Capítulo 13 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 12 — Agua viva
«Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed. El que beba del agua que yo le doy no volverá a tener sed jamás; mas el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.»
— Juan 4:13–14
¿Alguna vez has tenido muchísima, muchísima sed? ¿Quizá después de correr afuera en un día de calor? Un vaso de agua fría es lo mejor del mundo. Pero unas horas después, vuelves a tener sed.
Un día Jesús iba de viaje por una región llamada Samaria. Estaba cansado de tanto caminar, así que se sentó junto a un pozo antiguo. Una mujer llegó a sacar agua, y Jesús le pidió: «Dame de beber».
Ella se quedó asombrada. Le dijo: «Tú eres judío. ¿Cómo me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?». En aquellos tiempos, los judíos y los samaritanos no se llevaban nada bien. Se evitaban unos a otros. La mayoría de los maestros judíos ni siquiera le habrían hablado en público a una mujer como ella. Pero a Jesús no le importaban esos muros. Le importaba ella.
Entonces Jesús le habló de otra clase de agua: el agua viva. «El que beba del agua que yo le doy no volverá a tener sed jamás».
¿De qué estaba hablando? Jesús sabía que esta mujer tenía sed por dentro. Había intentado ser feliz a través de sus relaciones, pero su vida estaba llena de heridas, y la gente del pueblo la miraba con desprecio. Tenía sed de amor, de que la aceptaran y de algo que de verdad la llenara.
Mucha gente tiene esa misma sed. Intenta llenarse con ser popular, con cosas, con ganar, con seguidores o con diversión. Esas cosas pueden hacerte sentir bien un rato. Pero luego vuelves a tener sed. Solo Jesús puede saciar la sed más profunda de tu corazón. Él da una vida nueva que no deja de brotar, como una fuente que nunca se seca.
La mujer estaba tan emocionada que dejó su cántaro y volvió corriendo al pueblo. Les dijo a todos: «¡Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho!». Y mucha gente llegó a creer en Jesús gracias a ella.
Jesús cruzó todos los muros para alcanzar a una sola mujer sedienta. Y también cruzará todos los muros para alcanzarte a ti.
Piénsalo: ¿De qué intentan «beber» los chicos y chicas de tu edad para sentirse felices o importantes? ¿Les dura?
Inténtalo: Cada vez que bebas agua hoy, haz una oración rápida: «Jesús, tú eres el único que me satisface».
Querido Jesús, gracias porque cruzaste todos los muros para alcanzar a la mujer del pozo. Gracias por tu agua viva. Cuando intente llenarme con cosas que no duran, recuérdame que solo tú puedes saciar mi corazón. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 13 completado
Día 12 — Agua viva