Enraizados – 30 días con Dios para jóvenes – Libro 3
Día 13 — Una chispa pequeñita

Capítulo 14 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 13 — Una chispa pequeñita

«He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!»

— Santiago 3:3–5

Un caballo pesa más de 450 kilos. Es tan grande y tan fuerte que podría tirarte de su lomo. Pero un jinete puede dirigirlo con una pequeña barra de metal que se le pone en la boca, llamada freno.

Un barco gigante puede ser tan largo como tres campos de fútbol. Pero se dirige con un timón, una pequeña pieza plana que está debajo de la parte de atrás del barco. Gira un poquito el timón, y todo el barco cambia de dirección.

Y luego Santiago da el ejemplo que más miedo da. Una chispa pequeñita de una fogata puede caer sobre unas hojas secas y empezar un incendio forestal que quema miles de hectáreas. Algo muy pequeño puede causar algo muy, muy grande.

Santiago dice que tu lengua es así. Es una de las partes más pequeñas de tu cuerpo. Pero las palabras que salen de tu boca pueden cambiar la dirección de toda tu vida. Y pueden empezar incendios que cuestan mucho apagar.

Piénsalo. Un comentario cruel puede arruinar una amistad. Una mentira puede destruir la confianza. Un chisme puede correr por toda la escuela en un solo día. Y, por desgracia, las palabras que hieren pueden quedarse grabadas en la memoria de alguien durante años.

¡Pero también funciona al revés! Unas pocas palabras amables pueden alegrarle el día entero a alguien. Una palabra de ánimo puede darle a un amigo el valor para seguir adelante. Las palabras pueden sanar, edificar y llevar a las personas a Jesús.

Un poco más adelante, Santiago dice algo que debería hacernos parar y pensar: «Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios… esto no debe ser así». No tiene sentido cantarle a Dios el domingo y el lunes decirles cosas crueles a las personas que él hizo.

Esta semana vamos a ver cómo usar para el bien esta parte pequeña pero poderosa de nosotros.

Piénsalo: ¿Te acuerdas de alguna vez en que las palabras de alguien, buenas o malas, se te quedaron grabadas durante mucho tiempo?

Inténtalo: Presta atención hoy a cada palabra que digas. Antes de dormir, pregúntate: ¿Mis palabras empezaron incendios o los apagaron?

Querido Dios, mi lengua es pequeña, pero es poderosa. Perdóname por las veces en que mis palabras han herido a otros. Ayúdame a usar mis palabras para edificar, animar y llevar a las personas a ti. Guarda mi boca hoy. En el nombre de Jesús, amén.

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