Enraizados – 30 días con Dios para jóvenes – Libro 3
Día 22 — Contento

Capítulo 23 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 22 — Contento

«No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo he aprendido el secreto, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.»

— Filipenses 4:11–13

Mires donde mires, alguien está intentando convencerte de que necesitas algo nuevo. Un teléfono nuevo. Zapatillas nuevas. Un videojuego nuevo. Lo último que ya tienen todos los demás. Los anuncios están hechos para que sientas que tu vida será mejor si tienes solo una cosa más.

Y entonces lo consigues. Y durante un tiempo es genial. Pero pronto aparece otra cosa nueva, y también la quieres.

Pablo había aprendido algo que la mayoría de la gente nunca descubre. Lo llamó un secreto: cómo estar contento. Estar contento significa estar satisfecho con lo que tienes. Significa tener paz y alegría, tanto si tienes mucho como si tienes poco.

Pablo había vivido de las dos maneras. A veces tenía de sobra. Otras veces pasaba hambre, frío y estaba en la cárcel. Pero dijo: «He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.»

Fíjate en la palabra aprendido. El contentamiento no le salió de forma natural, ni siquiera a Pablo. Tuvo que aprenderlo. Eso significa que tú también puedes aprenderlo.

Entonces, ¿cuál era el secreto de Pablo? Está en el versículo siguiente: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».

Quizá ya hayas oído ese versículo, tal vez en un póster de deportes, como si significara que puedes ganar cualquier partido o hacer cualquier truco. ¡Pero mira de qué estaba hablando Pablo en realidad! Quería decir: Tenga mucho o tenga poco, Cristo me da la fuerza para estar contento. Pablo tenía a Jesús, y Jesús le bastaba.

Cuando Jesús es tu mayor tesoro, no necesitas lo más nuevo para ser feliz. Ya tienes lo mejor.

Aquí tienes algunas maneras de crecer en el contentamiento:

  • Cuenta tus bendiciones. La gratitud es enemiga de querer siempre más.
  • Deja de compararte. Siempre habrá alguien que tenga más que tú.
  • Recuerda lo que dura. Las cosas se rompen y se hacen viejas. Jesús, nunca.

Piénsalo: ¿Hay algo que hayas deseado mucho últimamente? ¿De verdad te haría estar contento conseguirlo?

Inténtalo: Mira a tu alrededor en tu cuarto y encuentra diez cosas que ya tienes y por las que estás agradecido. Dale gracias a Dios por cada una.

Querido Jesús, el mundo no deja de decirme que necesito más. Enséñame el secreto de estar contento. Ayúdame a ver que tú me bastas, tenga mucho o tenga poco. Gracias por todo lo que ya me has dado. En tu nombre, amén.

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