Enraizados – 30 días con Dios para jóvenes – Libro 2
Día 7 — Este es mi Hijo amado

Capítulo 8 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 7 — Este es mi Hijo amado

«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y he aquí una voz de los cielos que decía: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento”.»

— Mateo 3:16–17

Cuando Jesús tenía unos treinta años, llegó el momento de comenzar su obra. Su primo, Juan el Bautista, predicaba cerca del río Jordán. Le decía a la gente que se apartara de sus pecados y que se preparara, porque el Rey estaba por llegar. Muchísimas personas venían para que él las bautizara en el río.

Un día, Jesús también vino. ¡Juan se quedó asombrado! Le dijo: «Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Juan sabía que Jesús nunca había pecado. Pero Jesús le dijo que eso era lo correcto. Jesús estaba mostrando que él era uno con las personas que había venido a salvar.

Cuando Jesús salió del agua, pasaron tres cosas asombrosas a la vez. Los cielos se abrieron. El Espíritu Santo descendió sobre él como una paloma. Y la voz de Dios el Padre habló desde el cielo: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento».

¿Te diste cuenta? En este único momento vemos al Padre que habla, al Hijo que es bautizado y al Espíritu Santo que desciende. Un solo Dios en tres personas, todos juntos.

Ahora piensa en las palabras que dijo el Padre. ¿Cuándo las dijo? Antes de que Jesús predicara un solo sermón, sanara a una sola persona o hiciera un solo milagro. Jesús todavía no había hecho nada de su obra famosa. Pero el Padre ya le dijo: «Te amo. Estoy contento contigo».

El amor del Padre vino primero. Jesús no tuvo que ganárselo.

Esto también es importante para ti. Si has confiado en Jesús, eres hijo de Dios, y Dios te ama porque perteneces a Jesús, no por lo bien que haces las cosas. No tienes que ganarte su amor con buenas notas, ganando partidos o siendo perfecto. Puedes vivir desde su amor, no para conseguirlo.

Jesús escuchó esas palabras de su Padre, y después salió a hacer el trabajo más difícil que nadie ha hecho jamás. Saber que eres amado te da fuerzas.

Piénsalo: ¿Qué cambiaría en tu vida si creyeras que Dios te ama antes de que hagas nada, y no por lo que haces?

Inténtalo: Lee Mateo 3:13–17. Luego escribe: «Como pertenezco a Jesús, Dios me ama. No tengo que ganármelo».

Querido Padre, gracias por amar a Jesús, y gracias porque, como yo le pertenezco a él, tú también me amas a mí. Ayúdame a dejar de intentar ganarme tu amor y a empezar a vivir desde él. Dame fuerzas para seguirte hoy, sabiendo que soy amado. En el nombre de Jesús, amén.

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