Piedras de paso
Ministerio en Brasil

Capítulo 28 · 10 min de lectura

Ministerio en Brasil

En el otoño de 1997 hice mi segundo viaje a Fortaleza, la hermosa ciudad costera de Ceará, en el nordeste de Brasil. Esta vez fue de nuevo por un mes, y en esta ocasión Anne me acompañó. En mi primera visita había hecho muchos amigos, así que fue un placer presentársela a todos y volver a disfrutar del sabor de los jugos de fruta fresca y de mi bebida favorita, el guaraná. Tuve mucho ministerio, tanto con JUCUM (Juventud con una Misión) como en iglesias locales. Nos alojamos en la base de JUCUM, a poca distancia de la ciudad, pero pudimos desplazarnos a muchos lugares para ministrar, ir de compras, visitar playas, etc.

Mis amigos colmaron a Anne de cariño, y pronto se sintió como en casa, aunque no todos podían comunicarse en inglés, y ella desde luego no podía comunicarse en portugués. Yo al menos tenía algo de español al que recurrir, ya que varios entendían el español aunque no el inglés.

Regresamos a Canadá pasando por Río, porque una joven pareja a la que yo había casado durante mi primera visita se había mudado allí. Claudia y JudeClair trabajaban en una favela –una zona de chabolas abarrotada de la ciudad–, así que nos quedamos dos noches con ellos. Bajo un aguacero nos llevaron a un apartamento de dos habitaciones a media altura del monte donde se asentaba la favela.

Allí dormimos en colchones en el suelo, y nos advirtieron que, si oíamos disparos o gritos durante la noche, ¡NO nos levantáramos a mirar por la ventana, porque lo más probable era que fuéramos las siguientes víctimas! Luego nos enseñaron una foto, tomada la noche anterior, de un cadáver que habían arrojado desde arriba y que había caído en la puerta de su casa. Aquella zona estaba llena de pandillas y de capos de la droga.

A la mañana siguiente le pregunté a JudeClair si podía subir a la cima del monte para sacar una foto del monte vecino, donde se alzaba imponente la famosa estatua del Christo Rey (Cristo Rey). «¿Tienes alguna identificación?», me preguntó, y luego, tomando la tarjeta de identidad canadiense que le tendí, salió por la puerta con los dos brazos levantados por encima de la cabeza, sosteniendo en alto su tarjeta y la mía. «Por aquí disparan primero y preguntan después», fue su enigmático comentario.

Al llegar a la cima del monte encontré otra base de JUCUM que atendía a los niños de la favela. Estaba junto a un pequeño campo de fútbol de grava, de unos 50 por 30 metros, rodeado por una cerca de alambre. En uno de los extremos había lo que supuse que habían sido vestuarios, hechos de bloques de cemento. Ahora estaban derrumbados y no servían para nada. JudeClair me contó que poco tiempo antes unos hombres de la favela estaban jugando allí cuando un grupo de policías subió al monte por otro camino, apareció de repente por lo alto y empezó a disparar, matando a todos los hombres. ¡Su “razón” fue que entre esos hombres había algunos conocidos como delincuentes y traficantes de droga!

Apreciamos de verdad la obra que estos jóvenes hacen para el Señor en los lugares más peligrosos. El liderazgo internacional de JUCUM iba a reunirse al año siguiente en Brasil, ya que su presidente en ese momento era un misionero brasileño. Todas las demás bases brasileñas eligieron la base de Tony en Fortaleza como sede de este encuentro de líderes de JUCUM de todo el mundo, así que con gran entusiasmo empezó a planificar el evento. Decidió convocar a todos los pastores de la zona para hablar de la posibilidad de organizar una conferencia de misiones que coincidiera con la llegada de estos misioneros de JUCUM a su ciudad, y pensaba recibirlos en la base –cuya pequeña capilla podía acoger a unas cien personas–, hasta que un hotel de la ciudad (de cinco estrellas) se ofreció a servir un almuerzo a un precio económico.

Imagina nuestra sorpresa y nuestra alegría cuando más de 250 hombres se reunieron y respaldaron con entusiasmo la idea de Tony de organizar no solo una conferencia de misiones, sino también una campaña evangelística en toda la ciudad. ¡Tal era el favor que este joven tenía ante los líderes de las iglesias locales!

Como Tony iba a estar muy ocupado con todo el trabajo necesario para sacar adelante estos dos eventos, además de preparar la conferencia propia de los líderes internacionales de JUCUM, me invitó a volver al año siguiente, durante tres meses, para supervisar a todos los de JUCUM mientras coordinaban las reuniones.

Anne y yo aceptamos volver, y así fue como en el otoño de 1998 regresamos a Fortaleza por tres meses. Nuestros anfitriones fueron Marcello y Aline Ramos, un joven matrimonio piadoso que no sabía qué más hacer para bendecirnos.

Su apartamento estaba en el quinto piso de un edificio cerca de la playa, y un paseo encantador nos llevaba a la amplia oficina del centro, que se convirtió en el centro neurálgico de toda la organización. En Fortaleza siempre hace calor, pero cada tarde una brisa fresca silbaba por el apartamento, ¡y tiraba todos los cuadros de la pared si éramos tan insensatos como para dejar todas las ventanas abiertas!

Aprendí a comunicarme en portugués y a resolver algunos de los conflictos que surgían en la oficina, sobre todo por las diferencias culturales entre los obreros locales y los de JUCUM llegados del extranjero para participar en el alcance evangelístico, trabajando en las calles y en las escuelas antes de los tres días que íbamos a pasar en el estadio de fútbol de la ciudad para concluir la campaña.

Un ejemplo resulta gracioso visto en retrospectiva. Un grupo de jóvenes de Estados Unidos había hecho camisetas de colores con el lema «No comprommiso», creyendo que significaba «No compromise» (sin concesiones). Mis amigos brasileños se quedaron desconcertados, porque en portugués esas palabras significan en realidad «sin compromiso», ¡justo lo contrario de lo que se pretendía!

El entusiasmo en la ciudad era palpable, porque dondequiera que uno fuera había señales de la “invasión del Evangelio”. La Conferencia de Liderazgo de JUCUM fue excelente y me dio la oportunidad de reencontrarme con varios a quienes había conocido durante mi tiempo en el Anastasis.

Misioneros de muchos países vinieron a hablar en la Conferencia de Misiones, a la que asistieron muchos cientos de brasileños; fue un gran éxito que presentaría al mundo a muchos nuevos misioneros. Mi amigo Marcello es un traductor excelente, así que fue él quien tradujo durante la mayor parte de la campaña evangelística. Esta también fue un gran éxito, tanto por su impacto como por la cantidad de tarjetas de interesados que después íbamos a entregar a los pastores locales para que les dieran seguimiento. Cuando le pregunté a Jon, el responsable de estas tarjetas, cuántas habíamos recibido, nunca olvidaré sus palabras. «Gareth», me dijo, «¡dejamos de contar en 45.000!».

Me impresionó mucho el equipo de música que dirigió la alabanza en cada una de las tres noches en el estadio de fútbol. Eran dos hermanos, un chico y una chica, con músicos de apoyo de una iglesia grande de Belo Horizonte. Se notaba que, cada vez que los jóvenes respondían con euforia a la música, el hermano o la hermana los volvía de inmediato a la solemnidad arrodillándose en silencio ante el micrófono para orar.

Al día siguiente me encontré con el hermano mientras paseaba con Marcello por la playa y se lo comenté. Su respuesta fue muy alentadora, pues dijo que eran conscientes de lo “almáticos” que podían ser esos momentos, así que él y su hermana estaban decididos a dirigir todo el entusiasmo de vuelta al Salvador, el único que merece la adoración. ¡Con razón ven al Señor hacer cosas tan maravillosas por medio de su ministerio!

Volvería a Fortaleza en 2002, cuatro años después, y me alegró ver que todas las iglesias que visité habían al menos duplicado su número desde mi última visita. Una vez más prediqué en muchas iglesias y ministré a muchas personas tocadas por mi enseñanza sobre la “liberación” (ver mi libro The Key in My Hand). Entre los momentos más destacados estuvo hablar en la conferencia de pastores de las Asambleas de Dios del nordeste de Brasil. Fue un evento de tres días, con unos 150 pastores asistentes.

Otro momento destacado fue ministrar a una joven pareja que llevaba apenas seis meses casada, pero cuya relación ya estaba deteriorada y sin intimidad. La menuda María vino a mí con gran tristeza, diciendo que Alfonse se había distanciado de ella (no son sus nombres reales). A medida que me contaba su historia, me dolió oír una vez más del maltrato que tantos reciben de sus padres. No entraré en todas las confidencias que María compartió conmigo, pero baste decir que hubo mucho maltrato verbal por parte de su padre. Al final de su adolescencia vino a Cristo, conoció a un joven (Alfonse) y se casó.

Como el pastor creyó los rumores de que ella era una prostituta, rumores que ella negaba, se negó a casarlos en la iglesia y optó en cambio por una pequeña ceremonia en casa del novio, a la que solo asistieron los padres de él. Poco después vinieron a Fortaleza a trabajar con JUCUM. Le enseñé a María que su padre y su pastor habían pecado contra ella y que necesitaba “liberarlos” para que Dios pudiera comenzar en ella el proceso de sanidad.

Debía escribir una carta enumerando todos sus agravios contra su padre, para tener constancia de todo aquello de lo que estaba dispuesta a liberarlo. La noche siguiente se quedó despierta hasta tarde escribiendo la carta (que nunca se enviaría) y acababa de terminarla cuando Alfonse se despertó, entró en la habitación y, enojado, le arrebató la carta. Unos minutos después volvió a entrar llorando y diciendo: «¡No lo sabía! ¡No lo sabía!». Se abrazaron y la noche terminó en intimidad. Por la mañana vinieron juntos a verme, habiendo decidido “liberar” a su papá y orar pidiendo bendiciones sobre él.

Al día siguiente Christine, la esposa de Tony, vino a decirme: «Gareth, cada mes las parejas de la base se reúnen para pasar una noche de comunión y diversión, y después recogemos una ofrenda para que una pareja pueda tener una velada romántica en un hotel de la ciudad, lejos de la base».

«Este mes se les ofreció el dinero a María y Alfonse, pero lo rechazaron». Yo sabía por qué. «Ahora han venido a pedirlo, así que se irán fuera de la base a finales de esta semana. ¿Sabías que nunca tuvieron una boda como es debido, que no tienen fotos de boda y que nunca tuvieron un banquete? Estaba pensando qué te parecería esta idea. Tengo aquí mi vestido de novia y tengo la misma complexión que María. ¿Crees que se ofenderían si les ofreciera mi vestido para que puedan hacerse una foto bonita antes de ir al hotel?»

Aunque Christine no tenía ni idea de que yo estaba aconsejando a la pareja, le aseguré que sería una buena idea, así que fuimos juntos a decírselo, lo que además me dio la oportunidad de asegurarles que seguía guardando su confidencia.

Al día siguiente yo volvía a Canadá, y mientras Tony me llevaba al aeropuerto le sugerí que reuniera a toda la base el fin de semana y celebrara una ceremonia de “celebración del amor” para Alfonse y María, en la que pudieran vestirse con su “atuendo de boda”, hacer votos y tomarse fotos de recuerdo. Le pareció una buena idea. Luego añadió la suya. Como le tocaba llevarlos en coche al hotel, se “perdería” por el camino y acabaría en una casa de playa con piscina propia, propiedad de Romeo, un amigo que la había cedido gratuitamente para el fin de semana. Todos los demás de la base estarían allí con un “pastel de bodas” y un banquete para la pareja. Así, a los dos días de haber “liberado” a su padre, María disfrutaría de todas las bendiciones de una boda, un banquete con amigos y fotografías. ¡Volví a casa en avión regocijándome por la bondad de nuestro Dios!

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