Capítulo 31 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 30 — Un ancla para el alma
«Tenemos esta esperanza como segura y firme ancla del alma.»
— Hebreos 6:19
¿Alguna vez has visto el ancla de un barco grande? Es un gancho pesado de hierro, unido al barco por una cadena muy fuerte. Cuando los marineros la echan al agua, se hunde hasta el fondo del mar y se clava en la tierra.
¿Por qué necesitan anclas los barcos? Porque sin una, el viento y las olas empujarían el barco de un lado a otro. En una tormenta, un barco sin ancla podría estrellarse contra las rocas. Pero un barco con una buena ancla se queda en su sitio. Las olas siguen golpeando. El viento sigue soplando. El barco sigue meciéndose de arriba abajo. Pero no se va a la deriva.
La Biblia dice que tenemos un «ancla del alma». ¿Qué es? La esperanza.
No «esperanza» como cuando dices «espero que mañana no llueva», que solo significa desear algo. La esperanza de la Biblia es mucho más fuerte que eso. Significa estar seguro de algo que todavía no ha pasado, porque Dios lo prometió.
¿Y dónde está clavada nuestra ancla? Los versículos que rodean al de hoy nos lo dicen: en Jesús mismo, que entró antes que nosotros en la presencia de Dios. Nuestra ancla no está clavada en nuestros propios sentimientos, ni en lo bien que nos vayan las cosas. Está clavada en Jesús, que está vivo, que nunca cambia y que prometió no dejarnos nunca.
Por eso nuestra esperanza es «segura y firme». Las tormentas no pueden soltarla, porque está agarrada a alguien a quien nada puede mover.
Mira hacia atrás a este mes. Aprendiste que las tormentas les llegan a todos. Aprendiste qué hacer cuando tienes miedo y cuando estás preocupado o triste. Aprendiste a enfrentar la tentación y a levantarte cuando caes. Te pusiste la armadura de Dios y viste la valentía de David, de José, de Daniel, de sus tres amigos y de Ester. Y aprendiste que cuando la vida no es justa y te sientes débil, Dios sigue obrando, y nada te puede separar de su amor.
Todo se resume en esto: tu esperanza está anclada en Jesús. Y él te mantendrá firme, por muy fuerte que sea la tormenta.
Piénsalo: ¿Qué día de este libro te ayudó más? ¿A qué versículo te vas a agarrar la próxima vez que llegue una tormenta?
Inténtalo: Dibuja un ancla en tu cuaderno. Dentro de ella, escribe tu versículo favorito de este libro. Mírala cada vez que necesites esperanza.
Querido Jesús, gracias porque mi esperanza está anclada en ti. Cuando lleguen las tormentas, mantenme firme. Cuando tenga miedo, esté triste, sea tentado o me sienta débil, recuérdame que estás conmigo y que nada me puede separar de tu amor. Mantén mi ancla segura y firme en ti. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 31 completado
Día 30 — Un ancla para el alma