Capítulo 7 · 4 min de lectura

Oración y ayuno

El ayuno se sostiene porque estás orando, no porque hayas dejado de comer.

Cuando hablamos de oración y ayuno, algunas personas piensan que solo se trata de no comer, ¡como si comer fuera un error! Suena gracioso, pero es un malentendido muy común. Muchos se concentran únicamente en la idea del ayuno como un tiempo para evitar la comida, y pierden de vista su verdadero propósito.

El ayuno no consiste simplemente en saltarse las comidas; consiste en reemplazar el alimento con tiempo dedicado a la oración y en concentrarse en la Palabra de Dios. Si solo dejas de comer y duermes todo el día para pasar el tiempo, eso no es ayunar; eso es simplemente pasar hambre.

Como cristianos, necesitamos entender que el ayuno tiene que ver con la oración. Ayunamos porque estamos orando, no simplemente porque no estamos comiendo. Es un llamado a dedicar tiempo a la oración, y al hacerlo, tomamos la decisión consciente de abstenernos de comer.

Hechos 13:2 dice: «Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo...». Observa el orden: ministraban al Señor y ayunaban. ¿Cómo se ministra al Señor? Mediante la alabanza, la acción de gracias, la adoración y la oración. El énfasis estaba en ministrar al Señor, y por causa de esto, ayunaban.

La Biblia además nos muestra que el Señor les habló después de que ellos habían orado. Este es uno de los beneficios de la oración y el ayuno: puedes recibir la dirección del Espíritu Santo, la cual puede librarte de innumerables errores.

Además de recibir dirección, la oración y el ayuno sintonizan tu espíritu más profundamente con las cosas de Dios.

Por medio de la oración y el ayuno, estás ministrando al Señor. Así que dedica tiempo a la oración y al ayuno.

Algunas personas dicen que están ayunando, pero pasan el día durmiendo o dedicándose a actividades irrelevantes para distraerse del hambre. Yo solía ser así, pero gracias al Señor, el Espíritu Santo me enseñó cómo orar y ayunar de manera eficaz. La oración y el ayuno deben centrarse en la oración y en actividades que la fomenten, como estudiar la Biblia, adorar al Señor, alabar y meditar en la Palabra. ¡Aleluya!

Apaga tu teléfono si te va a distraer. Aunque a muchos les gusta recibir novedades, durante este tiempo es más importante recibir novedades del ámbito del Espíritu. Apaga el televisor y deja a un lado los periódicos y las revistas. Concéntrate en actividades que te animen a orar. Como se mencionó antes, es mucho mejor comenzar hablando en lenguas, lo cual es orar en el Espíritu. De esta manera, serás guiado en cuanto a qué decir con tu entendimiento; el Espíritu Santo te dirigirá en aquello por lo que debes orar.

Alguien podría preguntar: «¿Cuándo debo ayunar? ¿Debo ayunar cada día, cada mes o una vez al año?».

En primer lugar, es un momento excelente para ayunar cuando tu iglesia local, tu grupo estudiantil o tu congregación convoca un programa de oración y ayuno. Nunca te apartes de un llamado así, pensando que todavía no sientes la necesidad de orar y ayunar, o que lo harás en tu propio momento perfecto. No, no debe ser así. Hay cosas que hacemos juntos como comunidad, como la adoración colectiva, y muchas otras actividades destinadas al crecimiento y la edificación espiritual; la oración y el ayuno están entre ellas.

Si tu iglesia convoca a oración y ayuno, no te niegues a participar para fijar en su lugar tus propios horarios de comienzo o final del ayuno. Ese proceder es incorrecto. Ejerce disciplina y ayuna conforme a las indicaciones.

Así es como produces cambios en el ámbito espiritual. Recuerda que, mediante esta práctica, se agudiza tu capacidad de oír y de recibir de Dios, y te vuelves más sensible a los asuntos espirituales. Cuanto más oras y ayunas, menos probable es que te tomen por sorpresa, porque puedes percibir las cosas que están por suceder e influir en lo que deseas ver en tu vida y en la vida de quienes te rodean. ¡Aleluya!

En segundo lugar, ayuna cuando el Espíritu Santo te guíe a hacerlo, o cuando decidas ayunar y orar. Esta es otra ocasión perfecta, especialmente si es el Espíritu quien te guía; reconocerás su dirección. Tómalo en serio y procede con el ayuno.

Algunas personas programan días o momentos de oración y ayuno como una disciplina espiritual, y eso es hermoso. Por lo tanto, cuando sea y como sea que seas guiado a ayunar, tómalo en serio. Haz de la oración y el ayuno una parte de tu rutina espiritual.

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