Remontarse como el águila
Alcanzando su destino

Capítulo 4 · 4 min de lectura

Alcanzando su destino

¡Usted puede volar como el águila! Ese es el destino que Dios planeó para usted, pero solo conocerá su deleite al seguir sus planes, al hacerlo a su manera, tal como se traza claramente en las Escrituras.

Consideraremos seis pasos para alcanzar su destino en Cristo y usaremos como guía la historia que se relata en 2 Reyes 4:1-7.

La esposa de uno de los profetas vino a Eliseo y le dijo: «Su siervo, mi marido, ha muerto. Él temía al Señor, pero nos dejó con grandes deudas que no puedo pagar, y ahora los acreedores han venido a llevarse a mis dos hijos como esclavos». Eliseo le dijo: «¿Qué puedo hacer por usted? Dígame, ¿qué tiene en su casa?». «Nada —respondió ella—, salvo una pequeña vasija de aceite». Entonces él dijo: «Salga y pida prestados a todos sus vecinos cuantos recipientes pueda. De cualquier forma o tamaño, pero vasijas vacías, tantas como sea posible. Luego entre en su casa, cierre la puerta y vierta el aceite de su pequeña vasija en cada uno de los recipientes de sus vecinos. Cuando uno esté lleno, póngalo aparte».

Ella fue e hizo lo que él le había dicho, vertiendo el aceite en cada vasija hasta llenarla. Por fin, no quedaron más vasijas que llenar y el aceite dejó de fluir. Vino y le contó al profeta Eliseo lo que había sucedido. «Vaya, venda el aceite —dijo él—, pague sus deudas y luego usted y sus hijos podrán vivir de lo que sobre por el resto de sus vidas».

El panorama era muy sombrío para esta viuda. No veía salida a su dilema, pues las circunstancias la habían abrumado. Todo lo que podía ver era una oscuridad sin esperanza. Parecía no haber salida de su valle. Necesitaba una nueva VISIÓN. Dos hombres en una celda de prisión, mirando a través de los barrotes: ¡uno solo veía la oscuridad, el otro veía las estrellas!

Ambos hombres tenían la misma escena ante sí, ¡pero tenían una visión diferente! Sus circunstancias eran las mismas, pero tenían actitudes diferentes.

El corazón de la viuda estaba apesadumbrado, pues estaba a punto de perder a sus dos hijos ante los acreedores. Llevaba una carga que la agobiaba. Necesitaba una CARGA diferente. Se vio a un muchacho subiendo una colina con un joven lisiado a la espalda.

Un transeúnte comentó: «¡Vaya, qué carga tan pesada llevas ahí!». El muchacho respondió: «¡Eso no es una carga! ¡Es mi hermano!».

Jesús quiere que llevemos una carga: su carga, que es ligera. La carga que usted lleva solo será pesada si no es la que Él ha planeado para usted (¡y usted para ella!).

El profeta pareció ignorar sus circunstancias cuando le preguntó qué tenía en su poder. «¡Solo una pequeña vasija de aceite!». Ella no se daba cuenta de que esa pequeña vasija contenía todo lo necesario para suplir su gran necesidad. ¿Qué hay en su mano: su DON?

«¿Qué tienes en tu mano, Moisés?», preguntó Dios. «Solo un cayado de pastor», respondió su siervo. «Eso es suficiente —dijo Dios—, porque quiero que saques a un rebaño de mis ovejas de su esclavitud en Egipto». Dios siempre pone en nuestro poder las capacidades y los dones que necesitamos para llevar su carga.

Luego el profeta le dio a la viuda una tarea que realizar: un ministerio para todos sus vecinos. Parecía algo insensato. ¿Para qué traer tantas ollas y sartenes, cubos y palanganas? Todo lo que tenía era una pequeña vasija de aceite, pero hizo lo que se le pidió. Cada uno de nosotros necesita un MINISTERIO.

«Jesús, sabiendo que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, .... y lavó los pies de sus discípulos».

Jesús dijo que no vino para ser servido, sino para servir, y espera lo mismo de sus discípulos. ¡Mientras la viuda derramaba el aceite, sucedió algo asombroso! ¿Puede imaginar la expresión de sus rostros mientras las ollas y sartenes se llenaban hasta rebosar con la pequeña vasija de aceite? ¡Dios había bendecido su obediencia con su UNCIÓN!

«¡Señor, todo lo que tenemos son cinco panes y dos peces!». «Repártelos entre la multitud», dijo el Maestro. Todos comieron y se saciaron, ¡y recogieron de los pedazos doce cestas llenas!

La viuda y sus dos hijos vendieron todo el aceite a sus vecinos. Hubo dinero suficiente para pagar todas las deudas y para que vivieran cómodamente del excedente por el resto de sus vidas. Ellos fueron bendecidos, sus vecinos fueron bendecidos, y Dios fue honrado.

Habían aprendido a vivir en su verdadero DESTINO: la libertad y las bendiciones de Dios, volando como el águila. El apóstol Pablo escribió a los creyentes de Filipos: «Estoy persuadido de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo».

Así que trazamos SEIS PASOS: VISIÓN CARGA DON MINISTERIO UNCIÓN ¡VOLAR!

Consideraremos estos con mayor profundidad en los próximos capítulos.

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