción, del desengaño y del trabajo excesivo de ninguna manera ha de buscarse; pero cuando el Señor lo pone sobre nosotros en nuestra juventud, con frecuencia desarrolla un carácter que glorifica a Dios y bendice a la Iglesia.
Ven, alma mía, inclina tu cuello; toma tu cruz. Bueno te fue cuando eras joven, no te dañará ahora. Por amor de Jesús, cárgala con alegría.
12 de septiembre
¿Y MI CASA?
«Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa» Hechos 16:31
Este evangelio para un hombre con una espada en la garganta es el evangelio para mí. Me serviría si estuviera muriendo, y es todo lo que necesito mientras vivo. Aparto la mirada de mí mismo, del pecado y de toda idea de mérito personal, y confío en el Señor Jesús como el Salvador que Dios ha dado. Creo en él, descanso en él, lo acepto para que sea mi todo en todo. Señor, soy salvo, y seré salvo por toda la eternidad, porque creo en Jesús. Bendito sea tu nombre por esto. Que yo demuestre cada día por mi vida que estoy salvo del egoísmo, de la mundanalidad y de toda forma de mal.
Pero aquellas últimas palabras acerca de mi “casa”: Señor, no querría quedarme con la mitad de una promesa cuando tú das una entera. Te ruego que salves a toda mi familia. Salva a los más cercanos y queridos. Convierte a los hijos, y a los nietos, si los tengo. Sé benigno con mis siervos, y con todos los que moran bajo mi techo, o trabajan para mí. Tú me haces esta promesa a mí personalmente si creo en el Señor Jesús; te ruego que hagas como has dicho.
Repasaría en mi oración cada día los nombres de todos mis hermanos y hermanas, padres, hijos, amigos, parientes y siervos, y no te daría reposo hasta que aquella palabra se cumpla: “y tu casa”.
13 de septiembre
EL ROCÍO DEL CIELO
«Sus cielos destilarán rocío» Deuteronomio 33:28
Lo que el rocío en el Oriente es para el mundo de la naturaleza, eso es la influencia del Espíritu en el reino de la gracia. ¡Cuánto lo necesito! Sin el Espíritu de Dios soy una cosa seca y marchita. Me inclino, me marchito, muero. ¡Cuán dulcemente me refresca este rocío! Cuando una vez soy favorecido con él, me siento feliz, animado, vigoroso, elevado. No quiero nada más. El Espíritu Santo me trae vida, y todo lo que la vida requiere. Todo lo demás, sin el rocío del Espíritu, es menos que nada para mí: oigo, leo, oro, canto, voy a la mesa de la comunión, y no hallo allí bendición alguna hasta que el Espíritu Santo me visita. Pero cuando él me cubre de rocío, todo medio de gracia es dulce y provechoso.
¡Qué promesa es esta para mí! “Sus cielos destilarán rocío”. Seré visitado con gracia. No seré dejado a mi sequía natural, ni al calor abrasador del mundo, ni al siroco de la tentación satánica. ¡Oh, que en esta misma hora pueda sentir el suave, silencioso y saturante rocío del Señor! ¿Por qué no? El que me ha hecho vivir como vive la hierba en el prado, me tratará como trata a la hierba; me refrescará desde lo alto. La hierba no puede pedir rocío como yo lo hago. Ciertamente, el Señor que visita a la planta que no ora, responderá a su hijo que le suplica.
14 de septiembre
SEÑAL DE LA APROBACIÓN DIVINA
«Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que el Señor ha prometido a los que le aman» Santiago 1:12
Sí, él es bienaventurado mientras soporta la prueba. Ningún ojo puede ver esto hasta que ha sido ungido con el colirio celestial. Pero él debe soportarla, y no rebelarse contra Dios, ni apartarse de su integridad. Bienaventurado es el que ha pasado por el fuego, y no ha sido consumido como cosa falsificada.
Cuando la prueba ha terminado, entonces viene el sello de la aprobación divina: “la corona de vida”. Como si el Señor dijera: “Que viva; ha sido pesado en la balanza, y no ha sido hallado falto”. La vida es la recompensa: no el mero existir, sino una existencia santa, feliz y verdadera, la realización del propósito divino acerca de nosotros. Ya una forma más elevada de vida espiritual y de gozo corona a los que han pasado con seguridad por las más ardientes pruebas de la fe y del amor.
El Señor ha prometido la corona de vida a los que le aman. Solo los que aman al Señor resistirán en la hora de la prueba; el resto o se hundirá, o se enfurruñará, o se escabullirá de vuelta al mundo. Ven, corazón mío, ¿amas a tu Señor? ¿De veras? ¿Profundamente? ¿Enteramente? Entonces ese amor será probado; pero las muchas aguas no podrán apagarlo, ni lo ahogarán los ríos. Señor, deja que tu amor nutra el mío hasta el fin.
15 de septiembre
EL REFUGIO MÁS SEGURO
«Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión.» Isaías 32:2
Quién es este VARÓN, todos lo sabemos. ¿Quién podría ser sino el Segundo Hombre, el Señor del cielo, el Varón de dolores, el Hijo del Hombre? ¡Qué escondedero ha sido para su pueblo! Él mismo soporta toda la fuerza del viento, y así resguarda a los que se esconden en él. Así hemos escapado de la ira de Dios, y así escaparemos del enojo de los hombres, de los afanes de esta vida, y del pavor de la muerte. ¿Por qué permanecemos en el viento cuando tan fácil y seguramente podemos salir de él escondiéndonos detrás de nuestro Señor? Corramos hoy a él, y estemos en paz.
A menudo el viento común de la tribulación se levanta con fuerza y se convierte en tempestad, barriéndolo todo a su paso. Las cosas que parecían firmes y estables se tambalean en la ráfaga, y muchas y grandes son las caídas entre nuestras confianzas carnales. Nuestro Señor Jesús, el Varón glorioso, es un refugio que nunca es derribado. En él vemos pasar la tempestad, pero nosotros mismos descansamos en deliciosa serenidad.
En este día guardémonos en nuestro escondedero, y sentémonos y cantemos bajo la protección de nuestro Refugio. ¡Bendito Jesús! ¡Bendito Jesús! ¡Cómo te amamos! Y bien podemos hacerlo, porque tú eres para nosotros un refugio en el tiempo de la tormenta.
16 de septiembre
LA RECOMPENSA ES SEGURA
«Y cualquiera que dé de beber a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, en nombre de un discípulo, de cierto os digo que de ningún modo perderá su recompensa» Mateo 10:42
Bien, eso al menos puedo hacer. Puedo hacer un acto de bondad hacia el siervo del Señor. El Señor sabe que los amo a todos, y que tendría por honra lavar sus pies. Por amor de su Maestro amo a los discípulos.
¡Qué bondadoso es el Señor al mencionar una acción tan insignificante: “dar de beber un vaso de agua fría solamente”! Esto puedo hacer, por muy pobre que sea; esto me es lícito hacer, por muy humilde que sea; esto haré con toda alegría. Esto, que parece tan poco, el Señor lo nota; lo nota cuando se hace al menor de sus seguidores. Evidentemente no es el costo, ni la habilidad, ni la cantidad lo que él mira, sino el motivo: lo que hacemos a un discípulo, porque es un discípulo, su Señor lo observa, y lo recompensa. No nos recompensa por el mérito de lo que hacemos, sino conforme a las riquezas de su gracia.
Yo doy un vaso de agua fría, y él me hace beber del agua viva. Doy a uno de sus pequeñitos, y él me trata como a uno de ellos. Jesús halla una excusa para su liberalidad en aquello que su gracia me ha llevado a hacer, y dice: “De ningún modo perderá su recompensa”.
17 de septiembre
COMO PALMERA Y CEDRO
«El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano» Salmos 92:12
Estos árboles no son cultivados ni podados por el hombre: las palmeras y los cedros son “árboles del Señor”, y es por su cuidado que florecen; así también sucede con los santos del Señor, ellos son su propio cuidado. Estos árboles son perennes y son objetos hermosos en todas las estaciones del año. Los creyentes no son a veces santos y a veces impíos: permanecen en la hermosura del Señor bajo todos los climas. En todas partes estos árboles son notables: nadie puede contemplar un paisaje en el que haya palmeras o cedros sin que su atención quede fija en estos regios crecimientos. Los seguidores de Jesús son los observados por todos los observadores: como una ciudad asentada sobre un monte, no pueden esconderse.
El hijo de Dios florece como la palmera, que empuja toda su fuerza hacia arriba en una sola columna erguida sin una sola rama. Es un pilar con un glorioso capitel. No tiene crecimiento a la derecha ni a la izquierda, sino que envía toda su fuerza hacia el cielo, y lleva su fruto tan cerca del cielo como le es posible. Señor, cumple este tipo en mí.
El cedro afronta todas las tempestades, y crece cerca de las nieves eternas, llenándolo el Señor mismo de una savia que mantiene caliente su corazón y fuertes sus ramas. Señor, así sea conmigo, te ruego. Amén.
18 de septiembre
SEGURIDAD COMPLETA
«Y de Benjamín dijo: El amado del Señor habitará confiado cerca de él; y el Señor lo cubrirá todo el día, y entre sus hombros morará» Deuteronomio 33:12
Sí, no hay seguridad como la que viene de morar cerca de Dios. Para su muy amado el Señor no puede hallar lugar más seguro ni más resguardado. Oh Señor, permíteme habitar siempre bajo tu sombra, junto a tu costado herido. Cada vez más cerca querría acercarme a ti, Señor mío; y una vez especialmente cerca de ti, allí querría morar para siempre.
¡Qué cubierta es la que el Señor da a sus escogidos! No lo cubrirá un hermoso techo, ni una casamata a prueba de bombas, ni siquiera el ala de un ángel, sino Jehová mismo. Nada puede alcanzarnos cuando estamos así cubiertos. Esta cubierta nos la concederá el Señor todo el día, por muy largo que sea el día. Señor, permíteme habitar hoy conscientemente bajo este dosel de amor, este pabellón de poder soberano.
¿Significa la tercera cláusula que el Señor en su templo moraría entre los montes de Benjamín, o que el Señor estaría donde había de colocarse la carga de Benjamín, o significa que somos llevados sobre los hombros del Eterno? En cualquier caso, el Señor es el sostén y la fuerza de sus santos. Señor, permíteme gozar siempre de tu ayuda, y entonces mis brazos me serán suficientes.
19 de septiembre
LA RAZÓN PARA CANTAR
«El Señor tu Dios está en medio de ti, poderoso; él salvará, se gozará sobre ti con alegría; callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos» Sofonías 3:17
¡Qué palabra es esta! ¡Jehová Dios en el centro de su pueblo con toda la majestad de su poder! Esta sola presencia basta para inspirarnos paz y esperanza. Tesoros de poder ilimitado están guardados en nuestro Jehová, y él mora en su iglesia, por tanto que su pueblo dé voces de júbilo.
No solo tenemos su presencia, sino que él está dedicado a su escogida obra de salvación. “Él salvará”. Él siempre está salvando: de ello toma su nombre de Jesús. No temamos ningún peligro, porque él es poderoso para salvar.
Y no es esto todo. Él permanece eternamente el mismo; ama, halla reposo en amar, no cesará de amar. Su amor le da gozo. Aun halla un tema para el canto en su amado. Esto es sumamente maravilloso. Cuando Dios obró la creación no cantó, sino que simplemente dijo: “Es bueno en gran manera”; pero cuando llegó a la redención, entonces la sagrada Trinidad sintió un gozo que había de expresarse en cántico. ¡Piénselo, y quede asombrado! Jehová Jesús canta un canto de bodas sobre su escogida esposa. Ella es para él su amor, su gozo, su reposo, su canto. Oh Señor Jesús, por tu inconmensurable amor hacia nosotros, enséñanos a amarte, a regocijarnos en ti, y a cantarte el salmo de nuestra vida.
20 de septiembre
PERFECTA DISPOSICIÓN
«Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder» Salmos 110:3
¡Bendito sea el Dios de la gracia porque así es! Él tiene un pueblo que ha escogido desde la antigüedad para que sea su porción peculiar. Estos por naturaleza tienen voluntades tan obstinadas como el resto de los rebeldes hijos de Adán; pero cuando llega el día de su poder, y la gracia despliega su omnipotencia, se vuelven dispuestos a arrepentirse, y a creer en Jesús. Ninguno es salvado en contra de su voluntad, sino que la voluntad es hecha ceder dulcemente. ¡Qué poder tan asombroso es este, que nunca viola la voluntad, y sin embargo la gobierna! Dios no rompe la cerradura, sino que la abre con una llave maestra que solo él sabe manejar.
Ahora estamos dispuestos a ser, a hacer o a sufrir según el Señor quiere. Si en algún momento nos volvemos rebeldes, no tiene más que venir a nosotros con poder, y al instante corremos por el camino de sus mandamientos con todo nuestro corazón. ¡Sea este para mí un día de poder en cuanto a algún noble esfuerzo por la gloria de Dios y el bien de mis semejantes! Señor, estoy dispuesto; ¿no puedo esperar que este sea un día de tu poder? Estoy enteramente a tu disposición; dispuesto, más aún, ansioso, de ser usado por ti para tus santos propósitos. Oh Señor, no permitas que tenga que clamar: “El querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”, sino dame poder así como me das voluntad.
21 de septiembre
QUE LAS PRUEBAS BENDIGAN
«Sabiendo que la tribulación produce paciencia» Romanos 5:3
Esta es una promesa en esencia, si no en forma. Tenemos necesidad de paciencia, y aquí vemos el modo de obtenerla. Solo soportando aprendemos a soportar, así como nadando aprenden los hombres a nadar. No se podría aprender ese arte en tierra seca, ni aprender paciencia sin la aflicción. ¿No vale la pena sufrir tribulación por ganar esa hermosa ecuanimidad de ánimo que tranquilamente se aquieta en toda la voluntad de Dios?
Sin embargo, nuestro texto expone un hecho singular, que no es conforme a la naturaleza, sino que es sobrenatural. La tribulación en sí misma produce petulancia, incredulidad y rebelión. Solo por la sagrada alquimia de la gracia se la hace producir en nosotros paciencia. No trillamos el trigo para asentar el polvo; y sin embargo el mayal de la tribulación hace esto en la era de Dios. No zarandeamos a un hombre para darle reposo, y sin embargo así trata el Señor a sus hijos. En verdad esto no es a la manera del hombre, sino que redunda grandemente en la gloria de nuestro Dios sapientísimo.
¡Oh, gracia para que mis pruebas me bendigan! ¿Por qué habría de desear detener su bondadosa operación? Señor, te pido que quites mi aflicción, pero diez veces más te ruego que quites mi impaciencia. Precioso Señor Jesús, con tu cruz graba la imagen de tu paciencia en mi corazón.
22 de septiembre
ANCHOS RÍOS SIN GALERAS
«Mas allí el Señor glorioso nos será un lugar de anchos ríos y arroyos, por el cual no andará galera de remos, ni por él pasará gran nave» Isaías 33:21
El Señor nos será el mayor bien sin ninguno de los inconvenientes que parecen acompañar necesariamente a las mejores cosas terrenales. Si una ciudad está favorecida con anchos ríos, queda expuesta a ser atacada por galeras de remos, y otras naves de guerra. Pero cuando el Señor representa la abundancia de su generosidad bajo esta figura, tiene cuidado de excluir expresamente el temor que la metáfora pudiera sugerir. ¡Bendito sea su perfecto amor!
Señor, si me envías riqueza como anchos ríos, no dejes que la galera de remos suba en forma de mundanalidad u orgullo. Si me concedes abundante salud y un ánimo alegre, no dejes que “la gran nave” del ocio carnal venga navegando por la corriente que fluye. Si tengo éxito en el santo servicio, ancho como el Rin alemán, no permitas que nunca halle yo la galera de la vanidad y de la confianza propia flotando sobre las olas de mi utilidad. Si fuera yo tan supremamente feliz como para gozar de la luz de tu rostro año tras año, no dejes que jamás desprecie a tus débiles santos, ni que consienta que la vana noción de mi propia perfección suba por los anchos ríos de mi plena seguridad. Señor, dame aquella bendición que enriquece, y no añade tristeza, ni añade pecado.
23 de septiembre
LIBERACIÓN DEL POLVO Y DE LA PAJA
«Porque he aquí que yo mandaré, y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no caerá a tierra ni un solo granito» Amós 9:9
El proceso de cribar sigue todavía en marcha. Dondequiera que vamos, todavía somos aventados y cribados. En todos los países el pueblo de Dios está siendo probado “como se zarandea el grano en una criba”. A veces el diablo sostiene la criba, y nos zarandea de arriba abajo con gran ímpetu, con el ferviente deseo de deshacerse de nosotros para siempre. La incredulidad no tarda en agitar nuestro corazón y nuestra mente con sus inquietos temores. El mundo presta gustoso su mano al mismo proceso, y nos sacude a derecha e izquierda con gran vigor. Peor que todo, la iglesia, en gran parte apóstata como está, se une para dar fuerza más furiosa al proceso de cribar.
¡Bien, bien! Que continúe. Así se separa la paja del trigo. Así es librado el trigo del polvo y de la paja. ¡Y cuán grande es la misericordia que nos llega en el texto: “y no caerá a tierra ni un solo granito”! Todo lo que es bueno, verdadero y lleno de gracia será preservado. Ni uno de los más pequeños de los creyentes se perderá, ni ningún creyente perderá cosa alguna que merezca llamarse pérdida. Seremos guardados de tal modo en el cribado que resultará una verdadera ganancia para nosotros por medio de Cristo Jesús.
24 de septiembre
LA CORRIENTE QUE DA VIDA
«Y acontecerá que todo ser viviente que se mueve, por dondequiera que vinieren los ríos, vivirá» Ezequiel 47:9
Las aguas vivas, en la visión del profeta, fluían hacia el Mar Muerto, y llevaban vida consigo, aun a aquel lago estancado. Donde va la gracia, la vida espiritual es la consecuencia inmediata y eterna. La gracia procede soberanamente conforme a la voluntad de Dios, así como un río en todos sus recodos sigue su propia dulce voluntad; y dondequiera que llega, no espera a que la vida venga a ella, sino que crea vida con su propio fluir vivificante. ¡Oh, que corriera por nuestras calles, e inundara nuestros barrios pobres! ¡Oh, que entrara ahora en mi casa, y subiera hasta que toda estancia quedara anegada por ella! Señor, deja que el agua viva fluya hacia mi familia y mis amigos, y que no pase de largo junto a mí. Espero haber bebido ya de ella; pero deseo bañarme en ella, más aún, nadar en ella. Oh Salvador mío, necesito vida más abundante. Ven a mí, te ruego, hasta que cada parte de mi ser esté vívidamente enérgica e intensamente activa. Dios vivo, te ruego, lléname de tu propia vida. Soy un pobre palo seco; ven y hazme vivir de tal modo que, como la vara de Aarón, brote y florezca y dé fruto para tu gloria. Vivifícame, por amor de mi Señor Jesús. Amén.
25 de septiembre
EL SACRIFICIO HA SIDO ACEPTADO
«Si el Señor quisiera matarnos, no habría recibido de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos habría mostrado todas estas cosas» Jueces 13:23
Esta es una especie de promesa deducida por la lógica. Es una inferencia justamente extraída de hechos comprobados. No era probable que el Señor hubiera revelado a Manoa y a su mujer que les nacería un hijo, y sin embargo tuviera en su corazón el destruirlos. La mujer razonó bien, y bien haremos si seguimos su línea de argumento.
El Padre ha aceptado el gran sacrificio del Calvario, y se ha declarado bien complacido con él; ¿cómo podría ahora complacerse en matarnos? ¿Para qué un sustituto si el pecador ha de perecer de todos modos? El sacrificio aceptado de Jesús pone fin al temor.
El Señor nos ha mostrado nuestra elección, nuestra adopción, nuestra unión con Cristo, nuestro desposorio con el Bienamado: ¿cómo podría ahora destruirnos? Las promesas están cargadas de bendiciones, que hacen necesario que seamos preservados para vida eterna. No es posible que el Señor nos deseche, y a la vez cumpla su pacto. El pasado nos asegura, y el futuro nos vuelve a asegurar. No moriremos, sino que viviremos; porque hemos visto a Jesús, y en él hemos visto al Padre por la iluminación del Espíritu Santo. A causa de esta visión que da vida, debemos vivir para siempre.
26 de septiembre
ENTRE LOS REDIMIDOS
«He aquí un pueblo que habitará solo, y no será contado entre las naciones» Números 23:9
¿Quién querría morar entre las naciones, y ser contado con ellas? Pues aun la iglesia que profesa es tal que seguir al Señor plenamente dentro de sus límites es muy difícil. Hay tal mezcla y confusión que uno a menudo suspira por “una cabaña en algún vasto desierto”.
Cierto es que el Señor quiere que su pueblo siga una senda separada del mundo, y salga de él decidida y claramente. Estamos apartados por el decreto, la compra y el llamamiento divinos, y nuestra experiencia interior nos ha hecho diferir grandemente de los hombres del mundo; y por tanto nuestro lugar no está en su Feria de las Vanidades, ni en su Ciudad de Destrucción, sino en la senda estrecha por donde todos los verdaderos peregrinos han de seguir a su Señor.
Esto no solo puede reconciliarnos con el desaire y las burlas del mundo, sino aun hacernos aceptarlos con placer, como parte de nuestra porción del pacto. Nuestros nombres no están en el mismo libro, no somos de la misma simiente, no vamos rumbo al mismo lugar, ni confiamos en el mismo guía; por tanto, bueno es que no seamos de su número. Solo que seamos hallados en el número de los redimidos, y estaremos contentos de ser singulares y solitarios hasta el fin del capítulo.
27 de septiembre
LA LUZ DIVINA EN LAS TINIEBLAS
«Porque tú encenderás mi lámpara» Salmos 18:28
Puede ser que mi alma esté sentada en tinieblas; y si estas son de índole espiritual, ningún poder humano puede traerme luz. ¡Bendito sea Dios! Él puede alumbrar mis tinieblas, y al instante encender mi lámpara. Aunque me halle rodeado de una “oscuridad que pueda palparse”, él puede romper la lobreguez, e inmediatamente hacer que haya claridad en torno a mí.
La misericordia es que, si él enciende la lámpara, nadie puede apagarla, ni se apagará ella por falta de sustancia, ni se consumirá por sí misma con el correr de las horas. Las luces que el Señor encendió en el principio brillan todavía. Las lámparas del Señor pueden necesitar despabilarse, pero él no las apaga.
Que yo, pues, como el ruiseñor, cante en la oscuridad. La expectación me proveerá de música, y la esperanza entonará la melodía. Pronto me regocijaré en una lámpara encendida por Dios. Ahora mismo estoy abatido y sombrío. Quizá sea el tiempo, o la debilidad del cuerpo, o la sorpresa de una repentina aflicción; pero cualquiera que haya sido la causa de la oscuridad, es Dios solo quien traerá la luz. Mis ojos están puestos solo en él. Pronto tendré las lámparas del Señor brillando a mi alrededor; y, más adelante, en su propio buen tiempo, estaré donde no necesitan lámpara, ni luz del sol. ¡Aleluya!
28 de septiembre
LA OBRA ESTÁ HECHA; DESCANSE EN ÉL
«Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios» Hebreos 4:9
Dios ha provisto un día de reposo, y algunos han de entrar en él. Aquellos a quienes primero les fue predicado no entraron por causa de la incredulidad; por tanto, aquel reposo queda para el pueblo de Dios. David cantó de él; pero tuvo que pulsar la nota menor, porque Israel rehusó el reposo de Dios. Josué no pudo darlo, ni Canaán otorgarlo: queda para los creyentes.
Ven, pues, esforcémonos por entrar en este reposo. Dejemos la fatigosa labor del pecado y del yo. Cesemos de toda confianza, aun en aquellas obras de las cuales podría decirse: “Son buenas en gran manera”. ¿Tenemos alguna de ellas? Aun así, cesemos de nuestras propias obras, como Dios cesó de las suyas. Ahora hallemos consuelo en la obra consumada de nuestro Señor Jesús. Todo está plenamente hecho: la justicia no exige más. Gran paz es nuestra porción en Cristo Jesús.
En cuanto a los asuntos providenciales, la obra de la gracia en el alma, y la obra del Señor en las almas de otros, echemos estas cargas sobre el Señor, y descansemos en él. Cuando el Señor nos da un yugo que llevar, lo hace para que, al tomarlo, hallemos reposo. Por la fe nos esforzamos por entrar en el reposo de Dios, y renunciamos a todo reposo en la propia complacencia o en la indolencia. Jesús mismo es el reposo perfecto, y en él estamos llenos hasta el borde.
29 de septiembre
PARA GLORIFICAR A CRISTO JESÚS
«Él me glorificará, porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.» Juan 16:14
El Espíritu Santo mismo no puede glorificar mejor al Señor Jesús que mostrándonos las cosas propias de Cristo. Jesús es su propia mejor recomendación. No hay modo de adornarlo sino con su propio oro.
El Consolador nos muestra aquello que ha recibido de nuestro Señor Jesús. Nunca vemos nada correctamente hasta que él lo revela. Tiene una manera de abrir nuestra mente, y de abrir las Escrituras, y por este doble proceso nos presenta a nuestro Señor. Hay mucho arte en exponer un asunto, y ese arte pertenece en el más alto grado al Espíritu de verdad. Él nos muestra las cosas mismas. Este es un gran privilegio, como lo saben los que han gozado de la sagrada visión.
Busquemos la iluminación del Espíritu; no para satisfacer nuestra curiosidad, ni siquiera para traernos consuelo personal, tanto como para glorificar al Señor Jesús. ¡Oh, tener ideas dignas de él! Las nociones rastreras deshonran a nuestro precioso Señor. ¡Oh, tener impresiones tan vívidas de su persona, y obra, y gloria, que podamos con el corazón y el alma clamar para alabanza suya! Donde hay un corazón enriquecido por la enseñanza del Espíritu Santo habrá un Salvador glorificado más allá de toda expresión. ¡Ven, Espíritu Santo, luz celestial, y muéstranos a Jesús nuestro Señor!
30 de septiembre
NECESIDADES QUE NOS HACEN ABRIR LA BOCA
«Abre bien tu boca, y yo la llenaré» Salmos 81:10
¡Qué estímulo para orar! Nuestras ideas humanas nos llevarían a pedir cosas pequeñas porque nuestros merecimientos son muy pequeños; pero el Señor quiere que pidamos grandes bendiciones. La oración debería ser algo tan sencillo como el abrir la boca; debería ser una expresión natural y sin restricción. Cuando un hombre es fervoroso abre bien la boca, y nuestro texto nos insta a ser fervientes en nuestras súplicas.
Sin embargo, significa también que podemos atrevernos con Dios, y pedir de su mano muchas y grandes bendiciones. Lea el versículo entero, y vea el argumento: “Yo soy Jehová, tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto: abre bien tu boca, y yo la llenaré”. Porque el Señor nos ha dado tanto, nos invita a pedir más, más aún, a esperar más.
Vea cómo los pajarillos en sus nidos parecen ser toda boca cuando la madre viene a alimentarlos. Que suceda lo mismo con nosotros. Recibamos la gracia por cada puerta. Bebámosla como una esponja absorbe el agua en que yace. Dios está pronto para llenarnos si nosotros solo estamos prontos para ser llenos. Que nuestras necesidades nos hagan abrir la boca; que nuestro desfallecimiento nos haga abrir la boca y jadear; más aún, que nuestra alarma nos haga abrir la boca con el clamor de un niño. La boca abierta será llenada por el Señor mismo. Así sea con nosotros, oh Señor, en este día.
Capítulo 10 completado
El mes de septiembre