Valientes por Dios: Libro cuatro
George Liele: el esclavo liberado que zarpó primero

Capítulo 3 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

George Liele: el esclavo liberado que zarpó primero

George Liele nació esclavo en América, hace mucho tiempo, cuando todavía no existía en el mundo ni una sola sociedad misionera. Trabajaba en una plantación y conocía la honda tristeza de pertenecer a otro hombre. Pero un día George oyó la buena noticia de que Jesús lo amaba y había muerto para hacerlo libre —libre en su alma, fueran cuales fueran las cadenas que llevara en el cuerpo—, y toda su vida cambió. Se hizo predicador, y aun siendo todavía esclavo empezó a hablarles del Salvador a otros, negros y blancos, esclavos y libres.

George predicaba tan bien y con tanta fidelidad que su amo, que era cristiano, le dio la libertad para que pudiera hacerlo. Luego el amo murió, y algunos intentaron obligar a George a volver a la esclavitud. Para conservar su libertad y proteger a su familia, George aceptó pagar con su trabajo el precio del viaje en un barco, y así navegó muy lejos, hasta la isla de Jamaica, en el cálido mar Caribe.

Ahora bien, hay algo en lo que pocos se fijaron en aquel tiempo. George Liele dejó su propio país para llevar el evangelio a otra tierra años antes de que William Carey zarpara rumbo a la India. Un hombre que había sido esclavo llegó a ser una de las primerísimas personas que salieron de América como misioneros.

En Jamaica, George predicaba a los esclavos de las plantaciones de azúcar, que sufrían terriblemente y por quienes casi nadie más se preocupaba. Bautizó a cientos de ellos y construyó la primera iglesia bautista de toda la isla. A los gobernantes no les gustaba que un hombre negro reuniera a los esclavos para adorar a Dios, y echaron a George en la cárcel y hasta lo encadenaron. Pero él no quiso parar, y las pequeñas iglesias que había plantado no hicieron más que crecer.

George Liele nunca se hizo famoso como los misioneros que vinieron después de él. No escribió grandes libros ni tenía ninguna sociedad que lo respaldara: solo su corazón liberado y su amor por la gente que el mundo había desechado. Sin embargo, la obra que comenzó en Jamaica siguió y siguió después de él, y algunas de las iglesias que fundó todavía existen hoy. Había mostrado que nadie es demasiado humilde, y que ningún pasado es demasiado duro, para que Dios lo envíe; y que un hombre que había sido esclavo podía llevar a otros la libertad más grande de todas.

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