Enraizados – 30 días con Dios para jóvenes – Libro 3
Día 30 — Por su fruto es conocido

Capítulo 31 · 3 min de lectura · 3 min de escucha

Día 30 — Por su fruto es conocido

«No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol por su fruto es conocido; pues no se cosechan higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.»

— Lucas 6:43–45

Si vieras un árbol con manzanas colgando de sus ramas, ¿qué clase de árbol dirías que es? ¡Un manzano, claro! No necesitas ver ninguna etiqueta. Lo sabes por el fruto.

Jesús dijo que las personas son así. «Cada árbol por su fruto es conocido». No puedes cosechar higos de un espino ni uvas de una zarza. Lo que crece por fuera muestra lo que de verdad está pasando por dentro.

De eso ha tratado todo este libro. Durante treinta días, hemos visto el fruto que Dios quiere hacer crecer en ti: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio y humildad. Hemos visto las palabras que salen de tu boca y los hábitos de tu corazón. Hemos hablado de ser sabio, puro y honesto.

Pero Jesús nos lleva de vuelta al lugar donde todo empieza: «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno». El fruto muestra qué clase de árbol eres. Las palabras muestran lo que hay en tu corazón. Si quieres cambiar el fruto, tienes que cambiar el árbol.

Y solo Dios puede hacer eso. ¡No puedes pegar manzanas a un espino y convertirlo en un manzano! Esforzarte más para parecer bueno por fuera no cambia lo que eres por dentro. Pero Dios puede hacerte nuevo. Cuando confías en Jesús, él te da un corazón nuevo y pone su Espíritu en ti. Él cambia el árbol, y entonces el fruto empieza a crecer.

Por eso empezamos con el Día 1: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos». Todo vuelve a lo mismo: seguir unido a Jesús. A medida que su vida fluye en ti, tu corazón se llena de buen tesoro, y crece buen fruto.

No pasará todo de golpe. Algunos frutos crecerán más rápido que otros. Tendrás temporadas buenas y temporadas difíciles. Pero si mantienes tus raíces en Jesús, la gente empezará a ver su fruto en ti.

Piénsalo: Repasa este libro. ¿Qué fruto has visto que Dios está haciendo crecer en ti? ¿Cuál le sigues pidiendo todavía?

Inténtalo: Vuelve a la vid que dibujaste el Día 1. Añade el fruto nuevo que hayas visto crecer, y escribe al lado una nota de agradecimiento a Dios.

Querido Jesús, gracias por estos 30 días aprendiendo sobre el fruto que quieres hacer crecer en mí. Sé que no puedo dar buen fruto por mi cuenta. Por favor, sigue cambiando mi corazón y llénalo de buen tesoro. Ayúdame a seguir unido a ti, la Vid, para que la gente me conozca por tu fruto. En tu nombre, amén.

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