Capítulo 5 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 4 — Paz
«La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.»
— Juan 14:27
Imagina una tormenta en mitad de la noche. Los relámpagos brillan, los truenos retumban y la lluvia golpea las ventanas. En un cuarto, un niño mayor está despierto, con el corazón a mil. Pero en el cuarto de al lado, una bebé duerme profundamente en los brazos de su papá. La tormenta suena igual de fuerte en los dos cuartos. ¿Cuál es la diferencia? La bebé se siente segura, porque alguien la tiene en brazos.
Esa es una imagen de la paz que da Jesús.
Jesús dijo estas palabras la noche antes de morir. Sabía que sus discípulos estaban a punto de pasar los días más aterradores de su vida. Lo arrestarían y lo crucificarían, y ellos estarían asustados y confundidos. Así que les dio un regalo para llevar consigo: «Mi paz os doy».
Luego dijo algo importante: «Yo no os la doy como el mundo la da». ¿Qué tipo de paz da el mundo? Para el mundo, la paz casi siempre significa no tener problemas. Nada de peleas, nada de estrés, nada de malas noticias. Esa clase de paz desaparece en cuanto aparecen los problemas.
Pero la paz de Jesús es diferente. No significa que la tormenta se vaya. Significa que puedes estar tranquilo en medio de la tormenta, porque sabes que Alguien te tiene en sus brazos.
Eso es la paz de verdad: una confianza tranquila y firme en que Dios tiene el control y en que te ama. Es lo contrario de un corazón enredado por la preocupación.
¿De dónde viene esta paz? Recuerda que es un fruto del Espíritu. Crece a medida que te mantienes cerca de Jesús. Cuando estés preocupado, puedes contárselo. Cuando tengas miedo, puedes recordar sus promesas. Y poco a poco, su paz se asienta en tu corazón.
Jesús también dijo: «No se turbe vuestro corazón». Eso quiere decir que nosotros tenemos una parte que hacer. Cuando las preocupaciones empiezan a dar vueltas, podemos elegir volver a pensar en Jesús en lugar de dejar que el miedo nos domine.
Piénsalo: ¿Qué cosa suele hacer que tu corazón se sienta turbado o inquieto? ¿Cómo sería dejar que Jesús te sostenga en esa «tormenta»?
Inténtalo: Memoriza la primera frase de Juan 14:27: «La paz os dejo, mi paz os doy». Repítela despacio la próxima vez que te sientas preocupado.
Querido Jesús, gracias por darme tu paz, una paz que el mundo no puede dar. Cuando lleguen las tormentas y mi corazón se sienta turbado, ayúdame a recordar que tú me sostienes. Calma mi corazón y dame tranquilidad en ti. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 5 completado
Día 4 — Paz