Enraizados – 30 días con Dios para jóvenes – Libro 1
Día 6 — El Dios que nunca cambia

Capítulo 7 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 6 — El Dios que nunca cambia

«Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación».

— Santiago 1:17

Haz este experimento un día de sol. Por la mañana, sal afuera y mira tu sombra. Es larga y estirada. A la hora del almuerzo, vuelve a mirarla. Es cortita y gordita, justo debajo de tus pies. Por la tarde, vuelve a ser larga, pero apunta hacia el otro lado. Tu sombra cambia todo el tiempo, porque el sol se va moviendo por el cielo.

Santiago llama a Dios «el Padre de las luces». Él es quien hizo el sol, la luna y las estrellas. Pero, a diferencia de las luces que hizo, en Dios «no hay mudanza, ni sombra de variación». Él no se mueve de un lado a otro. No tiene días de buen humor y días de mal humor. Es exactamente el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Piensa en cuántas cosas cambian en tu vida. Cada año creces un poco más. Pasas a un nuevo curso. Algunos amigos se mudan lejos. Quizás tu familia se muda a otra casa o a otra ciudad. Cancelan tu serie favorita. Hasta tu mejor amigo puede tener un día gruñón.

Pero Dios no cambia. El Dios que abrió el mar Rojo para Moisés es el mismo Dios que está contigo hoy. El Dios que te amó ayer te amará mañana. Sus promesas en la Biblia son tan verdaderas ahora como cuando se escribieron.

Santiago también nos dice algo sobre cómo es Dios: toda buena dádiva y todo don perfecto viene de él. Tu familia, tus amigos, una tarde de sol, una comida rica, un chiste gracioso, una cama calentita: todos son regalos de un Padre bueno. Y como él nunca cambia, nunca deja de ser bueno.

Cuando todo a tu alrededor cambia como una sombra, puedes aferrarte al Dios que siempre es el mismo.

Piénsalo: ¿Qué cosa ha cambiado en tu vida hace poco? ¿Cómo te ayuda saber que Dios nunca cambia?

Inténtalo: Hoy, haz una lista de cada buen regalo que notes, grande o pequeño. Antes de dormir, dale gracias a Dios por cada uno.

Querido Padre, gracias porque tú nunca cambias. Cuando las cosas a mi alrededor son diferentes y nuevas, ayúdame a recordar que tú siempre eres el mismo. Gracias por cada buen regalo que me das. Ayúdame a ver tu bondad hoy. En el nombre de Jesús, amén.

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