Capítulo 29 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 28 — Igual en la oscuridad
«El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será descubierto.»
— Proverbios 10:9
¿Qué harías si supieras con seguridad que nadie se iba a enterar jamás?
¿Te comerías la galleta de más? ¿Copiarías los deberes de tu amigo? ¿Dirías algo feo de alguien a sus espaldas? ¿Mirarías algo que no deberías? ¿Te quedarías con el cambio de más que el cajero te dio por error?
Esa pregunta muestra algo importante sobre quiénes somos de verdad. Integridad significa ser la misma persona tanto si alguien te está mirando como si no. La palabra viene de la misma raíz que entero, como un número entero. Una persona con integridad está entera. No es una persona en la iglesia y otra distinta en la escuela. No es una persona cuando hay adultos cerca y otra cuando se van.
Daniel era un hombre íntegro. Trabajaba para el rey de Babilonia, y unos funcionarios envidiosos querían meterlo en problemas. Lo vigilaban de cerca, buscando cualquier cosa que hiciera mal. Pero la Biblia dice que «no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel» (Daniel 6:4). Daniel era igual por dentro y por fuera.
Proverbios dice que una persona íntegra «anda confiada». No tiene que preocuparse de que la atrapen, porque no tiene nada que esconder. Es una manera libre y tranquila de vivir.
Pero la otra clase de persona «será descubierta». Las cosas escondidas suelen terminar saliendo a la luz. Y aunque nadie más llegue a enterarse, Dios lo ve todo. Nada se le esconde. ¿Recuerdas el Salmo 139? Dios sabe cuándo te sientas y cuándo te levantas. Está en la oscuridad igual que en la luz.
Eso no es para asustarte. Dios no es un espía que intenta atraparte en algo malo. Es un Padre amoroso que quiere que estés entero. Y si has hecho cosas a escondidas de las que te avergüenzas, puedes sacarlas a la luz contándoselas a Dios. Él perdona por completo.
Piénsalo: ¿Hay alguna parte de tu vida en la que actúas de forma diferente cuando nadie te ve?
Inténtalo: Hoy, cuando estés solo, haz lo correcto, aunque nadie se vaya a enterar. Dale gracias a Dios porque él te ve y está orgulloso de ti.
Querido Dios, tú me ves todo el tiempo, en la luz y en la oscuridad. Ayúdame a ser la misma persona tanto si alguien me mira como si no. Hazme una persona íntegra, entera y digna de confianza por dentro y por fuera. Perdóname por las cosas que he hecho a escondidas. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 29 completado
Día 28 — Igual en la oscuridad